La res­tau­ra­ción del nue­vo hotel esta­rá abier­ta a hués­pe­des y veci­nos del barrio.

 

Foto­gra­fías: Alber­to Pla

Inte­lier Mal­va­rro­sa Pla­za ha con­fia­do a Ricard Cama­re­na la crea­ción y explo­ta­ción de la pro­pues­ta gas­tro­nó­mi­ca de los dife­ren­tes espa­cios de res­tau­ra­ción del nue­vo hotel, en una pro­pues­ta con­ce­bi­da no solo para quie­nes se alo­jen en el esta­ble­ci­mien­to, sino tam­bién para los veci­nos de La Mal­va­rro­sa y de toda la ciu­dad.

El pro­yec­to nace con la volun­tad de inte­grar la gas­tro­no­mía en la expe­rien­cia glo­bal del hotel y de con­ver­tir los futu­ros con­cep­tos en luga­res abier­tos para desa­yu­nar, comer, cenar, tomar algo o reu­nir­se alre­de­dor de una coci­na con­tem­po­rá­nea, reco­no­ci­ble y conec­ta­da con Valen­cia y espe­cial­men­te con un barrio tan emble­má­ti­co como La Mal­va­rro­sa.

La pro­pues­ta gas­tro­nó­mi­ca de Ricard se desa­rro­lla­rá des­de una idea amplia de hos­pi­ta­li­dad. Esto pasa por cui­dar al hués­ped, pero tam­bién cons­truir una ofer­ta útil y atrac­ti­va para quie­nes viven en el barrio y para quie­nes se acer­can des­de otros pun­tos de Valen­cia o des­de fue­ra.

La cola­bo­ra­ción con el coci­ne­ro valen­ciano supo­ne uno de los pila­res estra­té­gi­cos del nue­vo Inte­lier Mal­va­rro­sa Pla­za, que ya ha pre­sen­ta­do el impac­to eco­nó­mi­co y social que ten­drá para el barrio, con la crea­ción de más de un cen­te­nar de pues­tos de tra­ba­jo y una cla­ra voca­ción de rela­ción con su entorno más pró­xi­mo.

Una gas­tro­no­mía abier­ta al barrio y a la ciu­dad

Los espa­cios gas­tro­nó­mi­cos del hotel esta­rán abier­tos al públi­co gene­ral y se dise­ña­rán con la inten­ción de for­mar par­te de la vida coti­dia­na de La Mal­va­rro­sa. El obje­ti­vo es que la gas­tro­no­mía fun­cio­ne como una puer­ta de entra­da al pro­yec­to y como un pun­to de cone­xión entre el esta­ble­ci­mien­to, el barrio y la ciu­dad.

En este sen­ti­do, tan­to Inte­lier Mal­va­rro­sa Pla­za como Ricard quie­ren sumar una nue­va ofer­ta de res­tau­ra­ción a Valen­cia des­de una mira­da cer­ca­na y actual, capaz de res­pon­der tan­to a las nece­si­da­des del via­je­ro, como a las de los clien­tes loca­les.

Por este moti­vo, la pro­pues­ta bus­ca­rá com­bi­nar cali­dad, iden­ti­dad pro­pia y una expe­rien­cia de ser­vi­cio cohe­ren­te con el espí­ri­tu del hotel, un lugar pen­sa­do para reci­bir, para com­par­tir y para gene­rar víncu­los con el entorno.

La coci­na de Ricard esta­rá adap­ta­da al con­tex­to del hotel y a los dis­tin­tos momen­tos de con­su­mo que ofre­ce­rán sus con­cep­tos. Para Ricard Cama­re­na, el valor del pro­yec­to está en la capa­ci­dad de dia­lo­gar con el entorno. “Nos intere­san los pro­yec­tos que tie­nen sen­ti­do en el lugar en el que nacen. Inte­lier Mal­va­rro­sa Pla­za no debe ser solo un hotel con una ofer­ta gas­tro­nó­mi­ca, sino un lugar capaz de rela­cio­nar­se con La Mal­va­rro­sa, con Valen­cia y con las per­so­nas que lo visi­ten”, ha expli­ca­do.

El coci­ne­ro quie­re “cons­truir una pro­pues­ta hos­pi­ta­la­ria, abier­ta y con­tem­po­rá­nea”, don­de la sos­te­ni­bi­li­dad se tra­duz­ca en hechos con­cre­tos, “como es apro­ve­char mejor los recur­sos, redu­cir des­per­di­cio y coci­nar con res­pon­sa­bi­li­dad y crea­ti­vi­dad sin renun­ciar al dis­fru­te”, ha comen­ta­do.

En las pró­xi­mas sema­nas se darán a cono­cer los dife­ren­tes con­cep­tos gas­tro­nó­mi­cos y las expe­rien­cias que com­ple­ta­rán la ofer­ta del hotel.

Eco­no­mía cir­cu­lar y de apro­ve­cha­mien­to

Uno de los ejes prin­ci­pa­les del pro­yec­to será la eco­no­mía cir­cu­lar apli­ca­da a la coci­na. La pro­pues­ta gas­tro­nó­mi­ca incor­po­ra­rá la filo­so­fía de apro­ve­cha­mien­to inte­gral de los ingre­dien­tes que Ricard Cama­re­na lle­va años desa­rro­llan­do en sus res­tau­ran­tes, con el obje­ti­vo de redu­cir el des­per­di­cio ali­men­ta­rio y dar un mejor uso a los recur­sos.

Esta mane­ra de tra­ba­jar par­te de la idea de cada ingre­dien­te pue­de ofre­cer mucho más de lo que habi­tual­men­te se apro­ve­cha. Pie­les, tallos, recor­tes, semi­llas o exce­den­tes pue­den encon­trar una segun­da vida gas­tro­nó­mi­ca a tra­vés de ela­bo­ra­cio­nes como fer­men­ta­cio­nes, infu­sio­nes, vina­gres, sal­sas, cal­dos, bebi­das o cóc­te­les de autor.

La sos­te­ni­bi­li­dad, por tan­to, no se plan­tea como un dis­cur­so aña­di­do, sino como una for­ma prác­ti­ca de coci­nar y ges­tio­nar mejor. Un mode­lo que bus­ca opti­mi­zar recur­sos, redu­cir des­car­tes y demos­trar que la crea­ti­vi­dad tam­bién pue­de estar al ser­vi­cio de una coci­na más res­pon­sa­ble.

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