Yo no he subido el IVA

LA LONJA DE LOS MERCADERES
Luis Trigo Sierra
Abogado y asesor patrimonial

Yo no he subido el IVA

Cuando se afirma que la economía es cíclica tal observación viene referida a sus efectos y no a sus causas, y no quiere evidenciar otra cosa que el hecho de que, igual que subimos, bajaremos, y que después volveremos a subir, y así sucesivamente.
Ahora toca bajada y las razones de esta caída han sido distintas a las de recesiones pasadas. En eso no hay ciclos, pues las circunstancias cambian y el conocimiento de los errores pasados y de sus terapias, desgraciadamente, no nos ha permitido estar vacunados contra el virus que ahora nos aqueja.
Los anticuerpos para combatir esta cepa, que parece resistente y virulenta, todavía están por cultivar, y los economistas de mayor prestigio internacional no parecen ponerse de acuerdo sobre cuál deba ser el papel del Estado en esta situación: si incrementa el gasto público para ayudar a que la economía se dinamice, o si opta por la austeridad para que el peso de la deuda pública no se sume a la que ya arrastran el resto de los agentes económicos, condicionando el crecimiento futuro.
Respecto de España sí que parece existir consenso internacional en que tenemos que frenar el déficit público, pues es de los más acelerados, y ello implica un grave riesgo no sólo para nosotros sino también para nuestros acreedores.
Esta necesidad nos deja un escaso margen de actuación y obliga al Estado a centrarse en la reducción del gasto público y en el incremento de los ingresos tributarios. Dentro de esta segunda línea de actuación se enmarca la subida del IVA, que ha desatado una intensa polémica en torno a su oportunidad y eficacia.
Personalmente la defiendo. Daré alguna de mis razones para ello y ofreceré alguna que otra idea que espero contribuya a gestionar dicha subida por todos en favor de una más rápida recuperación.
La subida del IVA tiene que ser eficaz por tratarse de un impuesto con impacto global. Al afectar a todo el que consume, su capacidad recaudatoria es muy significativa. Al no incidir inicialmente sobre la renta obtenida por los ciudadanos (lo cual no sucedería si lo que subiese fuera el IRPF) el efecto psicológico es menos impactante, siendo el propio consumidor quien va a graduar su aplicación. Habrá quien varíe sus hábitos de consumo (por ejemplo, reducirá el consumo de alimento fresco y aumentará el de congelado) y habrá quien, si puede permitírselo, pagará más caro.
Otra cuestión a resaltar es que deja en manos del comerciante la posibilidad de no trasladar el coste del incremento del IVA al consumidor.
Me he preocupado por preguntar a bastantes comerciantes valencianos sobre su posición al respecto y, por lo que me han dicho, parece que muchos han decido asumir la subida del IVA. Consideran más perjudicial las posibles restricciones que la gente se imponga al consumo que la asunción del coste del IVA.
A quien así ha reaccionado, lo que le he dicho es que debe decirlo, que debe poner un gran cartel en su escaparate que diga “Yo no he subido el IVA”, de este modo la gente conocerá su esfuerzo, deberá valorarlo y agradecerlo, establecerá una ventaja competitiva y contribuirá a reducir el impacto psicológico del anuncio de la subida impositiva, animando al consumo.
También los comerciantes que tributan en módulos deben de tener en cuenta que no experimentarán el efecto de la subida hasta enero del año que viene. Puede ser ese un buen momento para evaluar su estrategia, si es que han optado por no variar los precios.

En cualquier caso, si se actúa con valentía empresarial hay que proclamarlo. Es de justicia y además puede ser contagioso.


 

LA LONJA DE LOS MERCADERES
Luis Trigo Sierra
Abogado y asesor patrimonial

Yo no he subido el IVA

Cuando se afirma que la economía es cíclica tal observación viene referida a sus efectos y no a sus causas, y no quiere evidenciar otra cosa que el hecho de que, igual que subimos, bajaremos, y que después volveremos a subir, y así sucesivamente.
Ahora toca bajada y las razones de esta caída han sido distintas a las de recesiones pasadas. En eso no hay ciclos, pues las circunstancias cambian y el conocimiento de los errores pasados y de sus terapias, desgraciadamente, no nos ha permitido estar vacunados contra el virus que ahora nos aqueja.
Los anticuerpos para combatir esta cepa, que parece resistente y virulenta, todavía están por cultivar, y los economistas de mayor prestigio internacional no parecen ponerse de acuerdo sobre cuál deba ser el papel del Estado en esta situación: si incrementa el gasto público para ayudar a que la economía se dinamice, o si opta por la austeridad para que el peso de la deuda pública no se sume a la que ya arrastran el resto de los agentes económicos, condicionando el crecimiento futuro.
Respecto de España sí que parece existir consenso internacional en que tenemos que frenar el déficit público, pues es de los más acelerados, y ello implica un grave riesgo no sólo para nosotros sino también para nuestros acreedores.
Esta necesidad nos deja un escaso margen de actuación y obliga al Estado a centrarse en la reducción del gasto público y en el incremento de los ingresos tributarios. Dentro de esta segunda línea de actuación se enmarca la subida del IVA, que ha desatado una intensa polémica en torno a su oportunidad y eficacia.
Personalmente la defiendo. Daré alguna de mis razones para ello y ofreceré alguna que otra idea que espero contribuya a gestionar dicha subida por todos en favor de una más rápida recuperación.
La subida del IVA tiene que ser eficaz por tratarse de un impuesto con impacto global. Al afectar a todo el que consume, su capacidad recaudatoria es muy significativa. Al no incidir inicialmente sobre la renta obtenida por los ciudadanos (lo cual no sucedería si lo que subiese fuera el IRPF) el efecto psicológico es menos impactante, siendo el propio consumidor quien va a graduar su aplicación. Habrá quien varíe sus hábitos de consumo (por ejemplo, reducirá el consumo de alimento fresco y aumentará el de congelado) y habrá quien, si puede permitírselo, pagará más caro.
Otra cuestión a resaltar es que deja en manos del comerciante la posibilidad de no trasladar el coste del incremento del IVA al consumidor.
Me he preocupado por preguntar a bastantes comerciantes valencianos sobre su posición al respecto y, por lo que me han dicho, parece que muchos han decido asumir la subida del IVA. Consideran más perjudicial las posibles restricciones que la gente se imponga al consumo que la asunción del coste del IVA.
A quien así ha reaccionado, lo que le he dicho es que debe decirlo, que debe poner un gran cartel en su escaparate que diga “Yo no he subido el IVA”, de este modo la gente conocerá su esfuerzo, deberá valorarlo y agradecerlo, establecerá una ventaja competitiva y contribuirá a reducir el impacto psicológico del anuncio de la subida impositiva, animando al consumo.
También los comerciantes que tributan en módulos deben de tener en cuenta que no experimentarán el efecto de la subida hasta enero del año que viene. Puede ser ese un buen momento para evaluar su estrategia, si es que han optado por no variar los precios.

En cualquier caso, si se actúa con valentía empresarial hay que proclamarlo. Es de justicia y además puede ser contagioso.


 

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