La doctora Carmen Górriz (Instituto Médico Ricart) explica qué puede corregir realmente la cirugía de párpados y por qué un enfoque integral es clave para lograr una mirada más descansada, natural y sin efecto “operado”.
La blefaroplastia se ha convertido en uno de los procedimientos más demandados para rejuvenecer la mirada, pero no todo se soluciona con una intervención quirúrgica. En IMR (Instituto Médico Ricart) apuestan por un abordaje personalizado de la zona periocular, donde el diagnóstico preciso y la combinación de técnicas son determinantes. La doctora Carmen Górriz, especialista en rejuvenecimiento de la mirada de IMR, explica qué problemas se pueden corregir con esta cirugía, en qué casos no es la mejor opción y cuales son las expectativas de los pacientes.
¿Qué es exactamente la blefaroplastia y qué puede corregir?
La blefaroplastia es una cirugía orientada a rejuvenecer la zona periocular actuando sobre la piel, el músculo y la grasa de los párpados. Su principal objetivo es despejar la mirada, eliminar el aspecto de cansancio y devolver una apariencia más descansada, siempre respetando la expresión y la identidad del rostro.
Tal y como explica la doctora Carmen Górriz, este procedimiento permite corregir el exceso de piel en los párpados, los pliegues que “pesan” sobre la mirada, las bolsas producidas por la acumulación de la grasa y, en determinados casos, mejorar el aspecto de las ojeras cuando la piel está flácida o hay bolsas de grasa. “El objetivo nunca es cambiar la expresión, sino que el ojo se vea más abierto, descansado y natural”, señala.
Existen dos grandes tipos de blefaroplastia.
- Blefaroplastia superior, orientada a retirar o redistribuir el exceso de piel y, en algunos casos, una pequeña porción de músculo o grasa con el fin de definir el párpado y abrir la mirada.
- Blefaroplastia inferior, destinada al tratamiento de bolsas, laxitud y descolgamiento del párpado. En función del caso, puede reposicionarse la grasa para suavizar el escalón entre la bolsa y la ojera y tensar el párpado. Puede realizarse a través del interior del párpado, sin cicatriz visible, cuando el problema es fundamentalmente graso, o por vía cutánea cuando existe exceso de piel.
¿Quién es realmente buen candidato a una cirugía de párpados?
La blefaroplastia está indicada cuando el problema principal es el exceso de piel, la presencia de bolsas persistentes o el descolgamiento del párpado que no mejora con tratamientos médico-estéticos.
Hay algunos signos habituales que indican que un paciente puede beneficiarse de esta cirugía
- Sensación de párpado caído o de mirada triste y cansada.
- Pliegue de piel que tapa la línea natural del párpado o se apoya sobre las pestañas.
- Dificultad para maquillarse por exceso de piel.
- Bolsas visibles y constantes.
- En casos más avanzados reducción del campo visual superior o necesidad de elevar las cejas para ver mejor.
Sin embargo, no siempre la cirugía es la mejor solución. Cuando la principal preocupación es la hiperpigmentación de la ojera, el hundimiento del surco lagrimal, la mala calidad de la piel con arrugas muy finas o la caída del párpado o de la ceja, el abordaje debe ser distinto o combinado. Tampoco es la opción ideal en pacientes con ojo seco severo, laxitud marcada del párpado inferior o en quienes buscan un cambio en la forma del ojo, ya que la filosofía del tratamiento se basa en la naturalidad.
En la consulta, los especialistas de IMR valoran la mirada como un conjunto prestando atención a la distribución de piel, grasa y músculo, la posición de la ceja, la presencia de asimetrías, la laxitud del párpado inferior, la calidad de la piel, el pigmento de la ojera, la salud ocular, los antecedentes médicos y la medicación. Pero, sobre todo, se analizan las expectativas y el objetivo real del paciente. “La clave es que sean realistas y que entiendan qué puede mejorar la cirugía y qué no”, apunta la doctora Górriz.
Estética pero también funcional. Cuando la blefaroplastia mejora la visión
Aunque la blefaroplastia es en muchos casos un procedimiento estético, puede tener también una indicación funcional. Cuando el exceso de piel del párpado superior limita el campo visual, genera fatiga al leer o provoca que el paciente tenga que elevar constantemente las cejas para ver mejor, la cirugía aporta un beneficio claro en comodidad visual y en la postura facial. En estos casos, el resultado no solo se percibe frente al espejo, sino también en la calidad de vida del paciente.
Edad, hábitos de vida y diferencias entre hombres y mujeres
La edad orienta, pero no determina. En consulta es frecuente encontrar pacientes jóvenes con bolsas hereditarias y, al mismo tiempo, pacientes de más edad con buena calidad cutánea. En cambio, los hábitos de vida sí impactan de forma muy directa en la indicación y en la estrategia terapéutica. Factores como la exposición solar aceleran la aparición de arrugas finas y la pérdida de elasticidad. El tabaco, el estrés y la falta de descanso empeoran la circulación, la cicatrización, la calidad de la piel y pueden agravar el edema y las ojeras. Además, la alimentación y la retención de líquidos influyen en la inflamación de los párpados. “Por eso individualizamos cada caso. A veces la mejor decisión no es hacer más cirugía, sino combinarla con tratamientos médico-estéticos o incluso optar solo por técnicas no quirúrgicas”, explica la doctora.
También existen diferencias claras en cuanto a la demanda. Los hombres suelen buscar resultados muy discretos y consultan con mayor frecuencia por la sensación de pesadez del párpado superior o por un aspecto cansado. En las mujeres es más habitual una demanda global de rejuvenecimiento periocular, que incluye ojeras, arrugas finas, cejas y calidad de la piel. En ambos casos, la estrategia debe adaptarse al estilo de vida y, especialmente en el hombre, tener la precaución de no alterar su contorno natural.
Resultados, recuperación y el valor de un enfoque integral
Tras una blefaroplastia, el paciente puede esperar una mirada más abierta, descansada y rejuvenecida, con una mejor definición del párpado y una reducción visible de las bolsas. El objetivo no es modificar la identidad facial, sino devolver frescura y coherencia al rostro. Es importante aclarar que la cirugía no siempre corrige por completo la ojera pigmentaria ni determinadas arrugas finas, por lo que con frecuencia se recomienda complementar el tratamiento.
En cuanto al postoperatorio, la inflamación y los hematomas son más evidentes durante la primera semana y suelen mejorar de forma clara entre los 10 y 14 días. Tras la retirada de los puntos, alrededor de la primera semana, el paciente puede hacer vida normal. El ejercicio intenso, la sauna o la piscina suelen restringirse entre dos y cuatro semanas, según la técnica empleada. La cicatriz del párpado superior queda habitualmente muy camuflada en el pliegue natural.
Cuándo la cirugía no es la única respuesta
Existen múltiples alternativas no quirúrgicas para rejuvenecer la mirada cuando el problema principal es la calidad de la piel, la flacidez leve, las arrugas finas, la ojera pigmentaria o vascular, o el hundimiento del surco. Entre los tratamientos que se pueden utilizar están los neuromoduladores para suavizar las arrugas del lateral de los ojos y abrir ligeramente la mirada, rellenos específicos para la ojera, láseres y peelings para tratar la ojera oscura, radiofrecuencia o ultrasonidos para la flacidez leve y tratamientos que ayudan a mejorar la calidad, la hidratación y la luminosidad de la piel.
En muchos casos, la combinación de blefaroplastia con otros procedimientos, como el lifting de cejas, tratamientos de arrugas o de calidad cutánea, es lo que permite obtener un resultado realmente completo. “No solo es posible combinar tratamientos, es que muchas veces es lo que marca la diferencia. La mirada debe planificarse como un proyecto periocular y no como un gesto aislado”, subraya la doctora Carmen Górriz. Desde la experiencia de IMR los pacientes destacan, por encima de todo, verse mejor sin parecer operados. Conseguir una mirada natural, descansada y coherente con su rostro es el principal objetivo. También valoran especialmente la seguridad, el diagnóstico honesto y el enfoque a medida. Como concluye la doctora Górriz, “A veces, el mayor éxito no es hacer más, sino elegir bien qué tratamiento necesita cada paciente y combinarlo con criterio”.
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