Luis Ángel Martínez, Director de Bioparc Valencia

Cuan­do se cum­plen diez años des­de la aper­tu­ra de Bio­parc Valen­cia, su direc­tor, Luis Ángel Mar­tí­nez, expli­ca la labor de con­ser­va­ción de ani­ma­les que hace el cen­tro, par­te menos cono­ci­da de su acti­vi­dad, gra­cias a la cual han con­se­gui­do recu­pe­rar espe­cies extin­tas en la natu­ra­le­za, como es el caso de la gace­la Mhorr.

Cuén­te­nos, para empe­zar, cómo aca­ba un inge­nie­ro diri­gien­do Bio­parc Valen­cia.

Par­ti­ci­pé con la empre­sa cons­truc­to­ra, en la cons­truc­ción de Bio­parc, como inge­nie­ro, mi rela­ción con José Mal­do­na­do, que es el pre­si­den­te, comen­zó ya en el movi­mien­to de tie­rras de la par­ce­la. Ter­mi­nó la obra, yo seguí con mi tra­ba­jo de inge­nie­ro y ellos me ten­ta­ron dos veces. Bus­ca­ban un ges­tor con expe­rien­cia y a la segun­da me con­ven­cie­ron. Estoy muy con­ten­to, apar­te de la ges­tión de Bio­parc, que no es poco, esta­mos hacien­do la direc­ción de obra del zoo de Casa­blan­ca, vamos a hacer el par­que de aven­tu­ra jun­to a Bio­parc, a ges­tio­nar Bio­do­mo, en Gra­na­da, y que­re­mos optar a la ges­tión del acua­rio de Gijón. Hay que con­ju­gar la ren­ta­bi­li­dad, pues hemos inver­ti­do 70 millo­nes de euros en Bio­parc, con un nivel de cali­dad cons­tan­te en el par­que y que se ele­ve cada año.

Cuan­do se cum­plen diez años de la aper­tu­ra del par­que, ¿qué ha sido lo mejor de este tiem­po? Haga un balan­ce.

¿Lo mejor? Es difí­cil, todo ha sido bueno. Pero creo que la pro­gre­sión en la colec­ción ani­mal, que se ha incre­men­ta­do, y tam­bién que hemos con­se­gui­do hitos como la repro­duc­ción de gace­las extin­tas en la natu­ra­le­za. Los ani­ma­les están a gus­to, no en su hábi­tat, obvia­men­te, pero sí con­for­ta­bles. Y ese baby boom lo con­fir­ma.

El Bio­parc tie­ne pre­vis­to ampliar sus ins­ta­la­cio­nes, ¿en qué con­sis­ti­rá esa amplia­ción? ¿Qué aña­di­rán que fal­ta aho­ra?

En la par­ce­la de la con­ce­sión tene­mos 25.000 metros cua­dra­dos, des­de Pío Baro­ja a Maes­tro Rodri­go, don­de vamos a cons­truir un par­que flu­vial y de aven­tu­ra que ten­drá un río len­to, acti­vi­da­des con agua, una pla­ya de olas, tobo­ga­nes… un par­que de ocio en la ciu­dad. Habrá para hacer des­cen­so de barran­co, caño­nes, raf­ting… acti­vi­da­des de aven­tu­ra con tiro­li­nas. La idea es que esté abier­to todo el año, no solo en verano. Va a ser un polo impor­tan­te de acti­vi­dad de ocio y de ofer­ta turís­ti­ca en Valen­cia.

¿Para cuán­do?

Noso­tros que­re­mos empe­zar las obras este año, pero la tra­mi­ta­ción es difí­cil. La ela­bo­ra­ción del pro­yec­to es com­ple­ja, lle­va­mos ocho meses y ya vemos la luz. Ya está muy defi­ni­do. Que­re­mos que sea algo ama­ble y con­for­ta­ble, no con un uso amon­to­na­do. Com­pa­gi­nar todo eso lle­va su tiem­po y su tra­ba­jo. Espe­ra­mos tener el pro­yec­to en un mes y pre­sen­tar­lo a la apro­ba­ción muni­ci­pal. La inten­ción es empe­zar este año y la dura­ción de las obras será de un par de años.

¿Y lo que están hacien­do en la expla­na­da de entra­da a Bio­parc?

Esta­mos lle­van­do a cabo una escul­tu­ra que será un hito. Siem­pre hemos que­ri­do que la pla­za de entra­da sea un pun­to de encuen­tro don­de la gen­te pue­da tener algu­na acti­vi­dad más. Vamos a ins­ta­lar una escul­tu­ra que pesa quin­ce tone­la­das, once metros por ocho, que es un ele­fan­te. Bru­tal. De ace­ro, cha­pa, made­ra y mim­bre. Va a ser espec­ta­cu­lar.

¿Qué opi­nión tie­ne sobre la revo­lu­ción ani­ma­lis­ta que ha supues­to el veto a los cir­cos con espec­tácu­los ani­ma­les en la ciu­dad de Valen­cia?

Cual­quier ins­ta­la­ción que no ase­gu­re el bien­es­tar ani­mal debe­ría estar prohi­bi­da. Ya no solo cir­cos, cual­quie­ra. Los zoos deben ser cen­tros de con­cien­cia­ción, de con­ser­va­ción, de edu­ca­ción. Ese veto a la uti­li­za­ción ani­mal me pare­ce muy bien, de lo más ade­cua­do. Tener ani­ma­les es una res­pon­sa­bi­li­dad. Por ejem­plo, los ani­ma­les de Bio­parc no son nues­tros, son ani­ma­les que a nivel glo­bal, inter­na­cio­nal, un comi­té de exper­tos deci­de dón­de han de ir. Esta­mos entre los diez mejo­res par­ques del mun­do, aquí se sigue el fin de con­ser­var a las espe­cies, de tener una pobla­ción gené­ti­ca­men­te via­ble que garan­ti­ce la con­ti­nui­dad de la espe­cie. Una curio­si­dad, los ani­ma­les que vie­nen aquí ¿de dón­de pro­ce­den? Tene­mos de muchos zoos euro­peos, tam­bién de Cabár­ceno, de Bar­ce­lo­na, de Israel, de Holan­da. De la mis­ma for­ma, los que han naci­do aquí ha sido envia­dos a otros luga­res. El coor­di­na­dor inter­na­cio­nal tie­ne estu­dia­das las nece­si­da­des de cada espe­cie y en cada lugar. Uno de los intere­ses prin­ci­pa­les es el repro­duc­tor y, siem­pre, el bien­es­tar ani­mal. Todos los movi­mien­tos de ani­ma­les están jus­ti­fi­ca­dos y muy estu­dia­dos.

La moti­va­ción del Bio­parc es, sobre todo, edu­ca­ti­va y con­ser­va­cio­nis­ta…

Des­de el prin­ci­pio se ha pen­sa­do que no tie­ne sen­ti­do tener Bio­parc sin poten­ciar la inves­ti­ga­ción, la edu­ca­ción y la con­ser­va­ción. Ese euro que se apor­ta con el pase anual más todos los ingre­sos por carre­ras y acti­vi­da­des para­le­las, patro­ci­nios… etc son los que hacen que ten­ga­mos pro­yec­tos en Sene­gal, en Mada­gas­car… diez o doce pro­yec­tos in situ, en el hábi­tat natu­ral de los ani­ma­les. La labor de con­ser­va­ción de Bio­parc es muy impor­tan­te y es cons­tan­te. En el cen­tro inter­pre­ta­ti­vo de gori­las hay un mapa­mun­di don­de apa­re­cen todos los pro­yec­tos en los que Bio­parc par­ti­ci­pa, que son muchos. Detrás de una ins­ti­tu­ción zoo­ló­gi­ca hay una gran ins­ti­tu­ción con­ser­va­cio­nis­ta. Y eso está muy exten­di­do en la cul­tu­ra anglo­sa­jo­na, no tan­to aquí. El cam­bio de acti­tud social es len­to, va poco a poco. Por eso insis­ti­mos en los niños, son el futu­ro del cam­bio de con­cep­to.

¿Cómo res­pon­de a quien cali­fi­ca al Bio­parc como una cár­cel de car­tón pie­dra? Una espe­cie de Terra Míti­ca o Port Aven­tu­ra pero con ani­ma­les…

No inten­ta­mos adoc­tri­nar pero mucha gen­te rea­cia, des­pués de visi­tar Bio­parc y expli­car­les la labor con­ser­va­cio­nis­ta que hace­mos, cam­bia de opi­nión. La labor edu­ca­ti­va es inter­ac­ti­va y el tra­ba­jo a favor de las espe­cies, algu­nas extin­tas en la natu­ra­le­za como la gace­la Mhorr, es impor­tan­te. Las visi­tas esco­la­res son edu­ca­ti­vas, no adoc­tri­na­mos. Lue­go hay casos, como por ejem­plo el de Jane Goo­dall: ella vino a Bio­parc y enten­dió que su papel era salir de la sel­va, que era su pasión, salir para con­tar lo que hay que hacer por sal­var ese mun­do. Cuan­do vino aquí, nos apo­yó y nos dio la máxi­ma cali­fi­ca­ción como exper­ta. Hace­mos mucho más a nivel edu­ca­ti­vo con una pla­ta­for­ma como Bio­parc que de otras for­mas. Vamos poco a poco. En solo diez años esta­mos con­si­de­ra­dos den­tro de los diez mejo­res del mun­do. No está mal.

 

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