El mer­ca­do de ficha­jes del Valen­cia ha sido casi per­fec­to. De acuer­do con los intere­ses tras­la­da­dos des­de Sin­ga­pur, cla­ro.

 

Foto­gra­fía: cor­te­sía Valen­cia CF

Al con­tra­rio que otros cole­gas de pro­fe­sión, todos ellos com­pe­ten­tes plu­mi­llas, mi valo­ra­ción del mer­ca­do de ficha­jes del ex-Vale­n­­cia CF es de nota­ble alto. Expli­ca­ré bre­ve­men­te este posi­cio­na­mien­to. De acuer­do a los intere­ses en este mer­ca­do del ex-club, cuya meta era inver­tir la frio­le­ra de cero euros, el resul­ta­do es de nota­ble alto, ya que el extra­or­di­na­rio gas­to per­pe­tra­do (no hay otro ver­bo que pue­da cali­fi­car mejor la actua­ción del ex-club), cer­cano a los 9 millo­nes, se ha acer­ca­do bas­tan­te al obje­ti­vo ini­cial. Habría esta­do bien que en la rue­da de pren­sa dada por el CEO del ex-club, Ron Gour­lay, alguno de mis cole­gas hubie­ra inqui­ri­do al íncli­to CEO por los moti­vos por los que el ex-club no ha ajus­ta­do la inver­sión a los intere­ses ini­cia­les, cifra­dos en los cero euros de inver­sión. Un peque­ño des­vío eco­nó­mi­co sin impor­tan­cia.

Acu­da­mos antes a los ante­ce­den­tes. Cual­quier afi­cio­na­do medio ente­ra­do de la tra­yec­to­ria de este ex-club des­de que Meri­ton tomó las rien­das habría enar­ca­do las cejas (o des­co­jo­na­do) cuan­do Gour­lay, en su rue­da de pren­sa de pre­sen­ta­ción, anun­ció ufano que su obje­ti­vo no era pelear por el des­cen­so. Al con­tra­rio, invo­can­do los espí­ri­tus de Kem­pes, Sau­ra, Albel­da o Bara­ja, se lan­zó a tum­ba abier­ta, sin nin­gún pudor, para hablar de rever­de­cer los vie­jos lau­re­les del ex-club. El regre­so a Euro­pa como el nue­vo claim don­de escon­der la boli­ta. Algu­nos perio­dis­tas, en lugar de gri­tar «¡Agua!» al escu­char las pala­bras del CEO, acu­die­ron rau­dos a sus tecla­dos para difun­dir la bue­na nue­va tras­la­da­da por Kiat Lim, ungi­do por Peter como The Cho­sen One, aquel que regi­rá los des­ti­nos del ex-club en los pró­xi­mos años hacia un hori­zon­te de gran­de­za que no hubie­ra diri­gi­do ni William Wyler. Timos como nues­tro clá­si­co toco­mo­cho o la esta­fa nige­ria­na son menos pre­vi­si­bles que cual­quier anun­cio de Meri­ton.

Has­ta cier­to modo es enten­di­ble que algu­nos afi­cio­na­dos, con los oídos delei­ta­dos por las voces de algu­nos perio­dis­tas que abra­zan con fer­vor (¿a cam­bio de qué?) el men­sa­je coci­na­do des­de Sin­ga­pur, abra­za­ran las nue­vas direc­tri­ces. Pese a la rein­ci­den­cia de la no-ges­­tión desas­tro­sa de Meri­ton, el depor­te de la pelo­ti­ta se ale­ja de lo racio­nal para inmis­cuir­se en el terreno de los sen­ti­mien­tos. Con Meri­ton suce­de como con ese novio o novia que cada vez que sale de fies­ta te pone los cuer­nos. Si estás lo sufi­cien­te­men­te ena­mo­ra­do (o eres lo bas­tan­te idio­ta) siem­pre tien­des a dar otra opor­tu­ni­dad. Ade­más, el mer­ca­do de ficha­jes es para el afi­cio­na­do al fút­bol como un buf­fet libre para un glo­tón. O un súper de la dro­ga para un adic­to al caba­llo. Cada rumor de ficha­je dis­pa­ra los jugos gás­tri­cos, cada nue­vo nom­bre en el dis­pa­ra­de­ro es una luce­ci­ta que se encien­de en medio de la dis­co­te­ca. Una mon­ta­ña rusa de entre­te­ni­mien­to que fina­li­za cuan­do se des­en­chu­fa el fax.

Por el con­tra­rio, no hay que ser un lum­bre­ra para dar­se cuen­ta, a las pri­me­ras de cam­bio, y pese a los men­sa­jes triun­fa­lis­tas que se des­li­za­ban des­de la pro­pie­dad, que Meri­ton, de nue­vo, una vez más, te la iba a cla­var en esta ven­ta­na de ficha­jes. Como la fábu­la del escor­pión, es su natu­ra­le­za. Cuan­do te enga­ñan una vez, el cul­pa­ble es el esta­fa­dor. Cuan­do lo hacen repe­ti­da­men­te, es que eres bobo de cuna. Y la razón es sen­ci­lla, no es nece­sa­rio elu­cu­brar dema­sia­do ni armar com­ple­jas teo­rías al res­pec­to. Al amo, a Peter Lim, el Valen­cia, como club depor­ti­vo, se la trae al pai­ro. Para la pro­pie­dad, el club no es más que una herra­mien­ta nece­sa­ria, den­tro de un con­glo­me­ra­do empre­sa­rial, para alcan­zar los rédi­tos eco­nó­mi­cos desea­dos. No tie­ne otra uti­li­dad. Es el her­mano ton­to al que se man­tie­ne por­que es de la fami­lia. El Valen­cia actual tie­ne un entre­na­dor, una plan­ti­lla y par­ti­ci­pa en com­pe­ti­cio­nes por­que es una obli­ga­ción. El resul­ta­do es indi­fe­ren­te. Los par­ti­dos per­di­dos no inter­fie­ren en la estra­te­gia empre­sa­rial. Este Valen­cia no es más que un tram­pan­to­jo, el fan­tas­ma de las navi­da­des pasa­das, un-exclub depor­ti­vo.

Des­pro­vis­to del inte­rés depor­ti­vo, es con­se­cuen­te que el club no cuen­te con pro­fe­sio­na­les de pres­ti­gio al fren­te de sus prin­ci­pa­les áreas depor­ti­vas. Si los resul­ta­dos depor­ti­vos no intere­san a la pro­pie­dad, ¿qué sen­ti­do tie­ne inver­tir en direc­to­res depor­ti­vos, secre­ta­rios téc­ni­cos, entre­na­do­res com­pe­ten­tes, juga­do­res de cali­dad? A par­tir de esta idea, una ver­da­de­ra estra­te­gia empre­sa­rial, que no depor­ti­va, se des­li­zan las con­se­cuen­cias. Medio­cri­dad, cuan­do no nuli­dad abso­lu­ta, en todas las áreas: de los des­pa­chos al ban­qui­llo y de ahí, a la hier­ba.

Por lo expues­to ante­rior­men­te, enten­de­rá el lec­tor que mi valo­ra­ción de este mer­ca­do de verano del ex-club sea for­mi­da­ble. Los irres­pon­sa­bles encar­ga­dos de nego­ciar (más bien, de dejar­se tomar el pelo por los direc­to­res depor­ti­vos de otros clu­bes) han hecho el tra­ba­jo encar­ga­do de mane­ra fiel, por no decir sumi­sa. Cum­plien­do casi todos los requi­si­tos mar­ca­dos des­de Sin­ga­pur, que era gas­tar cero euros en refor­zar el equi­po. Espe­rar otra cosa era de ton­tos de haba.

En su pri­me­ra com­pa­re­cen­cia, Gour­lay habló de la nece­si­dad de varias ven­ta­nas de ficha­jes para devol­ver el equi­po a Euro­pa, el lugar de don­de este ex-club nun­ca debió salir. El himno de la Cham­pions (bueno, de la Con­fe­ren­ce, no sea­mos tan ambi­cio­sos) sonan­do en el Nou Low Cost Mes­ta­lla. Res­tan toda­vía un par de trans­fer win­dows para cum­plir el sue­ño húme­do no con­fe­so de la pro­pie­dad: estre­nar el nue­vo esta­dio ante un rival de la Segun­da Divi­sión. Tran­qui­los todos, el ex-club está en el camino correc­to para ello. Una ruta dibu­ja­da en el mapa de Meri­ton des­de hace años, aun­que toda­vía que­den insen­sa­tos que a estas altu­ras y pese al regue­ro de muer­tos deja­dos en las cune­tas de Sin­ga­pur, no sean capa­ces de inter­pre­tar correc­ta­men­te el plano.

 

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