Desde el sillón de mi casa… en Mislata

por Rafa Marí


3 de junio de 2022.

Los centenarios de famosos actores y directores son un oportuno motivo para rememorar algunas historias entrecruzadas del cine. Comentábamos en la anterior entrada de este diario el centenario de Christopher Lee, el más aterrador conde Drácula de la historia. Estos días conmemoramos también el centenario de Juan Antonio Bardem (Madrid, 2 de julio de 1922 – Madrid, 30 de octubre de 2002). Cátedra ha reeditado la autobiografía de Bardem, sumándose de esa forma a los actos en su homenaje. El libro se publicó, en su primera edición, a principios de 2002, ocho meses antes de la muerte de Bardem. Esta obra memorialística tiene un título enrevesado y algo absurdo (Juan Antonio Bardem. Y todavía sigue, con un subtítulo más sobrio y claro: Memorias de un hombre de cine).

Más que una reedición podríamos hablar de un nuevo libro, enriquecido ahora con un preciso, excelente y extenso prólogo (45 páginas) de Carlos F. Heredero, historiador de cine y director de la revista Caimán, con 108 notas a pie de página (en la primera edición no había ninguna) y la corrección de los no escasos errores (fechas, nombres) y faltas ortográficas y sintácticas de la primera edición. Un buen trabajo de Cátedra que recupera el texto original debidamente revisado y con la mayor limpieza posible.

Juan Antonio Bardem y Luis García Berlanga con María Aguado y María Jesús Manrique en 1956. Foto: Filmoteca Española

Ahora ya no hay polémicas en torno a la valoración de la filmografía de Bardem. Marxistas, liberales, socialdemócratas, anarquistas y conservadores coinciden, salvo aisladas matizaciones, a la hora de elegir sus trabajos más estimados (Esa pareja feliz, 1951, codirigida con Luis García Berlanga), su participación en el guion de Bienvenido, Mister Marshall (Berlanga, 1953), Cómicos (1954), Muerte de un ciclista (1955), Calle Mayor (1956, para la gran mayoría, incluído Heredero, su obra maestra), Nunca pasa nada (1963) y el escalofriante episodio Jarabo (1985) perteneciente a la serie televisiva La huella del crimen.

Coincidimos asimismo los cinéfilos a la hora de referirnos a sus malas películas (Los pianos mecánicos, 1965; El último día de la guerra, 1969; Varietés, 1970; La isla misteriosa, 1972; La corrupción de Chris Miller, 1972, y El poder del deseo, 1975), seis proyectos acomodaticios asumidos en una época laboral y políticamente muy dura, aunque resueltos con profesionalidad y, en general, aceptables resultados en taquilla. Trabajar en el cine español y rehuir el paro en los años 50-70 no fue una tarea fácil. «Yo no he claudicado», decía Bardem, «claudica quien puede elegir entre A y B y elige B, pero yo en esos años no tuve otra opción que elegir B».

La coincidencia cinéfila también se da a la hora de citar las peores películas de Bardem. Una es La advertencia (1985), extraña coproducción entre Bulgaria, la Unión Soviética y la República Democrática Alemana que narra, de modo didáctico y con un insoportable tufo estalinista, la vida de Gueorgui Dimitrov (1882-1949), secretario general de la Internacional Comunista, acusado falsamente por el terrorífico nazismo del incendio del Reichstag alemán. Fue un momento histórico dominado por los totalitarismos, un tiempo que ojalá no regrese jamás, aunque parecemos estar haciendo méritos para el resurgimiento de aquellos ciegos fanatismos. 

El otro desastroso largometraje de Bardem es Resultado final (1997), empanada fílmica absoluta, cinematográficamente inane, comercialmente alienígena  e ideológicamente rabiosa. Un pedrusco lanzado desde territorio con suelo de cristal. Dice Heredero: «El divorcio entre el cine de Bardem, la crítica, la industria y la mayor parte del establishment cultural del momento es ya total. No habrá vuelta atrás. Y tampoco más oportunidades».

No sé si soy demasiado duro con Bardem utilizando palabras y expresiones como ‘empanada, inane, rabiosa, suelo de cristal’. Quizá sí. Pero más duro aún es Antonio Santamarina en su reseña (Caimán, mes de junio) de estas memorias de Bardem: «De su lectura se desprende la alta estima que Bardem tiene de sí mismo (…), no solo señala a los conspicuos franquistas y falangistas que dirigían con mano de hierro el cine español, sino también a sus antiguos camaradas (calificados de traidores), que se pasaron con armas y barcos al PSOE, del que ofrece una imagen muy crítica. En ese grupo de traidores ocupa un lugar destacado su archienemigo Ricardo Muñoz Suay (ayudante de dirección y fundador de la Filmoteca de la Generalitat Valenciana), al que dedica los comentarios más furibundos del texto (…) Bardem reparte estopa a diestro y siniestro y tan pronto llama machista de tomo y lomo a Buñuel (sin mirarse en el espejo a sí mismo), como ataca sin piedad en la página 249 a François Truffaut, los hispanistas franceses y los críticos cinematográficos (…) En Bardem hay una preocupación constante por enumerar los premios que recibió a lo largo de su carrera». Respecto a la  referencia que hace Bardem de Truffaut («mi encarnizado enemigo», le llamaba), es de justicia recordar que el cineasta francés había escrito en Cahiers du Cinema, de manera lapidaria y brutal, a propósito de la fallida y acartonada Sonatas (Bardem, 1959), coproducción con México y protagonizada por Francisco Rabal. María Félix, Aurora Bautista y Fernando Rey: «Bardem est mort». Bardem era para Truffaut una esperanza muerta. Un cadáver cultural.

Por cierto, en 21 cineastas españoles (Cátedra, 2022), el último libro de Augusto M. Torres, se cita en varias ocasiones a Ricardo Muñoz Suay (1917-1997). La primera aparición de Ricardo es majestuosa. Cuenta Augusto M. Torres que le propuso hacerle una entrevista. Muñoz Suay preguntó por la extensión que tendría dicha entrevista. «Diez o doce folios», informó Augusto. «Muy poco para la de gente con quien tengo que meterme», concluyó Muñoz Suay.

Fui amigo de Ricardo y aprendí mucho de su iluminadora y vitriólica inteligencia. Lo añoro. 

Berlanga con Ricardo Muñoz Suay y Nino Manfredi


DESDE EL SILLÓN DE MI CASA… EN MISLATA

«Que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde”
Jaime Gil de Biedma

DESDE EL SILLÓN DE MI CASA… EN MISLATA (antes llamada DIARIO DE UN CINÉFILO), es una sección dedicada al mundo de las Series de TV, a todos sus aspectos cinéfilos pero también a sus derivaciones sociológicas y relativas a la vida cotidiana de las personas. La construcción de roles, las relaciones familiares, la actualidad, la comedia y el drama, la épica histórica, dragones y mazmorras… Todo cabe en el mundo de las series, y cualquier perspectiva del mundo puede ser vista desde la óptica de un cinéfilo, de un seriófilo inteligente y perspicaz. La sección está personalizada en Rafa Marí, uno de los últimos grandes cinéfilos españoles. La periodicidad es aleatoria, y la longitud de cada entrada, también. Puede ser tanto muy corta: un aforismo, como un extenso miniensayo, o entrevista, o diálogo interior.

Pese a ser un periodista tardío, Rafa Marí (Valencia, 1945) ha tenido tiempo para trabajar en muchos medios de comunicación: Cartelera Turia, Cal Dir, Valencia Semanal, cartelera Qué y Donde, Noticias al día, Papers de la Conselleria de Cultura, Levante-EMV, El Hype… Siempre en las páginas de cultura. En 1984 fichó por Las Provincias, diario donde actualmente es columnista y crítico de arte.

Valencia City

El pulso de la ciudad

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