Por R.Ballester Añón

 

Scho­penhauer, jun­to con Nietz­sche, es uno de los pen­sa­do­res más leí­dos y cele­bra­dos por quie­nes poco o nada tie­nen que ver con la filo­so­fía pro­fe­sio­nal. Algu­nos tópi­cos vera­ces acer­ca de él: pesi­mis­ta, irri­ta­ble, idea­lis­ta, misó­gino… Cuan­tio­sas anéc­do­tas  ilus­tran su extra­va­gan­cia per­so­nal.

En su opi­nión, la exis­ten­cia care­ce de sen­ti­do, se redu­ce a mero impul­so cie­go, a egoís­mo incon­men­su­ra­ble.

Su filo­so­fia es per­so­nal y ecléc­ti­ca, con fuer­tes débi­tos con­cep­tua­les a Pla­tón, Des­car­tes, Spi­no­za, Kant, los ilus­tra­dos fran­ce­ses, Goethe, Bal­ta­sar Gra­cián, libros védi­cos, el budis­mo…

Scho­penhauer nació en Dan­zig (hoy Dansk, Polo­nia) el 22 febre­ro 1788. Hijo de un comer­cian­te acau­da­la­do que aca­bó sui­ci­dán­do­se y de una escri­to­ra y nove­lis­ta.

Ido­la­tra­ba a su padre colé­ri­co; detes­ta­ba a una madre, ins­trui­da y socia­ble.

Ase­gu­ra­ba que de las madres se here­da el gus­to artis­ti­co y sen­si­bi­li­dad; de los padres, tem­pe­ra­men­to y rec­ti­tud moral.

La fami­lia de tras­la­dó a vivir a Ham­bur­go, impor­tan­te ciu­dad comer­cial han­seá­ti­ca. La Vene­cia del nor­te, le lla­ma­ban.

La fami­lia reali­zó un gran via­je for­ma­ti­ve entre 1803 y 1804. Reco­rrie­ron las paí­ses más avan­za­dos de Euro­pa: Holan­da, Fran­cia, Ingla­te­rra ‑don­de el joven Arthur estu­vo interno en un pen­sio­na­do de Lon­dres; su domi­nio del inglés lle­gó a ser exqui­si­to.

Casi al final de ese tour visi­ta­ron los Alpes fra­n­­co-sui­­zos; des­cu­brió la fas­ci­na­ción de la natu­ra­le­za, la atrac­ción de las cum­bres. La expe­rien­cia de esas cum­bres fue de pro­ve­cho ins­pi­ra­dor para su futu­ro sis­te­ma filo­só­fi­co con su idea de supe­rar el mun­do, ele­var­se por enci­ma de las apa­rien­cias.

En 1805 su padre murió; enton­ces se ven­dió la empre­sa y su madre se tras­la­dó a Wei­mar para  hacer vida lite­ra­ria y social, don­de resi­dían, entre otros, Her­der, Wie­land, Schi­ller, Goethe…Ella se hizo popu­lar en Wei­mar por su buen carác­ter y gene­ro­si­dad. Su ter­tu­lia la visi­ta­ban gen­tes como los her­ma­nos Hum­boldt, los Schle­gel, Tieck…

En 1809, Arthur dejó su acti­vi­dad como comer­cian­te y se matri­cu­ló en la uni­ver­si­dad Gotin­ga en medi­ci­na. Pos­te­rior­men­te se tras­la­dó a Dres­de ‑que no tenia uni­ver­si­dad pero si una exce­len­te biblio­te­ca real- don­de escri­bió su obra  El mun­do como volun­tad y repre­sen­ta­ción, que dió por con­clui­da en 1818 y en la que habia tra­ba­ja­do duran­te cin­co años.

En Dres­de se rela­cio­nó con Karl Chris­tian Krau­se, ins­pi­ra­dor del krau­sis­mo espa­ñol, quien le hizo inte­re­sar­se por los Upa­nis­chad.

Como su patri­mo­nio per­so­nal lo per­mi­tía, a con­ti­nua­ción se fue a pasar una tem­po­ra­da en Ita­lia. Estan­do  en Roma reci­bió de su edi­tor un  her­mo­so volu­men de 725 pági­nas  impre­so en papel vite­la y que­dó muy satis­fe­cho con el resul­ta­do:..

Arthur pen­sa­ba que habia resuel­to el enig­ma del mun­do y que ten­dría inme­dia­ta reper­cu­sión. No suce­dió nada. La pri­me­ra edi­ción de El mun­do como volun­tad„, tuvo como des­tino la macu­la­tu­ra: es decir, papel de reci­cla­je para impri­mir otros libros más ven­di­bles.

Su obra comien­za con una fra­se: ”El mun­do es mi repre­sen­ta­ción”  y con­clu­ye con una palabra:”Nada”.

Sos­tie­ne que el mun­do en que vivi­mos  es, en esen­cia,  volun­tad y, a la vez,  repre­sen­ta­ción. Volun­tad es sólo poder cie­go de mani­fes­tar­se. La mayor vir­tud: dejar­se ilu­mi­nar por la sabi­du­ría, el arte, la refle­xión filo­só­fi­ca o la reli­gión y así actuar de modo que se dis­mi­nu­ya el dolor omni­pre­sen­te en el mun­do. El asce­ta y el san­to serán los idea­les del hom­bre ple­na­men­te éti­co por­que nie­gan la volun­tad de vivir.

En 1819 se diri­gió a Ber­lin para ofre­cer­se como pro­fe­sor hono­ra­rio, es decir, no le paga­ba el Esta­do sino los alum­nos que se inte­re­sa­ran por su obra.. Tra­tó de com­pe­tir con Hegel ( máxim auto­ri­dad de la meta­fí­si­ca ale­ma­na) pero sus cla­ses tuvie­ron que sus­pen­der­se por­que no care­cía de alum­nos.

En cier­ta oca­sión, dis­cu­tió con unas veci­nas y esto le aca­rreó mul­ti­tud de des­ve­los judi­cia­les: le deman­da­ron por inju­rias, lesio­nes por bas­to­na­zos y haber­las arro­ja­do por unas esca­le­ras.

En Dres­de dejó emba­ra­za­da a una sir­vien­ta; el niño murió poco des­pués. Años más tar­de dejó emba­ra­za­da a una actriz de tea­tro, el niño murió poco des­pues.

Duran­te su estan­cia en Vene­cia tuvo una aman­te: Tere­sa Fuga. No entre­gó una car­ta de pre­sen­ta­ción a lord Byron ‑poe­ta al que admi­­ra­­ba-  por­que Tere­sa esta­ba fas­ci­na­da por él y Arthur temía que el egre­gio poe­ta ‑acre­di­ta­do sedu­c­­tor- le crea­ra pro­ble­mas  en ese terreno.

A los 40 años comen­zó a estu­diar cas­te­llano. Fue apa­sio­na­do lec­tor de Cer­van­tes, Cal­de­rón, Huar­te de San Juan y sobre todo Bal­ta­sar Gra­cián, de quien en algu­na oca­sión habia oido hablar a Goethe. De hecho, hizo una exce­len­te tra­duc­ción del Orácu­lo manual. Su filo­so­fia prác­ti­ca y su ten­den­cia afo­rís­ti­ca, sobre todo en su  obra Parer­ga y para­li­po­me­na,  le deben mucho al jesui­ta ara­go­nés.

Acer­ca de la mujer son fre­cuen­tes en su obra obser­va­cio­nes como éstas:

“la mujer, por natu­ra­le­za, está des­ti­na­da a obe­de­cer, y cuan­do se que­da en la situa­ción anti­na­tu­ral de com­ple­ta inde­pen­den­cia no tar­da en unir­se a un hom­bre por el que se deja diri­gir… Si  es joven,  por un aman­te; si ya no lo es, por un con­fe­sor”.

En su últi­mos años resi­dió en Frank­furt.  Todos los dias duran­te un buen rato toca­ba la flau­ta, a menu­do pie­zas de Ros­si­ni. Por las noches reza­ba frag­men­tos de los Upa­nis­chad. El uni­ver­so hoga­re­ño lo com­po­nían Mar­ga­rethe, su vie­ja coci­ne­ra y Atma, un perro fal­de­ro.

En los diez últi­mos años de su vida dis­fru­tó de noto­ria popu­la­ri­dad. Le retra­ta­ron, le foto­gra­fia­ron; inclu­so una joven artis­ta, Eli­sa­beth Ney, sobri­na de un cele­bra­do maris­cal de Napo­león, se coló lite­ral­men­te en su casa y le hizo una escul­tu­ra en már­mol…

La exce­len­te bio­gra­fía de Moreno Cla­ros se lee como nove­la.


Títu­lo: Arthur Scho­penhauer. Una bio­gra­fía.

Autor: Luis Fer­nan­do Moreno Cla­ros

Edi­to­rial: Acan­ti­la­do

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