El edi­fi­cio está lleno de bellos salo­nes.

El amor es un mis­te­rio y San Valen­tín su gran fies­ta. Por eso, pocos luga­res hay más pro­pi­cios para esa cele­bra­ción de los ena­mo­ra­dos que una cena ínti­ma en el gran Pala­cio del Amor de Valen­cia, la Lam­brus­que­ría de la calle Caba­lle­ros, 27. Por­que el edi­fi­cio que lo alber­ga tam­bién está lleno de mis­te­rios. Y de amor.

El ori­gen mis­mo del inmue­ble, cono­ci­do como el pala­ce­te de San­tán­gel, está envuel­to en ese mis­te­rio amo­ro­so. Se cuen­ta que un joven se mar­chó de Valen­cia para hacer for­tu­na y poder ven­cer la opo­si­ción de la fami­lia adi­ne­ra­da a la que per­te­ne­cía su ena­mo­ra­da. A su regre­so a Valen­cia, el ena­mo­ra­do man­dó eri­gir el pala­cio para mos­trar la rique­za y pros­pe­ri­dad que había con­quis­ta­do.

Eso cuen­ta la leyen­da. En ver­dad, el edi­fi­cio fue cons­trui­do entre 1917 y 1920 por el hacen­da­do Luis Cuñat Sor­ní. Aun­que el amor no fue ajeno a su cons­truc­ción. En su dise­ño el pro­pie­ta­rio qui­so satis­fa­cer los gus­tos de su espo­sa, Vir­gi­nia Ferris. El resul­ta­do fue este deli­ca­do pala­ce­te de tres plan­tas, con bellos salo­nes rena­cen­tis­tas, barro­cos, Luis XVI y moder­nis­ta en cada una de ellas.

Pero los mis­te­rios y las sor­pre­sas, tan liga­das al amor, no se aca­ban aquí. Su segun­da plan­ta tuvo duran­te años guar­da­do otro secre­to: unos mura­les del pin­tor y car­te­lis­ta Josep Renau. La obra fue encar­ga­da en los años 30 del pasa­do siglo para deco­rar deli­ca­da­men­te unos baños. El resul­ta­do fue­ron unas pin­tu­ras art-decó en las que la figu­ra des­nu­da de la mujer liga­da a temas mito­ló­gi­cos es la gran pro­ta­go­nis­ta. Unas imá­ge­nes, que hoy deco­ran una peque­ña sala, car­ga­das de esa sen­sua­li­dad que siem­pre acom­pa­ña a los ena­mo­ra­dos.

Mura­les se Josep Renau en el pala­ce­te de San­tán­gel.

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