El artis­ta cana­rio bus­ca nue­vos retos crea­ti­vos tras la expo­si­ción «Gates».

 

Una expo­si­ción y pre­sen­ta­ción de un libro sobre el Sis­te­ma Sim­bó­li­co en el arte para cerrar un ciclo. Pocos días des­pués de que la expo­si­ción en la sala La Galle­ra lle­ga­ra a su fin habla­mos con Misael del Rosa­rio sobre el pro­ce­so, los mate­ria­les y lo que sig­ni­fi­ca enfren­tar al públi­co con una obra tan com­ple­ja que acti­va el incons­cien­te.

P: ¿Cómo con­si­gues dia­lo­gar con un espa­cio como La Galle­ra al mon­tar la expo­si­ción?

R: Yo no sé qué pala­bra usar por­que no creo en las casua­li­da­des, pero sien­to que ha habi­do dos líneas de tiem­po que se han cru­za­do en este momen­to y el pro­yec­to ha empas­ta­do como un reloj sui­zo, por­que cuan­do ves la obra, en nin­gún momen­to se te ocu­rre pen­sar que no ha sido hecha a la medi­da para ser expues­ta en ese espa­cio.

El pro­ce­so detrás de GATES 

P: La obra se titu­la “Gates”, puer­tas del incons­cien­te y los arque­ti­pos. ¿Hubo algu­na que te cos­ta­ra espe­cial­men­te “abrir”?

R: Cada una se con­vir­tió en un por­tal, un hue­co por el que tú te cue­las, un quie­bre, como una heri­da que se abre. Un encuen­tro con el mie­do, la ver­güen­za y todo aque­llo que apar­tas, por­que en el momen­to en el que lle­gan no lo pue­des ges­tio­nar. Es un via­je hacia toda esa par­te con la que hay que esta­ble­cer un diá­lo­go por­que si no te diri­ge des­de la som­bra.

Pero hay una pie­za que se lla­ma El San­to y el Loco, la cual mar­ca la entra­da, esa pie­za me refe­ren­cia muchí­si­mo, es un sím­bo­lo que habla a nivel arque­tí­pi­co de la figu­ra del loco en el tarot y la figu­ra del san­to, el que todo le sale bien y al que todo le sale mal. Es la rela­ción entre esas dos pola­ri­da­des con la que me iden­ti­fi­co bas­tan­te.

Las tra­di­cio­nes mís­ti­cas duran­te el pro­ce­so crea­ti­vo 

P:  Has habla­do en entre­vis­tas pre­vias sobre la mís­ti­ca judía, el cha­ma­nis­mo y la astro­lo­gía como par­te del pro­ce­so de inves­ti­ga­ción al crear esta obra.  ¿Hay algu­na tra­di­ción que te haya mar­ca­do más duran­te todo este pro­ce­so?

R: Per­so­nal­men­te no creo que nin­gu­na dis­ci­pli­na que ofrez­ca nin­gún tipo de con­sue­lo o solu­ción real al ser humano más que el diá­lo­go con su inte­rior. Exis­te todo tipo de espi­ri­tua­li­dad y aun­que yo res­pe­to abso­lu­ta­men­te cada una de ellas, no creo en nin­gu­na reli­gión y nin­gu­na línea de pen­sa­mien­to, des­de lo que es la espi­ri­tua­li­dad, saque a la dei­dad de den­tro de uno mis­mo. Es ahí don­de apa­re­cen ritua­les que he hecho, por ejem­plo, la ayahuas­ca, reti­ros de silen­cio en el desier­to de Mer­zou­ga, con­ver­sa­cio­nes y tera­pias con cha­ma­nes, médi­cos de medi­ci­na tra­di­cio­nal del Ama­zo­nas y la cába­la.

En mi caso he opta­do por el mun­do de la psi­co­lo­gía por­que lo entien­do bien y me intere­sa mucho, lue­go de haber rea­li­za­do una tesis doc­to­ral en Bellas Artes, en la que está rela­cio­na­do el mun­do del arte infor­mal con el mun­do del incons­cien­te.

Un libro que se con­vier­te en un “tarot” para el públi­co 

P: ¿Qué sig­ni­fi­ca para ti como artis­ta haber vis­to la aco­gi­da de la gen­te en Valèn­cia?

No espe­ra­ba que hubie­se una visi­ta masi­va, por­que en reali­dad es una obra alta­men­te com­pli­ca­da. Gates no es una pie­za que tú vas, visi­tas y te olvi­das, es una pie­za que abre tu heri­da y que nece­si­ta un segui­mien­to para que tú la pue­das tra­ba­jar.

P: ¿Qué repre­sen­ta este libro den­tro del pro­yec­to?

R: Esta expo­si­ción ha sido la jus­ti­fi­ca­ción, a nivel de espa­cio y de movi­mien­to, para sacar la obra del estu­dio y lle­var­la a La Galle­ra. Pero tam­bién ha sido la opor­tu­ni­dad de pre­sen­tar un libro que me ha per­mi­ti­do cerrar el ciclo con la par­te que que­da­ba pen­dien­te: la teó­ri­ca, la que expli­ca la obra y la lle­va al mun­do sim­bó­li­co, una espe­cie de tarot para el públi­co.

P: ¿Crees que las heri­das real­men­te no se encie­rran den­tro de este arque­ti­po o exis­ten herra­mien­tas como este libro que nos ayu­dan a sanar a tra­vés del arte?

R: Una heri­da invo­ca al arque­ti­po y se con­vier­te en una puer­ta que mar­ca el camino. Cuan­do sana­mos algo, el dolor y la expe­rien­cia se que­dan en nues­tra exis­ten­cia, pero lle­ga un momen­to en el que el tiem­po la des­di­bu­ja sin borrar­la y la mar­ca como un hito, La heri­da nun­ca se sana, sino que se inte­gra para en reali­dad esta­ble­cer un diá­lo­go mayor con el incons­cien­te, uno con la esen­cia de lo que eres y una pro­yec­ción de tus capa­ci­da­des y tus dones. Por­que al final, cuan­do tú desa­rro­llas, tú supe­ras algo en tu vida, eres más fuer­te logras tener una expe­rien­cia que te ampli­fi­ca.

P: En obras tan pro­fun­das como esta, ¿sien­tes tú una cone­xión espe­cial con los mate­ria­les que usas­te: tablas, alu­mi­nio, tala­dros?

R: El fue­go se uti­li­za para que­dar­te con lo pri­mi­ge­nio, con lo nue­vo, arran­ca el cuer­po super­fluo y te deja con su esen­cia. Hay una cone­xión más emo­cio­nal con la made­ra y otra más esté­ti­ca con el metal y el alu­mi­nio.

El metal me habla de la más­ca­ra, de esa arma­du­ra que nos colo­ca­mos para que nada pue­da herir­nos. Mien­tras que por otro lado tene­mos el mun­do de la made­ra, mate­ria que tie­ne que ver con el prin­ci­pio del todo. El uso de los mate­ria­les te lle­va a bus­car un sím­bo­lo fue­ra de ti para esta­ble­cer un diá­lo­go con algo que está den­tro de ti.

El sim­bo­lis­mo de la expo­si­ción refle­ja­do en Valèn­cia 

P: La obra está lle­na de sim­bo­lis­mo del fue­go, y Valèn­cia tie­ne las Fallas, tam­bién liga­das al fue­go. ¿Crees que tu cone­xión con la ciu­dad ha influi­do en la obra?

R: Al ser cana­rio la rela­ción que ten­go con el mun­do de las Fallas no for­ma par­te del ima­gi­na­rio de mi infan­cia, pero en el fon­do son una adap­ta­ción de una ciu­dad a un ritual sim­bó­li­co muchí­si­mo más anti­guo que tie­ne que ver con la noche con el sols­ti­cio de pri­ma­ve­ra, un momen­to en el que la gen­te cam­bia de esta­ción.

No es que esto ins­pi­ra­ra direc­ta­men­te la obra que tie­ne un ori­gen mucho más anti­guo en mí, pero vivir en Valèn­cia, en Ruza­fa, hace el con­tac­to con esa sim­bo­lo­gía mucho más pró­xi­mo. Una vez al año la ciu­dad ente­ra se trans­for­ma para alber­gar este ritual.

P: Aho­ra que la expo­si­ción está lle­gan­do a su fin, ¿Con qué te que­das y qué pro­yec­tos tie­nes en mar­cha?

R: La gen­te que ha ido a ver la obra y a ver el espa­cio, es gen­te que ha ido por­que lo ha nece­si­ta­do. Cuan­do tú hablas de que haces una obra que tie­ne que ver con la heri­da y con tras­cen­der la heri­da, no todo el mun­do está cómo­do. Sin embar­go, hay gen­te que va como mos­ca hacia la miel desean­do bus­car esa rela­ción con la heri­da, esos son el tipo de espec­ta­do­res que han ido a visi­tar la expo­si­ción y han com­pra­do el libro. Es una obra que con­mue­ve, una que no te deja para nada indi­fe­ren­te, no pide per­mi­so y te mue­ve des­de den­tro. Y hay gen­te que se ha ido marea­da con ganas de vomi­tar, gen­te que se ha ido en silen­cio extre­mo, gen­te que des­pués te lla­ma y te dice: algo ha pasa­do hoy, no sé lo que es, voy a espe­rar a leer el libro, quie­ro hablar con­ti­go.

Es úni­ca y exclu­si­va­men­te para per­so­nas que en reali­dad están cier­ta­men­te bus­can­do un camino dife­ren­te para evo­lu­cio­nar y que el arte les ayu­da, les acom­pa­ñe y les tran­qui­li­za para arran­car con él con esta, con esta par­te de su trán­si­to en la vida.

En cuan­to a pro­yec­tos, ade­más de la pin­tu­ra me dedi­co a la foto­gra­fía. El año pasa­do estu­ve en ARCO, en el stand de RTVE, con un pro­yec­to sobre el espa­cio, el tiem­po y la físi­ca cuán­ti­ca. De ahí han sur­gi­do nue­vos pro­yec­tos foto­grá­fi­cos que segu­ra­men­te lan­za­ré para Por­tu­gal y para Ale­ma­nia a prin­ci­pios del año que vie­ne.

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