El his­tó­ri­co esta­ble­ci­mien­to vuel­ve a reci­bir a comen­sa­les en la pla­ya de la Mal­va­rro­sa.

 

Uno de los buques insig­nia de la zona del marí­ti­mo, La Ale­gría de la Huer­ta, regre­sa para dar ser­vi­cio tras some­ter­se a un cam­bio de piel, pero no de ingre­dien­tes. El pasa­do mes de enero, el res­tau­ran­te cerró sus puer­tas en la pla­ya de la Mal­va­rro­sa para ini­ciar una nue­va eta­pa den­tro del pro­yec­to de reno­va­ción del fren­te marí­ti­mo de Valen­cia. El meren­de­ro, ini­cia­do en 1950 por la fami­lia Mira­lles en la cita­da pla­ya, revi­ta­li­za su inte­rio­ris­mo y arqui­tec­tu­ra, pero no su for­ma de enten­der la res­tau­ra­ción ni, cla­ro está, la coci­na valen­cia­na.

El nue­vo edi­fi­cio se com­po­ne de ocho módu­los —cin­co en plan­ta infe­rior y tres en plan­ta supe­rior—, que han sido fabri­ca­dos y ensam­bla­dos pre­via­men­te de la mano del arqui­tec­to Fran­cesc Rifé, quien ganó el pre­mio en 2025 a mejor Dise­ña­dor Nacio­nal. Así, se logra crear un espa­cio más abier­to, lumi­no­so y fun­cio­nal, adap­ta­do a las nece­si­da­des actua­les.

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