El esta­ble­ci­mien­to apro­ve­chó la vela­da para anun­ciar el nom­bre de su nue­vo local.

 

El res­tau­ran­te Timo­teo cele­bró el pasa­do 26 de mar­zo su par­ti­cu­lar home­na­je a los nom­bres en desuso coin­ci­dien­do con la fes­ti­vi­dad de San Timo­teo. Alre­de­dor de 60 invi­ta­dos se die­ron cita en el res­tau­ran­te de la calle Mar­qués de Zene­te 11, com­par­tien­do una vela­da fes­ti­va y ori­gi­nal en la que, sim­bó­li­ca­men­te, todos asu­mie­ron un nom­bre que rara vez se escu­cha hoy en día.

Duran­te la noche, sie­te nom­bres reales, ori­gi­na­les y pre­via­men­te selec­cio­na­dos fue­ron galar­do­na­dos, reco­no­cien­do su crea­ti­vi­dad y sin­gu­la­ri­dad. El ambien­te fue espe­cial­men­te joven, refle­jan­do cómo muchos de estos nom­bres en desuso están vol­vien­do a reso­nar entre las gene­ra­cio­nes actua­les, lo que supo­ne un giro moderno y diver­ti­do de la tra­di­ción. De hecho, Timo­teo es un res­tau­ran­te que se tras­la­dó des­de una ante­rior ubi­ca­ción, en la que ya se lla­ma­ba Timo­teo Misio­ne­ro, y refor­mu­ló su con­cep­to para hacer­lo más actual. Todo ello, gra­cias a la unión de cua­tro jóve­nes socios, que tenían muy cla­ro lo que espe­ra­ban del nue­vo local: Fer­nan­do Rico, Pablo Cope­rias, David Sán­chez y Chi­mo Rodri­go.

El Timo­teo que cono­ce­mos en la actua­li­dad, situa­do en la calle Mar­qués de Zene­te, en el barrio de Arran­ca­pins, pone en prác­ti­ca una hos­te­le­ría hones­ta, cer­ca­na y sin arti­fi­cios, con un tic­ket medio de 25, 30 euros. En su car­ta, des­ta­can ela­bo­ra­cio­nes como el biki­ni tru­fa­do; la tor­ti­lla con que­so brie y ceci­na de León cru­jien­te; la beren­je­na a la lla­ma; la cro­que­ta de sobra­sa­da, que­so azul y cebo­lla cara­me­li­za­da; o la sepia con mayo­ne­sa. Por no hablar de sus ya emble­má­ti­cas bra­vas, ele­gi­das por segun­do año con­se­cu­ti­vo como las mejo­res de Valen­cia en el Bra­vas Fest.

Una sor­pre­sa reve­la­da

Los socios apro­ve­cha­ron el even­to para des­ve­lar ofi­cial­men­te el nom­bre de su pró­xi­mo res­tau­ran­te: Teo­do­ra. En un gui­ño al jue­go de los nom­bres fic­ti­cios de la vela­da, una de las per­so­nas pre­sen­tes eli­gió lla­mar­se “Teo­do­ra” duran­te la cena y, sin saber­lo has­ta el final, fue pre­mia­da por ello, refor­zan­do la cone­xión entre la cele­bra­ción y el lan­za­mien­to del nue­vo pro­yec­to. Su aper­tu­ra en otro barrio de Valen­cia está pre­vis­ta para la pri­ma­ve­ra

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