La vida iba en Serie… por Rafa Marí

Pedro Almodóvar rodando en Paterna. El cineasta era un asiduo de los programa dobles en su juventud.

2 de junio de 2020.
«Estoy preocupado, en España están cerrando salas de cine cada día» (Pedro Almodóvar, El Mundo, 5 de enero de 2020). Esa batalla ya está perdida. En Valencia había decenas de cines hace menos de cuarenta años. «De estreno», «de reestreno» y muchos de barrio en los que podías ver dos películas bastante recientes y una de regalo (a veces, la mejor del lote y acogida con aplausos por el público). 

En los pueblos españoles ya no hay cines. Mislata tenía antes tres: el Sur, el Español y el Cultural. Los tres han desaparecido. Sueca, el pueblo de mis padres, llegó a tener cuatro: el Serrano, el Paz, el Lido y la sala de verano Monterrey (siendo un niño, allí vi la versión española de la caótica Mister Arkadin (Orson Welles, 1955), con Amparo Rivelles e Irene López de Heredia en los personajes interpretados en la versión internacional por, respectivamente, Suzanne Flon y Katina Paxinou. Ninguno de los cuatro cines suecanos ha sobrevivido.

En Valencia tenemos ahora solo algunos multicines y los Babel, el cinestudio D’Or y la Filmoteca. La entrada para ver películas de estreno cuesta unos 8 euros. Por esa cantidad podemos ver al mes, en plataformas streaming, centenares de series, algunas muy buenas, y cintas recientes y antiguas. Esto lo expreso como un lamento. Le debo mucho a las salas de cine. Pero vivimos un irreversible cambio de piel en los hábitos sociales. La revolución tecnológica y las epidemias nos quieren en casa. Nos empujan hacia el sillón.

Rafa Marí con Héctor Alterio en una Mostra de cine.

«Que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde”
Jaime Gil de Biedma

DIARIO DE UN CINÉFILO Es una sección dedicada al mundo de las Series de TV, a todos sus aspectos cinéfilos pero también a sus derivaciones sociológicas y relativas a la vida cotidiana de las personas. La construcción de roles, las relaciones familiares, la actualidad, la comedia y el drama, la épica histórica, dragones y mazmorras… 

Todo cabe en el mundo de las series, y cualquier perspectiva del mundo puede ser vista desde la óptica de un cinéfilo, de un seriófilo inteligente y perspicaz. La sección está personalizada en Rafa Marí, uno de los últimos grandes cinéfilos españoles. La periodicidad es aleatoria, y la longitud de cada entrada, también. Puede ser tanto muy corta: un aforismo, como un extenso miniensayo, o entrevista, o diálogo interior.

Pese a ser un periodista tardío, Rafa Marí (Valencia, 1945) ha tenido tiempo para trabajar en muchos medios de comunicación: Cartelera Turia, Cal Dir, Valencia Semanal, cartelera Qué y Donde, Noticias al día, Papers de la Conselleria de Cultura, Levante-EMV, El Hype… Siempre en las páginas de cultura. En 1984 fichó por Las Provincias, diario donde actualmente es columnista y crítico de arte.

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2 Comments
  1. La inexorable desaparición de los cines provoca, entre otras distorsiones, que ya no existan grandes pantallas donde ver aquellas películas clásicas que se produjeron, precisamente, para esas pantallas. El llamado cine espectáculo se reduce ahora a los efectos especiales y a sonidos envolventes, viguerías tecnológicas que pueden apreciarse sin demasiadas mermas en pantallas más reducidas. Desde luego, una buena televisión 4K con las suficientes pulgadas es capaz de transportarnos a esos mundos fantasiosos que parecen ahora dominar la esencia del cine actual, dejando el desarrollo de historias para los formatos alargados en el tiempo de las series televisivas.
    Pero hubo un tiempo de grandes pantallas y las películas se rodaban pensando en aquellos grandes ángulos que resultaban sobrecogedores. No hablo del cinerama, sino de la vistavisión y otros formatos increíbles. Los menores de 30 ó 40 años ya no podrán comprender la potencia visual de «Lo que el viento se llevó» y la considerarán una película sentimentaloide sin paladear escenas como la de la estación de Atlanta. O las grandes películas americanas de Hitchcock y muchas otras.
    En su momento se llevaron a cabo negociaciones intensas para que el viejo cine Capitol fuera adquirido por la Filmoteca y convertido en el cine de gran pantalla para Valencia. El señor Rado hizo las infructuosas gestiones. Rita Barberá estaba por la labor de mantener grafiado el cine como tal pero Alfonso Grau se dejó convencer para liberar el cine –que estaba protegido, pues se trataba de una obra maestra del arquitecto Joaquín Rieta– por una de las ramas de la familia Pechuán para que se permitiera cambiar el uso y transformarse en el espacio anodino que es hoy: se mantuvo el testero y la primera crujía por el que dirán, pero ahora esas piezas arquitectónicas carecen de sentido alguno. Se perdió una gran oportunidad.

  2. Avatar José Catalán Castillo dice:

    El artículo y reflexión de un erudito cinéfilo como Rafa Marí, mencionando a los cines de Mislata, me ha sumergido de repente en las procelosas aguas de mi infancia y las salas
    que más he frecuentado: Palacio, Colón, Giner, Versalles, Español, Iberia, Mundial, Acroy, Ideal y Coliseum. Acompañaba a mi abuela paterna a todos los cines de Ruzafa ya que
    caminaba con dificultad y no podía alejarse mucho de su casa. Ella fue la que despertó mi afición desde niño con aquellas sesiones maratonianas de tres películas, más dibujos
    animados y el obligatorio NODO. Aunque las cortaban-no precisamente por la censura que ya venía cercenada-recuerdo sesiones de entrar a las 4 y salir a las 9, en unos asientos
    de madera nada cómodos. No comprendo ahora como mi abuelita podía soportarlo. Yo ahora, acostumbrado a los mullidos asientos no aguantaría ni media peli.
    !Cómo ha cambiado nuestra sociedad!. La situación actual es deplorable. A mi juicio, las salas cinematográficas, fenecieron ya hace mucho tiempo con la difusión del video en
    alquiler, después Internet con las descargas y por último, la estocada final con las numerosas plataformas de streaming.
    Si añado a mi pesimismo, la mediocridad del cine actual, solo resta decir…apaga y vámonos. De los grandes directores, solo quedan en activo: Martin Scorsese, Clint Eastwood,
    Woody Allen y Roman Polanski y además, en sus horas bajas. Echamos de menos a los Maestros,, Ford, Hitchcock, Lang, Hawks, Welles, Wilder, Kubrick, Wyler, etc. ¿Dónde están
    los prometedores Fincher, Nolan…?. En cuanto a las estrellas, omito dar nombres que están en la mente de todo buen aficionado y que ni por asomo hay parangón con las luminarias
    de hoy en día. Se me acaba el espacio. Malos tiempos para la Cultura con mayúsculas.

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