Ela Vin, el pro­yec­to de la valen­cia­na Esther Vinue­sa, pre­sen­ta su
pri­mer LP Tla­zoh­ca­ma­ti el sába­do 29 de febre­ro a las 20:00 horas en el
Cen­tro Excur­sio­nis­ta. El títu­lo del dis­co pro­vie­ne de la pala­bra de ori­gen náhuatl, len­gua indí­ge­na de Méxi­co, abar­ca una mul­ti­pli­ci­dad de sig­ni­fi­ca­dos tan amplios y ricos como el aba­ni­co sono­ro que explo­ra este tra­ba­jo, que mar­ca un nue­vo camino atre­vi­do  y valien­te des­de el títu­lo has­ta el últi­mo tema, que hace un via­je vir­tual por una rela­ción amo­ro­sa a tra­vés de los diez temas orgá­ni­cos y des­nu­dos que inte­gran el LP.

“Tla­zoh­ca­ma­ti es una  expre­sión de agra­de­ci­mien­to. Podría sin­te­ti­zar­se como gra­cias pero su sig­ni­fi­ca­do es más pro­fun­do. Esta for­ma­da por dos ver­bos: mati que sería “saber” y “tla­zoa” que sig­ni­fi­ca apre­ciar, amar… Por lo que seria saber apre­ciar, saber valo­rar en el otro”, expli­ca Esther.

“En algu­na par­te leí que el sig­ni­fi­ca­do más tras­cen­den­tal sería ‘Tú y yo somos uno en el fue­go del amor del uni­ver­so’. Me resul­ta abso­lu­ta­men­te mara­vi­llo­so que una pala­bra pue­da expre­sar tan­to. Creo que al final estoy dan­do las gra­cias a las per­so­nas, a los luga­res y a todas las expe­rien­cias que la vida me brin­dó y que me sir­vie­ron de ins­pi­ra­ción para estas can­cio­nes”.

Lati­noa­mé­ri­ca: sus olo­res, sus cos­tum­bres, su espí­ri­tu, su cos­mo­vi­sión, su ima­gi­na­rio, sus mane­ras de enten­der el amor y el des­amor con todas sus aris­tas y por supues­to sus tra­di­cio­nes sono­ras envuel­ven el dis­co como una nube tan eté­rea como la foto de la por­ta­da del dis­co.

“De un tiem­po a esta par­te escu­cho mucha músi­ca lati­no­ame­ri­ca­na de dife­ren­tes épo­cas. Me conec­ta con algo que ni yo mis­ma pue­do expli­car y que tal vez tras­cien­da a mis via­jes por esos paí­ses. Reco­noz­co que los dos dis­cos de Musas de Nata­lia Lafour­ca­de me han mar­ca­do muchí­si­mo. Reco­gen la tra­di­ción y la heren­cia del can­cio­ne­ro y de la músi­ca lati­no­ame­ri­ca­na. El soni­do exqui­si­to de estos dis­cos y la emo­ción tan pura que trans­mi­ten me conec­tó per­di­da­men­te y me abrió el camino que hoy quie­ro explo­rar”, deta­lla la can­tau­to­ra.

“No estoy bus­can­do crear un dis­co con una raíz lati­no­ame­ri­ca­na. Pero es ver­dad que bus­co la cer­ca­nía a esa deli­ca­de­za y sen­si­bi­li­dad pro­fun­da que te lle­ga, te mar­ca y de algún modo te frac­tu­ra. Con­se­guir eso a nivel artís­ti­co me pare­ce muy difí­cil a la par que fun­da­men­tal”.

El aco­r­­deón- ins­tru­men­to que ha mar­ca­do la vida y carre­ra de Ela Vin des­de su infa­n­­cia- tie­ne un pro­ta­go­nis­mo tan inten­so como lo ha teni­do en toda su tra­yec­to­ria y se aso­ma a lo lar­go de este LP, impreg­na­do del mes­ti­za­je entre Espa­ña y Lati­noa­mé­ri­ca, con letras tan lle­nas de sau­da­de y sua­ve melan­co­lía, que se leen como una car­ta de des­pe­di­da que cru­za océa­nos.  

“Es un ins­tru­men­to com­ple­tí­si­mo y con la sufi­cien­te per­so­na­li­dad para no nece­si­tar mucho más. Tie­ne ese toque nos­tál­gi­co de otro tiem­po, ese lamen­to en su soni­do que supon­go conec­ta con­mi­go. La gen­te sien­te una gran sim­pa­tía, siem­pre le sabe a poco y  a mí, por el con­tra­rio me da mie­do satu­rar, sien­do el ins­tru­men­to que, por otro lado más domino. Y creo que apor­ta un toque dis­tin­ti­vo y de ori­gi­na­li­dad  en todo este entra­ma­do”, expre­sa Ela Vin.

El cora­zón del dis­co es una y todas las his­to­rias de amor y des­amor. Es la melan­co­lía des­ga­rra­do­ra de una pasión no corres­pon­di­da en Dan­zan­tes; la alu­sión a un sitio que per­ma­ne­ce en la memo­ria en San Ángel, un acor­deón cobi­jan­do los inten­tos de recon­ci­lia­ción en Las Horas o el dul­ce recuer­do del ini­cio del ena­mo­ra­mien­to en Dèja Vu.

Xema Fuer­tes y Cayo Bell­ve­ser,  del estu­dio Río Bra­vo, son pie­zas fun­da­men­ta­les de la nue­va crea­ción de la valen­cia­na. Ade­más de ser los pro­duc­to­res de este mate­rial, par­ti­ci­pan como músi­cos y  apor­tan cer­te­ros arre­glos al mate­rial, con­si­guien­do que éste sea el dis­co más madu­ro y tra­ba­ja­do de la can­tau­to­ra.

El dis­co cuen­ta tam­bién con el tra­ba­jo de Txe­ma Men­di­za­bal ‑como ya vie­ne sien­do habi­tual en la for­ma­ción de Ela Vin- con el pedal Steel y con Óscar Pena al cla­ri­ne­te.

Tla­zoh­ca­ma­ti cie­rra un ciclo y mar­ca un hito que lo dis­tin­gue de las pro­duc­cio­nes ante­rio­res de la artis­ta, no solo por ser su pri­mer LP, des­pués de dos exi­to­sos EPs:  Soli­to­ria y Dan­zan­tes, tam­bién por­que repre­sen­ta una meta­mor­fo­sis res­pec­to a sus tra­ba­jos ante­rio­res.

 “Este tra­ba­jo es mucho más orgá­ni­co. Se escu­cha la res­pi­ra­ción en la voz, el cru­ji­do de la made­ra, peda­les y fue­lles de ins­tru­men­tos. Esos soni­dos no están ahí al azar. Es sig­ni­fi­ca­ti­vo por­que tam­bién for­man par­te de la inter­pre­ta­ción y se cap­ta­ron en la gra­ba­ción del dis­co de mane­ra inten­cio­na­da. Me hace sen­tir­lo vivo, cer­cano y veraz. Y eso es algo que a quien lo apre­cie, le per­mi­ti­rá conec­tar”

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