Valencia es acogedora y amable con sus homeless. Respeta a sus artistas callejeros y de esa manera se erige como una de las ciudades mas simpáticas del Mediterráneo para ganarse la vida en la calle.
La ciudad es un hormiguero constante de seres que transitan sin rumbo fijo, en busca de algo que es difícil que encuentren. Un techo, un empleo, una forma digna de vivir. Las espeluznantes escenas de la “caza” de inmigrantes en los Estados Unidos nos dan una idea de hasta donde puede llegar el horror de la frase homo hominis lupus. Lobos contra corderos. Y sin embargo quedan lugares a donde todavía no ha llegado esa ola de inhumanidad. Valencia es uno de ellos. Es una metrópolis acogedora que congrega a un buen porcentaje de los sin casa españoles. Por su clima y porque la gente suelta las perras.
Si miramos de cerca sus calles y esquinas, sus plazas y sus jardines, dando un paseo vespertino, la veremos repleta de personajes del más variado pelaje que se dedican a buscarse la vida ofreciendo al publico sus habilidades. Los hay de todos los colores y condiciones. Muchachas vestidas como princesas medievales que interpretan piezas de Schubert con su violín reluciente en un rincón de la Basilica y que obligan a pararse para disfrutar del virtuosismo de la intérprete callejera.
En otro estilo, vagabundos que no hacen nada en absoluto, pero ofrecen un espectáculo de estilo circense con sus animales y todo; se han construido la quintaesencia de una vivienda cutre en plena calle Cavallers con sus perros, sus gatos… un zoo particular que rompe la monotonía de las calles.
El escenario preferido en esta ciudad es la plaza de la Reina que desde su remodelación es escenario de multitud de espectáculos que se pueden contemplar para regocijo de niños y sin pagar. Un pianista llama la atención por su virtuosismo. En el puente de Serranos, al atardecer, se reúnen roqueros con sus guitarras que interpretan a Hendrix a la perfección y la musica reverbera y se aleja por el cauce hacia la desembocadura del río como un sonido de esperanza.
Todo este espectáculo circense sucede sobre todo en primavera y verano, como es natural, y lo interesante del asunto es que la policía no los molesta o lo hace muy poco. Muchos sacan un permiso municipal para este trabajo poco conocido y sin derecho a pensión; aquí no circulan los cancerberos agresivos que creen defender el orden cuando lo que representan es el futuro caótico y violento de la humanidad. El camino a ninguna parte que por cierto ha descrito de manera genial la película «Sirat».
De todos estos artistas hay, en el casco antiguo, uno en especial que lleva años ganando el pan de sus hijos. En una esquina de las escaleras de la Llotja se dedica a dibujar con lápiz de punta fina y perfecto realismo los monumentos cercanos que tanto encantan a los turistas. Los Santos Juanes o la misma Llotja, que le protege como una madre bondadosa. Y los cuadros de M. (así guardaremos su privacidad) son más que arte. Son voluntad de vivir y luchar contra las dificultades. Es un dibujante excepcional que tuvo problemas al principio con los guardias pero, al fin, ha conseguido su lugar fijo para vender a los turistas verdaderas obras de arte, reproducciones en una línea clara de los edificios del barrio que le rodea.
M. es la élite de los artistas callejeros y lleva dibujando unos cuantos años. Valencia es acogedora hasta en eso. Es amable con sus homeless. Respeta a sus artistas callejeros y de esa manera se erige como una de las ciudades mas simpáticas del Mediterráneo para ganarse la vida en la calle. Hacer arte sin techo ni estudio. Una bonita forma de vivir, pese a todo.
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