Bioparc incorpora la venenosa y exótica rana «flecha amarilla y azul»

Anfibio significa “doble vida” y hace referencia a que en su fase larvaria tienen una respiración branquial y viven en el agua y al llegar a adultos tienen una respiración pulmonar que les permite hacer una vida semiterrestre. Siendo los primeros animales que conquistaron la tierra, nunca se han independizado del medio acuático y en la actualidad se encuentran en serio declive, mostrándose como un verdadero “termómetro” de la pérdida que está sufriendo la biodiversidad del planeta. 

En Bioparc Valencia podemos descubrir desde ayer hasta nueve especies de anfibios, todas incluidas en la lista roja de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza). Dos de ellas solo pueden verse en España en Bioparc Valencia, la rana de lluvia malgache (Scaphiophryne madagascariensis) y la rana tomate (Dyscophus guineti). Las ranas mantelas están representadas con la marron (Mantella betsileo) y la dorada (Mantella aurantiaca), esta última en peligro crítico de extinción. Otras tres ranas son célebres por sus llamativos colores que advierten de su potente toxicidad: la veneno fantasma (Epipedobates tricolor), roja con franjas blancas; la veneno azul (Dendrobates tinctorius «azureus») de tonalidad añil intenso con puntos negros; y la última incorporación, la flecha amarilla y azul (Dendrobates tinctorius «alanis»), de tono azul oscuro con detalles en amarillo, sigue utilizándose su veneno para impregnar las flechas.

Con el objetivo de dar visibilidad a la fauna endémica mediterránea, BIOPARC muestra al gallipato (Pleurodeles waltl) que, conocido como “ofegabous”, se defiende de sus depredadores inyectando veneno. También muy raro de encontrar en otras instituciones y especialmente necesaria su protección por el peligro de desaparecer que le acecha, encontramos el sapo partero balear (Alytes muletensis). 

Toda esta maravillosa expresión de vida habita en unos terrarios incrustados en un mural artísticamente decorado con especies de anfibios y ubicado en la cueva de Kitum de Bioparc, cerca de los hipopótamos. Una obra que supone un homenaje a estos animales y una llamada de atención para concienciar sobre su necesaria protección, puesto que están padeciendo una verdadera crisis biológica.

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