Tanto la algorítmica predictiva de las plataformas de las Redes Sociales, como la de las inmensas estructuras de software de sus grandes Modelos de Lenguaje (LLM) que alimentan los Chatbots de IA, están estructurados, sobre todo, para generar adicción en el usuario y monetizarla. Ese es el objetivo central de sus modelos de negocio.
Imagen superior: La pantalla táctil del Smartphone, las Apps y el scroll infinito, combinados, llevan directamente a la adicción.
Adolfo Plasencia, 16 de febrero de 2026
El Juramento Hipocrático es un compromiso ético histórico, atribuido a Hipócrates, que los médicos asumen al titularse, para garantizar la atención, confidencialidad y el bienestar del paciente. Basado en la ética médica, el juramento original y sus versiones modernas (como la Declaración de Ginebra) obligan a no causar daño, respetar la vida, mantener el secreto profesional y actuar con honradez y dignidad profesional.
Los puntos clave del Juramento Hipocrático son:
- Compromiso con el paciente: Poner la salud y el bienestar del enfermo como prioridad absoluta.
- No maleficencia: Promesa de no causar daño intencionado ni administrar venenos.
- Confidencialidad: Guardar secreto profesional sobre lo visto u oído en la práctica médica.
- Ética Profesional: Ejercer la medicina con conciencia, dignidad y respeto a las normas, incluyendo el respeto a los maestros y colegas.
- Igualdad: No permitir que la raza, religión, nacionalidad, clase social o filiación política se interpongan entre el médico y el paciente.
- Respeto a la vida: Velar por la vida humana con el máximo respeto desde su comienzo.
¿Por qué traigo aquí el juramento hipocrático si voy a explicar cómo funciona la industria digital de las adicciones? pues por que, así, podremos ver cómo esta industria, en su mayor parte promovida por capitalismo especulativo salvaje, está orientada a propósitos que van en dirección contraria a los compromisos del citado Juramento. Estas empresas se han apropiado de los últimos descubrimientos de la neurociencia, cuyos científicos los buscaron y descubrieron, con el propósito de curar enfermedades, y los aplican mediante sofisticada tecnología combinada con la conexión online ubicua, para provocar patologías adictivas sobre todo en personas indefensas ante ello y vulnerables, por ejemplo, como son los adolescentes, aunque no solo en ellos. Luego entraré en detalles.
Mi amigo, el gran Tim O’Reilly, que formuló la Web 2.0 de la que descienden las interfaces de las redes sociales ya lo apuntó en 2021: «…En el caso de las plataformas de medios sociales, la manipulación de los usuarios con fines extremos de lucro ha deshilachado el tejido de la democracia y el respeto a la verdad. Silicon Valley, que antes aprovechaba la inteligencia colectiva de sus usuarios, ahora utiliza su profundo conocimiento de los mismos –que viene del recolectar constantemente los datos de sus conductas online–, para ‘comerciar contra ellos’». «…Este actual paisaje fracturado de Internet, no es lo que se predijo: los pioneros de Internet esperaban la libertad y la sabiduría de las multitudes, no que todos estuviéramos bajo el control de las grandes empresas que se benefician de un gran mercado de información falsa». … «Lo que inventamos no era lo que esperábamos. Internet se ha convertido en la materia de nuestras pesadillas más que de nuestros sueños…».
La muerte de la innovación y del competir lealmente con otras empresas
Las plataformas de red social son inmensos espacios online creados por empresas que ya no compiten con otras para ser más innovadoras. La innovación, que era el santo y seña que caracterizaba a mis entonces admiradas empresas tecnológicas de Silicon Valley, ha dejado de serlo. Las big tech han olvidado el competir por crear el mejor producto o dar el mejor servicio, incluso matando a la innovación que, en el caso de Google hasta tiene un cementerio. Si hoy emerge una nueva startup con una tecnología mejor o más innovadora que la suya. Las big tech ya no la incorporan. Parece que ya no quieren perder tiempo con el tema de la innovación. Compran la startup, y cierran su tecnología. Sus modelos de negocio, ya no están orientados a tener la mejor tecnología o el producto más perfecto del mercado como perseguía en tiempos Steve Jobs, sino a maximizar beneficios a corto plazo sin importar los efectos secundarios de los métodos para conseguirlo. Las actuales big tech tienen vocación de convertirse en monopolios globales y persiguen llegar a ello en base a tener una inmensa cantidad de usuarios cautivos, inocentemente presos de la adicción digital. En mi opinión, la filosofía empresarial de las grandes empresas tecnológicas ha cambiado. Ser la empresa más innovadora del mundo, ya no está en su ideario ni en su radar.
Para llevar a cabo lo que arriba señala O’Reilly, una de las combinaciones más sofisticadas de la arquitectura de estas plataformas ha sido apropiarse de los más recientes avances de la neurociencia que son resultado de las investigaciones de los mejores neurocientíficos, –que en su mayor parte, también médicos–, que seguro están comprometidos con el Juramento que cité al principio, ya que su trabajo tiene como objetivo principal el curar enfermedades, velar por la vida humana y dar prioridad a la salud de las personas.
Tras apropiarse de esos avances, la industria de las plataformas globales de las big tech, han decidido, aplicarlos en sus negocios, pero no para buscar la mejor salud y bienestar de sus usuarios y de las personas, sino para combinándolas con una serie de sofisticadas tecnologías de estadística predictiva alimentadas por una masiva recolección y registro de tecno-datos, –como les llama Javier Echeverría–, generados por la conducta online de los usuarios, usarlas combinadas para modificar la conducta más allá de la capacidad de decidir de los usuarios, conseguir maximizar su engagement (enganchamiento, en traducción libre) en el uso de sus plataformas y Apps (se llama Apps a la aplicaciones informáticas para el móvil), convirtiéndolos en adictos patológicos a sus Apps instaladas en su Smartphone, y su red social por encima de su voluntad; es decir, transformándolos en lo que el juramento hipocrático consideraría enfermos o víctimas de una patología.
O sea, desde el punto de vista de la fisiología, la salud y la medicina, en lugar de curar enfermos, estas empresas con sus plataformas globales y su Apps lo que hacen es ‘fabricar enfermos’, más exactamente, adictos patológicos a las redes sociales y a las Apps. Y son un tipo de enfermos-usuarios algo especiales, quizá de algún modo parecidos a Argán, el protagonista del El enfermo imaginario, –la célebre última obra que Moliere–, pero que en este caso no son víctimas de su hipocondría que no creen padecer al contrario que en la obra, sino de los manejos de tecnocapitalistas codiciosos, y de sus expertos anti-médicos que parecen haber hecho un Juramento hipocrático inverso aplicando a sensu contrario sus puntos clave arriba citados. Como si hubieran hecho ingeniería inversa del juramento.
Otra característica especial de los usuarios presa de las casi infalibles trampas cognitivas de dicha plataformas es que todo sucede sin que el usuario víctima se sienta atrapado, dada la sutileza de sus trampas; ni tenga sensación de peligro alguna, presa también de una alegre comodidad nihilista y de un conformismo tecnológico que considera los usos de las plataformas de redes sociales como algo inevitable e incluso deseable. Eso sucede hasta en los casos más adversos, cuyos problemas no se perciben hasta que ya es demasiado tarde. Lo reitero, casi ningún usuario de las redes sociales en general tiene sensación alguna de peligro en relación a ellas Por eso les extrañan las críticas sobre algo que, de algún modo, incluso les hace sonreír y les proporciona placer.
Aunque parece que las cosas empiezan por fin a cambiar tanto en la percepción de la sociedad, o de las instituciones, e incluso de los mismos usuarios o de los más jóvenes que parecerían felices sumergidos en ellas, aunque no del todo. Según una Encuesta del prestigioso Pew Research de 2025, la mayoría de los adolescentes atribuyen a las redes sociales el hecho de sentirse más conectados con sus amigos y compartir contenidos online, aunque, el mismo tiempo, uno de cada 5, el (20%), ya empiezan a opinar, sin saber la causa concreta, que saben que las redes sociales perjudican su estado anímico y salud mental. Entre los usuarios adolescentes, y cada vez más en porcentajes más altos, –según las encuestas–, parecen ser conscientes de que algo va mal y empiezan a creer que el uso intensivo de las redes sociales perjudica a las personas de su edad.
Las instituciones públicas reaccionan y toman conciencia
Independientemente de sus usos lúdicos, se acumulan ya pruebas objetivas y científicas sobre los daños en salud mental y por conductas auto-lesivas que las plataformas de redes sociales y el uso de sus estadísticas predictivas y sus trucos para fomentar la adicción están causando en la vida de adolescentes y personas vulnerable. En todo el mundo los más graves se amontonan y saltan a las noticias, y hace que la gente se vaya concienciando y sus dudas sobre vayan desapareciendo.
Mientras escribo este texto, leo que se ha iniciado en Los Ángeles un juicio histórico contra dos de las redes sociales más usadas, You Tube e Instagram, «cuyos propietarios según afirma la BBC construyeron ‘máquinas de adicción’, como se ha dicho en el juicio. A la vista legal que han acudido familias de todo el mundo con casos de menores que se han suicidado. Por otra parte, según informa El País, una de las demandantes es Lori Schott «que cree que su hija estaría viva de no ser por las redes sociales que la convencieron de que era fea y no valía nada». Por eso, según su madre «se quitó la vida a los 18 años». Este caso es ya uno más de una multitud de casos que han sucedido en EE.UU. Está previsto que Mark Zuckerberg CEO de Meta, preste declaración en este juicio, como ya lo hizo en enero de 2024 ante el Comite Judicial del Senado de California por el mismo motivo, ante 26 familias en las que, al menos un menor, se había suicidado, todos por conductas relacionadas con el uso de las redes sociales de Meta. Tras su declaración y el juicio, la conducta y el modelo de negocio de su empresa no ha cambiado en absoluto.
Crecientemente cada vez hay más pruebas y emerge un clamor social y, por fin, las autoridades institucionales empiezan a plantear públicamente el uso masivo y adictivo de las redes sociales como un problema de salud pública de gran envergadura. El anterior alcalde de Nueva York Eric Adams y su ayuntamiento, ya declararon que las redes sociales son una «toxina ambiental». Y después fue publicado por el Dr. Ashwin Vasan, comisionado del Departamento de Salud e Higiene Mental (DOHMH) de EE.UU., un pionero «Informe especial sobre redes sociales y salud mental», en cuyas conclusiones principales se pueden leer que «niños, adolescentes y padres que usan alguna forma de red social reportan mayores tasas de ansiedad». Las conclusiones del informe se basan en una gran encuesta cumplimentada por 22.484 padres, tutores u otros cuidadores de niños, niñas y adolescentes de entre 5 y 17 años residentes en la ciudad de Nueva York.
El citado Adams declaró, tras la publicación que «Los resultados de esta encuesta confirman una vez más lo que sabemos desde hace tiempo: las redes sociales contribuyen a crear un entorno tóxico que tiene efectos perjudiciales en nuestros jóvenes”. Por su parte, la vicealcaldesa de Salud y Servicios Humanos de Nueva York, Anne Williams-Isom declaró que «Las redes sociales son una herramienta útil para aprender cosas nuevas, conectar con la gente y mucho más», pero también señalo que las redes sociales tienen un lado oscuro señalando que, aproximadamente el 93 % de los adolescentes de la ciudad de Nueva York usa alguna forma de redes sociales, y quienes las usan reportan tasas de ansiedad más altas que quienes no las usan.
Al mismo tiempo, personas muy relevantes como el ex cirujano general y director general de Salud Pública Vivek Murthy de EE.UU., dio un paso al frente y señaló a las redes sociales como una gran amenaza para los adolescentes. Y declaró: «El uso de las redes sociales por parte de los jóvenes es casi universal. Hasta el 95 % de los jóvenes de entre 13 y 17 años afirman usar alguna plataforma de redes sociales. Casi dos tercios de los adolescentes afirman usar las redes sociales a diario y un tercio afirma usarlas «casi constantemente», según las investigaciones de Vogels et al. y Rideout et al. ». Y añadió: «Las redes sociales presentan un riesgo significativo de daño para los jóvenes, a la vez que ofrecen beneficios. Los tipos de uso y contenido a los que están expuestos los niños y adolescentes [por las plataformas] plantean problemas de salud mental. Y cuando pasan más de 3 horas al día en redes sociales, se enfrentan al doble de riesgo de sufrir problemas emocionales o de salud mental, y presentan síntomas de depresión y ansiedad. Esto es preocupante, –señaló–, ya que nuestra encuesta muestra que los adolescentes pasan un promedio de 3,5 horas al día en redes sociales».
Cuando se le preguntó a Murthy sobre el impacto de las redes sociales en el estado anímico de los jóvenes, declaró que «los datos señalan que el 46 % de los adolescentes de entre 13 y 17 años afirmó que las redes sociales, –a pesar de necesitar usarlas–, también les hacen sentirse peor». Es decir que el uso de las redes sociales tiene atrapados a los adolescentes en un proceso repetitivo y adictivo. Ellos empiezan ya a sospechar que usarlas les hace daño, pero no pueden dejar de usarlas, porque «necesitan de estar conectados a sus amigos (todos las usan) y no sentirse ignorados». Además, ellos, para sentirse bien, necesitan seguir las modas digitales que siguen los de su edad, –en la que las modas se han vuelto casi obligatorias–, para no sentirse marginados.
Según los medios internacionales, que por fin están prestando, abiertamente, gran atención el tema, Europa también empieza a reaccionar por fin contra la salvaje industria digital de la adicción. Lo señala masivamente la prensa internacional más prestigiosa. Este mismo mes, el 6 de febrero, The New York Times publicó un articulo titulado «Europa acusa a TikTok de diseño adictivo e impulsa un cambio» cuya entradilla dice: «Los reguladores de la Unión Europea afirmaron que el scroll infinito y el algoritmo personalizado de su App provocaban un comportamiento «compulsivo», especialmente entre los niños». El Financial Times, ese mismo día, publicaba otro artículo con un titular parecido: «La UE afirma que TikTok debe abandonar su “diseño adictivo» en Europa», y en su segundo párrafo señalaba: «En las conclusiones preliminares de un informe publicado el viernes, la Comisión Europea afirmó que, en su opinión, la empresa no había evaluado y mitigado adecuadamente los riesgos que plantean las características de diseño adictivas que podrían perjudicar el bienestar físico y mental de los usuarios, en particular de niños y otros grupos vulnerables».
La BBC, a su vez, publicó también ese mismo día que «La UE ha ordenado a TikTok que cambie su «diseño adictivo» o se enfrente a fuertes multas –de hasta el 6% de su facturación a nivel mundial–, tras descubrir que la plataforma de intercambio de vídeos incumplió sus normas de seguridad online. Lo revela una investigación iniciada en febrero de 2024 sobre esta App de propiedad china por la Comisión Europea. En sus conclusiones preliminares, –también en el mismo sentido–, la información señalaba que TikTok no evaluó adecuadamente que su reproducción automática podría perjudicar el bienestar de sus usuarios, incluidos los niños, ni implementó medidas para mitigar los riesgos». Por su parte, la prestigiosa agencia Reuters publicó una información equivalente que titulaba: «TikTok acusada de infringir las normas de la UE con las funciones adictivas de la App». Así que sobre el uso de trucos para implantar prácticas adictivas en los usuarios ya no hay duda. Pero de Tik Tok, y del scroll infinito hablaré más adelante en detalle.
Mientras escribo este texto ha saltado la última noticia sobre las reacciones institucionales contra la fábrica global de adictos que son las redes sociales, y que es de gran envergadura. El gobierno de la democracia más poblada del mundo, India, con 1.000 millones de habitantes de los cuales, 1.000 millones son usuarios de las redes sociales, ha decidido dar un paso radical contra las empresas dueñas de las plataformas.
India acaba de endurecer fuertemente las normas que rigen en el país el contenido y las plataformas de redes sociales, en particular el material generado y manipulado artificialmente, en un intento por frenar la rápida propagación de desinformación y deepfakes –los contenidos multimedia (vídeo, audio o imágenes) hiperrealistas generados mediante inteligencia artificial y técnicas de deep learning para suplantar la identidad de personas, haciendo que parezca que dicen o hacen cosas que nunca ocurrieron–. Y, además, en contra de muchos otros tipos de basura informativa generada por IA.
Y esto es importante. El gobierno indio obliga así a las empresas de redes sociales a invertir en centros de monitorización de contenido, que funcionen las 24 horas, ya que la aplicación de esta ley se centra en las plataformas en lugar de los usuarios. Las nuevas normas también exigen a las empresas dueñas de las plataformas de redes sociales, usar herramientas automatizadas para detectar y prevenir contenido ilegal de IA, según informa la BBC Dichas empresas deberán afrontar en la India la responsabilidad de la identificación, eliminación, y la aplicación de esta ley recae directamente en las empresas tecnológicas, que podrían perder la inmunidad legal en la India si no actúan dentro del plazo establecido.
Las solicitudes de eliminación que pidan las autoridades indias se han de llevar a cabo casi en tiempo real, ya que el plazo que da la ley solo es de tres horas, y deben etiquetar de forma destacada el contenido generado por IA. Además, las nuevas normas para las redes sociales en India también exigen que las plataformas implementen medidas para evitar que los usuarios publiquen material ilegal…
Esta noticia tiene una importancia y un significado de gran alcance porque es un gran precedente que afecta a 1.000 millones de usuarios de redes sociales. La normativa que ha dictado el gobierno indio, corrobora el daño que producen las redes sociales a los más vulnerables, sobre todo a adolescentes, pero también se anticipa a los efectos agravados de la combinación de las redes sociales con la IA Generativa, combinación que aún representa un peligro mayor y que está creciendo rápidamente. Así que, India, con esta medida, también se ha sumado a la creciente lista de países que están prohibiendo el uso de redes sociales a menores de 16 años. India se suma, con ello, a las prohibiciones de uso de redes sociales para menores que ya han puesto en marcha Australia, Francia, Malasia, Dinamarca, Noruega y Chile. Y están en proceso de hacerlo, con variantes de la norma, el Reino Unido, Portugal, Alemania e Italia y varios Estados de EE.UU. y la lista sigue aumentando.
No olvidemos que el pasado mes de noviembre, el Parlamento Europeo aprobó por abrumadora mayoría de 483 votos a favor y 92 en contra un informe en el que pide una mayor protección para los menores frente a la manipulación y la adicción que pueden generar las redes sociales.
Aunque hay críticos sobre estas medidas que las verán como intentos de censura de la libertad expresión (es el principal argumento en contra de las empresas implicadas), hoy es ya innegable, y las autoridades de todos estos países lo saben, que las redes sociales y la adicción que inducen, producen daños en el aprendizaje y la educación; y también en la salud mental y emocional de los adolescentes y los vulnerables, que incluso, en casos límite pueden llevar, –y más con la ayuda de los Chatbots de IA, como el Chat GPT, etc.– , a algunos adolescentes hasta las autolesiones y en casos extremos hasta el suicidio. Por otra parte, ya se han publicado datos objetivos y estudios científicos que corroboran los perniciosos efectos, la adicción y la toxicidad que las redes sociales provocan a usuarios y menores vulnerables, que ante ello, están completamente indefensos. De eso ya no hay ninguna duda y tampoco de que las autoridades han de actuar fuertemente en ello.
Las impresionantes magnitudes del Internet social y los adolescentes
La encuesta del prestigioso Pew Research Center sobre el uso de redes sociales en 2025 muestra magnitudes que dan una idea de lo importante que se ha vuelto el estar conectado a Internet para la vida de los adolescentes actualmente.
Según la encuesta, «casi todos los adolescentes estadounidenses (el 97%) afirman usar internet a diario, incluyendo que cuatro de cada diez (el 40%) afirman estar conectados casi constantemente». YouTube es la plataforma que más adolescentes usan de la franja de edad entre 13 y 17 años (dicen usarla un 92%). Y, aproximadamente, tres cuartas partes de esos adolescentes (el 75%) afirman usarlo a diario. Las siguientes redes sociales más visitadas por ellos son TikTok (por el 68%) e Instagram (la usan el 63%); a continuación, en ese ranking de cifras de uso están Snapchat, –visitada a diario por el 31%–; Whatsapp (24%), Reddit (21%), mientras que un porcentaje mucho menor afirma lo mismo de Facebook (20%), y sobre X (twitter) que solo visitan un 16%.
Curiosamente, en cuanto a género, las adolescentes las usan más que los chicos. Según la encuesta, un porcentaje ligeramente mayor de chicas adolescentes que de chicos afirman estar en TikTok e Instagram, «casi constantemente». En cambio, los chicos adolescentes varones son más propensos que las chicas a visitar YouTube con más frecuencia (20 % frente a 13 %).
Es importante considerar que los tiempos que reflejan estos porcentajes se han de sumar (la atención de usuario no puede estar en dos o más redes sociales al mismo tiempo y aunque se pueden tener en el móvil varias Apps abiertas, la atención del usuario ha de pasar de una a otra ya que su ventana se superpone al cliquear sobre ella en el móvil. Se puede comprobar que sumando el tiempo de uso en cada red social de cada usuario aparecen magnitudes impresionantes. Los adolescentes pasan en total muchas horas al día, de media, en las distintas redes sociales y, de ahí, que su impacto sea tan alto, no solo por el gran número de usuarios sino también por el tiempo que permanecen en ellas interactuando en una representación virtual ilusoria. En algunos adolescentes esa permanencia conectados a las redes puede llegar a más de ocho horas por día.
Quiero señalar también que muchísimos usuarios de las redes sociales que han dejado ya de informarse sobre lo que pasa en la actualidad del mundo real, mediante la prensa y los periodistas, y solo se informan en esas redes, ignoran casi todo lo que está sucediendo, ya que están inmersos en una representación virtual que muestran estas plataformas. Por ello permanecen atrapados por la ilusión de que estando conectados a las redes sociales «están informados de lo que pasa en el mundo que les rodea». No es así. Esa ilusión se ha hecho masiva entre los usuarios de las plataformas. Las redes sociales no conectan al usuario con la realidad del mundo sino con una representación fragmentada que describe en la pantalla aquello de lo que más se habla en la cámara de eco, a la que esté conectado en la red social quien la esté usando.
Confundir el funcionamiento de una red social con el de un medio de comunicación de masas (mass media), como les llamaba McLuhan, cuyo contenido está construido por periodistas profesionales, como un periódico, la radio o una TV serios es un error conceptual considerable y muy extendido (por más que hoy haya todo tipo de calidades y tratamientos en los periodistas y su trabajo, en los actuales mass media que hoy en gran parte están también entrelazados con el Internet social). Otras ilusiones que inducen las redes sociales en el usuario es la de «estar acompañado».
Que estés conectado a una red social no hace que estés acompañado. Esa forma de compañía es una ilusión. Por otra parte, el permanecer conectado a las citadas cámaras de eco de una red social hace que estás mucho más a merced de los mecanismos que aceleran la adicción porque la estadística predictiva de la plataforma posee los datos de tu conducta que permiten que sus algoritmos alimenten y dirijan hacia ti dosis del tipo de contenido que más te hizo reaccionar anteriormente (según el registro de esa estadística) como usuario, y eso, activa constantemente tu circuito cerebral de recompensa, que te envía en el cerebro minidosis de dopamina repetidamente, haciendo sutilmente que tu mente entre un círculo vicioso, en un bucle como de piloto automático, que incrementa la adicción por encima de tu voluntad sin que apenas lo percibas. Eso es lo que hace que la gente le sonría al móvil por la calle. No es una sonrisa casual o natural. Está provocada.
Los daños personales que se están dando a conocer provocados por estas plataformas globales no son casuales. Están provocados por sus poderosos mecanismos tecnológicos a gran escala. Y generan daños sociales de los que nos estamos enterando gracias al periodismo, por encima de las descomunales campañas de marketing de las propias empresas implicadas, cuya propaganda te promete un internet social idílico y alegre. De esos daños no te enteraras dentro de una red social. Las plataformas son tan grandes y poderosas (llegan a miles de millones de usuarios), que para el periodismo y su vocación de informar sobre lo que de verdad está pasando en el mundo, es una situación de una lucha de David contra Goliat. Lo que ha pasado hace pocos días con el prestigioso Washington Post, que acaba de despedir a 300 periodistas, es una muestra de ello y de lo dura que es esta lucha. Pero, me niego a aceptar que es algo irremediable si es que queremos ir hacia un mundo mejor. Yo comparto con Tim O’Reilly su idea de para qué sirve la tecnología. «Sirve para hacer del mundo un lugar mejor». Claro que eso solo es posible si tenemos clara la diferencia entre lo que es mejor y lo que es peor.
Volviendo a las redes sociales, recordemos que el modelo de negocio de todas estas plataformas está basado en los mismo dos sencillos objetivos: a) maximizar en número de conexiones por unidad de tiempo (por hora, por día, etc.); y, b) maximizar también la duración de cada conexión con permanencia de la atención fijada en la pantalla mirando la interfaz de la de la red social de que se trate. Para las plataformas es esencial que sus usuarios sean lo más productivos posible para maximizar su beneficio económico, por encima de cualquier otra cosa o consecuencia. Y, hacia ello están orientados todos sus mecanismos tecnológicos. El principal y más adictivo, sobre todo usado en el móvil, es el scroll infinito (para que el contenido nunca se acabe en la pantalla).
El scroll infinito, el padre de todas las adicciones digitales de redes sociales
El scroll infinito merece una explicación detallada. El scroll infinito vertical fue inventado en 2006 por Aza Raskin cuando era jefe creativo de Facebook. –Aza tiene pedigrí tecnológico: es hijo de Jef Raskin, uno de los diseñadores del ordenador Macintosh de Apple–. Su invento consiste en un sistema que sirve el contenido en la pantalla táctil del Smartphone que responde deslizándose instantáneamente, a un leve gesto del dedo pulgar de forma reiterada dando paso en la pantalla a un nuevo contenido. El resultado es que el contenido presentado nunca se acaba en la pantalla. Podrías estar toda tu vida con la atención fijada en tu móvil, repitiendo una y otra vez el leve gesto de deslizar suavemente tu pulgar por la pantalla táctil de tu Smartphone. El contenido que aparece es inacabable. Se despliega infinitamente, de ahí su nombre. El sistema inventado por Raskin tuvo un enorme éxito y se extendió por todo internet. Actualmente todas las redes sociales tienen alguna versión del scroll infinito, en la interfaz de su App en el móvil.
El propio Aza, en un primer momento estaba muy contento con su invento que fue un éxito instantáneo, –y claro, también entusiasmó a la empresa, que entonces se llamaba Facebook, y ahora Meta-. Todo el mundo le felicitaba por su invento. Pero, pasado un tiempo, comenzó a ver que la gente, a medida que más lo usaba, más cambiaba; que parecía incapaz de adaptarse a los dispositivos; los consultaban sin parar, constantemente, gracias en parte al programa que él había inventado. Él mismo se descubría consultando continuamente lo que eran tonterías y se empezó a preocupar. Acabó haciendo cálculos y se dio cuenta que el scroll infinito nos hace perder un 50% más de tiempo en sitios como X (antes twitter) o como TikTok o Instagram. Extrapoló para averiguar lo que significaba que miles de millones de personas pasaban un 50% más de tiempo en redes sociales. El final de sus cálculos le dejó pasmado: directamente como consecuencia de su invento, un total de 200.000 periodos equivalentes a toda una vida humana se malgastan diariamente en una sola red social.
Hemos sabido después que, en Silicon Valley, donde está la sede de Meta, estaban encantados con el invento de Raskin, porque lo que ellos buscan es aumentar constantemente el número de usuarios y maximizar su ‘enganchamiento’ (engagement). Lo que importa allí es la capacidad de captar y mantener la atención, –en realidad de generar adicción–. Así que Aza acabó pensando que sus propios hijos, y sus amigos y conocidos iban a ser víctimas de su invento. Esa idea le terminó convenciendo que debía irse de la empresa. Y así lo hizo. Dimitió de su puesto de jefe creativo en Facebook y se marchó voluntariamente de la empresa, que entonces estaba en el mejor de sus éxitos.
En una entrevista relativamente reciente, de 2021, para la revista GQ, la periodista Danielle Cohen le preguntó a Aza Raskin qué pensaba, quince años después de crearlo, sobre su invento del scroll infinito, que le había hecho superfamoso y cómo procesó personalmente el ver cómo su invento se había universalizado completamente. Aza hizo una fuerte autocrítica y le contestó: «Es muy difícil, a nivel individual, ver estos efectos y decir: …Vaya, en realidad esto está causando un daño masivo a nivel social e individual. Tenemos que hacer algo al respecto… Pero ese es un discurso que lleva existiendo desde antes de que yo tuviera mi propio despertar personal. El scroll infinito era una de las muchas cosas en las que estaba trabajando entonces y por la que ahora todo el mundo me conoce. Sería una mierda llegar al final de mi vida y que en mi lápida ponga algo así como: «Hizo el scroll». La suposición de que hacer algo más fácil de usar es mejor para la humanidad fue desmontada por ese invento. Las cosas que yo pongo en el mundo, no puedo controlar necesariamente cómo van a ser utilizadas. Debería haber dedicado más tiempo a pensar en la filosofía y la responsabilidad que conlleva el invento».
La verdad es que ya es sabido que Raskin decidió comprometerse de verdad a partir de entonces a, –como él dijo–, «solo a encontrar formas de utilizar la tecnología para cosas buenas». Y en ello está todavía. Pero no debe ser nada fácil alejarse del asalto de sus propios pensamientos y de pensar que su invento lo están usando, cada día, miles de millones de personas en el mundo y provocando, –está demostrado–, en la mayoría de ellas una fuerte adicción digital a las pantallas, que es dramática especialmente en personas vulnerables como los adolescentes que hoy pueblan las plataformas y redes sociales.
Sigamos ahora con otros instrumentos digitales para provocar adicción en las redes sociales. Otros importantes son los aparentemente inocuos likes (me gusta) y los simpáticos emoticonos. Pero no son inocentes. Por ejemplo, los emoticonos, sirven para que en lugar de usar tiempo para escribir una frase a la que dedicaríamos medio minuto, lo coloquemos en un solo clic que dura medio segundo. Con ello usamos el tiempo que emplearíamos en escribir la frase a «trabajar y ser más productivos para la plataforma”. Eso hay en realidad tras los emoticonos. Para eso se inventaron. No son un capricho gracioso o estético.
Además, colocando con un clic de medio segundo el emoticono facilitamos sin darnos cuenta que los algoritmos de la plataforma nos hipersegmenten estadística y comercialmente como usuarios, asociando estadísticamente con nosotros a quienes nos ponen «me gusta», o emoticonos y viceversa; y la algorítmica apunte y nos envía una y otra vez contenidos similares a los que más nos interesan, nos hacen gracia o nos hacen sonreir a la pantalla y que servirán de orientación a la algorítmica predictiva de la plataforma para que nos envíen, más y más contenido del que nos hace gracia, o nos gusta más, y provoque nosotros respondamos, y lo re-enviamos, multiplicando la interacción de otros usuarios que compartan nuestra cámara de eco de la red social en que estamos. Eso aumentará nuestra adicción –también nos polarizará, a veces positivamente y a veces negativamente, –esto último es más negocio, de ahí que las plataformas promuevan la polarización–. Es la vía para maximizar la interacción de los que comparten nuestra cámara de eco de la red social en que estamos. Cuando más interactuemos y más tecno-datos «movamos», y más minutos permanezca nuestra atención presa de esa pantalla ‑más adictos seamos–, más dinero ganará la empresa dueña de la plataforma.
Hay otros muchos más instrumentos integrados en la interfaz de las redes sociales para generar adicción que son más recientes, como los vídeos cortos o hiper-cortos (reels, shorts, etc.) que impulsan el scroll infinito. La empresa dueña de TikTok es china, –aunque tiene su sede en el paraíso fiscal de las Islas Cayman– y se llama ByteDance no por casualidad, (los famosos bailecitos de las adolescentes, ¿recuerdan?), y que es dueña, también, del TikTok para dentro de China que se llama Douyin. Nota: Douyin, que tiene unas estrictas medidas de protección, –sabe que la red social provoca daños–, para los menores de China, cosa que no tiene el TikTok para el resto del mundo. Para el gobierno chino –un alto funcionario suyo se sienta en el consejo de la empresa–, al parecer, los adolescentes del resto del mundo nos son dignos de protección. Douyin las tiene porque las autoridades chinas saben que las redes sociales causan daños y adicción a los adolescentes. Pero, ¡ah! el gobierno chino sí desea obtener los datos de los usuarios y, sobre todo, de los adolescentes, que entran en TikTok, y que, por eso son enviados habitualmente a China. Así funciona la cosa y por eso Trump quiere que la empresa en EE.UU. sea comprada y gestionada por capital norteamericano (por cuestiones de seguridad nacional, dice; pero no la cierra o prohíbe en EE.UU. porque ahí hay 180 millones de usuarios norteamericanos y en ellos, podría tener muchos posibles votantes o partidarios probablemente polarizados).
La combinación del scroll infinito y de la App de TikTok para los móviles inteligentes ha hecho de esta plataforma social el campeón de la adicción de todas las redes sociales, siendo la red social que mas rápido y de forma más intensa puede convertir a un usuario en un adicto digital, muy por delante de otras como, Instagram, YouTube, Snapchat, Facebook, o X, etc.
Desde el punto de vista de la plataforma todos estos mecanismos que he citado son en realidad herramientas de productividad, para que los usuarios sean lo más productivos posible, y generar el máximo de tecno-datos y contenidos. Mi amigo Javier Echeverría les llamaría los siervos de la gleba digital de la dominación que ejercen los Señores Tecnofeudales de las Nubes. Siervos de la gleba digital que, en realidad, están trabajando gratis sin saberlo y muchos de ellos incluso, fruto de su adicción, parecen encantados de hacerlo. Pero la realidad es que cuantos más tecno-datos movamos, (creando, publicando, distribuyendo o re-enviando) en las plataformas, más estamos contribuyendo a su monetización, ya que usan esas métricas para vender espacio y tiempo de la plataforma a los anunciantes. Y por ese método estas empresas, verdaderos Señoríos Tecnofeudales globales como les llama Javier, han conseguido la mayor tasa de beneficios de toda la historia de la economía y las empresas hasta ahora.
Por ejemplo, los usuarios adictos de Google y su plataforma son tan productivos que han hecho que sus plataformas del internet social (YouTube, Google shorts, Waze, etc.) se conviertan en un conjunto monopolístico de facto de la publicidad online, en la que ahora tiene una tasa de mercado del 91%. Solo Google facturó en 2025 un récord de 402.836 millones de dólares, un 15% más interanual. De ellos unos 60.000 millones correspondieron a los ingresos por publicidad y suscripciones de YouTube. Alphabet, la matriz de Google y YouTube, registró un beneficio neto de 132.170 millones de dólares en el ejercicio 2025, un 32% más respecto al anterior. De eso estamos hablando. Y gran parte de esos beneficios son generados mediante la adicción conseguida en usuarios de todo el mundo.
Por eso Google ha pasado ser una innovadora empresa de las tecnologías de búsqueda y recuperación de información en Internet a ser una gran empresa de publicidad online, de hecho, la más grande del mundo en facturación publicitaria, cosa que hoy le sirve para financiar sus carísimas apuestas en la IA y sus LLM como Gemini, etc.

El uso de las redes sociales con el Smartphone por parte de los jóvenes es hoy casi universal.
El casi infalible artefacto tecnológico de adicción a las redes sociales
El éxito global de las plataformas de redes sociales es evidente, ya que las usan miles de millones de personas en el mundo. Desde el punto de vista de los mecanismos tecnológicos (hardware+software) usados por las plataformas, dicho éxito se debe fundamentalmente a dos cosas; la primera al instrumento físico por excelencia: el Smartphone (teléfono móvil inteligente) y su conexión ubicua (que hace que el usuario permanezca conectado en todo momento y desde cualquier lugar), que combinado con el software de machine learning (la estadística predictiva) alimentada por los tecno-datos que el propio usuario les regala que son registrados mediante la Actigrafía y Tappigrafía: «Tu Smartphone sabe cómo te sientes antes que tú»), y sus Apps se ha convertido en conjunto en una trampa cognitiva casi infalible.
A eso se añade toda una serie de herramientas que sutilmente generan adicción, prácticamente, sin que el usuario de la App y de la plataforma se aperciba de ello. Herramientas con aspecto y acciones sutiles (llegando hasta el cerebro y activando micro-descargas de dopamina guiadas por el registro de los datos de conducta del usuario que la App, junto con las cookies, se encargan de registrar y recolectar constantemente), y que re-alimentan a la estadística predictiva de la plataforma. Todo ello mantiene y multiplica la adicción y ello sucede en una atractiva interfaz con detalles y aspectos incluso simpáticos. Todo tiene una estética agradable que consigue que los usuarios asuman una sensación de inevitabilidad tecnológica, de que es imposible evitar usarlas.
La gente conectada no suele ser consciente de ello, pero como he dicho y lo reitero los emoticonos, likes, el scroll infinito, los reel (vídeos cortos y ultracortos), son puras herramientas de productividad, de forma que el usuario produzca, cree y ‘mueva’ más y más tecno-datos digitales. Eso costaría dinero a cualquiera que le encargue hacerlo a alguien, por ejemplo, a un diseñador o editor. Pruebe a pedir un presupuesto. Todo para alimentar las métricas de las plataformas. Métricas que esa empresa vende a los anunciantes. Pero en el mundo actual las redes sociales no solo son empresas para ganar mucho dinero, –que también–, sino que, además, se han convertido en palancas de poder, influencia política y económica, a nivel mundial para influir en los legisladores, y evitar las regulaciones legales, –como las que intentan implantar los legisladores y países europeos, o por ejemplo el gobierno de Australia con su prohibición ya decretada del acceso de los menores de 16 años a las redes sociales.
Las big tech, dueñas de las plataformas de redes sociales, además de haberse convertido en conjunto de la mayor industria global de la adicción, también intentan ejercer su dominación tecnofeudal (Echeverría) por encima de los Estados y ejercerla sin límites ni regulaciones en escenarios políticos y ámbitos mundiales en los que incluyen no solo el promover la adicción, sino también usar técnicas como el astroturfing, la desinformación masiva y toda una nueva panoplia de nuevas estrategias de manipulación en el mundo digital. Un ejemplo canónico podría ser la red social “X” de Elon Musk, –antes llamada twitter–. Parece que, para ellas, parafraseando a James Bond, ya ni siquiera el mundo entero es suficiente.
La última vuelta de tuerca en esta disputa entre los tecno-poderes contemporáneos de los Señores de las Nubes enfrentados entre sí, en el intento de cada uno de ellos, por lograr convertirse en el primer monopolio planetario de la IA Generativa sin regulación o limitación alguna. Es una carísima contienda, en capital y energía, que por ahora está financiada en parte por la adicción masiva conseguida en las redes sociales en la que están implicadas miles de millones de personas. Una contienda que no ha hecho más que empezar y que aún no sabemos a dónde llevará al mundo, a la humanidad y al planeta. Sobre esa nueva incertidumbre habrá que volver más adelante. Quien diga que sabe con seguridad lo que puede pasar, y a dónde puede conducir al mundo y al planeta esta descomunal disputa, miente. En cualquier caso, si seguimos aquí, hablaremos sobre ello otro día de nuevo.
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