Fue a prin­ci­pios de los 80 cuan­do entré por pri­me­ra vez en un Hard Rock, y fue pre­ci­sa­men­te en Lon­dres, en el míti­co local que da al cór­ner de Hyde Park. Me que­dé fli­pa­do. Yo había sido fan de los Doors y ade­más me gus­ta­ba comer. Aque­lla mez­cla de comi­da ape­ti­to­sa y rock and roll me pare­cía espec­ta­cu­lar. Y no tar­dé en vol­ver a Valen­cia y en reco­men­dar­le a un buen ami­go, y hom­bre de nego­cios, pre­pa­rar el terreno para una fran­qui­cia de aque­lla ham­bur­gue­se­ría en for­ma­to café en la capi­tal del Turia.

Han teni­do que pasar más de trein­ta años para que Hard Rock abra en Valen­cia. Por el camino, el for­ma­to de ham­bur­gue­se­rías se ha exten­di­do por todo el pla­ne­ta, inclu­yen­do la comi­da fusión tex-mex de la que el Hard Rock fue pio­ne­ro, pero la fór­mu­la musi­cal sigue fun­cio­nan­do y sien­do la carac­te­rís­ti­ca prin­ci­pal que sin­gu­la­ri­za a estos loca­les. Hard Rock, curio­sa­men­te, es des­de hace más de una déca­da una mar­ca pro­pie­dad de la tri­bu ame­ri­ca­na de los indios semi­no­las, ori­gi­na­rios de las tie­rras que fue­ron espa­ño­las de Flo­ri­da.

En Valen­cia ocu­pan un míti­co espa­cio, que fue­ra del cine Rex, muy cer­ca de la pla­za del Ayun­ta­mien­to des­de don­de se dis­pa­ran las mas­cle­tás falle­ras y de la Esta­ción del Nor­te y la Pla­za de Toros, esta últi­ma esce­na­rio de algu­nos extra­or­di­na­rios con­cier­tos roc­ke­ros como el últi­mo de Bob Dylan, o el del legen­da­rio Rod Ste­wart, uno de cuyos pan­ta­lo­nes a rayas se expo­nen en nues­tro Hard Rock valen­ciano pre­ci­sa­men­te. Hay, pues, bue­nas vibra­cio­nes urba­nas y sono­ras en la zona.

Pan­ta­lo­nes a rayas del legen­da­rio Rod Ste­wart

El local es muy espa­cio­so y cómo­do. Bien orga­ni­za­do y con un per­so­nal más sim­pá­ti­co y abier­to de lo habi­tual en este tipo de esta­ble­ci­mien­tos. Hay mucho estu­dian­te extran­je­ro con­tra­ta­do para el ser­vi­cio, de diver­si­dad de paí­ses, y prác­ti­ca­men­te todos hablan un flui­do inglés. En espe­cial son muy aten­tos con los niños y orga­ni­zan unos diver­ti­dos can­tos cora­les cuan­do se tra­ta de cele­brar algún cum­plea­ños o ani­ver­sa­rio por par­te de los clien­tes.

La comi­da es bue­na y se sir­ve con rapi­dez y con el esca­lo­na­mien­to ade­cua­do. No pasas mucho tiem­po en espe­ra. En cual­quier caso no te ente­ras por­que hay pan­ta­llas por todas par­tes y la selec­ción de vídeos musi­ca­les es de las bue­nas. Está todo muy bien estu­dia­do: el volu­men de la músi­ca, la mez­cla de esti­los y de épo­cas… Hard Rock Valen­cia es real­men­te un sitio inme­jo­ra­ble para oír exce­len­te músi­ca rock. Y si tie­nes la suer­te de que te cai­gan temas de los 70 y los 80 –la épo­ca dora­da para un buen roc­ke­ro–, enton­ces el ejer­ci­cio de nos­tal­gia se apo­de­ra­rá de ti.

Hay hor­cha­ta y coc­te­le­ría varia­da, opcio­nes vega­nas y has­ta la famo­sa ham­bur­gue­sa que rein­ven­tó la tele­vi­si­va chef Bego­ña Rodri­go –La Sali­ta, Nóma­da…–, que es jus­to la que lla­mó mi aten­ción: una chee­se­bur­ger con hue­vo, bacon y sal­sa gou­lash… Muy sabro­sa e impac­tan­te.

Lue­go escru­ta­rás los rin­co­nes del local en bus­ca de feti­ches. Y siem­pre los encuen­tras. Ade­más del pan­ta­lón del exFa­ces, en Valen­cia hay un cor­pi­ño de Madon­na, una bate­ría Mag­num negra pre­cio­sa, una gui­ta­rra de Car­los San­ta­na… inclu­so hay obje­tos de roc­ke­ros valen­cia­nos, y una rock shop en la entra­da al local. En la par­te de arri­ba exis­ten, ade­más, diver­sos espa­cios para todo tipo de even­tos. Tal vez, solo echa­mos en fal­ta algún peque­ño rin­cón con un esce­na­rio míni­mo y músi­ca en vivo, sua­ve, lige­ra, acom­pa­sa­da­men­te unplug­ged.

Cor­pi­ño de Madon­na

bate­ría Mag­num

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