Rector para la investigación

Un centenar de personas se dieron cita en el Club de Encuentro Manuel Broseta mientras jugaba Brasil al fútbol –martes, 15 de junio– con temperaturas bajo cero en el Mundial. Y el acto era objetivamente relevante, pues como dijo el presidente del mencionado foro de debate, Francisco Puchol, en un cuarto de siglo de vida de este espacio convivencial de la democracia valenciana, nunca se había acogido a un rector de la Universitat de València. Una anomalía que se desvelaba como síntoma de los desencuentros tan propios de nuestra sociedad.
Así pues, el acto tenía una lectura histórica importante y suponía, además, la primera comparecencia pública que no académica ni oficial del recién elegido rector de la UV, el prestigioso farmacólogo Esteban Morcillo, a quien presentó su “amigo” Javier Boix, el abogado penalista más solicitado, resaltando con una bien traída cita de Einstein el carácter divulgador del conferenciante.
Entre el público abundaban los componentes de la Junta de Gobierno y del Consejo Social universitario, los miembros del club anfitrión y bastantes periodistas, políticos de la oposición –Alarte…–, pero ni un representante de la administración autonómica si exceptuamos al presidente del Consejo Jurídico Consultivo, Vicente Garrido… ni de la local, apenas si algún alto cargo empresarial como el nuevo presidente de la Cámara de Comercio, José Vicente Morata, el vicepresidente de Bancaja, Vicente Montesinos o el gerente de AVE, Diego Lorente… ni dirigentes tampoco de otras universidades. Más patente puede que resultara, incluso, la ausencia de profesores o personal de la propia Universitat, dejando con lo justo a su nuevo rector. ¿Apatía, autosuficiencia…? Sí estuvo, y merece resaltarse, Vicent Soler, uno de los oponentes a Morcillo en las recién celebradas elecciones universitarias. Tampoco falló el delegado del Gobierno, Ricardo Peralta, que igual está para asistir a un concurso de arroces que a un acto de alto vuelo académico.
Ya en la conferencia, esta fue aportando su miga porque Esteban Morcillo se mostró como un orador fluído y de lenguaje preciso, sin florituras, descubriendo su condición científica. No hay adornos y sí mucha claridad en su retórica. Como cuando, nada más empezar, lanzó un mensaje de calado político al proponer que el edificio de la Nau acoja algún acto de homenaje a las víctimas del terrorismo. El gesto, dado el lugar en el que nos encontrábamos, tenía un valor indudable.
Se echó en falta algún rasgo crítico, alguna discrepancia siquiera de orden natural, pero Morcillo prefiere ser educado y sobrio, diplomático hasta lo extremo, y toda la primera parte de su intervención resultó una laudatoria descripción de los orígenes y naturaleza de la Universitat, de la herencia recibida, de los candidatos que le disputaron el rectorado, de los valores urbanísticos incluso de los desperdigados edificios, campus y centros de toda condición que atesora el patrimonio inmueble de la UV.
Al nuevo rector, sin embargo, le interesan otras esferas de orden competitivo en torno al conocimiento y las relaciones de la Universitat con el tejido productivo. Así, por ejemplo, subrayó los éxitos de la UV con los estudiantes extranjeros que ocupan ya el 23% de los cursos de posgrado que se imparten, o cuyos Erasmus tienen a Valencia como uno de sus destinos preferentes, con más de 2.000 matriculados anuales… o el aumento significativo de los cursos en inglés… Todo ello antes de repasar las diversas plataformas desde las que se incardina la relación de la Universitat con la sociedad, desde el Consejo Social a Adeit, el Parque Científico o las múltiples fundaciones que se localizan en el seno de la secular universidad valenciana. El rector citó, también, algunos de los puntos más llamativos del estudio que el IVEI –coordinado por Francisco López y José Manuel Pastor– presentó el otoño pasado para demostrar la capacidad de generación de economías de las universidades públicas valencianas. Presentación pública en el Palau de la Música que organizó, precisamente, Ruzafa Show.
Morcillo, por último, reivindicó el papel de la universidad en su misión para transferir conocimiento, “y no sólo tecnológico”, a la sociedad, donde también será necesario, a su juicio, disponer del “necesario ecosistema económico capaz de recibir” dichas transferencias. Si así concurre, la Universitat podrá ejercer como “un verdadero socio estratégico” del tejido productivo valenciano, y para ello dispone de una herramienta poderosa: el futuro Campus de Excelencia, donde convergerán con la Universidad Politécnica, para la que Morcillo no escatimó elogios. Una “gran” universidad, “complementaria en tantos aspectos”, y junto a la cual propone hacer de Valencia un poderoso “polo metropolitano” de conocimiento y de “atracción del conocimiento”. El mensaje fue diáfano.

Un centenar de personas se dieron cita en el Club de Encuentro Manuel Broseta mientras jugaba Brasil al fútbol –martes, 15 de junio– con temperaturas bajo cero en el Mundial. Y el acto era objetivamente relevante, pues como dijo el presidente del mencionado foro de debate, Francisco Puchol, en un cuarto de siglo de vida de este espacio convivencial de la democracia valenciana, nunca se había acogido a un rector de la Universitat de València. Una anomalía que se desvelaba como síntoma de los desencuentros tan propios de nuestra sociedad.
Así pues, el acto tenía una lectura histórica importante y suponía, además, la primera comparecencia pública que no académica ni oficial del recién elegido rector de la UV, el prestigioso farmacólogo Esteban Morcillo, a quien presentó su “amigo” Javier Boix, el abogado penalista más solicitado, resaltando con una bien traída cita de Einstein el carácter divulgador del conferenciante.
Entre el público abundaban los componentes de la Junta de Gobierno y del Consejo Social universitario, los miembros del club anfitrión y bastantes periodistas, políticos de la oposición –Alarte…–, pero ni un representante de la administración autonómica si exceptuamos al presidente del Consejo Jurídico Consultivo, Vicente Garrido… ni de la local, apenas si algún alto cargo empresarial como el nuevo presidente de la Cámara de Comercio, José Vicente Morata, el vicepresidente de Bancaja, Vicente Montesinos o el gerente de AVE, Diego Lorente… ni dirigentes tampoco de otras universidades. Más patente puede que resultara, incluso, la ausencia de profesores o personal de la propia Universitat, dejando con lo justo a su nuevo rector. ¿Apatía, autosuficiencia…? Sí estuvo, y merece resaltarse, Vicent Soler, uno de los oponentes a Morcillo en las recién celebradas elecciones universitarias. Tampoco falló el delegado del Gobierno, Ricardo Peralta, que igual está para asistir a un concurso de arroces que a un acto de alto vuelo académico.
Ya en la conferencia, esta fue aportando su miga porque Esteban Morcillo se mostró como un orador fluído y de lenguaje preciso, sin florituras, descubriendo su condición científica. No hay adornos y sí mucha claridad en su retórica. Como cuando, nada más empezar, lanzó un mensaje de calado político al proponer que el edificio de la Nau acoja algún acto de homenaje a las víctimas del terrorismo. El gesto, dado el lugar en el que nos encontrábamos, tenía un valor indudable.
Se echó en falta algún rasgo crítico, alguna discrepancia siquiera de orden natural, pero Morcillo prefiere ser educado y sobrio, diplomático hasta lo extremo, y toda la primera parte de su intervención resultó una laudatoria descripción de los orígenes y naturaleza de la Universitat, de la herencia recibida, de los candidatos que le disputaron el rectorado, de los valores urbanísticos incluso de los desperdigados edificios, campus y centros de toda condición que atesora el patrimonio inmueble de la UV.
Al nuevo rector, sin embargo, le interesan otras esferas de orden competitivo en torno al conocimiento y las relaciones de la Universitat con el tejido productivo. Así, por ejemplo, subrayó los éxitos de la UV con los estudiantes extranjeros que ocupan ya el 23% de los cursos de posgrado que se imparten, o cuyos Erasmus tienen a Valencia como uno de sus destinos preferentes, con más de 2.000 matriculados anuales… o el aumento significativo de los cursos en inglés… Todo ello antes de repasar las diversas plataformas desde las que se incardina la relación de la Universitat con la sociedad, desde el Consejo Social a Adeit, el Parque Científico o las múltiples fundaciones que se localizan en el seno de la secular universidad valenciana. El rector citó, también, algunos de los puntos más llamativos del estudio que el IVEI –coordinado por Francisco López y José Manuel Pastor– presentó el otoño pasado para demostrar la capacidad de generación de economías de las universidades públicas valencianas. Presentación pública en el Palau de la Música que organizó, precisamente, Ruzafa Show.
Morcillo, por último, reivindicó el papel de la universidad en su misión para transferir conocimiento, “y no sólo tecnológico”, a la sociedad, donde también será necesario, a su juicio, disponer del “necesario ecosistema económico capaz de recibir” dichas transferencias. Si así concurre, la Universitat podrá ejercer como “un verdadero socio estratégico” del tejido productivo valenciano, y para ello dispone de una herramienta poderosa: el futuro Campus de Excelencia, donde convergerán con la Universidad Politécnica, para la que Morcillo no escatimó elogios. Una “gran” universidad, “complementaria en tantos aspectos”, y junto a la cual propone hacer de Valencia un poderoso “polo metropolitano” de conocimiento y de “atracción del conocimiento”. El mensaje fue diáfano.