El dramaturgo Rogert Bernat fusila sus principios escénicos en el Teatre El Musical con una oda al poder de las emociones

Roger Bernat (Barcelona, 1968) iba para arquitecto hasta que un buen día el teatro se cruzó en su camino. Graduado con Premio Extraordinario en Dirección y Dramaturgia, en 2008 comienza a crear espectáculos en los que el público es el gran protagonista, dando lugar a montajes tan reconocidos como DominiPúblic, Pendiente de voto We Need to Talk. Consolidado como uno de los creadores más singulares de la escena contemporánea, y con una personalidad artística perfectamente definida, Bernat jamás imaginó que acabaría levantando una obra a partir de todo aquello de lo que siempre renegó.  

Todo comenzó cuando dos alumnas de interpretación le acusaron de hacer un teatro demasiado conceptual, frío y sin emociones, donde el protagonismo de los espectadores eclipsaba incluso a los propios intérpretes. Decidido a recoger el testigo, Bernat comenzó a desarrollar el espectáculo inverso a su propia percepción: una obra donde solo habría emociones, ni historia, ni personajes, ni tan siquiera palabras. Y así surgió Flam, su creación más inclasificable, un desafío donde la risa y el llanto son llevados hasta las últimas consecuencias y que podrá verse en el Teatre El Musical de Valencia el próximo 7 de marzo a las 20:30 horas. 

De este modo, Flam sitúa a Bernat ante un espejo que le devuelve una imagen alterada y desconocida de sí mismo. Una propuesta que pone del revés no solo a su autor, sino al propio planteamiento de la dramaturgia: en lugar de buscarse las emociones mediante una historia y unos personajes, es la historia misma la que es buscada como resultado secundario de un efecto. En palabras de la compañía FFF, “Flamtoma la forma de una partitura exclamativa donde, sin ninguna justificación y sin un contexto moral que lo apruebe o lo desapruebe, unos profesionales de la emoción, actores y actrices, lloran y ríen mientras unos profesionales de la sensibilidad lloran y ríen con ellos”. 

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