La invasión de Internet por la IA está transformando el Internet que conocíamos. La publicidad, su negocio principal, se está bifurcando para dirigirse más a audiencias de máquinas que de humanos, ya que las páginas web de los medios reciben más visitas de bots que de personas. Y, obvio, los cambios tecnológicos del negocio de los medios cambiarán también el periodismo.
Adolfo Plasencia, 6 de septiembre de 2026
Imagen superior: Los hackers Aaron H. Swartz y John Gruber, crearon Markdown un lenguaje de software de “marcado ligero”, que se ha vuelto esencial para un mercado publicitario en Internet basado en las máquinas de IA.
El internet actual es uno de los principales escenarios, si no, el más esencial de la actual guerra global por la atención. Hasta hace poco, la atención era un atributo de los seres vivos que la naturaleza ha dotado de sistema cognitivo, pero hoy también es algo que, según los desarrolladores, forma parte de la estructura invadida por artefactos no vivos ‑aunque hay ilusos que creen y afirman que lo están‑, pero que, a su vez integran las huestes que pelean en el campo de los negocios de la atención. Se trata de una auténtica guerra económica en sí misma en la que unas nuevas tropas artificiales recién llegadas intentan influir en la batalla. Las integran distintos desarrollos de la llamada (aunque no lo sea) inteligencia artificial, en forma de LLM (Grandes Modelos de Lenguaje) y sus terminales, desde Chatbots conversacionales, hasta agentes de IA, todos ellos nacidos (es un decir) exclusivamente para incrementar el gigantesco negocio de esta guerra.
Pero, el funcionamiento de la atención humana ligado al sistema cognitivo de las personas es distinto al componente de “atención” que incluyen las máquinas de software de la inteligencia artificial de los Grandes Modelos de lenguaje (LLM), los Chatbot conversacionales o los nuevos agentes de IA, todos ellos ligados al mundo digital y de internet. Por decirlo resumidamente, los humanos, leen, miran, escuchan y comprenden, y las máquinas de IA solo procesan software, ya que carecen de sistema cognitivo equivalente al humano. Por eso, la comunicación entre humanos directamente o mediada por la tecnología en internet es tan distinta a la comunicación entre máquinas de IA, que también usan internet para ello. Esta diferencia es especialmente evidente, por ejemplo, en la actual transformación de los mecanismos publicitarios, que hoy, desde el punto de vista comercial, es cada vez más esencial en los negocios basados en internet. Por esa diferencia, la capa de Internet para facilitar la comunicación mediada por la IA también ha de ser diferente. Con todo crece la nueva persuasión automatizada, que ya intenta influenciar a las personas a través de la IA.
La revolución de la persuasión automatizada
Los grandes medios de comunicación que basan su rentabilidad en la publicidad, están afinando y adaptando nuevos mecanismos en sus páginas web que no solo serán vistas, sino que también, ya en más de la mitad de las ocasiones tendrán que ser procesadas por los rastreadores de IA, los Chatbots, los LLM y los agentes de IA. En el entorno de la publicidad, los anuncios, los intereses comerciales de las empresas y las marcas, el foco ha cambiado ya que en número de visitas a las páginas web de usuarios humanos ya es menor que en de las “visitas” de las máquinas de IA, así que la relevancia de los anuncios para influir en la conducta y las decisiones de los posibles compradores ha mutado también. Lo ha hecho hasta el punto que ello ha motivado que, forma pionera, la prestigiosa revista Time y su socio publicitario, la plataforma Mobian, estén ya experimentando la construcción de una bifurcación en la estructura de la web de la revista para captar las “visitas” de las máquinas de IA que procesan su código, si bien los anuncios que pretenden obtener atención de las IAs son muy distintos de los que pretenden obtenerla de usuarios humanos, aunque buscan lo mismo: modificar su conducta y sus decisiones de compra, que creen tomar por sí mismos aunque sean inducidas.
Para Time, la rentabilidad publicitaria es una cuestión existencial. Así que actualizar sus mecanismos y eficacia comunicacional es esencial. Y, con respecto a la IA, no se trata de dar un rodeo en cuanto a la eficiencia publicitaria sino más bien de crear un atajo para las máquinas mucho más directo. Lo cual está empezando a causar una disrupción sobre cómo se entendían el mercado publicitario y sus audiencias hasta ahora. Pero el tema es complejo, tiene mucha importancia, ‑por el montante del negocio‑, y es muy urgente para el mundo editorial adaptarse a los súbitos cambios actuales en la comunicación publicitaria online cuyo mercado está mutando rápidamente. Y es esencial, por ejemplo, para gigantes como Google, que había conseguido de facto una posición global dominante con una tasa de dominio en ese mercado de alrededor del 90%. Los cambios que he descrito van a cambiar las reglas de la publicidad para la era de supremacía de la IA, en la que van a ser muy distintas. Eso es seguro. En el mercado publicitario mundial se está produciendo una gran mutación. Pero también en el funcionamiento de Internet. Y también, obvio, esta invasión algorítmica, esta mutación, que va a cambiar el negocio y la economía de los medios, cambiará también el periodismo como ya expliqué en mi artículo La invasión algorítmica se apodera del periodismo de 2023.
Volviendo al aspecto técnico, la primera razón es muy sencilla. Una vez constatado que, en internet, el tráfico de los rastreadores de IA ya es mayor que el que generan los usuarios humanos, y que más de la mitad de los usuarios de los Chatbot le preguntan a la IA también sobre cosas relacionadas con las marcas y productos, en lugar de hacer búsquedas en los buscadores de internet. Así que el potencial de la IA para que las empresas lleguen a los consumidores influyendo en las repuestas que dan los Chatbot a sus usuarios se ha vuelto extraordinariamente importante. Los cambios tecnológicos han hecho que más de la mitad de los usuarios de los Chatbot les estén consultando también sobre marcas y productos, lo cual tiene como consecuencia que las decisiones de compra y la proyección de las marcas están ya siendo modificadas por las respuestas de los Chatbot de IA. Explica las implicaciones de ello en resumen Jonah Goodhart, cofundador y CEO de la plataforma de tecnología publicitaria Mobian: “Tal vez sea ya más importante influir en el agente de IA que incluso en el usuario humano de la Web, porque con un humano influyes en una persona. Cuando influyes en ChatGPT, estás influyendo potencialmente en todas las respuestas de ChatGPT que llegan a millones de personas. Por eso, hemos decidido influir con la publicidad en las personas, pero ahora a través de la IA. Es obvio, si inyectas a los Chatbot información sobre las marcas y sus productos, automáticamente los Chatbot la “escupirán” en sus respuestas a las consultas de los usuarios que ya son millones. Veamos ahora el marco digital en el que están sucediendo estos cambios.
La invasión de la Web por la IA: un internet mucho más robótico
La invasión del internet que conocíamos por la IA lo está transformando en algo distinto. La dimensión de los cambios citados aparece en una encuesta de McKynsey que señala como dato objetivo que la mitad de los consumidores estadounidenses encuestados declaran que usan IA para buscar en la web, así que el potencial para llegar a los consumidores, no por la publicidad directa como hasta ahora, sino influyendo en las respuestas de los Chatbot de IA puede ser más poderosa. Lo señalado por McKynsey concuerda con las decisiones sobre cambiar la relación con su audiencia por las que ya están apostando pioneramente la prestigiosa revista Time y su socio publicitario la plataforma Mobian, tal como confirma el citado Goodhart. Esos criterios se están extendiendo en el sector, en el que ellos han sido los pioneros. Así que esta estrategia publicitaria de dirigirse a los rastreadores de IA por métodos directos está revolucionando las actuales estrategias publicitarias globales. Además, la citada invasión de la Web por la IA no solo se limita a la publicidad sino a la formulación de todos los contenidos.
Según Pangram, la conocida empresa de detección de IA, señala el cambio en conocidas plataformas como LinkedIn, Medium, Twitter y Reddit en las que, aproximadamente, “uno de cada cuatro artículos extensos fue generado completamente por IA”. Pero esto es evidente sobre todo en LinkedIn que se ha convertido en la plataforma con mayor presencia de IA. En ella, más del 40 % de las publicaciones extensas fueron marcadas en un análisis por el detector de Pangram como generadas completamente por IA. Si incluimos contenido mixto de IA y humano, la plataforma X (antes conocida como Twitter) es la que muestra más pobres resultados en contenidos humanos; casi la mitad de los artículos de X fueron generados completamente por IA (23,9 %); o con asistencia de IA/contenido mixto (22,9 %). Solo el 53,2 % de los artículos de X fueron marcados como de autoría humana completa. Y eso sin que la mayoría de los lectores de esas páginas se aperciban de ello.
No todo el mundo parece pensar que este sea el mejor camino para la evolución de Internet. Sobre esto hay un gran debate. No me refiero a ello como algo en sentido catastrofista. Eso, tal vez lo hace Steven J. Vaughan-Nichols, prestigioso columnista de The Register, que tituló su columna en inglés del pasado 12 de julio con un título inequívoco, para referirse a lo que está ocurriendo con el internet actual. Su traducción literal dice: “Esta ya es una red de IA, y nosotros no somos más que ratas en las paredes. Ahora son los bots, no las personas, quienes más usan internet”. Y lo justifica, porque le parece algo horrible. Steve no es cualquiera, se trata de un verdadero pionero; fue la primera persona en escribir un artículo popular sobre la Web; y, afirma compungido, “yo ni nadie imaginaba cómo lo cambiaría todo… Nunca fui, ‑dice‑, un idealista de internet. No creía que internet nos liberaría ni nos llevaría a un paraíso tecnológico. Sin embargo, sí creía que lo haríamos mejor de lo que lo hemos hecho. Internet se convirtió rápidamente, como dice la canción, en un sitio para la pornografía. Eso era relativamente inofensivo, comparado con el doxing, o la actual desinformación dirigida, las botnets y granjas de trolls automatizadas. Pero aún había algo bueno, aunque a veces era difícil de encontrar: que todo era impulsado por personas…”.
Se manifiesta así porque ahora la situación de la Red se ha transformado en algo muy diferente. Las cifras de la presencia no-humana en Internet no dejan lugar a dudas. Veamos el detalle. Según el rastreador público Radar “Bot vs Human” de Cloudflare los bots de Internet representan aproximadamente entre el 57 y el 58 por ciento de las solicitudes HTTP de contenido HTML, en comparación con el 42–43 % de las solicitudes realizadas por usuarios humanos. Y, el Informe de Bots Maliciosos de Imperva, basado en datos de 2025, sitúa ya entonces a los bots en torno al 53 por ciento del tráfico web medido por segundo año consecutivo, cuando el de los humanos alcanzó solo el 47 por ciento.
Explicar el porqué de estos cambios y su alcance no es sencillo. Pido disculpas al lector por la complejidad técnica de la explicación y la jerga. De lo que estamos hablando es de un cambio de paradigma técnico y tecnológico en cuanto al uso de Internet, pero ello no se generalizará si no se produce una radical adaptación económica. Pese a que la mayoría de los usuarios de Chat GPT, por ejemplo, tienen la sensación de que el uso de este Chatbot les resulta gratuito. No es así. Están pagando, sin saberlo, gastos ocultos, o mejor, ocultados. La realidad es que la industria de la IA es hoy un negocio insostenible y vuelve muy caro todo lo que toca. Las empresas que se pelean entre sí para ser el monopolio de la supremacía global de la IA están gastando en computación, chips y centros de datos, ingentes cantidades de dinero. Y también en energía y en recursos naturales como el agua. Lo ha denunciado la ONU en un informe de agosto pasado en el que sus científicos, con argumentos y cifras concretas, denuncian que “la IA amenaza los recursos naturales de miles de millones de personas”
En paralelo, hay una disputa por el “relato”. Los principales actores de la industria de la IA ocultan lo que dicen estos científicos de la ONU, entre otros, y mantienen en sus mensajes y su marketing explicaciones orientadas a que creas que “todo lo que hacen, es por tu bien”. Un clásico. La guerra por el relato se ha convertido en una prioridad y eso favorece que la industria publicitaria se haya vuelto omnipresente y sea hoy el negocio digital mundial más grande que ha habido nunca, a pesar o, sobre todo, porque que tiene trabajando gratis adictivamente a media humanidad en las redes sociales, donde todo usuario también actúa gratis como publicista para las plataformas. Hay tanta información circulando que para que la tuya obtenga atención y visibilidad, debe ser push (empujada) persuasivamente, o se vuelva viral. Lo cual, indirectamente está alumbrando una nueva capa de internet; un internet para no-humanos bastante distinto al que conocemos del https y el html. Emerge en él ahora una capa de la red que puede ser procesada solo por máquinas de software de Chatbots, rastreadores y agentes de IA. Eso es ya un hecho y una muestra evidente son los nuevos cambios radicales en la industria publicitaria de Internet, como ahora explicaré.
Anuncios publicitarios que solo los Chatbots y los agentes de IA pueden “ver”
El primer aviso sobre los cambios lo dio hace muy poco en su blog, el desarrollador de software independiente, desde Alemania donde vive, Vincent Schmalbach quien explicó en su blog cómo tropezó con contenido patrocinado (publicitariamente), incrustado en el código, en versiones “adelgazadas” de algunas páginas web de la revista Time pero que se muestran para que sean únicamente encontradas por rastreadores de inteligencia artificial, y que no “ven” los navegadores comunes destinados a gestionar una audiencia humana, es decir el internet que navegamos las personas a través de sus textos, imágenes y vídeos, o sea, la Web tal como la conocíamos hasta ahora. Pero ¿cómo pueden “ver” o “leer” esos rastreadores y esos Chatbot algo en una página de internet si no tienen ojos? ¿Qué clase de anuncios de publicidad son esos que no muestra imágenes ni vídeos, ni colores y en los que el atractivo de las imágenes, los vídeos o los textos no existe? Pues no lo “ven” en la pantalla sino en el código de la página. Resulta que, en los contenidos en esas páginas de internet bi-furcadas para la IA lo que cuenta son los tokens (los modelos de IA utilizan unidades denominadas tokens para representar secuencias lingüísticas de texto). Es lo decisivo para ser “visualizada” (es un decir), en este caso mejor decir “procesada” por las aplicaciones de IA.
Y ¿Por qué hablamos de versiones “rebajadas” de las páginas de internet? Pues porque gestionar tokens a la industria de la IA le resulta caro en coste económico y computacional, y en tiempo. Así que, para eliminar gastos, el contenido de los anuncios para la IA ha sido “jibarizados”, es decir aligerado de la enorme parte que sí necesitamos los humanos, textos, fotos, colores, vídeos, etc. para comprender el contenido. Las aplicaciones de la IA no son capaces de interpretar las imágenes si no es por su descripción textual deconstruida en forma de tokens. (Prueba a copiar y pegar el contenido como texto de cualquier fragmento de página web y verás como toda imagen de la página es acompañada por una descripción textual. Son miles de millones de descripciones que han sido realizadas, en un trabajo de años, encargado por la industria de la IA, a millones de personas de países de Asia o del sudeste asiático ínfimamente pagadas–. ¿Es una redundancia? No. Son millones de descripciones destinadas a que las procesen las máquinas de IA en el Internet destinado a ellas).
Para minimizar el procesado de tokens, se usa el método de replicar las páginas que consultamos los usuarios humanos hasta una versión mínima en formato Markdown, un formato simplificado que los sistemas y agentes de IA pueden procesar de forma más eficiente. Entregar contenido a los agentes de IA en HTML es ineficiente porque incluye una gran información sobre diseño, estilo y navegación pensada para humanos y navegadores. Markdown elimina esta información, proporcionando a los agentes y rastreadores de IA directamente el contenido y los metadatos, no el diseño de la página. Resulta paradójico que ahora en tiempos de la IA se use para su procesado por las máquinas de IA el lenguaje “marcado ligero” Markdown, que fue creado originalmente en 2004 por John Gruber y completado en la sintaxis por Aaron Swartz (un extraordinario hacker de infausta memoria). Fue hace 22 años, en un momento en que no existían las redes sociales ni había el menor rastro de Chatbots ni de la IA generativa. Lo que sucede ahora con Markdown y la IA me parece una especie de justicia poética que refrenda el genio como programador de Aaron, que lo fue hasta que nos dejó por suicidio en 2013, a los 27 años, tras estar involucrado en el desarrollo del formato de fuente web RSS, el formato de publicación Markdown, la arquitectura de formatos de las licencias Creative Commons y formar parte del Centro de Ética de la Universidad de Harvard. Su legado a la comunidad del Internet abierto, es inmenso.
¿Por qué Markdown? Una economía de tokens
¿Pero por qué utilizar técnicamente para adelgazar las páginas de internet precisamente el citado formato y lenguaje Markdown? Por razones económicas y por la extraordinaria eficiencia de su código. Resulta que lo esencial aquí es que la de la IA, hoy por hoy, es una economía de tokens, unas unidades o fragmentos de palabras que resultan muy caras de procesar para la monstruosa cibernética algorítmica que hay detrás, así que no hay más remedio que tratar el conjunto de datos y el código de software de las páginas reduciéndolo al mínimo que necesiten funcionalmente las máquinas de IA.
La razón es que la IA actual es incapaz, a pesar de toda la computación de los grandes data center que tiene detrás, de procesar los enormes archivos de código de la Web que tiene miles de millones de páginas. Tanto los Modelos de Lenguaje Grande (LLM), como los Chatbots o los Agentes de IA no “ven” una página web como nosotros. Procesan solo tokens para leer. Cada etiqueta innecesaria tipo <div>, <span> o <script> en tu HTML es un token que la plataforma del Modelo debe pagar y, lo que es más importante, al que debe prestar “atención” en la ventana de contexto del software que actúa como la memoria de trabajo del Modelo de IA. Cada token de entrada consume espacio en esa ventana. Cuando gran parte de ese espacio se llena con código HTML repetitivo en lugar de contenido significativo, el modelo tiene menos margen para centrarse en la información decisiva para la IA, en lo realmente importante para lo que interesa. Si esto no se resuelve, aumentan los costos computacionales, se reduce la eficiencia de recuperación y puede degradar la calidad del resultado final.
El sofisticado y complejo lenguaje y formato Markdown, es muy sencillo y limpio en sus resultados, una proeza del software. Resuelve este problema, eliminando la presentación y conservando únicamente la estructura semántica. Es un lenguaje de software, a la vez, legible para humanos y procesable por las máquinas de IA. Además, es muy ligero porque reduce drásticamente la carga de tokens. Por ejemplo, es capaz de convertir el código de una página HTML de 200 KB en, aproximadamente, en un archivo Markdown de solo 10 KB, –e reduce más de dos órdenes de magnitud‑, garantizando que el modelo de IA se centre en el contenido esencial en lugar del menú de navegación. Como lo que entrega Markdown es más mucho más ligero y, por tanto, más rápido de procesar, cada página web bifurcada destinada a la IA consume menos presupuesto de rastreo, lo que permite a los sistemas de IA rastrear y procesar más páginas de la página web que ha sido dotada de la bifurcación entre html y Markdown para que la página aligerada sea captada por los LLM, los agentes de IA y, sobre todo, por los Chatbots de IA, tipo Chat GPT.
Para estas ‘máquinas’, como se llaman en la jerga de la IA, gracias a esta transformación, el cambio reduce el tamaño de archivo de las páginas en un 95%. Y así, hacen un menor uso de tokens, con más espacio disponible en la ventana de contexto y menores costes de inferencia de la IA de que se trate. Por comparar, en lugar de extraer y procesar el código de páginas HTML extensas, ‑algo que podría tardar desde unos segundos hasta más de un minuto‑, los sistemas de IA pueden obtener el mismo contenido estructurado equivalente en solo 0,25 segundos. El tiempo y la latencia en esto es un factor esencial. Lo cual, obviamente, reduce el procesado de la IA, procesado que, aunque el usuario no lo sepa, sigue siendo carísimo para las empresas y plataformas que ofrecen el servicio de los Chatbot, los LLM o los agentes de IA.
La naturaleza de la audiencia de Internet está cambiando, y también los anuncios
Entrando en el ejemplo más pionero… ¿Por qué la prestigiosa revista Time está reconstruyendo y utilizando TollBit, una plataforma para editores y empresas de IA, para convertir páginas web HTML a Markdown? Pues lo hace porque la audiencia de sus páginas web y la de los anuncios ha cambiado como he dicho antes. Eso está causando una revolución que ha empezado a ocurrir en la visión sobre internet de los grandes medios. Tras los más pioneros, como Time o The Economist, otros importantes medios de comunicación internacionales ya están experimentando con versiones paralelas reducidas de sus sitios web, pero legibles por agentes de IA, dotadas también de controles más estrictos sobre qué bots pueden rastrearlos y, en algunos casos, con estándares web completamente nuevos. Otro caso muy significativo es el de Arc XP, la plataforma editorial de The Washington Post, que facilita a los editores la conversión del tráfico generado por bots de IA en una fuente de ingresos gracias a una nueva integración con TollBit que les permite bloquear a determinados rastreadores web y monetizar su acceso, que finalmente es el objetivo esencial.
Una consecuencia negativa para la innovación es la brecha que esto está creando entre grandes y pequeños del negocio editorial (los pequeños suelen ser siempre los más innovadores). Varios grandes editores han firmado acuerdos de licencia de contenido de IA con empresas tecnológicas, pero muchos editores medianos y pequeños carecen de la infraestructura, el poder de negociación y los recursos necesarios para hacerlo. Esto quizá genera una nueva brecha de audiencias causada por la proliferación de los rastreadores y agentes de IA en Internet. Y quizá entre empresas, y las tasas de visualización de sus marcas y productos en la red.
Según informa Digiday, en el caso de The Economist, el medio está experimentando una variante con versiones legibles por agentes de IA cuyo contenido que ya está disponible fuera de su muro de pago. Pero, a diferencia de la iniciativa generalista de Time que he explicado, de crear versiones en formato Markdown de todo el contenido de su sitio web, The Economist está comenzando con una selección más reducida: textos de marketing y material de ventas B2B (comercio entre empresas). Como un medio cuya economía está basada sobre todo en suscripciones, debe sopesar las ventajas de exponer su contenido a agentes de IA frente al riesgo de mermar el valor de su oferta de pago. Hay una tercera vía, –según informa Sara Guaglione en Digiday–, en experimentación, por parte de otras grandes editoriales ligadas a gigantes como Google y Microsoft, siempre con vocación monopolística. En este caso, están experimentando con el Protocolo de Contexto de Modelo Web (WebMCP), un estándar web propio desarrollado conjuntamente por Google y Microsoft. El Protocolo WebMCP está diseñado para permitir que los sitios web compartan datos estructurados directamente con agentes de IA, en lugar de que estos sean extraídos o accedan a través de enlaces externos; que es un estándar web ligeramente diferente al MCP original de Anthropic, según explica una publicación en el blog de Google.
Teniendo en cuenta que esto es casi una multi experimentación paralela con varios frentes y con prueba y error, algo que está ocurriendo ahora mismo, un ejecutivo anónimo de la iniciativa ha señalado off-the record que se intenta que WebMCP no solo ayude a mejorar la visibilidad y la tasa de citas del editor en las herramientas de búsqueda de IA, sino que también pueda reducir los costos asociados con el tráfico de bots al hacer que atender esas solicitudes sea más económico y eficiente.
Para comparar, a su vez, el funcionamiento de este protocolo con el uso humano de la web, sus ventajas se describen así en la información de Digiday: “Google lo propone como una capa de agentes de IA completa. Estamos analizando cómo podemos crear esa capa. Existen algunas ventajas en cuanto a costos. Cuando los bots acceden a un sitio web humano, hay un costo asociado con el servicio de esas páginas, por lo que si facilitamos y agilizamos el acceso [a los bots], el costo es ventajoso para nosotros. Además ‑continua‑, existen beneficios internos al crear versiones de páginas web para agentes de IA. En resumen, estandarizar el proceso directo de conexión de los datos de las páginas web con los sistemas de IA significa que las propias herramientas de IA del editor pueden acceder a su contenido de manera más eficiente, lo que podría mejorar sus productos de IA internos y externos,”. Naturalmente estos experimentos, que están dando sus primeros resultados se están extendiendo entre los grandes medios también europeos, como el prestigioso diario francés Le Monde está que está experimentando en su página web con un método en que muestra el contenido a los agentes de IA y es capaz de detectar si estos actúan en nombre de suscriptores de pago.
Cuál es la razón de todos estos cambios tecnológicos. Conclusión
Sin embargo, aunque cada vez más editores implementan discretamente feeds optimizados para agentes de IA, páginas simplificadas y esquemas personalizados, no todos están convencidos de que deban apresurarse a rediseñar la web para los bots. Y el debate sigue en todo lo alto. Por ejemplo, el consultor independiente para editores Scott Messer, director de Messer Media, argumenta que diseñar contenido para agentes de IA debería ser una decisión cuidadosamente meditada, no la opción por defecto. Su razonamiento es que el tráfico no es la recompensa principal en un entorno de agentes de IA; si no hay clics, impresiones de anuncios, ni comprobaciones, el desarrollo podría resultar un mero gasto sin más. La razón de todos estos cambios es mejorar la rentabilidad del negocio. Es mejorar audiencias y no perderlas pese a los veloces cambios del mercado.
Messer rechaza la idea de que obligatoriamente los editores deban optimizar para agentes de IA sus páginas simplemente para evitar “desaparecer” de las respuestas generadas por IA. Podría no ser lo más rentable a largo plazo. En su opinión, solo se expone el contenido a los agentes de IA si se cree genuinamente que existe un valor a largo plazo en ser descubierto y citado en esos sistemas.
“Si crees que es valioso ser descubierto por estos bots y agentes de IA, entonces deberías crearlos. Si no lo crees, te pregunto: ¿por qué los crearías?”, ‑afirma–. Además, hay otro factor. La respuesta será diferente para un medio de noticias con acceso restringido que, por ejemplo, para una editorial de estilo de vida de gran tamaño financiada por publicidad. Hay una gran controversia todavía entre distintos especialistas. “Existe un debate filosófico sobre si la de un agente de software de IA o un rastreador de IA se deben considerar como una “visita” válida a una página web; y si, por tanto, las métricas de tráfico son válidas y cualificadas según los criterios del MRC (Consejo de Calificación de Medios), por ejemplo, ¿lo vio una persona? ¿Puede un bot ser influenciado por la publicidad? No lo sé, ‑dice Messer–, probablemente no”.
Incluso hablar de “influenciar” o seducir a un artefacto de software, ‑términos usados generalmente para describir objetivos típicos de las campañas publicitarias destinadas a audiencias humanas–, es arriesgado. Los artefactos de IA que suele estar programado para conseguir objetivos con “recompensas” muy sui generis. Así que describir cómo influenciar o seducir a las “máquinas” de IA también es arriesgado. Pero ¿qué recompensas serían eficaces de verdad para seducir a una máquina? Solo podemos hablar así de la IA antropomorfizando al máximo el lenguaje. Demasiados riesgos para un negocio publicitario que ya está de los nervios, por lo que hay en juego. El mejor consejo es estar muy muy atentos, e ir paso a paso.
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