La reseña de Ballester Añón: La Valencia de Fernando Arias

Si el lector consulta en internet o en las solapas de sus anteriores libros, encontrará  informaciones como ésta:

El escritor Fernando Arias nació en Valencia, en 1947; es licenciado en Ciencias de la Información. Trabajó en distintos medios informativos e hizo crónicas radiofónicas para los Servicios Españoles de la BBC de Londres.

Ha colaborado como articulista en el suplemento para la Comunidad Valenciana del diario El País, la edición española de Le Monde Diplomatique y la revista Lars. Tiene publicadas las novelas Concierto salvaje, Pájaros de altura, El canalla ceremonioso, Diluvio de cenizas, El ojo hambriento, Yo fui guía en el infierno… Es autor de libros-reportaje como Los graffiti: juego y subversión –pionero sobre un tema que ha ido adquiriendo una creciente notoriedad- o La Valencia de los años 30.

En la narrativa de Fernando Arias se dan cita la relectura de los clásicos, el juego con los géneros (picaresca, aventuras, intriga…), la búsqueda de la propia identidad en una sociedad que exige la interpretación de roles contradictorios; en sus trabajados textos conviven el humor y el escepticismo. Algunas de sus novelas han obtenido los premios Alfonso el Magnánimo y Vicente Blasco Ibáñez.

Se menciona tambien a Juan Rigal, que fue escritor, pionero del budismo en la ciudad, verosimílmente miembro de alguna sociedad secreta espiritual y dueño de una interesante libreria en la calle Félix Pizcueta.

EROS Y LIBROS

En un pasaje del relato hay una perturbadora insinuación paraincentuosa entre el protagonista y su hija veinteañera.

Los signos dilectos de erotismo en esta narración se sustancian en guedejas rubias y sensuales bustos.

Como profesional del comercio de libros, Dionisio hace un comentario sarcástico –en realidad, consolidada evidencia– sobre las publicaciones autonómicas y su proceder ineficiente: “las instituciones editan bien y distribuyen mal”.

No es nada extraño que estén también presentes las referencias formativas y literarias  del protagonista, y subrogadamente las del propio Fernando Arias: Anaïs Nin, Henry Miller, Kafka, Cortázar, Chandler, Hammet, Juan Rulfo, César Simón, Nietzsche, Derrida, Truman Capote…

Entre otras citas, se recoge una  desoladora constatación de  un personaje de Scott Fitzgerald. “Me conozco ya a mi mismo, pero eso es todo”. En cierto modo, resume la actitud de la historia.

 

Título: EL MISTERIO DE ARIADNA
Autor: FERNANDO ARIAS
Editorial: NPQ  
Páginas: 211

 

 

TOPOGRAFÍA EMOCIONAL

 

Las indagaciones de Dionisio recrean una minuciosa topografia de la ciudad de Valencia. Calles y bares, garitos equívocos… que ofrecen el detalle costumbrista propio de un atento y documentado observador. Se mencionan locales que en su momento fueron legendarios  como Anomia, Cafeteria Madrid, Jamaica, Santa Catalina, Café Matisse, La Jungla... superponiendo tiempos y décadas distintas y personajes ficticios y reales.

El narrador menciona también a diversos pintores locales –Progreso, Castillo, Peyró Roggen, Fuenmayor, Vicente Ortí…– de los que no es difícil inferir que se trata de artistas por los que Fernando Arias siente admiración y afecto.

Continuan las alusiones locales concretas, como cuando el protagonista dice de sí mismo: “no te has puesto un sombrero tejano como lleva el crítico más duro de Cartelera Turia”. O las caracterizaciones sociologico-ideológicas  de dos centros educativos religiosos de la ciudad, los colegios de Jesús y Maria, y Las Esclavas.

En cuanto al engorroso tema del bilinguismo, observa que “a quien mi jefe en la editorial donde trabajaba, Eliseu Climent, intentó atraer al catalán. Lo siento, respondió mi entonces compañero y amigo, pero uno debe escribir en la lengua que mamó de niño. Y yo nací en el distrito del Ensanche, castellanoparlante y ahora de fachas y pijos”.

Se menciona tambien a Juan Rigal, que fue escritor, pionero del budismo en la ciudad, verosimílmente miembro de alguna sociedad secreta espiritual y dueño de una interesante libreria en la calle Félix Pizcueta.

EROS Y LIBROS

En un pasaje del relato hay una perturbadora insinuación paraincentuosa entre el protagonista y su hija veinteañera.

Los signos dilectos de erotismo en esta narración se sustancian en guedejas rubias y sensuales bustos.

Como profesional del comercio de libros, Dionisio hace un comentario sarcástico –en realidad, consolidada evidencia– sobre las publicaciones autonómicas y su proceder ineficiente: “las instituciones editan bien y distribuyen mal”.

No es nada extraño que estén también presentes las referencias formativas y literarias  del protagonista, y subrogadamente las del propio Fernando Arias: Anaïs Nin, Henry Miller, Kafka, Cortázar, Chandler, Hammet, Juan Rulfo, César Simón, Nietzsche, Derrida, Truman Capote…

Entre otras citas, se recoge una  desoladora constatación de  un personaje de Scott Fitzgerald. “Me conozco ya a mi mismo, pero eso es todo”. En cierto modo, resume la actitud de la historia.

 

Título: EL MISTERIO DE ARIADNA
Autor: FERNANDO ARIAS
Editorial: NPQ  
Páginas: 211

 

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GÉNERO PROMISCUO

Lo primero que ha llamado la atención, y quizá es lo más peculiar de esta obra es el uso promiscuo de los géneros literarios:  El misterio de Ariadna parece configurarse como novela negra, pero resulta que no hay detective privado sino un comercial del sector de los libros con algunos problemas de salud, preocupaciones familiares y una adicción al tabaco. Sin querer destripar la trama, tampoco hay propiamente un asesino, ingrediente indispensable dentro de este código literario.

Mezcla también elementos oníricos con  realistas. Y utiliza otros géneros que Fernando Arias conoce bien por razones profesionales: el  artículo o el reportaje  periodístico.

La novela, situada en la ciudad de Valencia, se inicia tras la muerte de un  prestigioso librero, al producirse un incendio en su tienda. Dionisio Muñoz, un amigo y agente comercial de libros, sospecha que esta desgracia puede haber sido provocada; e inicia  una indagación por su cuenta.

El protagonista hace un buen autorretrato de su generación –que es en realidad la del propio autor del libro–: una generación “forjada en los cines de sesión continua, en la lectura de libros inconformistas, dudosamente traducidos, y en conciertos multitudinarios. Había vivido con intensidad el rechazo al totalitarismo, la saludable borrachera de la democracia incipiente y la euforia europea, que se esfumaron con el envenenamiento de la política y las manipulaciones informativas, el apogeo de los bancos”….

 

TOPOGRAFÍA EMOCIONAL

 

Las indagaciones de Dionisio recrean una minuciosa topografia de la ciudad de Valencia. Calles y bares, garitos equívocos… que ofrecen el detalle costumbrista propio de un atento y documentado observador. Se mencionan locales que en su momento fueron legendarios  como Anomia, Cafeteria Madrid, Jamaica, Santa Catalina, Café Matisse, La Jungla... superponiendo tiempos y décadas distintas y personajes ficticios y reales.

El narrador menciona también a diversos pintores locales –Progreso, Castillo, Peyró Roggen, Fuenmayor, Vicente Ortí…– de los que no es difícil inferir que se trata de artistas por los que Fernando Arias siente admiración y afecto.

Continuan las alusiones locales concretas, como cuando el protagonista dice de sí mismo: “no te has puesto un sombrero tejano como lleva el crítico más duro de Cartelera Turia”. O las caracterizaciones sociologico-ideológicas  de dos centros educativos religiosos de la ciudad, los colegios de Jesús y Maria, y Las Esclavas.

En cuanto al engorroso tema del bilinguismo, observa que “a quien mi jefe en la editorial donde trabajaba, Eliseu Climent, intentó atraer al catalán. Lo siento, respondió mi entonces compañero y amigo, pero uno debe escribir en la lengua que mamó de niño. Y yo nací en el distrito del Ensanche, castellanoparlante y ahora de fachas y pijos”.

Se menciona tambien a Juan Rigal, que fue escritor, pionero del budismo en la ciudad, verosimílmente miembro de alguna sociedad secreta espiritual y dueño de una interesante libreria en la calle Félix Pizcueta.

EROS Y LIBROS

En un pasaje del relato hay una perturbadora insinuación paraincentuosa entre el protagonista y su hija veinteañera.

Los signos dilectos de erotismo en esta narración se sustancian en guedejas rubias y sensuales bustos.

Como profesional del comercio de libros, Dionisio hace un comentario sarcástico –en realidad, consolidada evidencia– sobre las publicaciones autonómicas y su proceder ineficiente: “las instituciones editan bien y distribuyen mal”.

No es nada extraño que estén también presentes las referencias formativas y literarias  del protagonista, y subrogadamente las del propio Fernando Arias: Anaïs Nin, Henry Miller, Kafka, Cortázar, Chandler, Hammet, Juan Rulfo, César Simón, Nietzsche, Derrida, Truman Capote…

Entre otras citas, se recoge una  desoladora constatación de  un personaje de Scott Fitzgerald. “Me conozco ya a mi mismo, pero eso es todo”. En cierto modo, resume la actitud de la historia.

 

Título: EL MISTERIO DE ARIADNA
Autor: FERNANDO ARIAS
Editorial: NPQ  
Páginas: 211

 

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