Feria de Julio de Valencia: más corta, más intensa

Por Ángel Berlanga

Se hicieron de rogar, pero ya están en la calle. La inquietante espera a que José Tomás terminara de deshojar su particular margarita –ya saben, “toreo, no toreo, toreo, no toreo…”– demoró la presentación de los carteles de la Feria de Julio. La esperada decisión del “mesías” se saldó con su negativa a protagonizar una de sus ansiadas apariciones y la empresa, que tanto estiró el chicle confiando en el “sí” del de Galapagar, terminó haciendo públicas las combinaciones a menos de un mes del inicio del ciclo. Resuelta la incógnita de Tomás, la confección del abono se desatascó y casi de inmediato vio la luz.

Finito, Morante, Castella, Talavante, Manzanares, Rafaelillo y Escribano sostienen un serial que, si bien suprime el habitual festejo de rejones, cuenta con el correspondiente guiño a los aficionados del toreo a caballo con la contratación de pablo Hermoso de mendoza. El navarro encabezará la terna de una mixta que junto a las otras dos corridas, la novillada picada y la de promoción enmarcada en la clásica desencajonada dan forma a la que, posiblemente, sea una de las ferias de julio más cortas –si no la más– de nuestra historia.

Atrás quedan ya aquellos abonos de hasta doce corridas, cuyos setenta y dos toros se desencajonaban en el ruedo a la luna de Valencia. Los tiempos han cambiado, la crisis ha hecho estragos y la necesaria regularización del sector se ha impuesto. No ha habido más remedio. Era eso o desaparecer. O se llevaba a cabo o el fantasma de la quiebra y la ruina aparecería. La comprensión de todo ello, en cualquier caso, no resta ni un ápice de la tristeza que siente el aficionado…

La reducción del número de festejos, eso sí, no ha de ir en detrimento de su calidad. Si renunciamos a esa máxima estamos perdidos. Sobre los pilares de espectáculos con contenido podrá crecerse de nuevo en el futuro. Del otro modo… nubarrones cárdenos –o zaínos, mejor– amenazarán nuestras cabezas. La idea parece tenerla clara la empresa, que llevándola a la práctica ha apostado para los festejos mayores por media docena de figuras y un mano a mano con toreros triunfadores en Madrid y Sevilla, enfrentados al hierro con más historia y leyenda de nuestra cabaña brava: Miura. Ese cara a cara tendrá a Rafaelillo y a Manuel Escribano como protagonistas y epilogará el abono el domingo 26. Ambos saben lo que es triunfar en grandes escenarios con toros de la mítica divisa sevillana. Rafaelillo, sin ir más lejos, lo bordó en la última Feria de San Isidro; y Escribano relanzó su carrera con los pupilos de Zahariche en la Feria de Abril de hace dos años cuando parecía estar condenado al más absoluto ostracismo. Quizá no sea un cartel con tirón popular en esta tierra, pero sí es atractivo de cara al aficionado y hace justicia con dos toreros que a base de corazón están logrando derribar muros que, con el actual sistema, demasiadas veces parecen infranqueables.

En torno al viernes 24 y sábado 25 se amontonan –intencionadamente– los grandes. La terna del primer día tiene al arte como hilo conductor. Finito, Morante y Talavante es un cartel con argumento, cualidad que, por desgracia, no se tiene siempre a la hora de combinar a toros y a toreros. En este caso sí se ha tenido y si los toros de Victoriano del Río acompañan puede ser tarde de toreo grande. Si, por el contrario, no embisten y contagian su apatía a los toreros, el espectáculo puede ser soporífero. No obstante conviene ir a la plaza, no vaya a ser que se cumpla la primera de las dos opciones y le pille a uno en la playa. Nunca es mal plan ese de tumbona, sol, arena y agua, pero una buena tarde de toros no se cambia por nada. Y esa puede llegar con tres toreros que atraviesan por un estupendo momento artístico.

Al día siguiente un grandioso jinete está acartelado con un francés que está realizando la mejor temporada de su vida y un alicantino que está viviendo la campaña más dura de su trayectoria. Dicho de otro modo, Hermoso de Mendoza abre plaza a Sebastián Castella, triunfador en Valencia y Las Ventas, y a Manzanares, que vive un año especialmente emotivo tras la prematura muerte de su padre, maestro de maestros. La ocasión servirá también para reeditar el triunfal binomio Castella-Cuvillo, que tan buenos resultados dio en las pasadas fallas y acabó con la salida a hombros del de Beziers y la vuelta al ruedo en el arrastre para “Juncoso”, perteneciente a la que parece ya recuperada divisa gaditana.

Evidentemente, faltan figuras. Ponce y Juli sin ir más lejos. Pero bien es cierto que el número de puestos es finito –demasiado finito en este caso– y que la entrada de unas implica, necesariamente, la ausencia de otras. Para que no ocurriera lo mismo con los valores del futuro, en la novillada con picadores se ha apostado por anunciar a seis novilleros en vez de a tres. La mitad de ellos –cuatro si incluimos a Varea en el recuento– son valencianos: Fernando Beltrán, de Faura; Jorge Expósito, de Algemesí; Cristian Climent, de El puig; y Varea, de Almazora. Les acompañarán un extre- meño, posada de Maravillas, y un toledano que huele a figura, Álvaro Lorenzo. Esta vez se ha tendido más la mano a la cantera local que a los matadores de la tierra. Quizá la obligación que marca el pliego al respecto haya tenido algo que ver…

En cualquier caso, sirva la fórmula para dar cabida a media docena de futuribles en la época en que hay mayor número con condiciones y, paradójicamente, menos oportunidades les presentamos. La de Valencia será una oportunidad real: los de El Torreón esperan. El prólogo lo marca la novillada sin caballos aplazada tras el aguacero caído en fallas, en la que el alumno de la Escuela de Tauromaquia Juan Antonio Navas representará a nuestra ciudad. Dentro de ese mismo festejo se celebrará la desencajonada, reducida a su mínima expresión con los encierros de Victoriano y Miura. Ese será el único espectáculo nocturno del ciclo –arrancará a las diez– tras la experiencia del pasado año. Sin embargo, se ha retrasado una hora el habitual inicio de las corridas, que de las siete pasará a las ocho. El sol abrasará menos y la tradicional merienda se convertirá en frugal cena. Ganaremos en salud. Los periodistas, no tanto.

Fotos en orden: Finito de Córdoba, Manuel Escribano, Manzanares, Morante de la Puebla, Rafaelillo, Sebastián Castell y Talavante.

Por Ángel Berlanga

Se hicieron de rogar, pero ya están en la calle. La inquietante espera a que José Tomás terminara de deshojar su particular margarita –ya saben, “toreo, no toreo, toreo, no toreo…”– demoró la presentación de los carteles de la Feria de Julio. La esperada decisión del “mesías” se saldó con su negativa a protagonizar una de sus ansiadas apariciones y la empresa, que tanto estiró el chicle confiando en el “sí” del de Galapagar, terminó haciendo públicas las combinaciones a menos de un mes del inicio del ciclo. Resuelta la incógnita de Tomás, la confección del abono se desatascó y casi de inmediato vio la luz.

Finito, Morante, Castella, Talavante, Manzanares, Rafaelillo y Escribano sostienen un serial que, si bien suprime el habitual festejo de rejones, cuenta con el correspondiente guiño a los aficionados del toreo a caballo con la contratación de pablo Hermoso de mendoza. El navarro encabezará la terna de una mixta que junto a las otras dos corridas, la novillada picada y la de promoción enmarcada en la clásica desencajonada dan forma a la que, posiblemente, sea una de las ferias de julio más cortas –si no la más– de nuestra historia.

Atrás quedan ya aquellos abonos de hasta doce corridas, cuyos setenta y dos toros se desencajonaban en el ruedo a la luna de Valencia. Los tiempos han cambiado, la crisis ha hecho estragos y la necesaria regularización del sector se ha impuesto. No ha habido más remedio. Era eso o desaparecer. O se llevaba a cabo o el fantasma de la quiebra y la ruina aparecería. La comprensión de todo ello, en cualquier caso, no resta ni un ápice de la tristeza que siente el aficionado…

La reducción del número de festejos, eso sí, no ha de ir en detrimento de su calidad. Si renunciamos a esa máxima estamos perdidos. Sobre los pilares de espectáculos con contenido podrá crecerse de nuevo en el futuro. Del otro modo… nubarrones cárdenos –o zaínos, mejor– amenazarán nuestras cabezas. La idea parece tenerla clara la empresa, que llevándola a la práctica ha apostado para los festejos mayores por media docena de figuras y un mano a mano con toreros triunfadores en Madrid y Sevilla, enfrentados al hierro con más historia y leyenda de nuestra cabaña brava: Miura. Ese cara a cara tendrá a Rafaelillo y a Manuel Escribano como protagonistas y epilogará el abono el domingo 26. Ambos saben lo que es triunfar en grandes escenarios con toros de la mítica divisa sevillana. Rafaelillo, sin ir más lejos, lo bordó en la última Feria de San Isidro; y Escribano relanzó su carrera con los pupilos de Zahariche en la Feria de Abril de hace dos años cuando parecía estar condenado al más absoluto ostracismo. Quizá no sea un cartel con tirón popular en esta tierra, pero sí es atractivo de cara al aficionado y hace justicia con dos toreros que a base de corazón están logrando derribar muros que, con el actual sistema, demasiadas veces parecen infranqueables.

En torno al viernes 24 y sábado 25 se amontonan –intencionadamente– los grandes. La terna del primer día tiene al arte como hilo conductor. Finito, Morante y Talavante es un cartel con argumento, cualidad que, por desgracia, no se tiene siempre a la hora de combinar a toros y a toreros. En este caso sí se ha tenido y si los toros de Victoriano del Río acompañan puede ser tarde de toreo grande. Si, por el contrario, no embisten y contagian su apatía a los toreros, el espectáculo puede ser soporífero. No obstante conviene ir a la plaza, no vaya a ser que se cumpla la primera de las dos opciones y le pille a uno en la playa. Nunca es mal plan ese de tumbona, sol, arena y agua, pero una buena tarde de toros no se cambia por nada. Y esa puede llegar con tres toreros que atraviesan por un estupendo momento artístico.

Al día siguiente un grandioso jinete está acartelado con un francés que está realizando la mejor temporada de su vida y un alicantino que está viviendo la campaña más dura de su trayectoria. Dicho de otro modo, Hermoso de Mendoza abre plaza a Sebastián Castella, triunfador en Valencia y Las Ventas, y a Manzanares, que vive un año especialmente emotivo tras la prematura muerte de su padre, maestro de maestros. La ocasión servirá también para reeditar el triunfal binomio Castella-Cuvillo, que tan buenos resultados dio en las pasadas fallas y acabó con la salida a hombros del de Beziers y la vuelta al ruedo en el arrastre para “Juncoso”, perteneciente a la que parece ya recuperada divisa gaditana.

Evidentemente, faltan figuras. Ponce y Juli sin ir más lejos. Pero bien es cierto que el número de puestos es finito –demasiado finito en este caso– y que la entrada de unas implica, necesariamente, la ausencia de otras. Para que no ocurriera lo mismo con los valores del futuro, en la novillada con picadores se ha apostado por anunciar a seis novilleros en vez de a tres. La mitad de ellos –cuatro si incluimos a Varea en el recuento– son valencianos: Fernando Beltrán, de Faura; Jorge Expósito, de Algemesí; Cristian Climent, de El puig; y Varea, de Almazora. Les acompañarán un extre- meño, posada de Maravillas, y un toledano que huele a figura, Álvaro Lorenzo. Esta vez se ha tendido más la mano a la cantera local que a los matadores de la tierra. Quizá la obligación que marca el pliego al respecto haya tenido algo que ver…

En cualquier caso, sirva la fórmula para dar cabida a media docena de futuribles en la época en que hay mayor número con condiciones y, paradójicamente, menos oportunidades les presentamos. La de Valencia será una oportunidad real: los de El Torreón esperan. El prólogo lo marca la novillada sin caballos aplazada tras el aguacero caído en fallas, en la que el alumno de la Escuela de Tauromaquia Juan Antonio Navas representará a nuestra ciudad. Dentro de ese mismo festejo se celebrará la desencajonada, reducida a su mínima expresión con los encierros de Victoriano y Miura. Ese será el único espectáculo nocturno del ciclo –arrancará a las diez– tras la experiencia del pasado año. Sin embargo, se ha retrasado una hora el habitual inicio de las corridas, que de las siete pasará a las ocho. El sol abrasará menos y la tradicional merienda se convertirá en frugal cena. Ganaremos en salud. Los periodistas, no tanto.

Fotos en orden: Finito de Córdoba, Manuel Escribano, Manzanares, Morante de la Puebla, Rafaelillo, Sebastián Castell y Talavante.

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