Por R.Ballester Añón

 

Se ha trans­mi­ti­do una colec­ción de ele­gias de Teog­nis de Mega­ra que com­pren­de 1. 389 ver­sos, si bien se igno­ra la exten­sión exac­ta de su obra. Es opi­nión acep­ta­da por los exper­tos que muchos de estos ver­sos son adi­cio­nes de dis­tin­ta pro­ce­den­cia. Es difí­cil deli­mi­tar los  poe­mas de Teog­nis de aque­llos que se le atri­bu­yen. Hay tam­bién una  con­tro­ver­sia acer­ca de la per­so­na­li­dad y bio­gra­fía del poe­ta, que inau­gu­ró en 1826 el ilus­tre hele­nis­ta ale­mán por E.T. Welc­ker.

Lo úni­co  en lo que al pare­cer hay con­sen­so entre los eru­di­tos, es que la obra de Teog­nis ha que  situar­la entre los siglos VI y  V  a.C. El cariz sen­ten­cio­so, afo­rís­ti­co de bue­na par­te de la poe­sía de Teog­nis pro­pi­cia que pue­da alber­gar ver­sos aje­nos e imi­ta­cio­nes. Teog­nis debe ser con­si­de­ra­do como el aris­tó­cra­ta en pug­na con las nue­vas corrien­tes demo­crá­ti­cas que triun­fan en la Gre­cia anti­gua. Encar­na  el decli­ve  de ese  uni­ver­so, que en sus com­po­si­cio­nes tra­ta de pre­ser­var.

Bue­na par­te de poe­mas están diri­gi­dos sobre todo a Cirno, el joven ama­do  por Teog­nis al que  quie­re ins­truir con­for­me a la tra­di­ción aris­to­crá­ti­ca.

Con­sig­ne­mos algu­nos de sus ver­sos.

Un admi­ra­ble símil for­ma­ti­vo:

“Sem­bran­do en la lla­nu­ra del mar cano­sa obten­drás los mis­mos bene­fi­cios que hacien­do bien a un mal­va­do”.

Enco­mio del azar y el  poder de las dei­da­des:

“Nadie, Cirno, es cul­pa­ble de su rui­na o de su pros­pe­ri­dad, sino que los dio­ses son dis­pen­sa­do­res de ambas cosas(…) Los hom­bres pla­nea­mos en vano pues no sabe­mos nada: mien­tras que los dio­ses con­clu­yen todo según su volun­tad”.

Y en el mis­mo orden de ideas:

“la  divi­ni­dad otor­ga bie­nes tam­bién a un hom­bre per­ver­so, Cirno, pero el lote de la vir­tud sólo corres­pon­de a unos pocos hom­bres”.

Otro her­mo­so símil para­dó­ji­co:

“Infér­til lla­nu­ra del mar en peces rica”

Un ejem­plo carac­te­rís­ti­co del  ver­so gnó­mi­co de Teog­nis:

“lo más her­mo­so es la jus­ti­cia; lo más ven­ta­jo­so tener salud; lo más dul­ce, obte­ner lo que se desea”

Un con­se­jo moral:

“Nin­gún teso­ro deja­rás a tus hijos, Cirno, mejor que el res­pe­to, que acom­pa­ña a los hom­bres de bien”.

Acer­ca de las sus­tan­cias espi­ri­tuo­sas:

“En el fue­go reco­no­cen el oro y la pla­ta los peri­tos, mas el vino demues­tra el carác­ter de un hom­bre, has­ta el pun­to que pue­de aver­gon­zar al que antes era sabio”.

Una con­cep­ción trá­gi­ca que tan­to admi­ra­ba Nietz­sche:

“De todas las cosas la mejor para los huma­nos es no haber naci­do ni lle­gar a ver los rayos del ardien­te sol, y una vez naci­do, cru­zar cuan­to antes las puer­tas del Hades y yacer tum­ba­do dajo un mon­tón de tie­rra”.

Sobre los efec­tos para­dó­ji­cos del poe­ma y la músi­ca:

“Venid aquí con un aule­tis­ta. Beba­mos rien­do jun­to al que llo­ra, ale­grán­do­nos de sus penas”.

Y, para con­cluir, su ala­ban­za de la ente­re­za heroi­ca:

“Esta es la exce­len­cia: que un hom­bre per­ma­nez­ca ergui­do en pri­me­ra línea de bata­lla”

 

 


Títu­lo: Ele­gías (210 pági­nas)

Autor: Teog­nis de Méga­ra

Tra­duc­tor: Este­ban Cal­de­rón Dor­da

Edi­to­rial: Cáte­dra

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