Valencia Cose entrega mascarillas y filtros a la Fundación Tierra de hombres

Valencia Cose no para de crear y confeccionar mascarillas para que personas que tengan pocos recursos puedan llevarlas y protegerse de este virus. El proyecto solidario formado por voluntarios que cosen, ha hecho entrega de un cargamento de mascarillas y filtros que serán enviadas a los lugares donde se están llevando a cabo los proyectos de cooperación de la Fundación Tierra de hombres.

 

Las mascarillas fabricadas por Valencia Cose.

Una vez más, vemos como en tiempos de pandemia la sociedad se une con pequeños gestos que suponen un gran cambio en la vida de los colectivos más vulnerables.

La donación es un compromiso social de Valencia Cose y la Fundación Tierra de hombres para actuar como salvavidas que llega a todos los rincones donde se precisa una mascarilla y que harán posible que menores de países africanos tengan un fácil acceso para su protección antes el coronavirus.

 

Sobre Tierra de hombres – España

Tierra de hombres se implanta en España en 1994 dentro del Movimiento Internacional Terre des hommes, originado en Lausanne (Suiza) en 1960. Pertenece a la Federación Internacional Terre des hommes (FITDH), la segunda agrupación mundial de ONGD de atención a la infancia. Con más de veinte galardones por su labor humanitaria y su defensa de los derechos de la infancia, Tierra de hombres actúa en tres niveles: salud materno-infantil, protección de la infancia y promoción de los derechos de la infancia a través de proyectos de cooperación al desarrollo ejecutados en países de Asia, África y América Latina.

Siguiendo los principios de la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas de 1989 y la Carta Fundacional, Tdh – España tiene como objetivo promover el desarrollo de la infancia más desfavorecida defendiendo sus derechos, sin discriminación de orden político, racial, confesional y de sexo.

 

Valencia Cose – Presentación

27 de marzo de 2020… «Faltan mascarillas. Ese es el mensaje desolador que todos nosotros escuchábamos desde nuestros hogares en una cuarentena sobrevenida, en una nuevo desafío de formato desconocido. Lo escuchábamos con miedo, con dolor, con impotencia. Pero la impotencia cedió ante el arrojo de los hogares. Desde todos los puntos de Valencia, las máquinas de coser empezaron a hacer ruido para aportar algo, no la mejor arma contra este enemigo, pero algo. En un principio fueron dos, luego siete, treinta, sesenta… hoy, más de ciento cincuenta máquinas unidas por la solidaridad. La voz de ayuda fue tejiendo la red de araña que se ha construido, donde todos tenemos cabida».

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