Los argentinos ensordecen a un publico entregado, en un nuevo concierto del festival FAR Valencia.
El primer concierto al que acudí de El mató a un policía motorizado contó con una asistencia masiva de menos de cincuenta personas, tirando por lo alto. Era agosto de 2017, bajo un sol de justicia en la terraza de Veles e Vents, y con L’Home Brut como teloneros de un grupo del que tenía pocas referencias pero todas eran excelentes. Por allí ya andaba Sergio Ferri, del clan de los Ferri de Maristas, con el que coincidí de nuevo ayer en la Marina Norte, en un nuevo concierto de los argentinos integrado dentro de la programación del festival FAR Valencia.
Entre canción y canción me dio a tiempo a comentar con Sergio la evolución de las visitas, continuas, de la banda rioplatense a Valencia. Como año a año han pasado de una terraza con un puñado de interesados ‑y algún guiri despistado- a llenar varias veces la Roxy, digo, la sala Moon y finalmente actuar ante miles de asistentes en el recinto portuario. La razón es bastante sencilla: facturan muy buenas canciones. Es sorprendente la facilidad con la que el grupo liderado por Santiago Motorizado genera melodías extremadamente pegadizas. Algunos de estos temas -«Nuevos discos», por ejemplo- pueden tener una estructura sencilla hasta decir basta, pero en su ejecución se transforman en un mantra que engancha desde la primera escucha.
Anoche, en la Marina Norte, los de Santiago Motorizado revisaron una discografía que arrancó mediáticamente con su segundo trabajo, «La dinastía Scorpio», que incluía algunos temas que se han convertido en clásicos de la banda en directo: «Mujeres bellas y fuertes», «Más o menos bien», «Chica de oro», «Yoni B» o la antes citada, «Nuevos discos». El concierto sobrevoló también canciones de su tercer larga duración, «La síntesis O‘konor» ‑con «El tesoro» como referencia ineludible‑, hasta llegar a «Súper terror», su último álbum de estudio, publicado en 2023, y con una mayor presencia de la electrónica acompañando las contundentes guitarras del grupo de La Plata.
Otro punto a favor de los argentinos, como quedó demostrado ayer de nuevo, son sus directos, simples pero impecables. La banda no necesitas de un andamiaje complicado. Las canciones desnudas, acompañadas por la voz de Santiago, son más que suficientes para sostener un concierto que reunió a un público heterogéneo en el que, a diferencia de 2017, cada vez hay menos despistados que pasaban por allí.
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