Manuel Arranz es uno de los más com­pe­ten­tes y acre­di­ta­dos tra­duc­to­res de la lite­ra­tu­ra fran­ce­sa. Otra de sus acti­vi­da­des es la de crí­ti­co y rese­ñis­ta.

Por R.Ballester Añón

Manuel Arranz (Madrid, 1950) es un escri­tor que ha publi­ca­do nove­las (Por­no­gra­fia), libros de afo­ris­mos (Incer­ti­dum­bres y pirue­tas) y refle­xio­nes lite­ra­rias (Por el pla­cer de leer). Ade­más de de esto, Arranz es uno de los más com­pe­ten­tes y acre­di­ta­dos tra­duc­to­res de la lite­ra­tu­ra fran­ce­sa a nues­tra len­gua: ha ver­ti­do ya más de cien obras de auto­res como Batai­lle, Derri­da, Quig­nard, Rous­seau, Com­pag­non…

Otra de sus acti­vi­da­des es la de crí­ti­co y rese­ñis­ta, pre­ci­sa­men­te el aspec­to que reco­ge el libro que hoy comen­ta­mos.

La com­pi­la­ción de rese­ñas va acom­pa­ña­da con unos tex­tos intro­duc­to­rios: ¿Quien me pro­te­ge­rá de tu belle­za?, Intro­duc­ción y ¿Sir­ven de algo las rese­ñas lite­ra­rias?

Arranz ha publi­ca­do estos tex­tos en Archi­pié­la­go, Cla­ves de Razón Prác­ti­ca, Ges­tión Clí­ni­ca y Sani­ta­ria, Letras libres, Pos­da­ta (sec­ción lite­ra­ria del perió­di­co Levan­te), Revis­ta Turia…Y se ha ocu­pa­do de los más diver­sos auto­res como W.H.Auden, Gior­gio Bas­sa­ni, Jean Giono, Iván Gon­cha­rov, Cla­ri­se Lis­pec­tor, Patrick Modiano, Ray­mond Que­neau, Joseph Roth, Geor­ge Sime­non, Marian Tsie­táie­va, Robert Wal­ser, Ste­fan Zweig….entre otros muchos.

En uno sus tex­tos intro­duc­to­rios, Arranz efec­túa fron­ta­les con­fi­den­cias de su expe­rien­cia lec­to­ra:

“Mi rela­ción con los libros hoy podría cali­fi­car­la, sin pecar de tre­men­dis­mo, de pato­ló­gi­ca. En otras pala­bras, los libros han arrui­na­do la vida. No estoy hablan­do en bro­ma, ni tra­to de ser ocu­rren­te para cap­tar la aten­ción”.

Su plan­tea­mien­to de la lite­ra­tu­ra como adic­ción tóxi­ca y escla­vis­ta, tie­ne el cariz retó­­ri­­co-moral de una iro­nía lle­va­da muy lejos, has­ta el pun­to de casi esfu­mar­se como tal ‑alta prác­ti­ca que no está al alcan­ce de cua­l­­quie­­ra-: “Los libros han colo­ni­za­do mi vida por com­ple­to. Los libros no hacen feli­ces a las per­so­nas, se lo ase­gu­ro, las hace pro­fun­da­men­te des­di­cha­das. Y me ale­gra­ría mucho que no fue­ra su caso, pero es el mío y ten­go que con­fe­sar­lo ante uste­des. Hay que ser sin­ce­ro algu­na vez en la vida”.

Esbo­za algu­nas con­si­de­ra­cio­nes socio­ló­gi­cas a pro­pó­si­to de la nove­la actual:

“Los casos extre­mos ya no son una excep­ción, hoy han pasa­do a ser la regla. La mayo­ría de las obras de fic­ción de los últi­mos cua­ren­ta o cin­cuen­ta años son depri­men­tes. Y lo son en razón pre­ci­sa­men­te de su vera­ci­dad, lo son por­que nos hablan de la con­di­ción huma­na. (…) la lite­ra­tu­ra no pue­de igno­rar todo esto, pues la lite­ra­tu­ra se hace con la vida, con­vir­tien­do los casos par­ti­cu­la­res en uni­ver­sa­les”.

Acer­ca del valor cul­tu­ra­lis­ta o de pres­ti­gio social de la lite­ra­tu­ra en los tiem­pos que aho­ra corren:

“¿Leer nos hace más cul­tos? Qui­zá. Pero, ¿de qué sir­ve la cul­tu­ra en un mun­do de anal­fa­be­tos? La lite­ra­tu­ra ni siquie­ra es ya un buen tema de con­ver­sa­ción. Prue­be a sacar un libro a relu­cir en una con­ver­sa­ción y verá como reac­cio­nan sus cono­ci­dos. Prue­be en cam­bio a hablar de cual­quier mier­da tele­vi­si­va y todo el mudo se ani­ma­rá a meter baza”.

En cuan­to a los cri­te­rios de selec­ción de las obras rese­ña­das:

“Los cri­te­rios que hemos segui­do en esta selec­ción son nece­sa­ria­men­te sub­je­ti­vos, dis­cu­ti­bles, aza­ro­sos. No pre­ten­do saber qué libros debe­rían leer­se y qué libros no. Otros lo han hecho con mayor auto­ri­dad y tino, y otros tam­bién se han equi­vo­ca­do mejor.”

Y a con­ti­nua­ción se pre­gun­ta, ¿cuál es pro­pó­si­to pues?:

“No son las rese­ñas lo que impor­ta final­men­te, lo que impor­ta son los libros rese­ña­dos. Si una rese­ña no con­si­gue des­per­tar el inte­rés del lec­tor por la obra rese­ña­da, no habrá ser­vi­do para nada. Y otra idea recu­rren­te, y fal­sa por aña­di­du­ra, que impor­ta recor­dar aquí, pues pue­de dar moti­vo a nefas­tos equí­vo­cos, es la idea de que no impor­ta lo que se lea con tal de que se lea”.

Y, por últi­mo, su pro­fe­sión de fe:

“¿Por qué leer enton­ces sabien­do, como sabe­mos, que leer no nos hará ni más feli­ces y más libres, sino menos? Los libros son por lo tan­to inú­ti­les. Pero como tan­tas cosas inú­ti­les en esta vida, como el amor, la com­pa­sión, la con­fian­za, la amis­tad… son lo úni­co que nece­si­ta­mos real­men­te para vivir una vida dig­na de ser vivi­da”


Títu­lo: Libros, lec­to­res y lec­tu­ras

Autor: Manuel Arranz

Edi­to­rial: Lado­cu­men­tal

Pági­nas: 291

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