El fotógrafo Luis Vidal Corella, que había nacido en 1900, retrató los años 20 españoles con toda la crudeza de su marginación del resto de Europa.
El fotógrafo Luis Vidal Corella tuvo que ser un tipo bien espabilado. No se le escapaba una. Y eso se puede comprobar al recorrer atónito y complacido la colosal muestra sobre la posguerra española que lleva colgada en el subsuelo del MUVIM desde Diciembre.
Vidal Corella se recorrió el país de arriba abajo desde las tragedias de la guerra hasta el cutrerío de la época del hambre. Corella retrató un país paupérrimo que muchos visitantes que pelan canas aún llevamos vivas esas fotos; un país caótico y miserable en el que se vendía el pan a mano, sin envoltorio alguno, se envolvía la poca carne en periódicos de la Falange o los serenos recorrían las noches para supervisar el orden. El fotógrafo, que había nacido en 1900, retrató los años 20 españoles con toda la crudeza de su marginación del resto de Europa. Y eso que era un chaval. Listo, eso si, miembro de una familia valenciana de mucha clase y carácter.
Decenas de imágenes en blanco y negro recorren la exposición; desde esos tiempos de carros por las calles para recoger la basura, mujerucas enlutadas, que muchas viudas había, y las calles de Valencia donde abundaban los gachupines que se podían pagar una chaqueta cuando todo el mundo andaba con blusón y alpargatas. Esa ciudad triste es captada por Vidal Corella con mirada antropológica, consciente de que serán útiles en el futuro.
Y de la España republicana saltamos a los avatares de la guerra civil, sus inicios y su apogeo. Nuestro hombre fija para la historia el Congreso Republicano de Defensa de la Cultura celebrado en Valencia en 1937, cuando el gobierno salió pitando de Madrid asediada por los insurrectos.
Pero Corella no era de esos fotógrafos de revista del corazón; buscaba la acción y recorría el frente. Contó momentos claves de nuestra guerra como las escenas de los soldados envueltos en mantas de la terrible batalla de Teruel a 10 bajo cero. Fotos que han dado la vuelta al mundo y que gracias a ellas las jóvenes generaciones y las futuras comprenderán lo que fue el calvario de un país para poder llegar a donde estamos ahora. Y del caos de la guerra, a la España uniformada que inundó las capitales de marchas militares y un espíritu castrense de corte fascista, porque estábamos en plena guerra mundial y se copiaba todo lo que escenificaban los nazis, como pasó en Italia.
Llama la atención el hecho de que la mayoría de las fotos estén llenas de gente. Concentraciones de masas a todo tren como si el pueblo quisiera darse calor ante la helada sociedad que vivía. Eran eventos de todo tipo, con esos futbolistas levantando el brazo fascista y las señoras de clase, alta, esposas de los vencedores, repartiendo una sopa boba a los vencidos. Pura memoria histórica, la que ha tenido a bien organizar la Vicepresidencia de la Diputació de València dedicada a la memoria histórica.
Y de la posguerra un salto a la posguerra hispana. Imagen que desmantelan las demagogias que circulan hoy en día en círculos crepusculares y nostálgicos. Y ahí el espectador se encuentra con fotos impagables como la de Ernest Hemingway empinando el codo con su bota de vino serrana en las corridas de toros.
Luis Vidal, un tipo espabilado, si señor, este hombre que murió en 1959 y cuya exposición es un auténtico hito para la ciudad. Lo que resulta desconcertante y en cierta manera inapropiado son los cuadros bastante mediocres de Segrelles de 1957 de Franco de cuerpo entero y uniforme, junto a su señora esposa, una Carmen Polo bondadosamente retocada para que apareciera mas atractiva de lo que fue. Esos dos inmensos sobran. Muy divertida y original la sala donde usted puede convertirse en un personaje del siglo pasado, un torero o una cupletista gracias a las nuevas tecnologías, bien utilizadas para regocijo del espectador.
La calidad y extensión del gran reportaje sobre nuestro país en los años duros es superlativa y merece el tiempo que lleva colgada en las salas del MUVIM. Llévese unas buenas lentes o lupa para verla porque sale tanta gente en ese largo periodo histórico que es muy probable que descubra un abuelo o una antigua novia entre el gentío. Le debemos mucho a Vidal Corella por ese trabajo impagable. No se lo pierdan.
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