Es muy sencillo, para vivir una vida plena todo lo que necesitas es amar. Siempre es bueno tener esto en cuenta.
Hay una película de John Cassavetes titulada «Love Streams» (1984), (Corrientes de amor) que describe la fuerza de ese asunto, consustancial al homo sapiens, en la vida de las personas y cuya visión me inspira este texto. Acariciado por la refrescante brisa de los recuerdos, repaso soñador hasta que punto el amor, mis amores, han determinado lo que soy y he sido: un enamorado del amor.
No se puede vivir sin amar, como cantan los Beatles en «All you need is love». Yo lo tuve de sobra hasta el punto de que ahora caigo en la cuenta de que he sido zarandeado por mis amoríos como un velero a la deriva que jamas sopesó los inconvenientes de sobreponer las relaciones amorosas a cualquier otra cosa, el dinero, el trabajo o el triunfo profesional. No me arrepiento, al contrario, lo considero un triunfo personal que cimenta mi autoestima.
Soy un tipo solitario con muchas más amigas que amigos. Siempre he preferido la relación con las mujeres. Las considero más interesantes que los varones en todos los aspectos. Humanas y cariñosas, habilidosas y listas, pues han tenido que bregar cos la eterna marginación y menosprecio, violencia sicológica y física, sobre su sexo. Víctimas de la doctrinas religiosas mas reaccionarias, vigentes todavía en plena modernidad y muy difíciles de erradicar como lo demuestra el día a día en la que su protección se ha convertido en una tarea social y humanitaria de primer orden. Una situación que ha necesitado la intervención del Estado con escasos resultados. Una situación que mas parece de la época medieval que de la era tecnológica.
Contaré mis particulares corrientes de amor y lo haré en tercera persona, como si fuera otro el que lo vivió. Mejora la perspectiva. Es la historia de un personaje que se casó muy joven en los años 70 con tal precipitación que a los pocos años ya se había enamorado de otra persona. El caso es que abandonó a su esposa para vivir una alocada pasión con una compañera de trabajo. Esa ruptura tuvo sus consecuencias y supuso un camino de sufrimientos y sentimientos encontrados. Nuestro enamoradizo personaje pretendió compartir la relación con la esposa y el nuevo amor. Eso nunca fue posible por la feroz reacción de la primera, así que tuvo que largarse del hogar matrimonial con lo puesto. Pero esa pasión duró poco, de manera que, al final, el donjuan se quedo compuesto y sin novia.
Pasaron unos años hasta que nuestro hombre se enamoró de nuevo. Esta vez de una muchacha más joven que él. Con este nuevo romance el enamorado vivió una segunda juventud y encandilado como estaba, siguió a su nueva pareja al otro extremo del país. Nuestro enamorado no dudó en seguirla. Sus amigos no daban crédito. Un hombre que por un amor desbocado abandona un buen trabajo en el que tenía muchas posibilidades de promoción. Esta relación fue feliz al principio pero también se fue al garete. El enamorado regresó a su ciudad con el rabo entre piernas.
El amor zarandea y transforma, cambia la vida de golpe y lleva consigo placeres y desdichas a partes iguales. Y, sin embargo, todo eso vale la pena. Seguir los llamados del corazón puede traer penalidades pero tiene compensaciones, inspira ese espíritu audaz de novela romántica. No cuento nada nuevo, muchos de los que ahora leen esta artículo han vivido lo mismo. Es una historia universal, una experiencia colectiva que se ha reflejado en el arte desde la noche de los tiempos. Del «Cantar de los cantares» a «Madame Bovary».
La consecuencia de todas estas historias es que han valido la pena. Ahora, después de tantos años en compañía, viajando de un lado para otro, vivo solo y trufado de recuerdos, dulces y amargos. Las locuras del amor siempre me han parecido una experiencia que vale la pena vivir y que ahora enriquecen mi soledad.
Lo contrario que elegir una vida sedentaria en compañía de un amor para toda la vida. Las mujeres a las que amé siguen siendo mis amigas. He pegado un salto fabuloso del amor a la amistad y eso si que es una regalo impagable que te da la vida. Las corrientes de amor han modelado mi carácter, creando un hombre en armonía con uno mismo. Ajeno a culpabilidades y nostalgias tóxicas. Es muy sencillo, para vivir una vida plena todo lo que necesitas es amar. Siempre es bueno tener esto en cuenta. Y en las noches de insomnio, recordar los viejos romances es el mejor sedante.
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