La vida iba en Serie… por Rafa Marí

Fran Lebowitz en la maqueta de Nueva York.

23 de enero de 2020.

Scorsese con Lebowitz, director y protagonista de Supongamos que Nueva York es una ciudad.

Supongamos que Nueva York es una ciudad (Netflix) tiene algo de adictiva, aunque en realidad esta miniserie documental de siete episodios de media hora cada uno te ofrece menos de lo que parece prometer al principio. Yo estaba ilusionado cuando empecé a verla: el director, presentador y coproductor es Martin Scorsese, y la protagonista y coproductora Fran Lebowitz (Morristown, NJ, 1950), escritora de aguda y chispeante inteligencia en sus crónicas sobre costumbres y neuras de la sociedad neoyorquina.

Al principio me reía con las ingeniosas irreverencias de Fran, pero a partir del episodio cuarto o quinto todo empezó a parecerme demasiado reiterativo. Pese a ello, me seguía atrayendo la singular personalidad y el sentido del humor de Lebowitz, dijese lo que dijese (y dice muchas cosas, porque es una mujer realmente parlanchina).

Lebowitz con Andy Warhol.

Copio de Wikipedia algunas cosas sobre Fran Lebowitz: “Luego de ser expulsada de un centro de enseñanza secundaria (…) trabajó en varias actividades inusuales antes de ser contratada por Andy Warhol como columnista de la revista Interview (…) En septiembre de 2007 fue nominada como una de las mujeres más elegantes del año por la revista Vanity Fair (…)  Es conocida por su activismo en favor de los derechos de los fumadores (…) Lebowitz, abiertamente lesbiana, es conocida por ser ‘resistente a la tecnología’: no tiene teléfono móvil ni ordenador.”

A finales del siglo XX sentía yo una gran admiración por el cine de Scorsese. Me apasionaban sus películas de ficción: Malas calles, 1973: Taxi Driver, 1976; Toro salvaje, 1980; El rey de la comedia, 1983; y sobre todo After Hours, 1985; Uno de los nuestros, 1990; La edad de la inocencia, 1993; Casino, 1995 y Kundun, 1997. Con la fallida Gangs de Nueva York, 2002, llegó la primera decepción. Después Scorsese ha realizado films interesantes, pero ya sin el estado de gracia e inspiración de los años 1973-1997. Es mi opinión, por supuesto: estoy escribiendo con reconfortante y libre subjetividad.

Escena de Kundun, la película tibetana de Scorsese.

Es algo que también me ha ocurrido con Roman Polanski: era un fan de su carrera, pero mi entusiasmo por su cine se truncó en los años ochenta. Polanski nunca ha superado el alto listón de El baile de los vampiros, 1967; La semilla del diablo, 1968; Chinatown, 1974; El quimérico inquilino, 1976, o Tess, 1979. Quizá el gran fracaso crítico y comercial de Piratas, 1986, minase su confianza en sí mismo.

Polanski con Sharon Tate en El baile de los vampiros.

DIARIO UN CINÉFILO

«Que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde”
Jaime Gil de Biedma

DIARIO DE UN CINÉFILO Es una sección dedicada al mundo de las Series de TV, a todos sus aspectos cinéfilos pero también a sus derivaciones sociológicas y relativas a la vida cotidiana de las personas. La construcción de roles, las relaciones familiares, la actualidad, la comedia y el drama, la épica histórica, dragones y mazmorras… Todo cabe en el mundo de las series, y cualquier perspectiva del mundo puede ser vista desde la óptica de un cinéfilo, de un seriófilo inteligente y perspicaz. La sección está personalizada en Rafa Marí, uno de los últimos grandes cinéfilos españoles. La periodicidad es aleatoria, y la longitud de cada entrada, también. Puede ser tanto muy corta: un aforismo, como un extenso miniensayo, o entrevista, o diálogo interior.

Pese a ser un periodista tardío, Rafa Marí (Valencia, 1945) ha tenido tiempo para trabajar en muchos medios de comunicación: Cartelera Turia, Cal Dir, Valencia Semanal, cartelera Qué y Donde, Noticias al día, Papers de la Conselleria de Cultura, Levante-EMV, El Hype… Siempre en las páginas de cultura. En 1984 fichó por Las Provincias, diario donde actualmente es columnista y crítico de arte.

Valencia City
Valencia City

El pulso de la ciudad

1 Comment
  1. Tanto Scorsese como Polanski me parecen, igualmente, dos narradores desbordantes. Herederos del gran cine clásico de los 40 y 50. Básicamente coincido en casi todos los títulos. A partir de La edad de la inocencia, Scorsese empieza a sestear con su cine, por más que algunas escenas de Gangster de Nueva York son de una potencia dramática increíble gracias al loco de Daniel D. Lewis.
    En cuanto a Polanski, Tess me parece la cima de su primera etapa, pero de entre su más triste segundo periplo destacaría El pianista, la sobriedad de su Oliver Twist y la impecable última entrega sobre el caso Dreyfus. Sus reiterados excesos con su mujer, Emmanuelle Segnier, mejor olvidarlos.

Leave a Reply

Your email address will not be published.