César González Ruano (1903–1965) se inició como poeta vinculado, aunque pronto se dedicó a un periodismo personal.
Por R.Ballester Añón
César González Ruano (1903–1965) se inició como poeta vinculado al movimiento Ultraista, aunque pronto se dedicó a un periodismo personal y a la composición de diversas biografías (Baudelaire, Gómez Carrillo, Oscar Wilde…).
Su amigo y discípulo, Manuel Alcántara, escribe en el prólogo a estas Memorias: “César era un ser angustiado por el vértigo del tiempo, un hombre que tenía conciencia del tremendo bromazo que supone venir al mundo y, además, tener que irse de él” (…) “Hay que decir en su honor que jamás se dedicó a la hagiografia de los triunfadores ni a sainar políticos de tránsito”.
Entre otras cosas, su biografía se caracteriza por el éxito profesional, las deudas y ciertas prácticas que en otro tiempo se denominaban psicopatología sexual.
Ruano comienza a escribir sus Memorias el 1 julio de 1950, cuando tiene 47 años. Para ello se enclaustra en una casa que ha alquilado en Torreledones.
Consideraciones de carácter íntimo no hay muchas, aunque sí algunas como éstas:
“De este sentimiento de colaboración con el rival era como la exaltación máxima de mi lado femenino que ya me interesaba crear y también la voluptuosidad, no sé si baja, de dar para robar después de lo mio”.
“Tengo horror a la sangre, que considero típicamente varonil. Este horror, por razones normales, no la tiene la mujer y, por misteriosas razones imitativas, no la tiene el afeminado”.
“Soy propenso a dramatizar el menor roce con unas faldas propicias”.
“Me hubiera gustado tener muchos hijos de una sola mujer, ir a misa diariamente, ser amigo del cura, del médico y del notario, o del registrador de la Propiedad”.
Ruano es un peculiar retratista de personajes y ciudades:
Por ejemplo: “Madrid, no hay que darle mas vueltas, es un pueblo de pastores que luego han asfaltado. Quizá ésta sea su gracia después de todo”.
Del escritor Hoyos y Vinent, escribe:
“Hacía falta en aquel tiempo mucho valor para ser amigo de Hoyos y Vinent; (…)era sobrino solitario del marqués de Sade, descendiente de nobles y negreros (…), murió en la cárcel medio ciego y miserable, intencionalmente abandonado por los que pudieron hacer algo por él.(…) mi amistad con él que me costó buenas críticas y algún intercambio de bofetadas”
De Ramón Sender:
“Tenía Sender un excesivo concepto de sí mismo y esa pesadez y tristeza que tienen los escritores preocupados por los temas proletarios”.
De Chaves Nogales:
“Era gitano, rubiasco, fuerte, alegre y sin ningún sentimiento ni moral y de los que mejor hicieron un tipo de reportaje europeo, sensacionalista y siempre escrito con cierto garbo”.
De García Lorca:
“Federico era feo, agitanado y con cara ancha de palurdo. Vestia curiosamente y presumía de ser gracioso, espiritual y marica del Sur. Sus versos eran naturalmente algo, aunque sin embargo con ese cursileo histórico lleno de ayes, de limoneros, de fascinación por los hombres morenos y de incursiones en lo folklorico. Me pareció siempre un zangolotino para estudiantes de la FUE, aunque nunca negué su talento”.
De Valle-Inclán:
“Valle tenia justificada fama de cascarrabias, envidioso y mala persona. Creo que no lo era. Tenia un irremediable e inocente afán de lucimiento, y cuando se le ocurría una frase que él juzgaba feliz, la soltaba, sacrificando incluso a quienes más estimaba”.
Del doctor Gregorio Marañón:
“Tenía una personalidad física y atrayente que da confianza y no la permite. Y no hay que darle la lata con una gripe o un prólogo”
Sobre Miguel de Unamuno:
“Era como un actor que interpretara al anti-dandy (…) tambien resultaba fastidioso su sentido reverencial por el dinero, su roñería”.
Acerca de Juan Eduardo Cirlot:
“Muy preocupado por la egiptología y la magia; tenia un raro aire de falso faraón con gabardina. En él se encontraban facciones misteriosas de negro blanco; trabajaba en una entidad bancaria y se creia casi único poeta de la Tierra. Hacia una literatura personal como decir que le daban miedo los pájaros”.
Sobre Josep Pla:
“El de mayor personalidad (de la literatura catalana) pese a todos sus esquinamentos”
De Picasso:
“Se veía claramente que no le importaba nada ni nadie. Y esto, claro está, para mí no podía ser síntoma de superioridad, sino de inferioridad manifiesta. Lo encontré rencoroso y tozudo para ciertas cuestiones, falta de comprensión y anchura de miras. Fijándose bien tenía aspecto de tratante de ganados, y acompañado siempre de una mujer con aspecto de ordinariez física que me molestaba”.
Sobre el oficio de escritor en España:
“Escritor era aquí sinónimo de mártir, de tarambana o de hambriento; camino seguro de un sacrificio continuado sin otra compensación que la de una pintoresca popularidad que jamás era gloria en vida”.
Observaciones etno-turísticas:
“Pasar por un barrio pobres de Nápoles como sólo lo sabe hacer una joven aristócrata en un coche de caballos descubierto y cargado de escudos, mirando a lo lejos, fingiendo no ir las frases que su intimidad física hace suponer en voz alta a los hombres, que se rascan recostados en muros ardientes, tiene su grandeza”.
Aspectos de su vida profesional durante los años anteriores a la Guerra Civil:
“La Falange me proporcionó un guardaespaldas ‑electricista un tanto inteletual‑, que aceptó contento acompañarme a todas partes armado con un pistolón”.
Después de pasar varias semanas incomunicado e interrogado en una prisión de la Gestapo, en la Avenida Cherché Midi de la ciudad de Paris, efectúa esta confesión:
“La condición animal del hombre es algo incalculable. Aquel mismo día, primero de mi libertad, por la tarde fuí al bar del Dôme y porque llamaba al camarero y éste tardaba en venir, me irrité como un déspota imbécil. Sentí entonces una vergüenza inmensa y un enorme desprecio de mí msmo. Y por primera vez tuve una reacción sincera, patética y cristiana, y me llamé con toda mi alma miserable”
Su idea de revolución social:
“¿Es que las revoluciones despiertan en el pueblo otras cosas que la brutalidad, la venganza personal, el odio a las representaciones externas y la falta de absoluta capacidad constructiva, de evasión de la tiranía por otro sistema que el de aceptar otra tirania advenidiza?
Su adscripción ideológica:
“Mi corazón creo que es insobornable e inocentemente liberal, y el pueblo me es simpático en las aldeas y antipático en las ciudades; como la aristocracia me es simpática en su teoría y me suele fallar y defraudar en la práctica y el trato”.
Caracterización conceptista de su tarea creativa:
“Hago lo que sé pero no sé lo que hago”.
Encomio del periodismo literario:
“Mi generación dió poetas y articulistas, esto es, cazadores de lo cotidiano, que llevaban dentro esa sospecha asegurada de un verso clásico: ´sólo lo fugitivo permanece y dura’ “
Plantea un dilema ético de incómoda actualidad:
“No van quedando más que dos grandes caminos para los que pensamos y sentimos contra todos los demás: el misticismo, esto es, la renuncia admirable a todo lo que esta vida miserable ofrece; o el cinismo, esto es, el aprovechamiento alegre y anárquico de todo lo que se pueda sacar de una sociedad depravada e imbécil en beneficios de nuestros sagrados caprichos”. Ruano no fue un místico.
Las Memorias las concluyó el 31 de diciembre de 1950 en la mencionada casa de Torreledones:
“Voy terminando de contar mi vida enfermo y asediado de problemas, sin dinero porque al escribir este libro entrañable he descuidado la máquina de escribir artículos a destajo, que es de lo que existo. Estoy terminando pues como un monje de poca fe: con barbas de muchos dias de absoluto encierro y quebrantado en lo físico”.
Ruano murió a los 62 años, en 1965.
Título:Memorias. Mi medio siglo se confiesa a medias.
Autor: César González Ruano
Editorial: Renacimiento
Páginas: 632
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