Cuan­do en  una oca­sión le pre­gun­ta­ron a Bor­ges el por­qué no escri­bía nove­la con­tes­tó. “La idea de un libro abso­lu­to de qui­nien­tas pági­nas me pare­ce menos admi­ra­ble que la de una pági­na per­fec­ta”.

 

El pasa­do 14 de junio hizo 40 años que falle­ció el escri­tor Jor­ge Luis Bor­ges. Su influen­cia en la lite­ra­tu­ra uni­ver­sal es incon­men­su­ra­ble y eso que el poe­ta cie­go de Bue­nos Aires jamás escri­bió una nove­la. Su obra, ade­más de sus poe­sías y memo­ra­bles tra­duc­cio­nes, se cimien­ta en un puña­do de cuen­tos cor­tos, a cada cual mas inquie­tan­te, inno­va­dor y en cier­ta mane­ra surrea­lis­ta y meta­fí­si­co.  Es el mas kaf­kiano de los escri­to­res del siglo XX.

Siem­pre me he con­si­de­ra­do un bor­giano, o sea un fan abso­lu­to del escri­tor, como tan­tos otros lle­tra­fe­rits que pulu­lan por el mun­do, y mi ins­tin­to lite­ra­rio se ha car­ga­do con la ener­gía y el embru­jo de sus rela­tos.

Apren­dí a escri­bir a base de lec­tu­ras de Bor­ges. Una y otra vez he releí­do sus cuen­tos a lo lar­go de mi vida para encon­trar en ellos el secre­to de la chis­pa que con­vier­te la lec­tu­ra en algo excep­cio­nal. Subir a bor­do de un vele­ro fan­tas­mal que te lle­va por todos los rin­co­nes oceá­ni­cos del espí­ri­tu humano y sus con­tra­dic­cio­nes, ambi­cio­nes y mise­rias.

Los cuen­tos de Bor­ges no tie­nen paran­gón si bien una legión de bri­llan­tes segui­do­res: Juan  Rul­fo, Juan Peru­cho, Julio Cor­tá­zar, Alva­ro Cun­quei­ro… Cual­quie­ra de ellos es intere­san­te, qui­zás el que supo­ne el cri­sol bor­giano por anto­no­ma­sia es su archi­fa­mo­so El Aleph.  Todo el uni­ver­so en cua­tro pági­nas sin prin­ci­pio ni fin.

Yo he publi­ca­do un par de libros de cuen­tos cor­tos y siem­pre le he teni­do mie­do a la nove­la. Mis lec­to­res mas cor­dia­les me dicen que no me obse­sio­ne, que no hay por­qué, que soy un narra­dor en cor­to y tie­nen toda la razón. Siem­pre me ha gus­ta­do mas el cuen­to que la nove­la.

Cuan­do en  una oca­sión le pre­gun­ta­ron a Bor­ges el por­qué no escri­bía nove­la con­tes­tó. “La idea de un libro abso­lu­to de qui­nien­tas pági­nas me pare­ce menos admi­ra­ble que la de una pági­na per­fec­ta”. Está car­ga­do de razón. Pon­ga­mos un caso, el de Joseph Con­rad, otro mons­truo del arte de la escri­tu­ra. Son sus rela­tos cor­tos mucho mas intere­san­tes que las nove­las lar­gas que escri­bió como Lord Jim o Nos­tro­mo.

Hace pocos días, la poe­ta valen­cia­na Susa­na Benet, sofis­ti­ca­da escri­to­ra de hai­kus, pre­sen­tó su segun­do libro de rela­tos, Mi tio ito y otros cuen­tos. Una estu­pen­da colec­ción de his­to­rias escri­tas con una sen­ci­llez que des­ar­ma, con ilus­tra­cio­nes de Gabriel Alon­so. Todo ello edi­ta­do por la pres­ti­gio­sa edi­to­rial Rena­ci­mien­to en su colec­ción «Espue­la de pla­ta».

Susa­na es una cuen­tis­ta bor­gia­na. Sus cuen­tos son el espe­jo a lo lar­go de un camino, en fra­se famo­sa de Flau­bert para defi­nir la escri­tu­ra. El cuen­tis­ta Bor­ges defor­mó ese espe­jo y su escri­tu­ra fue mucho mas allá de la reali­dad. Como leí a un cro­nis­ta recien­te, Bor­ges murió hace cua­tro déca­das, pero Bor­ges, a tra­vés de tan­tos segui­do­res, sigue escri­bien­do.

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