Una nueva dimensión espacial, por Lupe Fullana

¡Espectacular!, Hay veces que no sé ni cómo empezar a describiros. No sé si os pasa pero cuando algo me gusta mucho, me quedo sin palabras para transmitirlo. Sencillamente la muestra del espacio de Ana Serratosa, Una nueva dimensión espacial es espectacular.

Al entrar al ático y centrar la mirada; el orden, la limpieza y monumentalidad de lo que hay te deja por un instante congelado. Me centro para ver por dónde empiezo, magistralmente ubicadas las ocho obras de ocho artistas de distinta índole y gran expresividad, ocho grandes de reconocimiento casi espacial, en convivencia plena de lenguajes y formas. Entramos en una “nueva dimensión” traspasando planos a los que hasta ahora estábamos acostumbrados, de lo pictórico pasamos a lo tridimensional, enriqueciéndose de golpe los conceptos clásicos, estilos y también maneras. Martina Von Meyerburg, Bill Thompson, Massimo Bartolini, Stephan Balkenhol, Joan Brossa, Jaume Plensa, Davis Nash e Iván Navarro, danzan en el espacio mágicamente, como sí la música estuviera hecha para ellos.

Me pongo nerviosa. Allí está al fondo, parece de hielo, serena, dulce, poética, tierna; la cabeza de Jaume Plensa; tallada delicada y deliciosamente apetece tocarla, es única la sensación que sientes ante su obra. Un movimiento sutil llama mi atención, juega con nuestra percepción, hace que veas algo que no sabes si es, Massimo Bartolini, introduce poéticamente una puerta a un mundo ideal donde hay espacio para la imaginación, te hace pensar si lo que estás viendo es o no es. Frente a ella se asienta la robustez y la fuerza de David Nash, un trozo de la naturaleza convertida en arte que juega con el naturalismo de Stephan Balkenhol la figura del hombre como motivo inspirador, en contraste con la obra minimalista de riqueza cromática de Bill Thompson, sus juegos con las formas cóncavas y convexas repletas de  color dan a la muestra una luz que nos arrastra a la divertida instalación de Ivan Navarro, un debate sobre la dimensión estética de la luz, que resuena con la poesía escultórica de Joan Brossa y la sutileza de Martina von Mayenburg.

Que ocho maestros dancen al mismo son en una sala es una delicia para la vista, para la comprensión. Enhorabuena, chicas.

Valencia City
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El pulso de la ciudad

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