Nue­vo títu­lo de la edi­to­rial Fagus den­tro de su colec­ción «Va de cuen­to».

 

La edi­to­rial Fagus con­ti­núa jalo­nan­do su colec­ción “Va de cuen­to” de narra­ti­va cor­ta. Hoy nos cen­tra­re­mos en su últi­mo títu­lo, Me intere­sa el coche y otros rela­tos de Miguel Rose­lló, que se publi­ca con un lúci­do pró­lo­go de Paco Balles­ter.

Miguel Rose­lló (Ches­te, 1978), autor con expe­rien­cia pre­via en la narra­ti­va audio­vi­sual, había debu­ta­do con el rei­vin­di­ca­ble El triun­fo de la maza­co­ta (2017), una nove­la social y negra — val­ga la redun­dan­cia — ambien­ta­da y machihem­bra­da en un polí­gono indus­trial de la peri­fe­ria de Valen­cia. Entre las muchas vir­tu­des del autor ches­tano, que ire­mos des­gra­nan­do poco a poco, cabe des­ta­car, a nivel socio­ló­gi­co, la capa­ci­dad de des­cri­bir con luci­dez y aún con leves pin­ce­la­das el extra­rra­dio y cer­ca­nías de la capi­tal del Turia. Cada terri­to­rio nece­si­ta su narrador/a — pen­se­mos en Chir­bes y la Mari­na, Cer­ve­ra y Ges­tal­gar, Lahuer­ta y Valèn­cia capi­tal — y Rose­lló, tal vez sin pro­po­nér­se­lo, radio­gra­fía no solo las debi­li­da­des y anhe­los de sus com­pa­trio­tas — como bien dice Paco Balles­ter en el pró­lo­go — sino tam­bién su terri­to­rio “a media hora de la capi­tal”: pue­blos gran­des, cha­lets, urba­ni­za­cio­nes, via­jes labo­ra­les y ruti­na­rios a la capi­tal, polí­go­nos, clu­bes de alter­ne etc… Este calei­dos­co­pio apa­re­cía ya en su ante­rior colec­ción de cuen­tos, Rela­tos del barro (2021), de títu­lo des­gra­cia­da­men­te pre­mo­ni­to­rio en tie­rras valen­cia­nas.

Hay en el fon­do de la narra­ti­va de Rose­lló una sóli­da — y a veces inmi­se­ri­cor­de — preo­cu­pa­ción labo­ral y social para con los mar­gi­na­dos y en con­cre­to, en el títu­lo que nos ocu­pa, con la cada vez más angus­tia­da cla­se media-baja que no es cons­cien­te de su mar­gi­na­li­dad. La radio­gra­fía y “geo­lo­ca­li­za­ción” social se camu­fla de soca­rro­ne­ría y mala leche en el des­en­la­ce de las tra­mas. No que­re­mos des­ve­lar nin­gún deta­lle, pero a medi­da que leáis Me intere­sa el coche encon­tra­réis un aire bal­za­quiano, a lo come­dia huma­na, un pun­to común de los cin­co rela­tos que con­for­man el libro. La otra colum­na ver­te­bral es “la fe cie­ga en las tec­no­lo­gías”, capa­ces de gene­rar deseos irrea­li­za­bles y a veces de satis­fa­cer­los: “¿vie­nes ya? ¿no te habrás per­di­do?”

Los rela­tos flu­yen y engan­chan al lector/a, empe­zan­do por una con­fe­sión o una his­to­ria atra­yen­te y vero­sí­mil y ter­mi­nan­do con un final, como que­ría Cor­tá­zar, de KO. El rit­mo de Rose­lló és ágil, rápi­do, y los espa­cios y las accio­nes se suce­den ver­ti­gi­no­sa­men­te median­te diá­lo­gos fres­cos y elip­sis bien dise­ña­das, sin des­de­ñar, cla­ro está, monó­lo­gos inte­rio­res sua­ves, sue­ños y pesa­di­llas más o menos surrea­les y des­crip­cio­nes pre­ci­sas de pai­sa­jes y sobre todo de per­so­na­jes. Las des­crip­cio­nes son bre­ves, diver­ti­das (“Enton­ces apa­re­ció una mujer de las que retuer­cen cue­llos”) y a veces poé­ti­cas y meta­fó­ri­cas, como las siguien­tes: hacer el amor es “sur­fear”, “La mon­ta­ña es una tur­bi­na incan­sa­ble” y “Gru­ñe, como si los gusa­nos pudie­ran can­tar a tra­vés de su gar­gan­ta”. Tal vez sea este últi­mo ras­go el más sor­pren­den­te del esti­lo de Rose­lló: su poe­ti­ci­dad pun­tual, su dete­ni­mien­to líri­co den­tro de la tra­ma hiper­ve­loz cri­mi­nal, de nove­la negra. Sobre los dife­ren­tes argu­men­tos no voy a avan­zar­les nada: encon­tra­rán des­de la emo­ción pro­pia del melo­dra­ma has­ta el McGuf­fin del pre­jui­cio racial pasan­do por una vuel­ta de tuer­ca al clá­si­co del caza­dor caza­do.

En resu­men, no dejen de leer este entre­te­ni­do y subli­nal­men­te crí­ti­co Me intere­sa el coche y otros rela­tos de Miguel Rose­lló. Os ase­gu­ro que cuan­do lo ter­mi­na­réis habréis dis­fru­ta­do y tal vez seáis más pru­den­tes con lo avan­ces tec­no­ló­gi­cos. Quien avi­sa no es trai­dor.

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