El conjunto dirigido por Pedro Martínez remonta la serie con el Panathinaikos y jugará la Final Four.
Fotografías: cortesía de Valencia Basket y Euroliga
El Roig Arena, que registró ayer su primer lleno absoluto con 15.600 espectadores, fue testigo de la machada histórica de Valencia Basket, que se levantó de la lona tras perder los dos primeros partidos de su eliminatoria contra Panathinaikos, para derribar a base de canastas el muro de acceso a la Final Four. Una remontada que hasta ayer solo tenía como precedente la eliminatoria de 2023 entre Madrid y Partizán de Belgrado.
Se las prometía muy felices el conjunto heleno tras ganar los dos primeros encuentros de la serie en este mismo pabellón, con resultados muy ajustados que auguraban una eliminación por la vía rápida en Atenas. Contra todo pronóstico, los taronja ahogaron los aullidos del mítico pabellón Oaka no una sino dos veces, mediante una lección de baloncesto que derramó acierto y personalidad sobre el parqué del Oaka, en dos partidos muy serios disputados bajo la dirección de Pedro Martínez, del que quedará para siempre su imagen cruzando la cancha mientras los árbitros sujetaban a un Ergin Ataman completamente desquiciado.
El encuentro definitivo arrancó ayer con una parálisis de puntos y un marcador que no se movería hasta pasados dos minutos. En ese tiempo, las defensas superarían a los ataques, una constante a lo largo de un partido que acabaría con un tanteo por debajo de lo esperado. Segundo a segundo, Valencia Basket redujo a los helenos a la mínima expresión gracias a una defensa asfixiante, minimizando sus opciones de ataque, por lo que Panathinaikos se vio obligado a mover demasiado el balón, con el evidente riesgo de pérdidas, así como fabricar tiros de tres forzados con un porcentaje de acierto mínimo. Por el contrario, el cuadro valenciano seguía de manera fiel e implacable el plan de partido marcado por Martínez, anotando de dos y tres puntos para lograr un parcial de 19–1 en el último tramo antes del descanso.
Pese a la ventaja amasada en el intermedio estaba claro que Panathinaikos no iba a bajar los brazos. Estamos hablando de uno de los equipos con un mayor presupuesto de la Euroliga, acostumbrado a estar presente en la Final Four. Un equipo habituado a ganar grandes títulos que por orgullo y dignidad no iba a tirar por la borda la eliminatoria a las primeras de cambio. Y lo demostró en la reanudación con un parcial de 0–10 que obligó a Pedro Martínez a detener el encuentro. Tras este susto, Valencia Basket, con el pulso restablecido, retomaba su modelo de juego, con un acierto insistente desde la línea de 6,25 en las muñecas de Badio, Thompson y De Larrea, que se gustó con un espectacular mate en contraataque que llevó el éxtasis a una grada vestida de naranja gracias a miles de camisetas repartidas con la efigie del entrenador.
A falta de 5:30 para el final, el marcador señalaba un 69–55, una diferencia de catorce puntos para la que Ataman no encontraba soluciones en la cancha. Más allá de golpear una botella de agua, el preparador de Panathinaikos no mostró en esta ocasión su repertorio habitual de muecas, más allá de algunas protestas tibias hacia el trío arbitral. Señal de que el turco barruntaba una derrota casi segura aún con minutos por delante en el reloj electrónico.
Al contrario que en partidos anteriores, la llegada de los minutos finales no hizo que Valencia Basket cayera preso del nerviosismo. Los taronja, por el contrario, supieron aprovechar la desesperación de un Panathinaikos, que se veía fuera de una fase final que para más inri se disputará en su propia cancha, para anotar en transiciones fáciles y asegurar el pase a la Final Four. A falta de 30 segundos, los griegos entregaron la cuchara, y esta vez si, supieron perder con elegancia, lejos de aquella mano en la entrepierna de Nunn que manchó la imagen de una eliminatoria de alto nivel deportivo.
Valencia Basket, rompiendo el molde, ha dejado en la cuneta a Panathinaikos y se las verá, de primeras, la próxima semana, en las semifinales de la Final Four con un Real Madrid que vuelve a ser favorito, pese a que la lesión de Tavares supone una importante dificultad no esperada para los blancos. Siendo entendible la felicidad y alegría tras el partido de ayer, Valencia Basket, desde la humildad, el trabajo y el buen hacer sobre el parqué, no debe renunciar a nada en Atenas. La exigencia continua es la base de la construcción de equipos históricos. Es seguro que tanto el propietario del club como Pedro Martínez pondrán las pilas a los jugadores de cara a la fase final.
Comparte esta publicación
Suscríbete a nuestro boletín
Recibe toda la actualidad en cultura y ocio, de la ciudad de Valencia

























