• La páli­da luz de la luna entra por la ven­ta­na y mis recuer­dos cogen velo­ci­dad. Ini­cio una suce­sión de recuer­dos, evo­ca­cio­nes de un tiem­po que jamás vol­ve­rá. 

  • El lega­do del Café Mal­va­rro­sa per­ma­ne­ce en la memo­ria de la inte­lec­tua­li­dad valen­cia­na como ejem­plo de que la cul­tu­ra inde­pen­dien­te tie­ne un espa­cio pro­pio.

  • En las tar­des lar­gas y tedio­sas del verano me dedi­co a reco­rrer los rin­co­nes mas sim­pá­ti­cos de la urbe, las calles de mi vida.

  • El calor es evo­ca­dor y este verano sele­ni­ta, alu­ci­nan­te, en el que su poten­cia de fue­go aplas­ta con­tra el asfal­to, resul­ta mas lite­ra­rio que nun­ca.

  • Fran­kie, con sus envíos, me hace via­jar a dia­rio a los tiem­pos jóve­nes de la pan­di­lla. Cua­tro ami­gos bachi­lle­res que nos dedi­cá­ba­mos a matar el tiem­po patean­do la ciu­dad con nues­tras refe­ren­cias esté­ti­cas, musi­ca­les y lite­ra­rias bajo el bra­zo.

  • Leer ha mar­ca­do mi vida y lo sigue hacien­do. Y uno de mis mayo­res pla­ce­res es rega­lar libros a mis ami­gos y ami­gas.

  • Cuan­do en  una oca­sión le pre­gun­ta­ron a Bor­ges el por­qué no escri­bía nove­la con­tes­tó. “La idea de un libro abso­lu­to de qui­nien­tas pági­nas me pare­ce menos admi­ra­ble que la de una pági­na per­fec­ta”.

  • La épi­ca nove­la del anda­luz David Uclés está sien­do un mila­gro de ven­tas y acep­ta­ción por el publi­co lec­tor.

  • 59 años des­pués, la mag­na obra del cuar­te­to de Liver­pool sigue pose­yen­do la mis­ma fres­cu­ra que cuan­do salió en 1967.

  • La libre­ría Batis­fe­ra cele­bró un home­na­je al bar­do úni­co que ha uni­do a varias gene­ra­cio­nes.

  • Para vivir en paz con el mun­do y tami­zar la lucha con mis entra­ñas, he opta­do por entro­ni­zar la radio como el apa­ra­to prín­ci­pe de mi casa.

  • Un per­so­na­je que se ha intro­du­ci­do como uno más en la comu­ni­dad de veci­nos y sin tener don­de caer­se muer­to. Tie­ne ade­ma­nes de tore­ro y cuan­do cami­na es como si bai­la­ra. El foras­te­ro pare­ce lle­ga­do de otra épo­ca.

  • Su padre no era escri­tor, ni poe­ta, era un fun­cio­na­rio que tra­ba­ja­ba a dia­rio en una empre­sa de man­te­ni­mien­to. De modo que el vie­jo siem­pre fue un enig­ma y cuan­do murió, dejó en manos de su hijo mayor aque­llos escri­tos.

  • En pala­bras de Otto Pre­min­ger, «la his­to­ria del cine se divi­de en dos épo­cas: una antes y otra des­pués de Roma, ciu­dad abier­ta».

  • Sigo escri­bien­do a dia­rio, aun­que sea una car­ta o una nota a pie de pági­na, por­que ten­go la segu­ri­dad de que si no lo hicie­ra sucum­bi­ría sin reme­dio en la aflic­ción.

  • La ado­les­cen­cia nos tra­jo los pro­gra­mas tri­ples en los cines de rees­treno. Pedía­mos a los padres las cua­tro perras de la entra­da y salía­mos a sumer­gir­nos en un mun­do de aven­tu­ras.