Bejís: crónica apresurada durante una «Tormenta perfecta» de fuego

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Este artículo, mitad crónica mitad reflexión, es fruto de la experiencia personal desde la misma Bejís con el pavoroso arranque explosivo del incendio que, todavía, no ha podido ser controlado. El reportaje gráfico es sobrecogedor. Gran parte del ecosistema que se ve en las imágenes, probablemente, está perdido para nuestra generación.

 @adolfoplasencia

19 agosto, 2022

 

PARTE I. REFLEXIÓN

Esta es una crónica apresurada, emocionada, parcial y de alcance, de un suceso inesperado en un relato que apenas abarca 24 horas. Desde la tarde del 15 de agosto a la media tarde del 16 de agosto de 2022. Una crónica afectada de la constatación de la enorme riqueza en biodiversidad de un paisaje por el que había acumulado un afecto profundo y del poco tiempo en el que, inesperadamente, –ahora lo sabemos–, nos puede ser arrebatado por un zarpazo de la propia naturaleza, –el clima y el fuego también son ‘naturaleza’–. 

Es la crónica de una ‘tormenta perfecta’ de fuego contra la que se desplegaron enormes medios técnicos. Medios que finalmente, no consiguieron detenerla. Cuando ya parecía controlada, tras una mañana de incansable esfuerzo arrojando agua desde múltiples aeronaves sobre los puntos más calientes. Y a pesar de todos los bomberos, forestales efectivos de la UME desplegados, sobrevino un inesperado y súbito cambio de viento huracanado que desembocó en una violenta y enorme tormenta de fuego. Ante su dimensión, nada se podía hacer por tierra, dado lo escarpado del terreno, con pendientes en el lado sur del valle de más del 75%. Tampoco por aire, contra las violentas llamaradas rojas de puro fuego y, explosivas nubes de negro humo, formando algo parecido a un ciclón concentrado en la angosta doble hendidura geográfica que flanquea por norte y sur a la población. Violentas y oscuras nubes de un humo denso y negro eliminaban totalmente la visibilidad, acompañadas de llamas enormes que arrojaban altísimas temperaturas en vertical. Algo que seguro hubiera puesto en riesgo a cualquier aeronave que intentase volar sobre ellas en la forma en que arrojan agua. Desde el lado sur del valle con paredes casi verticales avanzaba sin freno una muralla de fuego que, de pronto, doblo apareció en la cresta descendiendo súbitamente la pendiente del monte vecino junto a las primeras casas del pueblo por poniente.

Así que los responsables del enorme despliegue aéreo sobre Bejís, tuvieron que resignarse, finalmente, por duro que fuera tras sus enormes esfuerzos de toda la mañana. Sus mandos ordenaron al ayuntamiento que pidiera de inmediato a toda la población que abandonasen urgentemente el pueblo en pocos minutos, ante el peligro inminente de la gigantesca cortina de fuego y humo que se cernía sobre las primeras casas al otro lado del pueblo. Los vecinos, diligentemente así lo hicieron, a pesar de lo doloroso que resulta dejar atrás todo de un momento para otro. 

Dejaré de lado los aspectos económicos que después se habrán que evaluar. También apartaré del relato, por esta vez, las muestras de angustia y congoja, pero también de suma entereza que pude ver en las personas a mi alrededor en la evacuación; y haré lo mismo con los sentimientos en mi memoria que el suceso también ha devastado en buena parte, y que no se si sabría contar con calma. 

Intentaré centrarme en analizar el instante acelerado de la hecatombe destructiva de este fuego; su dimensión y sus posibles causas relacionadas. Lo que he visto directamente en el incendio de Bejís, que va a quedar inscrito en su historia local, está ligado a la sensación de que este caso está algo más allá de lo fácilmente explicable. Pero intuyo, quizá sesgadamente, que es otra demostración más, esta muy palpable, de que los desequilibrios del clima global se acaban descargando con gran precisión ‘destrucciones’ locales que, en nuestra ignorancia, pensábamos que no iban con nosotros. 

Intentaré racionalizarlo lo más resumidamente posible y acompañarlo de algunas de las muchas imágenes que tomé en esas horas que serán mucho más objetivas, seguramente, que mi explicación. Todas las imágenes de este artículo las tomé yo mismo directamente en Bejís a lo largo del día 16 de agosto de 2022. Ninguna de ellas procede de internet ni de las redes sociales, con las limitaciones y ventajas que ello conlleva, pero con la validez de ser las de un testigo directo presencial, y con lo que ello representa también.

Una ‘tormenta perfecta’ local de fuego en Bejís, y su contexto global

Quizá este título podría parecer exagerado, pero no lo es, como luego podrá el lector comprobar en las imágenes, aunque solo sean del momento presente y no imágenes del resultado posterior de la destrucción por el fuego del valle.

Pero, ¿Qué es una ‘tormenta perfecta’ y porqué uso esa frase? La expresión ‘tormenta perfecta’ procede del título de un libro del escritor y cineasta Sebastian Junger, que se hizo popular a raíz de su adaptación para la conocida película de Wolfgang Petersen protagonizada por George Clooney. Hoy ya es un término genérico que se asocia con la combinación de varias anomalías, (en el caso de filme, anomalías climáticas en el mar), que dan lugar a una situación de extrema gravedad imposible de superar en la práctica con los instrumentos cotidianos de que se disponen en un ámbito concreto. Normalmente, aunque parezcan fruto de una oscura casualidad, la mayoría de las situaciones de crisis ligadas a la acción humana siempre tienen antecedentes y son generadas por una o múltiples cadenas causales que son las que acaban conduciendo a una situación extrema, a veces lejana o cercana en otras ocasiones.  

Por entrar en detalle, de la misma manera que su amenazador ‘frente de ola’ en la película citada, enfrentarse a un frente prolongado y dinámico de fuego con llamaradas de entre cinco y diez veces la altura de los árboles que arden y hasta veinte veces la altura de un humano (ver fotos), parece algo imposible de afrontar con los métodos típicos que usaban hasta ahora los gabinetes prevención, protección civil, bomberos o equipos para desastres ‘naturales’, que serían las que se aplican aquí. Según un especialista debemos pensar su dinámica como en términos de energía; la cantidad de fuego que arde está en relación a la biomasa que se inflama cuando la temperatura excede cierto nivel y está alimentad por oxígeno del aire en abundancia. Biomasa que se transforma en fuego, incluida la que no está seca que, a partir de un volumen y temperatura críticos. En esas condiciones la biomasa verde arde igual que si estuviera seca.

¿Era previsible? Casi todos nos consideramos, como se dice tradicionalmente de los economistas, muy buenos especialistas en predecir el pasado, pero como ellos, parecemos incapaces de anticipar que ocurrirá. De hecho, la ‘tormenta perfecta’ de fuego’ a la que acabo de asistir, ha sido, doy fe, totalmente inesperada, en su voracidad, dimensión y velocidad, y descontrolada súbitamente simplemente con un cambio del viento y su magnitud.

Fue el científico James Lovelock, creador de la hipótesis Gaia, quien extendió la idea de que la Tierra, en su dimensión de naturaleza, es un sistema interconectado y autorregulado en el que la vida ha ayudado a mantener el entorno del planeta relativamente estable durante miles de millones de años. Pero de eso tenemos una memoria ancestral según la que, salvo sucesos raros, que nos parece que probablemente ocurran lejos. Nuestro entorno natural cercano nos parece desde siempre amigable y acogedor. 

Sin embargo, hace falta algo esencial para que la citada autorregulación exista, –como lo ha estado durante siglos y milenios–: un equilibrio. Ese equilibrio es el que hacía que el sistema climático de atmósfera que rodea la tierra fuera regular y previsible, como las estaciones o la duración el día y la noche, y todo lo demás. Pero ya hoy, dicha autorregulación se está rompiendo, según precisas mediciones de los científicos del clima. Se está alterando aceleradamente al elevarse a nivel planetario la temperatura, con consecuencias enormes y múltiples que han comenzado evidenciarse en diversas formas y distintos lugares. 

Hay mil datos de cosas extremas que están ocurriendo en los climas locales que no habían ocurrido nunca. Nunca antes el agua del mediterráneo había estado a casi 30 grados de media en estas fechas anuales. El mar a esa temperatura es una gigantesca máquina de generar vapor de agua en cantidades ingentes. Y eso, lógicamente, se descargará pronto y no será en formas de lluvias suaves, precisamente. Nunca antes habían producido tantos rayos de tormenta seca (probable causa inicial en Bejís) en la geografía mediterránea desde que existen registros. Muchos episodios extremos que cada vez son más numerosos, por unidad de tiempo. Pienso que uno de ellos es la ‘tormenta perfecta’ de la que estoy hablando en este relato, aunque podría estar equivocado; la certeza total hoy no existe. Sin embargo, la realidad climática en el planeta sobre la que, desde hace décadas, nos están avisando los científicos, cada vez con más datos, de forma tozuda, tan tozuda como es la realidad y la velocidad del actual cambio atmosférico. 

Mientras, debatimos sobre ello como si no fuera con nosotros, –aún muchos de nosotros seguimos pensando que ‘lo global’ es solo algo en el extranjero–, los datos son muy muy contundentes, e inevitablemente nos afectará. El clima mundial sigue, –parece que rápida e inexorablemente–, su acelerado ascenso. Ya está medido que el mes de junio de 2022 ha sido el tercer junio más cálido en el mundo desde que hay registros, según ha informado el boletín mensual del Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S). Ha sido el segundo mes más cálido en Europa, con unos 1,6 grados Centígrados por encima de la media, y el tercer junio más cálido registrado en el mundo, con unos 0,31°C. por encima de la media también.

El último Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) refleja que el aumento de la frecuencia e intensidad de las olas de calor puede atribuirse, ya sin dudas, al cambio climático provocado por la actividad humana en el planeta. Carlo Buontempo, director del Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S) afirma que en los próximos años las olas de calor seguirán y «serán más frecuentes e intensas” a las observadas este año. Y hace énfasis en que es «especialmente importante» contar con datos públicos fiables para «prepararse mejor para lo que se avecina». Y ‘lo que se avecina’ con el clima no es precisamente optimista. Todo lo contrario. ¿Sería ejemplo de algo de ‘eso que se avecina’ a que ser refería Carlo, lo que acaba de ocurrir iniciándose en Bejís? Tal vez. Mi opinión es que tiene toda la pinta, por más que muchos lo califiquen como un siniestro más. Para a mí no es uno más, -aparte de mi conexión emocional con el lugar–. Sino muestra de lo que viene de cara al futuro. 

La lección esencial a aprender es que vivimos en un planeta con un clima relacional, interdependiente

El clima de nuestra comarca, de nuestro pueblo, está ligado al de las regiones circundantes, pero también a los largos desplazamientos atmosféricos propios de los grandes movimientos de masas atmosféricas y gradientes de temperatura, como nos las muestran en los modelos de las previsiones del tiempo al final de cada noticiario. Y si hay algo más relacional que la economía –que lo es también– en el mundo actual, ese algo son los fenómenos atmosféricos y su interacción entre las variadas geografías locales (nuestro pueblo, región o país) y los aspectos de larga distancia de los modelos climáticos planetarios. 

Si llueve barro sobre nuestro coche, seguramente la noche anterior nos habían avanzado en las noticias, –aunque no las viéramos–, que la calima y el polvo en suspensión iba a viajar por la atmósfera desde el Sáhara y luego, literalmente, es el que se ha desplomado sobre nuestras cabezas, en nuestro pueblo o ciudad y sobre las lunas de nuestro coche al aire libre. Lo mismo ocurre con los pedriscos, o las heladas a destiempo que, seguramente, ha arrasado cosechas en nuestra cercanía, no hace muchos meses. No son sucesos casuales, aunque sea mentalmente más cómodo pensar eso, y tampoco lo es su aleatoriedad, o su supuesta ‘casualidad’. Son sucesos no deseados estadísticamente cada vez más crecientes, efectos de la atmósfera, que el microclima local deposita también sobre nuestra comarca o nuestro pueblo, justo encima de nuestras cabezas. 

Hemos de ver este tipo de sucedidos, cada vez menos, como producto de la casualidad. El clima de todo el planeta está conectado y es interdependiente. Lo que nos pasa en nuestro pueblo, el calor cada vez más y más frecuente, el frío repentino, la invasión de la primavera y el otoño por el verano, un súbito pedrisco, son consecuencias concretas que nos toca padecer. Bueno, también nos toca disfrutar cuando la temperatura y la estación del microclima donde estamos nos es más propicia.

Pero, no podemos dejar de lado que, obviamente, todo lo que ocurre en un sistema global interdependiente nos acaba afectando directamente en mayor o menor medida. Por ejemplo, eso que vemos aún tan lejano del calentamiento de los polos y los glaciares (deshielo acelerado); las sucesivas olas de temperaturas ultra altas, que son factor esencial para la enorme multitud incendios que están ocurriendo en el mundo, así como una creciente e inusitada frecuencia de episodios climáticos extremos. La multiplicación de pavorosos incendios, entre ellos con algunos de ‘6ª generación’ –un tipo de la citada ‘tormenta perfecta’ que yo he visto iniciarse en Bejís–, que con larguísimos frentes de fuego con llamaradas de decenas de metros, que superan los medios de apagarlos actuales, como hemos podido ver. Finalmente, el gran despliegue humano y técnico ha sido superado por un cambio del viento. 

A todo eso estamos asistiendo en España, y lo que estoy contando en concreto de Bejís, extendido monstruosamente luego a montes y tierras y pueblos colindantes, es una buena muestra de que el cambio también está sucediendo en nuestro alrededor más cercano. Ya se han quemado, solo en lo que llevamos de año en nuestro país,  el sistema Europeo EFFIS, 224.272 hectáreas, el triple de lo que dice haber registrado el gobierno español. Parecería que todas estas circunstancias son inevitables, pero no lo son. Cualquier consecuencia de la acción humana sobre el planeta no es determinista. Podría modificarse y podría ser algo evitable. 

Hay algunas preguntas muy dolorosas que nos tenemos que hacer para intentar aprender la lección y que la ‘tormenta perfecta de fuego’ que ha destruido el pequeño, pero el paisaje, glorioso y repleto de biodiversidad del valle de Bejís, es: ¿era evitable esta ‘tormenta perfecta’ de fuego? ¿podría haberse evitado el que ocurriera? Dolorosa cuestión. Pero me temo que no podremos contestarla nosotros solos… Porque, por la misma ‘regla de tres’: nos podemos preguntar de lo cercano a lo lejano ¿Era evitable el incendio de Les Useres, en Castellón? ¿Y el de La Vall d’Ebo, con más poblaciones evacuadas, que el de Bejís? Y siguiendo estos puntos y sin salirnos de nuestro país o continente… ¿Era evitable el de la Sierra de la Culebra que ha arrasado 30.000 hectáreas en Zamora y ha acabado con tres vidas humanas? ¿Lo era el del Sur de Francia? Y finalmente, ¿cuántas de esas 224.272 hectáreas era evitable que ardieran en nuestro país? Parte de ellas, también en nuestra Comunidad Valenciana; y parte de ellas ahora en Bejís, Torás, Teresa, Sacañet, los cuatro pueblos con todos sus vecinos desalojados, por el incendio que mientras escribo estas líneas ya lleva arrasadas 10.000 hectáreas y siguen sin controlarse y ya afecta con desalojados a tres pedanías de Andilla (Artaj, Oset y La Pobleta). Y en el incidente el tren se puede ver cómo es la reacción de la gente, y de las distintas autoridades, peleándose entre sí por ignorancia o por intereses creados. 

El clima global está cambiando drásticamente. Los episodios extremos frecuentes  son una realidad. Estoy convencido de que este episodio trágico de fuego extremo iniciado en Bejís, está conectado con ese cambio y, en parte, es consecuencia de él, por lejano que parezca. Siempre hubo incendios en el monte, dirá alguien. Yo creo claramente que no como ahora, y no como los de ahora en cantidad y ‘cualidad’. El cambio global del clima produce drásticamente, cada vez más catástrofes climáticas (incluyendo de incendios y fuego, pero no solo). Nuestra ‘cultura’ y forma de pensar sobre la naturaleza y el clima ha de cambiar colectivamente igual de drásticamente. Aprendamos esta lección que nos imponen la naturaleza y el clima. Lo que ocurra con ello no debemos aceptarlo como inevitable, porque este cambio climático tiene que ver con el conjunto de la acción humana en todo el planeta y eso puede ser modificado. Obliguemos a nuestras autoridades democráticas; influyámosles para que tomen esto en consideración como algo decisivo en muchos aspectos sociales. Y para que se apaguen los incendios sobre todo ‘en invierno’, o mejor todo el año, con prevención y sentido común sobre la naturaleza.

 

PARTE II. LA TORMENTA PERFECTA DE FUEGO QUE COMENZÓ EN BEJÍS

Introducción

Son imágenes previas y de algunos aspectos del momento la fase previa, el intento de apagar el incendio por los bomberos, forestales, la UME y las fuerzas de la guardia civil y las autoridades. Verá el lector en ellas que lo que parecía un incendio común, de pronto con un simple cambio de dirección y de intensidad, se transformó en un incendio inabordable e imparable. Y eso en solo dos horas de cambio, así que a pesar de la lucha de forestales, bomberos y miembros de la UME, –todos ellos se juega la vida en su trabajo, lo hemos visto–, y de los enorme medios desplegados se tuvo, a toda velocidad que cambiar la estrategia, después de muchas horas de lucha contra el incendio; a pasar en minutos, de intentar salvar la naturaleza, los árboles y el paisaje, a algo que se volvió sumamente urgente en minutos: pasar drásticamente a las evacuaciones para salvar la vida de los vecinos, de toda edad, salud y condición, de Bejís, Torás, Teresa y luego Sacañet, Alcublas, Viver…Nadie duda que eso era lo primero una vez que parar el incendio en Bejís se volvió imposible. Yo soy testigo de ello. Esta ‘tormenta perfecta’ de fuego de Bejís, ­por eso le ha llamado así, tiene características diferenciales de las que especialistas y autoridades deberán, como cada uno de nosotros, pero ellos especialmente aprender la lección. Modestamente desde mi ignorancia lo digo, que no desde mi indiferencia.

Aprendamos la lección todos. Para que algo así no vuelva a ocurrir si ello fuera posible. 

Brindo a los vecinos de Bejís que estarán, imagino, al menos, tan afectados emocionalmente como yo, una frase de Esperanza muy cualificada, de mi amigo Jaime Güemes, director del Jardí Botànic de la Universitat de Valencia. Al detectar mi ánimo muy afectado por la catástrofe del incendio de Bejís, Jaime me ha enviado un mensaje de urgencia que dice así:

«Me imagino que (estás) muy afectado y lo estarás mucho tiempo, pero espero que confíes en que el monte se recuperará (y así será) y su ritmo en ello, será también insospechado. ;–)»

Que así sea.

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