Mafalda y sus preguntas se quedan huérfanas sin Quino

«¿Y no será que en este mundo hay cada vez más gente y menos personas?», «¿Mandamos todos los días un padre para que esa maldita oficina nos devuelva esto?», «¿Y si en vez de planear tanto voláramos un poco más alto?», «Sí, ya sé, hay más problemólogos que solucionólogos, pero ¿qué vamos a hacerle?», «¿Pensaron alguna vez que si no fuera por todos nadie sería nada?», «¿No sería hermoso el mundo si las bibliotecas fuesen más importantes que los bancos?», estas y muchas otras preguntas y reflexiones se ha hecho Mafalda a lo largo de más de medio siglo. Unas cuestiones, pensamientos irónicos que acaban de quedar huérfanas, como ella misma y como tantas personas en todo el mundo por la muerte de su creador «Quino«, a los 88 años.

Quino fallece justo 56 años después de crear a Mafalda

«Quino» se va en plena pandemia mundial del coronavirus, precisamente cuando sus reflexiones, ironías, preguntas al mundo y a cada ciudadano en particular son más necesarias que nunca. Atrás nos deja, sin embargo, más de 50 años de humor ácido, punzante y certero, de ese que se te mete dentro como una flecha envenenada y te lleva a replantearte tu vida misma, tu destino, tu presencia en este mundo.

Quino con una réplica de Mafalda.

El destino ha querido, además, que «Quino» se vaya justo 56 años después de ver nacer ante el gran público a Mafalda, pues la primera historieta de su célebre personaje apareció por primera vez un 29 de septiembre de 1964, en el semanario «Primera Plana» de la capital argentina. Precisamente, ya en aquella serie «Mafalda», Quino reflejaba el mundo de los adultos visto desde los ojos de un grupo de niños.

Una mirada infantil que se suele calificar de «inocente» tratando así también de menospreciarla o quitarle relevancia, pero que Quino, con su sabiduría, quiso y, sobre todo, supo, poner de relevancia. Son, precisamente, esos mismos niños y niñas que, desde sus menudas alturas nos ofrecen cada día reflexiones y sabidurías para quien quiera, y sepa, escucharlas e interpretarlas como merecen. Esos pequeños genios que en plena pandemia, en los momentos más duros del confinamiento, mostraron su resiliencia, su capacidad de adaptación y comprensión y, por qué no decirlo, hasta su madurez.

De su humor, su empatía, su capacidad de resistencia, su alegría desbordada, su vitalidad, su entrega tenemos mucho que aprender todavía estos «sabios y maduros» seres que nos hacemos llamar «adultos» y que nos autodenominamos, en un arranque de ironía sin parangón «homo sapiens».

Quino y Mafalda. Una vida de viajes y enriquecimientos mutuos

Nacido en Buenos Aires en 1932, Joaquín Salvador Lavado Tejón «Quino» abandonó su país tras el golpe de Estado de Argentina en 1976, luego se exilió en Milán y en 1990 adquirió la nacionalidad española.

Las historias de Mafalda se han traducido a quince idiomas y se han publicado en diarios y revistas de todo el mundo. En 1973, «Quino» dejó de dibujarla, aunque su presencia ha continuado muy viva en todo el mundo.

Ciudadano Ilustre de Mendoza y Buenos Aires y catedrático honorífico de Humor Gráfico de la Universidad de Alcalá de Henares, Quino ha recibido numerosos premios, entre ellos, el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en el año 2014.

Quino se fue, pero las historietas, aventuras, preguntas, reflexiones, ironías… de su personaje más ilustre e ilustrado, Mafalda, quedarán para siempre ahí. Un modo de pensar abierto, curioso, reflexivo, desafiante incluso, que es más necesario que nunca pero, que, desgraciadamente, parece que cada vez es menos frecuente.





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