Cró­ni­ca del con­cier­to que abre la gira nacio­nal del artis­ta valen­ciano.

 

La Pla­za de Toros de Valen­cia se lle­nó de emo­ción al reci­bir a Gal­ván Real, quien eli­gió regre­sar al lugar que lo vio cre­cer para dar ini­cio a su gira por Espa­ña en honor a una déca­da de can­cio­nes. Des­de el prin­ci­pio se podía per­ci­bir el ansia en un públi­co entre­ga­do que espe­ra­ba su regre­so y alza­ba sus car­te­les para reci­bir­lo. La vela­da comen­zó con una pie­za audio­vi­sual y unas pala­bras de agra­de­ci­mien­to que pro­vo­ca­ron lágri­mas en algu­nos de los asis­ten­tes, don­de se pre­sen­ta­ba el can­tan­te des­de niño con un men­sa­je que cons­tru­yó para el mis­mo.: “El sue­ño de un niño nun­ca mue­re”

Un men­sa­je en don­de recor­da­ba aque­llos sue­ños en su infan­cia cuan­do ape­nas can­ta­ba en la sala de su casa con un palo de esco­ba, al mis­mo tiem­po que agra­de­cía a cada per­so­na que ha for­ma­do par­te de su carre­ra. Lo que siguió fue­ron más de dos horas y media de espec­tácu­lo. El can­tan­te abrió con Tria­na, don­de que­dó cla­ro que las inten­cio­nes del artis­ta eran que el públi­co se dedi­ca­ra a dis­fru­tar y con­ti­nuó con un reper­to­rio com­ple­to con sus can­cio­nes más emble­má­ti­cas como La LunaAzaha­ra -que levan­tó a todo el mun­do de sus asien­tos de golpe‑, y cerró con La Magia. 

Las sor­pre­sas no fue­ron esca­sas duran­te la noche. La pre­sen­cia de Raúl Cama­cho for­mó la com­bi­na­ción per­fec­ta para emo­cio­nar al públi­co. Inclu­so dedi­có un momen­to de la noche para subir a dos de sus ami­gos, uno de los cua­les apro­ve­chó el esce­na­rio para lan­zar una pro­pues­ta de matri­mo­nio, una cele­bra­ción al amor dig­na de las letras román­ti­cas de sus can­cio­nes.

“Todo empe­zó aquí en mi tie­rra”  

Para Gal­ván es esen­cial recor­dar sus raí­ces y esto se demues­tra cla­ra­men­te al ele­gir su ciu­dad natal como ini­cio del tour por Espa­ña, una decla­ra­ción de que el éxi­to no borra el ori­gen.  Su voz ras­pa­da, en armo­nía con sus coris­tas y su ban­da ins­tru­men­tal, logra­ron una con­mo­ción total en la Pla­za de Toros, don­de las per­so­nas can­ta­ban y expre­sa­ban la ale­gría y el orgu­llo de reci­bir al artis­ta valen­ciano en casa.

Es pre­ci­sa­men­te esa ener­gía y la cone­xión de Gal­ván Real con Valèn­cia lo que con­vir­tió la noche en una expe­rien­cia en la que recor­da­mos que aque­llo que en algún momen­to pare­cía impo­si­ble pue­de con­ver­tir­se en el pun­to de par­ti­da. Regre­sar a sus orí­ge­nes tras alcan­zar el éxi­to y obser­var ese reci­bi­mien­to es, qui­zá, el mayor triun­fo que pue­de cele­brar un artis­ta tras diez años de carre­ra.

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