Sus seis varie­da­des de chee­se­ca­ke están ela­bo­ra­das con ingre­dien­tes de máxi­ma cali­dad, inclu­yen­do pro­duc­tos con Deno­mi­na­ción de Ori­gen Pro­te­gi­da (DOP).

 

La pro­pues­ta de Kéik Chee­se­ca­ke, pro­yec­to de los her­ma­nos Tena, quie­nes comen­za­ron pre­pa­ran­do tar­tas de que­so para cum­plea­ños fami­lia­res, ha supe­ra­do las 30.000 uni­da­des ven­di­das entre mayo de 2025 y mayo de 2026. Un dato que se tra­du­ce en más de 17.000 clien­tes, cifra récord para un pro­yec­to tan joven.

Un pun­to de infle­xión en su cre­ci­mien­to fue, hace ape­nas un año, la aper­tu­ra de su pri­me­ra bou­ti­que en el cen­tro de Valen­cia (Gra­ba­dor Este­ve, 31). En ella, se dis­pen­san una media de 50 tar­tas al día, con has­ta seis espe­cia­li­da­des fijas. La ofer­ta se com­ple­ta con edi­cio­nes limi­ta­das y lan­za­mien­tos espe­cia­les, que mes a mes ele­van las posi­bi­li­da­des del pro­duc­to. Ade­más, más allá de la cali­dad de la rece­ta, la mar­ca ins­pi­ra un rela­to basa­do en el lujo acce­si­ble: des­de el dise­ño de sus cajas has­ta la expe­rien­cia de com­pra, todo está con­ce­bi­do para con­ver­tir la tar­ta en obje­to de deseo, casi una obra de arte, pen­sa­da tan­to para el dis­fru­te per­so­nal como para rega­lar en oca­sio­nes espe­cia­les.

Si nos aden­tra­mos en el obra­dor, José Tena es el que con­tro­la las varia­bles: tem­pe­ra­tu­ra, hume­dad, tiem­pos y pro­por­cio­nes. Todo está medi­do para garan­ti­zar una tex­tu­ra reco­no­ci­ble y dife­ren­cial: el resul­ta­do es una tar­ta de que­so defi­ni­da por su cre­mo­si­dad sedo­sa, fina y ele­gan­te. La base de galle­ta es uno de los ele­men­tos cla­ve, ela­bo­ra­da ínte­gra­men­te de for­ma arte­sa­nal. La masa se tra­ba­ja des­de cero, se hor­nea y se ajus­ta has­ta lograr una tex­tu­ra y sabor pro­pios. A ello se suma la selec­ción de ingre­dien­tes de máxi­ma cali­dad, inclu­yen­do pro­duc­tos con deno­mi­na­ción de ori­gen pro­te­gida (DOP), lo que garan­ti­za un resul­ta­do úni­co y gour­met.

En este sen­ti­do, cabe des­ta­car que Kéik no es una tar­ta de con­su­mo rápi­do y fácil en la calle: aquí se cui­da al deta­lle cada paso del pro­ce­so de ela­bo­ra­ción. Así lo hacían en los ini­cios en el domi­ci­lio par­ti­cu­lar, y así con­ti­núan hacién­do­lo en el actual obra­dor de Pater­na. Si bien se pue­de dis­fru­tar de ella en for­ma­to take away, con­vie­ne hacer­lo con la cal­ma y cari­ño que se pone en la elec­ción de ingre­dien­tes y en el pos­te­rior hor­nea­do.

En cuan­to al pro­ce­so de ven­ta, Kéik Chee­se­ca­ke ha dise­ña­do un mode­lo sen­ci­llo y fle­xi­ble, adap­ta­do a las nece­si­da­des del con­su­mi­dor actual. Sus tar­tas pue­den adqui­rir­se a tra­vés de su pla­ta­for­ma onli­ne, con opcio­nes de entre­ga a domi­ci­lio o reco­gi­da en sus pun­tos de ven­ta (en Valen­cia, Gra­ba­dor Este­ve 31; en Cas­te­llón, Mer­cat Cen­tral, Plaça Major). La tar­ta está dis­po­ni­ble en dis­tin­tos for­ma­tos: des­de por­cio­nes indi­vi­dua­les, has­ta for­ma­to peque­ño y tar­tas com­ple­tas para cele­bra­cio­nes. De este modo, la mar­ca bus­ca acom­pa­ñar tan­to momen­tos coti­dia­nos como oca­sio­nes espe­cia­les, siem­pre bajo una mis­ma pre­mi­sa: con­ver­tir cada degus­ta­ción en una expe­rien­cia memo­ra­ble.

El rela­to fami­liar: de coci­nar en cum­plea­ños a ven­der miles de tar­tas

Detrás de Kéik están Ale­jan­dro y José Tena, dos her­ma­nos de Cas­te­lló que no com­par­ten pro­fe­sión, pero sí nego­cio pro­fe­sio­nal. José Tena es chef eje­cu­ti­vo y, Ale­jan­dro, abo­ga­do. Mien­tras José per­fec­cio­na­ba su rece­ta en encuen­tros en fami­lia, Ale­jan­dro desa­rro­lla­ba su carre­ra, que final­men­te aca­ba­ría aban­do­nan­do para cen­trar­se en el obra­dor. “Algún día esto ten­drá que ver la luz” era la fra­se más repe­ti­da en las reunio­nes fami­lia­res. Y así fue como el pro­yec­to comen­zó a tomar for­ma en sep­tiem­bre de 2024, con un mode­lo ini­cial sen­ci­llo: ven­ta direc­ta a tra­vés de Ins­ta­gram y repar­to a domi­ci­lio. “La res­pues­ta fue inme­dia­ta. Tan­to entre sema­na como los fines de sema­na, el volu­men de pedi­dos no dejó de cre­cer, impul­sa­do por el boca a boca y la con­fian­za de los pri­me­ros clien­tes. Yo mis­mo hacía todo jun­to a mi her­mano. Él coci­na­ba y yo las repar­tía”, reme­mo­ra Ale­jan­dro.

En noviem­bre de 2024, Kéik daba un paso ade­lan­te con la aper­tu­ra de un pues­to en el Mer­ca­do Cen­tral de Cas­te­llón, faci­li­tan­do la reco­gi­da de pedi­dos. Ade­más, tam­bién empe­za­ron a ofre­cer sus tar­tas en Valen­cia a tra­vés de una cola­bo­ra­ción con una cafe­te­ría. El cre­ci­mien­to se con­so­li­dó en mayo de 2025, con la aper­tu­ra de su pri­me­ra bou­ti­que pro­pia en la calle Gra­ba­dor Este­ve, en el cen­tro de Valen­cia. Y así, la mar­ca alcan­za­ba uno de sus hitos más sig­ni­fi­ca­ti­vos: duran­te las fies­tas de la Mag­da­le­na del año pasa­do, Kéik ven­dió más de 5.000 por­cio­nes, con­fir­man­do su capa­ci­dad de pro­duc­ción y su popu­la­ri­dad con el públi­co cas­te­llo­nen­se, ori­gen de todo. Pre­ci­sa­men­te, en Cas­te­llón, la empre­sa ya pre­pa­ra la aper­tu­ra de una segun­da bou­ti­que, pre­vis­ta para mayo.

Hace ape­nas unas sema­nas, en mar­zo de 2026, Kéik abrió su pro­pio obra­dor en Pater­na, equi­pa­do con tec­no­lo­gía y capa­ci­dad amplia­da, que per­mi­te esca­lar la pro­duc­ción sin renun­ciar a la cali­dad. Actual­men­te, el equi­po está for­ma­do por ocho per­so­nas, tres de ellas dedi­ca­das exclu­si­va­men­te al obra­dor, don­de se cui­da cada deta­lle del pro­ce­so.

Sabo­res para todos los pala­da­res

Kéik rein­ven­ta la tar­ta de que­so con una pro­pues­ta arte­sa­nal cen­tra­da en la cre­mo­si­dad extre­ma y el uso de ingre­dien­tes pre­mium. Su car­ta reúne sabo­res que van de la ver­sión Clá­si­ca a com­bi­na­cio­nes como Pis­ta­cho 100%, Cho­co­la­te Bel­ga 55% o Lotus, ade­más de opcio­nes más inten­sas para aman­tes del que­so. Tam­bién hay lan­za­mien­tos exclu­si­vos y limi­ta­dos de sabo­res espe­cia­les para sor­pren­der a los clien­tes con nue­vas expe­rien­cias de lujo gas­tro­nó­mi­co. Entre sus varie­da­des des­ta­can pro­pues­tas como:

  • La Clá­si­ca: rece­ta ori­gi­nal con la que Kéik puso la pri­me­ra pie­dra del pro­yec­to y que repre­sen­ta la per­fec­ción hecha tar­ta. Tar­ta muy cre­mo­sa de prin­ci­pio a fin con una cober­tu­ra dora­da que des­ta­ca entre todas las demás.
  • Que­so Idia­za­bal DOP: una oda al sabor más autén­ti­co del nor­te. El inten­so carác­ter ahu­ma­do del que­so Idia­zá­bal con Deno­mi­na­ción de Ori­gen se fun­de con la cre­ma de que­so arte­sa­nal para dar vida a una tar­ta pro­fun­da, equi­li­bra­da y sor­pren­den­te­men­te cre­mo­sa. Un home­na­je a la tra­di­ción vas­ca.
  • Aman­tes del Que­so: para los ver­da­de­ros apa­sio­na­dos de este ingre­dien­te. Sabor pro­fun­do y carac­te­rís­ti­co, con toque de Gor­gon­zo­la DOP para mayor inten­si­dad.
  • Pis­ta­cho: nada de fal­sas pro­me­sas, hecha con pas­ta pura 100% pis­ta­cho, una com­bi­na­ción sofis­ti­ca­da para los pala­da­res más exi­gen­tes.
  • Cho­co­la­te Bel­ga: el equi­li­brio per­fec­to entre la cre­mo­si­dad del que­so y la cali­dad pre­mium de un cho­co­la­te bel­ga 55% cacao, el capri­cho per­fec­to.
  • Lotus: Dife­ren­tes tex­tu­ras. Úni­ca entre todas las demás con un inte­rior cre­mo­so de Lotus, un espol­vo­rea­do alre­de­dor y coro­na­da con una cober­tu­ra cru­jien­te de galle­ta. Una explo­sión total de sabor.

Con la mis­ma ilu­sión con la que comen­zó su anda­du­ra, Kéik Chee­se­ca­ke aspi­ra a con­so­li­dar­se como un refe­ren­te en el ámbi­to gas­tro­nó­mi­co, posi­cio­nan­do la tar­ta de que­so en un nue­vo nivel de sofis­ti­ca­ción. Su obje­ti­vo: que cada clien­te des­cu­bra, en cada boca­do, la pasión, el cui­da­do y la his­to­ria que hay detrás de cada una de sus crea­cio­nes.

Un museo efí­me­ro, don­de la tar­ta es obje­to de subas­ta

En cohe­ren­cia con su uni­ver­so esté­ti­co, Kéik ha dado un paso más allá. La sema­na pasa­da, la mar­ca cele­bra­ba una pro­pues­ta iné­di­ta para un gru­po pri­va­do de invi­ta­dos: se tra­ta del pri­mer museo efí­me­ro de chee­se­ca­kes. Den­tro de un espa­cio efí­me­ro, la fir­ma des­ple­gó todo su ima­gi­na­rio, a fin de sumer­gir a los clien­tes en una ins­ta­la­ción sen­so­rial, don­de gas­tro­no­mía y arte con­tem­po­rá­neo se daban la mano en un for­ma­to inmer­si­vo y cui­da­do­sa­men­te coreo­gra­fia­do. Pin­tu­ra en direc­to, pro­yec­cio­nes audio­vi­sua­les y catas a cie­gas com­ple­ta­ron la expe­rien­cia.

A su lle­ga­da, los invi­ta­dos fue­ron guia­dos por una voz en off que mar­có el rit­mo de la expe­rien­cia. El clí­max se pro­du­jo alre­de­dor de una mesa cen­tral, espe­cial­men­te deco­ra­da para la oca­sión, don­de ade­más se vivió un giro ines­pe­ra­do: una subas­ta sim­bó­li­ca. Con­ver­ti­dos en mar­chan­tes de arte por unos minu­tos, los invi­ta­dos puja­ron por su Kéik favo­ri­ta median­te pale­tas, y tam­bién se la lle­va­ron a casa. Las pie­zas —limi­ta­das a las varie­da­des expues­tas— se entre­ga­ron como gif­ting, refor­zan­do el carác­ter exclu­si­vo del even­to, ase­gu­ran­do que la expe­rien­cia tras­cien­da el espa­cio y con­ti­núe más allá del even­to.

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