La poeta y escritora María Negroni será la primera invitada dentro del ciclo «Escrituras cactus», moderado por la diseñadora y arquitecta Berta Ferrer.
El Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) presentará el próximo 28 de enero una conversación entre la escritora, poeta y traductora argentina María Negroni y la arquitecta y escritora Berta Ferrer, en la que Negroni invita a reflexionar sobre la relación de la literatura y su propia obra literaria con el arte contemporáneo.
Se trata de la primera actividad del ciclo «Escrituras cactus» con el que, desde un punto de vista interdisciplinar, se pretende releer la obra de Julio González y de la historia del arte, a través de la mirada de los escritores María Negroni, Miguel Ángel Hernández, Sara Barquinero, Estela Sanchis, Andrés Neuman, Agustín Fernández Mallo, Manuel Baixauli y Alicia Kopf.
El ciclo «Escrituras cactus», comisariado por el escritor y crítico literario Jorge Carrión y moderado por Berta Ferrer, se completará con la publicación de un libro que recogerá relatos, cuentos, ensayos e incluso poemas de estos mismos escritores. Este ciclo forma parte de las actividades programadas por el museo valenciano con motivo del 150º aniversario del nacimiento de Julio González.
María Negroni (Rosario, 1951) es reconocida por una vasta obra que abarca poesía, ensayo y narrativa, entre los que destacan títulos como «El corazón del daño» (2021) y «Colección permanente» (2025). Ha sido galardonada con el Premio Internacional de Ensayo Siglo XXI y el Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro por su poemario «Utilidad de las estrellas» (2024), entre otros reconocimientos.
Otros invitados
Tras María Negroni, el ciclo continúa el 25 de febrero a cargo de Miguel Ángel Hernández, historiador del arte y escritor español de «Anoxia» o ensayos como «Yo estoy en la imagen». El 25 de marzo es el turno de Sara Barquinero, autora de «Terminal», «Estaré sola y sin fiesta» y «Los Escorpiones», considerado el mejor libro del año en la categoría de ficción por la Asociación de Librerías de Madrid.
El museo valenciano acogerá el 20 de mayo, la conversación entre el escritor hispano-argentino Andrés Neuman y Jorge Carrión. Neuman es una de las voces más importantes de su generación y destaca por novelas como «El viajero del siglo» (Premio Alfaguara 2009) y «Hablar solos».
La siguiente tertulia será el 30 de septiembre y correrá a cargo de Agustín Fernández Mallo, cuyos libros más recientes son «Trilogía de la guerra», «La forma de la multitud» (Premio de Ensayo Eugenio Trías) y el libro autobiográfico «Madre de corazón atómico».
El ciclo «Escrituras cactus» del IVAM contará también con la participación el 11 de noviembre de la artista, escritora e investigadora Alicia Kopf, autora de las novelas «Hermano de hielo» y «Memòria d’Eco».
Los escritores valencianos Estela Sanchis, autora de la novela «Hasta aquí todo va bien», y el escritor y pintor Manuel Baixauli, que ha recibido, entre otros, los premios Mallorca de Narrativa, Nacional de la Crítica Catalana y de la Crítica dels Escriptors Valencians, completarán el ciclo literario. Sus charlas tendrán lugar el 29 de abril y 21 de octubre, respectivamente.
Berta Ferrer
Un proceso artístico «único, sustancial y propio»
Berta Ferrer, moderadora del ciclo de tertulias, ha valorado, a lo largo de su trabajo de preparación de las charlas, la figura y obra de Julio González: «Descubro que su obra se despliega con lentitud. No parece que se trate de un artista precoz, ni de alguien con la necesidad innata de desmontar lenguajes y procesos artísticos; sino de un experto en trabajar el metal, herencia del negocio familiar, que con el tiempo explora su propio conocimiento profundo del material y lo aplica al cometido artístico. Lo entiendo como un proceso de destilación artesanal, separando los fragmentos de la tradición conocida para llegar a algo más. Algo realmente único, sustancial y propio.
Hoy, que vivimos en un presente acelerado donde la meta parece estar en generar contenido en serie y como sea, sin demasiada reflexión, cuesta encontrar lo “único”. Y no porque no exista, sino porque se mueve a otro ritmo, se confunde y se silencia entre la incontable repetición fugaz. No es casual que tantas personas estemos hablando de la importancia de leer despacio, de no tener prisa por tachar libros en una lista y de pasar las páginas a mano y no mediante un clic. Tampoco es casual que seamos muchos los que buscamos espacios más lentos de escritura, que queramos apartarnos de las pantallas (aunque sea solo un poco) para dar cabida a más reflexión, al pensamiento y a la producción desde lugares menos acelerados.
Ni mucho menos es una coincidencia que el material sea tan relevante para traer al frente lo “único”. En el caso de Julio González, para mí lo interesante en su trabajo surge cuando deja de querer replicar el dibujo en la escultura y, en cambio, prioriza la materialidad del hierro. Cuando las cualidades físicas del objeto que está trabajando aportan valor narrativo y esa escultura solo puede existir y tener sentido en el espacio material del metal. Ahí está lo único, lo intrínseco, lo que no se puede replicar en otro medio. En el caso de la escritura, no se trata de construir un objeto singular e irrepetible (estaríamos hablando de una escultura, entonces), sino de concebir la obra escrita en su dimensión material además de en la textual. Es decir, integrar la materialidad del libro en esa estructura de manera que forme parte de su narrativa y la expanda, que no pueda existir una cosa sin la otra. Lo “único”, aquí, no está en la obra, sino en la experiencia de lectura que genera. Una experiencia personal e irrepetible porque depende del medio físico y de cómo cada lector interactúa con ese objeto.
Esta unicidad, además, no puede separarse de la lentitud. Trabajar, escribir y leer desde lo material requiere de más implicación en el mismo proceso de trabajo, de escritura y de lectura. Son experiencias desaceleradas porque reivindican presencia, más estar en el espacio con el libro, más leer desde la interacción, lo físico y lo tangible. Como la propia obra de Julio González, también exigen una incomodidad y un esfuerzo, un desprenderse de la tiranía de lo “seriado” para llegar al límite de lo “único”.