El chef Raimon Moreno está al frente de una propuesta que define bajo el concepto de «alta cocina informal».
Fotografía superior: Raimón Moreno y Vanina Vila.
En un panorama gastronómico repleto de nuevas aperturas, mantenerse durante 12 años con voz propia en el siempre efervescente barrio valenciano de Ruzafa (Calle Sueca, 41) es el resultado de un proyecto «que traslada el rigor de la alta gastronomía al formato más libre y cercano de la tapa», en palabras del chef Raimón Moreno.
La cocina creativa y la originalidad de cada plato son el sello distintivo de este espacio. El Almacén nació en 2014 como el proyecto vital y profesional de Raimon Moreno y Vanina Vila, un tándem que imprime buen gusto, rigor y sensibilidad en cada rincón de la casa. Ambos crearon el restaurante en el que a ellos mismos les gustaría sentarse a disfrutar. Desde entonces, cada paso ha respondido a una misma filosofía: cocinar con libertad y afianzar una identidad propia.

Zanahorias noisette, humus de garrofón
Qué hay en ese «Almacén»
En los fogones de El Almacén no hay lugar para la superficialidad. Cada plato responde a un trabajo técnico enfocado en versionar el recetario global y transformar el formato tradicional del tapeo. Raimon lo define como «alta cocina informal»: “Se trata de coger las tapas y reinventarlas con técnicas de alta gastronomía, pero presentadas de una forma muy informal”.
La propuesta juega a reinterpretar elaboraciones locales con ingredientes de otras culturas, o recetas icónicas internacionales reinterpretadas con productos de proximidad, como el Puri de titaina de anguila ahumada y yema pomada o su Paquito Moruno de cordero asado. Raimon Moreno pone de manifiesto la creatividad de sus creaciones destacando tres bocados emblemáticos de su carta.
En primer lugar, su Tako Koreano de lomo bajo a la llama, que describe como “una particular y sabrosa visión del tradicional ssam coreano”. Le sigue el Huevo Carbonara en su nido, una versión tan respetuosa como audaz que “ha superado con nota el filtro de los comensales italianos más exigentes”.
Su devoción por la materia prima se hace patente en sus ostras carnosas del norte de Irlanda. Moreno seleccionó este origen específico por su textura diferencial: al criarse en aguas frías, presentan mayor carnosidad. A partir de esa base, las viste bajo distintos registros internacionales, como la Ostra Nikkei con aire de mar (Perú) o la Ostra Jalisco (México).
Quién está detrás de El Almacén
Para comprender el nivel culinario que alberga El Almacén es necesario remitirse a la trayectoria de su jefe de cocina. Raimon Moreno se curtió en la exigencia milimétrica de las cocinas del triestrellado Quique Dacosta, una escuela que moldeó su manera de entender el oficio, y que después decidió reinterpretar bajo un prisma personal. Su filosofía culinaria huye deliberadamente de etiquetas encorsetadas: “Hacemos lo que queremos y lo que nos apetece”, reconoce el chef al definir una propuesta cuyo eje vertebrador es “brindar una cocina divertida, distinta y cargada de sabor”.

Huevo Carbonara en su nido.
Bajo la premisa de invitar al comensal a viajar por el mundo sin billetes ni maletas, la carta se articula a través del formato de tapas: una fórmula pensada para compartir, curiosear y recorrer múltiples elaboraciones en una sola visita.
El Almacén: lejos de la frialdad de un depósito
El nombre del restaurante no es casual. El Almacén funciona como un archivo vivo donde Raimon y Vanina atesoran vivencias y aprendizajes recopilados durante casi una década y media de oficio. No es un escaparate; es el lugar donde se custodia lo valioso, como ese vino de autor reservado para los más curiosos o esa pieza de coleccionista que no está a la venta. Un inventario particular donde una sensibilidad culinaria exquisita les permite poner su técnica y conocimiento al servicio del formato tapa. Esa es la verdadera esencia de la casa: un espacio donde la curiosidad y la libertad marcan el rumbo.
Si la cocina de Raimon es el motor creativo, la sala que dirige Vanina Vila es el alma que envuelve la experiencia, convirtiendo el local en una extensión de su propio hogar. “Es como nuestra casa”, afirma Raimon. “Cada vez que viajamos, volvemos con la maleta llena de recuerdos materiales y de ideas gastronómicas. Todo eso lo almacenamos y lo integramos en el restaurante”, añade.
Su emblemático postre, El chocolate de otra forma, refleja a la perfección esa apelación a la memoria afectiva: un homenaje al clásico bocadillo de pan con chocolate de la infancia, elevado a la categoría de alta repostería. En esa misma línea se sitúa Popcorn, un postre que combina cremoso de caramelo salado, tierra de galleta Lotus, helado de palomitas y algodón de azúcar: “Recuerda a los días de feria o a las tardes de cine cuando eras pequeño”, detalla el chef. Además, todos los helados son de elaboración propia, lo que les permite calibrar con exactitud la intensidad del sabor según el efecto que buscan despertar en el comensal.
Esta atención al detalle se percibe en cada elemento: desde la iluminación y el ritmo natural del servicio hasta una identidad sonora tan cuidada que la lista de reproducción del restaurante es demandada a diario por sus clientes.
El Almacén abre sus puertas para comidas sábados y domingos (de 13:30 a 16:00 h) y para cenas de miércoles a sábado (desde las 20:45 h hasta las 23:00 h entre semana y hasta medianoche viernes y sábados), ofreciendo un espacio donde producto, técnica y originalidad se dan la mano en una experiencia pensada para huir de la monotonía y entregarse al disfrute.
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