La banda liderada por James Dean Bradfield demuestra en el cierre de Visor Fest un excepcional estado de forma.
Fotografía superior: Luis Pérez Contreras (todos los derechos reservados)
La última edición de Visor Fest, celebrada el pasado fin de semana en el recinto de la Marina Norte de València, cerró sus puertas de forma brillante con la subida al escenario de los galeses Manic Street Preachers. Solo el golfista y ocasional futbolista retirado Gareth Bale ha hecho más reivindicación de la bandera galesa que el combo liderado por James Dean Bradfield.

Fotografía de Luis Pérez Contreras (todos los derechos reservados)
Los Manics ocuparon la escena tras el concierto de unos siempre reivindicables Ride, encabezados por dos ilustres como Mark Gardener y Andy Bell, quien, a priori, volverá a juntarse con los hermanos Gallagher en el próximo tour de Oasis, que ha agotado las entradas y también la paciencia de los aficionados, fantasmas errantes que han vagado durante días en el desierto digital de las colas virtuales. Bell, además de Ride y Oasis, ha formado parte de Beady Eye y Hurricane #1, cuyo primer álbum era excelente. En el Visor Fest, Ride ofrecieron un concierto solídisimo, con un sonido envidiable que no hace justicia al relativo desconocimiento que existe de esta banda entre el gran público.
Breve inciso. En el verano de 1996 me embarqué en un viaje en autobús que me llevó a conocer varias ciudades italianas durante el viaje de fin de curso previo a mi paso al mundo universitario. Para hacer más llevadero el trayecto y también las mañanas de resaca, llevaba un walkman con varias cintas de cassette. La selección era bastante peregrina: un recopilatorio de Crowded House, el «(What’s the story) Morning Glory de Oasis, «The Holy Bible» de los Manics y el primer trabajo de Manolo Kabezabolo. Esta última cassette fue la única que me pidieron mis compañeros de viaje. «The Holy Bible», último disco de los Manics previo a la extraña desaparición de Richie Edwards, será lanzado en una edición especial en las próximas semanas que recogerá los conciertos en directo que la banda galesa celebró en 2014 con motivo, por aquel entonces, del vigésimo aniversario de la publicación de aquel trabajo.
Segundo breve inciso. Es el Visor Fest una rara avis a conservar dentro del panorama festivalero de la ciudad. Con una media de edad situada en los 45–50 años, el público se lo pasa en grande dentro de un orden, ya que muchos y muchas de los presentes, al día siguiente, han de estar presentes, en perfecto estado de revista, en partidos de baloncesto infantiles, cambios de cromos en la Plaza de Brujas o comidas en casa de los suegros, por lo que el desfase ya no es lo que era. Historia aparte es el problema, repetido y no subsanado en este emplazamiento, relacionado con el sonido. No es de recibo que el sonido de un festival se vea perjudicado por la música procedente de las terrazas posteriores y del garito lindante al recinto y ninguna institución tome cartas en el asunto para evitar el perjuicio de público y artistas.
De regreso al concierto, Manic Street Preachers se dejaron los preliminares en el camerino y fueron directos al turrón atacando el escenario con uno de sus grandes clásicos, la melancólica «Motorcycle emptiness». A partir de esta primera canción, los galeses fueron desgranando un rosario de éxitos, con una puesta en escena austera y efectiva que se apoya en el carisma de Nicky Wire y en la tremenda voz de Bradfield, que se conserva intacta tras casi 40 años. La rabia implícita de temas como «You love us» o «You stole the Sun from my heart» tendría una traslación muy distinta con una voz diferente a la de James Dean Bradfield. Hubo tiempo también para momentos más íntimos, como la interpretación, con Bradfield solo en el escenario, de «The everlasting», además de la reivindicación, por parte de Nicky Wire, de la figura de Mario Alberto Kempes en el único tema en que el bajista llevó (nunca mejor dicho) la voz cantante.
Los galeses cerraron un concierto para el recuerdo con «If you tolerate this your children will be next», y dejaron fuera trallazos como «Faster», «La tristesse durera», «Tsunami» o «Kevin Carter», ausencias que dan una idea de su extensa y excelente producción musical.
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