La clá­si­ca visi­ta de los Reyes Magos ha mos­tra­do la sor­pre­sa de espe­cies como leo­nes y man­gos­tas raya­das y, espe­cial­men­te, de las crías de ele­fan­tes y chim­pan­cés.

 

En Bio­parc Valen­cia una cele­bra­ción tan entra­ña­ble como la Navi­dad se vive inten­sa­men­te y, en esta oca­sión, han sido sus majes­ta­des los Reyes Magos de Orien­te quie­nes han acu­di­do a su tra­di­cio­nal cita con los ani­ma­les. Para las crías de ele­fan­te, Make­na y Malik y las de chim­pan­cé, Cala y Ekon, con el peque­ño Dji­bril, ha sido un “no parar”; las curio­sas man­gos­tas raya­das han demos­tra­do su habi­li­dad y los leo­nes se han recrea­do hacien­do gala de su fero­ci­dad. El asom­bro ante la deco­ra­ción de sus recin­tos y el ape­ti­to­so con­te­ni­do de los rega­los supo­ne un ali­cien­te extra y for­ma par­te de la téc­ni­ca deno­mi­na­da “enri­que­ci­mien­to ambien­tal” que apli­ca el equi­po de cui­da­do ani­mal para favo­re­cer los esta­dos físi­cos y emo­cio­na­les posi­ti­vos, lo que reper­cu­te en un mayor bien­es­tar.

Para los leo­nes, lle­var­se la mejor par­te de la san­grien­ta car­ne era el obje­ti­vo, tan­to de Luban­go como de las dos hem­bras, Shan­ga y Tata. Algu­nas carre­ras y sono­ros rugi­dos mos­tra­ban el papel que ejer­ce cada ani­mal y final­men­te todos han teni­do su pre­cia­do pre­mio. Muy dis­tin­ta ha sido la reac­ción de las man­gos­tas raya­das, don­de la colec­ti­vi­dad pre­va­le­ce. Algu­nas hor­ta­li­zas y peque­ños cama­ro­nes espar­ci­dos e inser­ta­dos en ele­men­tos móvi­les des­per­ta­ban su inge­nio para alcan­zar­los. La mana­da de ele­fan­tas hace evi­den­te su natu­ra­le­za pro­tec­to­ra y para las crías lo más lla­ma­ti­vo son los jugue­tes en for­ma de ramas de todo tipo y tama­ños y las cajas, que van rom­pien­do y des­pla­zan­do con sus patas y trom­pas, toda­vía con cier­ta impe­ri­cia en el mane­jo de su fuer­za, lo que resul­ta enter­ne­ce­dor. En el caso de los chim­pan­cés, con todo el gru­po al com­ple­to y des­ta­pan­do los paque­tes en bús­que­da de man­ja­res, pue­de obser­var­se las jerar­quías y rol de cada uno. Des­ta­ca el impor­tan­te nexo entre las madres con sus crías y cómo deman­dan su abri­go, la inci­ta­ción al jue­go, así como el con­tac­to y la comu­ni­ca­ción como base fun­da­men­tal de unión de toda la “fami­lia”.

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