Un empuje cultural necesario, por Ángela Pla

Los más listos del lugar suelen despachar la cultura aduciendo que esta no suele producir beneficios económicos. La condenan al escenario público, cuyos presupuestos, curiosamente, son los primeros que se recortan en cuanto aparece el fantasma de la crisis recesiva. Eso o se deja en manos de políticos subalternos, relaciones públicas o cuotas de género y minorías varias. Siempre es la misma tecla. Ignoran esos listos provenientes de los antros financieros, que la cultura no tiene que ver con el mercado sino con la vida. La cultura es el espejo que nos refleja, una herramienta para explicar de qué va el vivir, que nos exalta la existencia y nos ayuda terapéuticamente al conocimiento de la misma. La cultura no tiene precio.

Así que nuestros políticos harían bien en darle la vuelta a sus argumentos estratégicos y situar a sus mejores al frente de la cultura, y doblar presupuestos para el fomento de sus actividades y centros. Mientras llega este cambio de conciencia necesario, celebremos que Valencia ha dado un salto cualitativo importante en los últimos tiempos gracias al acúmulo de nuevas iniciativas, empezando por las privadas, como la que se asienta en el nuevo centro de arte Bombas Gens, o la que anuncia para dentro de unos años la colección artística de Hortensia Herrero, cuya fundación ha galvanizado artísticamente la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

Pero además debemos saludar la progresión de dos centros públicos pero ajenos a los avatares administrativos como son la Fundación Bancaja y la Nau de la Universitat de València, cuya programación ha venido a suplir muchas carencias culturales en la ciudad. Valencia es una ciudad admirable y admirada en muchos sentidos, pero uno de sus puntos de atracción históricos ha sido siempre su oferta cultural de carácter metropolitano y aspiraciones cosmopolitas. Las administraciones públicas han de ponerse las pilas y, más allá de sus postulados ideológicos, han de apostar decididamente por la cultura, un intangible de alto valor humanístico que, además de hacernos mejores y más felices, resulta que también da prestigio, fomenta la cultura y, es de esperar, que en el futuro hasta rinda beneficios fiscales.

Valencia City
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El pulso de la ciudad

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