Nuria Rodríguez en la Sala de la Muralla

La exposición Historia Natural, la colección infinita propone al artista/coleccionista como un recolector de imágenes, objetos y curiosidades que transforma y rehace, un productor que busca nuevas ubicaciones en su muestrario para dialogar constantemente con ellos, intentando trazar un método de trabajo que le lleve a las pinturas. 
 
De hecho, en la exposición se presenta una mesa de montaje con vitrinas y cajas que muestran materiales de trabajo y reconstruyen el espacio del estudio a través de las páginas de varios álbumes clasificados por fechas, bocetos pintados y objetos encontrados, junto a audiovisuales que exhiben este proceso creativo de trabajo para mantener una actitud de permanente curiosidad frente a la cotidianidad de las cosas.
 
Esos encuentros casuales e improvisados adquieren, en algunos casos, una apariencia que recuerda a las láminas científicas de la Encyclopèdie de Diderot y d'Alembert, cuyos recorridos textuales juegan con los significados abiertos de las imágenes. Tal es el caso de las obras La clave de los sueños e Invierno 1573.
 
Nuria Rodríguez explica que la pintura se va haciendo al alternar fases más intuitivas donde el brochazo, la mancha y el color adquieren todo el protagonismo para dejar paso a una fase más reflexiva donde surge el relato, la narración de elementos discordantes entre sí y que interrogan con extrañeza al espectador.
 
Este atlas de lo imposible propone una reflexión sobre nuestros modos de ver, sobre cómo guardamos y ordenamos cosas para relacionarnos con el mundo y entenderlo. Desde que Plinio el Viejo intentara compilar todo el saber de su época en su Historia Natural hasta nuestros días, son muchos los mecanismos que nos han ayudado a dar forma a nuestra arqueología de la memoria: diccionarios, enciclopedias, catálogos, inventarios, muestrarios, listados…
 
Tras sus últimas exposiciones individuales en las galerías Cuatro de Valencia (El desorden de las cosas [Pensar, mirar, pintar], abril-mayo de 2014) y Estampa de Madrid (Historia Natural [tomo XXIII], octubre-noviembre de 2015), Nuria Rodríguez redondea con ésta su proyecto pictórico que, ahora, se enriquece con un montaje ampliado donde los cuadros se acumulan junto a objetos, imágenes, libros y también videos del proceso en una experiencia total, una sensación que obliga al espectador a la contemplación minuciosa del todo y a fijarse en sus detalles como pistas para poder ordenar el mundo, clasificarlo y pensarlo.
La exposición Historia Natural, la colección infinita propone al artista/coleccionista como un recolector de imágenes, objetos y curiosidades que transforma y rehace, un productor que busca nuevas ubicaciones en su muestrario para dialogar constantemente con ellos, intentando trazar un método de trabajo que le lleve a las pinturas. 
 
De hecho, en la exposición se presenta una mesa de montaje con vitrinas y cajas que muestran materiales de trabajo y reconstruyen el espacio del estudio a través de las páginas de varios álbumes clasificados por fechas, bocetos pintados y objetos encontrados, junto a audiovisuales que exhiben este proceso creativo de trabajo para mantener una actitud de permanente curiosidad frente a la cotidianidad de las cosas.
 
Esos encuentros casuales e improvisados adquieren, en algunos casos, una apariencia que recuerda a las láminas científicas de la Encyclopèdie de Diderot y d'Alembert, cuyos recorridos textuales juegan con los significados abiertos de las imágenes. Tal es el caso de las obras La clave de los sueños e Invierno 1573.
 
Nuria Rodríguez explica que la pintura se va haciendo al alternar fases más intuitivas donde el brochazo, la mancha y el color adquieren todo el protagonismo para dejar paso a una fase más reflexiva donde surge el relato, la narración de elementos discordantes entre sí y que interrogan con extrañeza al espectador.
 
Este atlas de lo imposible propone una reflexión sobre nuestros modos de ver, sobre cómo guardamos y ordenamos cosas para relacionarnos con el mundo y entenderlo. Desde que Plinio el Viejo intentara compilar todo el saber de su época en su Historia Natural hasta nuestros días, son muchos los mecanismos que nos han ayudado a dar forma a nuestra arqueología de la memoria: diccionarios, enciclopedias, catálogos, inventarios, muestrarios, listados…
 
Tras sus últimas exposiciones individuales en las galerías Cuatro de Valencia (El desorden de las cosas [Pensar, mirar, pintar], abril-mayo de 2014) y Estampa de Madrid (Historia Natural [tomo XXIII], octubre-noviembre de 2015), Nuria Rodríguez redondea con ésta su proyecto pictórico que, ahora, se enriquece con un montaje ampliado donde los cuadros se acumulan junto a objetos, imágenes, libros y también videos del proceso en una experiencia total, una sensación que obliga al espectador a la contemplación minuciosa del todo y a fijarse en sus detalles como pistas para poder ordenar el mundo, clasificarlo y pensarlo.
Valencia City
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