En pala­bras de Otto Pre­min­ger, «la his­to­ria del cine se divi­de en dos épo­cas: una antes y otra des­pués de Roma, ciu­dad abier­ta».

 

Un miér­co­les cual­quie­ra de este mes, un públi­co vario­pin­to y bien infor­ma­do aba­rro­ta­ba expec­tan­te la sala de la Fil­mo­te­ca. No cabía un alfi­ler en el patio de buta­cas de nues­tro sim­pá­ti­co tem­plo de la cul­tu­ra que es el Rial­to. El moti­vo, se pro­yec­ta­ba una de las pelí­cu­las mas impor­tan­tes y emo­ti­vas del pasa­do siglo XX, «Roma, cit­ta aper­ta», del gran cineas­ta ita­liano, maes­tro indis­cu­ti­ble del sép­ti­mo arte, Rober­to Ros­se­lli­ni.

Con­si­de­ra­da como una joya cine­ma­to­grá­fi­ca que cam­bió la visión del cine, según auto­ri­za­da opi­nión de Otto Pre­min­ger: «La his­to­ria del cine se divi­de en dos épo­cas: una antes y otra des­pués de Roma, ciu­dad abier­ta».

Un delei­te para ciné­fi­los de todas las eda­des pro­du­ci­da al final de la Segun­da Gue­rra Mun­dial, en 1945. Des­de enton­ces no ha deja­do de cre­cer su fuer­za esté­ti­ca y su huma­nis­mo des­afo­ra­do. Su fino sen­ti­do del humor y su impla­ca­ble denun­cia del fas­cis­mo en todo tiem­po y lugar.

En la Roma ocu­pa­da por el Ter­cer Reich, esa polí­ti­ca cri­mi­nal que algu­nos maja­ras aun defien­den sin sen­tir ver­güen­za, un dis­cur­so fíl­mi­co en defen­sa de los dere­chos huma­nos y revin­di­can­do la lucha por la liber­tad en todo tiem­po y lugar.

La vida de héroes anó­ni­mos que se inmo­la­ron para que otros pudie­ran vivir en liber­tad. Nada nue­vo, una cons­tan­te en la his­to­ria huma­na. Una cin­ta emo­ti­va que acon­go­ja has­ta el llan­to de empa­tía en muchas de sus secuen­cias, sobre todo su final. Los héroes de la Resis­ten­cia ita­lia­na duran­te la ocu­pa­ción nazi de Roma. Pelí­cu­la, que lejos de ser un pan­fle­to, es visión huma­na y sen­ti­men­tal de la Resis­ten­cia y de la vida coti­dia­na de los habi­tan­tes de la ciu­dad. Una joya del neo­rrea­lis­mo, de obli­ga­da visión en algún momen­to de la vida, más allá de ideo­lo­gías y doc­tri­nas.

Roma, ciu­dad abier­ta está pla­ga­da de secuen­cias cum­bre que no se olvi­dan fácil­men­te. La mayo­ría del públi­co que peta­ba la sala esa tar­de, madu­ro, de eda­des media­nas, es pro­ba­ble que ya la hubie­ran vis­to. La cin­ta fue famo­sa en su tiem­po de estreno y sus secue­las han sido infi­ni­tas. Pero tam­bién abun­da­ban los jóve­nes que la verían por vez pri­me­ra y eso es bue­na señal. Fue espec­ta­cu­lar la asis­ten­cia de públi­co al final de la Pas­cua. Y muy apro­pia­da des­pués de la jor­na­da de Pasión que se había vivi­do en esas fechas de abril. Los pro­ta­go­nis­tas de la cin­ta tam­bién viven una pasión extre­ma.

Roma, ciu­dad abier­ta es una de esas obras de arte que es difí­cil ver repues­ta en las salas comer­cia­les, ni siquie­ra en las tele­vi­sio­nes. Es dema­sia­do corro­si­va. Autén­ti­ca. Y aho­ra pri­ma lo frí­vo­lo y super­fi­cial en la vida públi­ca. Y la vio­len­cia es una can­ti­ne­la a la que nos hemos acos­tum­bra­do. San­gre y gue­rras por doquier, corrup­cio­nes. Si la cosa es des­agra­da­ble, se apa­ga la tele o se cam­bia de canal en bus­ca de las paya­sa­das de ambien­te tro­pi­cal, y para mas inri, rea­li­za­das en paí­ses del patio tra­se­ro nor­te­ame­ri­cano, como Cen­troa­mé­ri­ca, en los que domi­na la opre­sión del vecino yan­qui.

Roma, ciu­dad abier­ta nos recuer­da que exis­ten héroes inmor­ta­les en todas las gue­rras que se enfren­tan a la injus­ti­cia. Rose­lli­ni pro­fun­di­za en el ambien­te y no se limi­ta a los fac­to­res polí­ti­cos, des­cri­be con gra­cia los huma­nos. La lucha de los ita­lia­nos con­tra los nazis. La Resis­ten­cia y su alian­za con un cle­ro soli­da­rio. Dos figu­ras prin­ci­pa­les, el diri­gen­te comu­nis­ta de la Resis­ten­cia y el párro­co de barrio. Dos héroes popu­la­res que mori­rán en defen­sa de la liber­tad de su pue­blo.

Lo nota­ble de esta cin­ta es que ese esque­ma polí­ti­co esta enfo­ca­do de una mane­ra dife­ren­te al res­to de los rela­tos de otras his­to­rias pare­ci­das. Aquí, la cáma­ra se demo­ra en el ambien­te popu­lar de los barrios obre­ros de Roma y, con un colo­ri­do mara­vi­llo­so, pre­sen­ta a los niños como pro­ta­go­nis­tas. La tro­pi­lla zarra­pas­tro­sa de los niños del barrio, alum­nos del sacer­do­te que se inmo­la­rá por defen­der a los resis­ten­tes, que jue­gan a la gue­rra imi­tan­do a los adul­tos: ponien­do explo­si­vos case­ros y jugan­do a sabo­ta­jes.

La his­to­ria es de muer­te y vio­len­cia. las tor­tu­ras de los ver­du­gos nazis, la des­crip­ción de su saqueo de la ciu­dad con solo mos­trar una habi­ta­ción don­de los ver­du­gos se embo­rra­chan mien­tras en otro cuar­to se tor­tu­ra al com­ba­tien­te pre­so. El genio de Rose­lli­ni es com­bi­nar esas esce­nas atro­ces con el humor. El malí­si­mo jefe de la Ges­ta­po, la vam­pi­re­sa dia­bó­li­ca que abu­sa de una joven ita­lia­na y la empu­ja a dela­tar a su gen­te. Hay en esta pelí­cu­la dos esce­nas inol­vi­da­bles. La muer­te de una gran­dio­sa Anna Mag­na­ni, tiro­tea­da cuan­do corre deses­pe­ra­da tras el camión que se lle­va a su aman­te, y la que hace sur­gir las lágri­mas del espec­ta­dor mas sen­si­ble a estas cosas, en el final, cuan­do fusi­lan al sacer­do­te y los niños, sus alum­nos, obser­van esa muer­te de su pro­fe­sor tras una ver­ja, sil­ban­do una can­ción popu­lar de resis­ten­cia, «Padre, esta­mos aquí con­ti­go».

«Roma, ciu­dad abier­ta» es una lec­ción de cine y una ven­ta­na incom­pa­ra­ble sobre los ava­ta­res de la his­to­ria euro­pea del siglo XX. Los hechos que con­mo­vie­ron a toda una gene­ra­ción e icono de todas las ideo­lo­gías pro­gre­sis­tas y huma­ni­ta­rias que pelean por un mun­do mejor, con poca for­tu­na, habi­da cuen­ta de como dis­cu­rre en su con­tra la polí­ti­ca mun­dial. Cuan­do la pelí­cu­la ter­mi­na el espec­ta­dor que­da mudo, estu­pe­fac­to ante la con­tun­den­cia de esas imá­ge­nes tan rea­lis­tas y al mis­mo tiem­po inma­te­ria­les.  Roma, cit­ta aper­ta, pelí­cu­la patri­mo­nio inma­te­rial de la Huma­ni­dad.

 

 

 

 

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