Tan­to la algo­rít­mi­ca pre­dic­ti­va de las pla­ta­for­mas de las Redes Socia­les, como la de las inmen­sas estruc­tu­ras de soft­wa­re de sus gran­des Mode­los de Len­gua­je (LLM) que ali­men­tan los Chat­bots de IA, están estruc­tu­ra­dos, sobre todo, para gene­rar adic­ción en el usua­rio y mone­ti­zar­la. Ese es el obje­ti­vo cen­tral de sus mode­los de nego­cio.

 

Ima­gen supe­rior: La pan­ta­lla tác­til del Smartpho­ne, las Apps y el scroll infi­ni­to, com­bi­na­dos, lle­van direc­ta­men­te a la adic­ción.  

Adol­fo Pla­sen­cia, 16 de febre­ro de 2026

El Jura­men­to Hipo­crá­ti­co es un com­pro­mi­so éti­co his­tó­ri­co, atri­bui­do a Hipó­cra­tes, que los médi­cos asu­men al titu­lar­se, para garan­ti­zar la aten­ción, con­fi­den­cia­li­dad y el bien­es­tar del pacien­te. Basa­do en la éti­ca médi­ca, el jura­men­to ori­gi­nal y sus ver­sio­nes moder­nas (como la Decla­ra­ción de Gine­bra) obli­gan a no cau­sar daño, res­pe­tar la vida, man­te­ner el secre­to pro­fe­sio­nal y actuar con hon­ra­dez y dig­ni­dad pro­fe­sio­nal.

Los pun­tos cla­ve del Jura­men­to Hipo­crá­ti­co son:

  • Com­pro­mi­so con el pacien­te: Poner la salud y el bien­es­tar del enfer­mo como prio­ri­dad abso­lu­ta.
  •  No male­fi­cen­cia: Pro­me­sa de no cau­sar daño inten­cio­na­do ni admi­nis­trar vene­nos.
  •  Con­fi­den­cia­li­dad: Guar­dar secre­to pro­fe­sio­nal sobre lo vis­to u oído en la prác­ti­ca médi­ca.
  • Éti­ca Pro­fe­sio­nal: Ejer­cer la medi­ci­na con con­cien­cia, dig­ni­dad y res­pe­to a las nor­mas, inclu­yen­do el res­pe­to a los maes­tros y cole­gas.
  • Igual­dad: No per­mi­tir que la raza, reli­gión, nacio­na­li­dad, cla­se social o filia­ción polí­ti­ca se inter­pon­gan entre el médi­co y el pacien­te.
  • Res­pe­to a la vida: Velar por la vida huma­na con el máxi­mo res­pe­to des­de su comien­zo.

¿Por qué trai­go aquí el jura­men­to hipo­crá­ti­co si voy a expli­car cómo fun­cio­na la indus­tria digi­tal de las adic­cio­nes? pues por que, así, podre­mos ver cómo esta indus­tria, en su mayor par­te pro­mo­vi­da por capi­ta­lis­mo espe­cu­la­ti­vo sal­va­je, está orien­ta­da a pro­pó­si­tos que van en direc­ción con­tra­ria a los com­pro­mi­sos del cita­do Jura­men­to. Estas empre­sas se han apro­pia­do de los últi­mos des­cu­bri­mien­tos de la neu­ro­cien­cia, cuyos cien­tí­fi­cos los bus­ca­ron y des­cu­brie­ron, con el pro­pó­si­to de curar enfer­me­da­des, y los apli­can median­te sofis­ti­ca­da tec­no­lo­gía com­bi­na­da con la cone­xión onli­ne ubi­cua, para pro­vo­car pato­lo­gías adic­ti­vas sobre todo en per­so­nas inde­fen­sas ante ello y vul­ne­ra­bles, por ejem­plo, como son los ado­les­cen­tes, aun­que no solo en ellos. Lue­go entra­ré en deta­lles.

Mi ami­go, el gran Tim O’Reilly, que for­mu­ló la Web 2.0 de la que des­cien­den las inter­fa­ces de las redes socia­les ya lo apun­tó en 2021: «…En el caso de las pla­ta­for­mas de medios socia­les, la mani­pu­la­ción de los usua­rios con fines extre­mos de lucro ha des­hi­la­cha­do el teji­do de la demo­cra­cia y el res­pe­to a la ver­dad. Sili­con Valley, que antes apro­ve­cha­ba la inte­li­gen­cia colec­ti­va de sus usua­rios, aho­ra uti­li­za su pro­fun­do cono­ci­mien­to de los mis­mos –que vie­ne del reco­lec­tar cons­tan­te­men­te los datos de sus con­duc­tas onli­ne–, para ‘comer­ciar con­tra ellos’». «…Este actual pai­sa­je frac­tu­ra­do de Inter­net, no es lo que se pre­di­jo: los pio­ne­ros de Inter­net espe­ra­ban la liber­tad y la sabi­du­ría de las mul­ti­tu­des, no que todos estu­vié­ra­mos bajo el con­trol de las gran­des empre­sas que se bene­fi­cian de un gran mer­ca­do de infor­ma­ción fal­sa». … «Lo que inven­ta­mos no era lo que espe­rá­ba­mos. Inter­net se ha con­ver­ti­do en la mate­ria de nues­tras pesa­di­llas más que de nues­tros sue­ños…».

La muer­te de la inno­va­ción y del com­pe­tir leal­men­te con otras empre­sas

Las pla­ta­for­mas de red social son inmen­sos espa­cios onli­ne crea­dos por empre­sas que ya no com­pi­ten con otras para ser más inno­va­do­ras. La inno­va­ción, que era el san­to y seña que carac­te­ri­za­ba a mis enton­ces admi­ra­das empre­sas tec­no­ló­gi­cas de Sili­con Valley, ha deja­do de ser­lo. Las big tech han olvi­da­do el com­pe­tir por crear el mejor pro­duc­to o dar el mejor ser­vi­cio, inclu­so matan­do a la inno­va­ción que, en el caso de Goo­gle has­ta tie­ne un cemen­te­rio. Si hoy emer­ge una nue­va star­tup con una tec­no­lo­gía mejor o más inno­va­do­ra que la suya. Las big tech ya no la incor­po­ran. Pare­ce que ya no quie­ren per­der tiem­po con el tema de la inno­va­ción. Com­pran la star­tup, y cie­rran su tec­no­lo­gía. Sus mode­los de nego­cio, ya no están orien­ta­dos a tener la mejor tec­no­lo­gía o el pro­duc­to más per­fec­to del mer­ca­do como per­se­guía en tiem­pos Ste­ve Jobs, sino a maxi­mi­zar bene­fi­cios a cor­to pla­zo sin impor­tar los efec­tos secun­da­rios de los méto­dos para con­se­guir­lo. Las actua­les big tech tie­nen voca­ción de con­ver­tir­se en mono­po­lios glo­ba­les y per­si­guen lle­gar a ello en base a tener una inmen­sa can­ti­dad de usua­rios cau­ti­vos, ino­cen­te­men­te pre­sos de la adic­ción digi­tal. En mi opi­nión, la filo­so­fía empre­sa­rial de las gran­des empre­sas tec­no­ló­gi­cas ha cam­bia­do. Ser la empre­sa más inno­va­do­ra del mun­do, ya no está en su idea­rio ni en su radar.

Para lle­var a cabo lo que arri­ba seña­la O’Reilly, una de las com­bi­na­cio­nes más sofis­ti­ca­das de la arqui­tec­tu­ra de estas pla­ta­for­mas ha sido apro­piar­se de los más recien­tes avan­ces de la neu­ro­cien­cia que son resul­ta­do de las inves­ti­ga­cio­nes de los mejo­res neu­ro­cien­tí­fi­cos, –que en su mayor par­te, tam­bién médi­cos–, que segu­ro están com­pro­me­ti­dos con el Jura­men­to que cité al prin­ci­pio, ya que su tra­ba­jo tie­ne como obje­ti­vo prin­ci­pal el curar enfer­me­da­des, velar por la vida huma­na y dar prio­ri­dad a la salud de las per­so­nas.

Tras apro­piar­se de esos avan­ces, la indus­tria de las pla­ta­for­mas glo­ba­les de las big tech, han deci­di­do, apli­car­los en sus nego­cios, pero no para bus­car la mejor salud y bien­es­tar de sus usua­rios y de las per­so­nas, sino para com­bi­nán­do­las con una serie de sofis­ti­ca­das tec­no­lo­gías de esta­dís­ti­ca pre­dic­ti­va ali­men­ta­das por una masi­va reco­lec­ción y regis­tro de tecno-datos, –como les lla­ma Javier Eche­ve­rría–, gene­ra­dos por la con­duc­ta onli­ne de los usua­rios, usar­las com­bi­na­das para modi­fi­car la con­duc­ta más allá de la capa­ci­dad de deci­dir de los usua­rios, con­se­guir maxi­mi­zar su enga­ge­ment (engan­cha­mien­to, en tra­duc­ción libre) en el uso de sus pla­ta­for­mas y Apps (se lla­ma Apps a la apli­ca­cio­nes infor­má­ti­cas para el móvil), con­vir­tién­do­los en adic­tos pato­ló­gi­cos a sus Apps ins­ta­la­das en su Smartpho­ne, y su red social por enci­ma de su volun­tad; es decir, trans­for­mán­do­los en lo que el jura­men­to hipo­crá­ti­co con­si­de­ra­ría enfer­mos o víc­ti­mas de una pato­lo­gía.

O sea, des­de el pun­to de vis­ta de la fisio­lo­gía, la salud y la medi­ci­na, en lugar de curar enfer­mos, estas empre­sas con sus pla­ta­for­mas glo­ba­les y su Apps lo que hacen es ‘fabri­car enfer­mos’, más exac­ta­men­te, adic­tos pato­ló­gi­cos a las redes socia­les y a las Apps. Y son un tipo de enfe­r­­mos-usua­­rios algo espe­cia­les, qui­zá de algún modo pare­ci­dos a Argán, el pro­ta­go­nis­ta del El enfer­mo ima­gi­na­rio, –la céle­bre últi­ma obra que Molie­re–, pero que en este caso no son víc­ti­mas de su hipo­con­dría que no creen pade­cer al con­tra­rio que en la obra, sino de los mane­jos de tec­no­ca­pi­ta­lis­tas codi­cio­sos, y de sus exper­tos anti-médi­­cos que pare­cen haber hecho un Jura­men­to hipo­crá­ti­co inver­so apli­can­do a sen­su con­tra­rio sus pun­tos cla­ve arri­ba cita­dos. Como si hubie­ran hecho inge­nie­ría inver­sa del jura­men­to.

Otra carac­te­rís­ti­ca espe­cial de los usua­rios pre­sa de las casi infa­li­bles tram­pas cog­ni­ti­vas de dicha pla­ta­for­mas es que todo suce­de sin que el usua­rio víc­ti­ma se sien­ta atra­pa­do, dada la suti­le­za de sus tram­pas; ni ten­ga sen­sa­ción de peli­gro algu­na, pre­sa tam­bién de una ale­gre como­di­dad nihi­lis­ta y de un con­for­mis­mo tec­no­ló­gi­co que con­si­de­ra los usos de las pla­ta­for­mas de redes socia­les como algo inevi­ta­ble e inclu­so desea­ble. Eso suce­de has­ta en los casos más adver­sos, cuyos pro­ble­mas no se per­ci­ben has­ta que ya es dema­sia­do tar­de. Lo reite­ro, casi nin­gún usua­rio de las redes socia­les en gene­ral tie­ne sen­sa­ción algu­na de peli­gro en rela­ción a ellas Por eso les extra­ñan las crí­ti­cas sobre algo que, de algún modo, inclu­so les hace son­reír y les pro­por­cio­na pla­cer.

Aun­que pare­ce que las cosas empie­zan por fin a cam­biar tan­to en la per­cep­ción de la socie­dad, o de las ins­ti­tu­cio­nes, e inclu­so de los mis­mos usua­rios o de los más jóve­nes que pare­ce­rían feli­ces sumer­gi­dos en ellas, aun­que no del todo. Según una Encues­ta del pres­ti­gio­so Pew Research de 2025, la mayo­ría de los ado­les­cen­tes atri­bu­yen a las redes socia­les el hecho de sen­tir­se más conec­ta­dos con sus ami­gos y com­par­tir con­te­ni­dos onli­ne, aun­que, el mis­mo tiem­po, uno de cada 5, el (20%), ya empie­zan a opi­nar, sin saber la cau­sa con­cre­ta, que saben que las redes socia­les per­ju­di­can su esta­do aní­mi­co y salud men­tal. Entre los usua­rios ado­les­cen­tes, y cada vez más en por­cen­ta­jes más altos, –según las encues­tas–, pare­cen ser cons­cien­tes de que algo va mal y empie­zan a creer que el uso inten­si­vo de las redes socia­les per­ju­di­ca a las per­so­nas de su edad.

Las ins­ti­tu­cio­nes públi­cas reac­cio­nan y toman con­cien­cia

Inde­pen­dien­te­men­te de sus usos lúdi­cos, se acu­mu­lan ya prue­bas obje­ti­vas y cien­tí­fi­cas sobre los daños en salud men­tal y por con­duc­tas auto-lesi­­vas que las pla­ta­for­mas de redes socia­les y el uso de sus esta­dís­ti­cas pre­dic­ti­vas y sus tru­cos para fomen­tar la adic­ción están cau­san­do en la vida de ado­les­cen­tes y per­so­nas vul­ne­ra­ble. En todo el mun­do los más gra­ves se amon­to­nan y sal­tan a las noti­cias, y hace que la gen­te se vaya con­cien­cian­do y sus dudas sobre vayan des­apa­re­cien­do.

Mien­tras escri­bo este tex­to, leo que se ha ini­cia­do en Los Ánge­les un jui­cio his­tó­ri­co con­tra dos de las redes socia­les más usa­das, You Tube e Ins­ta­gram, «cuyos pro­pie­ta­rios según afir­ma la BBC cons­tru­ye­ron ‘máqui­nas de adic­ción’, como se ha dicho en el jui­cio.  A la vis­ta legal que han acu­di­do fami­lias de todo el mun­do con casos de meno­res que se han sui­ci­da­do.  Por otra par­te, según infor­ma El País, una de las deman­dan­tes es Lori Schott «que cree que su hija esta­ría viva de no ser por las redes socia­les que la con­ven­cie­ron de que era fea y no valía nada». Por eso, según su madre «se qui­tó la vida a los 18 años». Este caso es ya uno más de una mul­ti­tud de casos que han suce­di­do en EE.UU. Está pre­vis­to que Mark Zuc­ker­berg CEO de Meta, pres­te decla­ra­ción en este jui­cio, como ya lo hizo en enero de 2024 ante el Comi­te Judi­cial del Sena­do de Cali­for­nia por el mis­mo moti­vo, ante 26 fami­lias en las que, al menos un menor, se había sui­ci­da­do, todos por con­duc­tas rela­cio­na­das con el uso de las redes socia­les de Meta. Tras su decla­ra­ción y el jui­cio, la con­duc­ta y el mode­lo de nego­cio de su empre­sa no ha cam­bia­do en abso­lu­to.

Cre­cien­te­men­te cada vez hay más prue­bas y emer­ge un cla­mor social y, por fin, las auto­ri­da­des ins­ti­tu­cio­na­les empie­zan a plan­tear públi­ca­men­te el uso masi­vo y adic­ti­vo de las redes socia­les como un pro­ble­ma de salud públi­ca de gran enver­ga­du­ra. El ante­rior alcal­de de Nue­va York Eric Adams y su ayun­ta­mien­to, ya decla­ra­ron que las redes socia­les son una «toxi­na ambien­tal». Y des­pués fue publi­ca­do por el Dr. Ash­win Vasan, comi­sio­na­do del Depar­ta­men­to de Salud e Higie­ne Men­tal (DOHMH) de EE.UU., un pio­ne­ro «Infor­me espe­cial sobre redes socia­les y salud men­tal», en cuyas con­clu­sio­nes prin­ci­pa­les se pue­den leer que «niños, ado­les­cen­tes y padres que usan algu­na for­ma de red social repor­tan mayo­res tasas de ansie­dad». Las con­clu­sio­nes del infor­me se basan en una gran encues­ta cum­pli­men­ta­da por 22.484 padres, tuto­res u otros cui­da­do­res de niños, niñas y ado­les­cen­tes de entre 5 y 17 años resi­den­tes en la ciu­dad de Nue­va York.

El cita­do Adams decla­ró, tras la publi­ca­ción que «Los resul­ta­dos de esta encues­ta con­fir­man una vez más lo que sabe­mos des­de hace tiem­po: las redes socia­les con­tri­bu­yen a crear un entorno tóxi­co que tie­ne efec­tos per­ju­di­cia­les en nues­tros jóve­nes”. Por su par­te, la vice­al­cal­de­sa de Salud y Ser­vi­cios Huma­nos de Nue­va York, Anne Williams-Isom decla­ró que «Las redes socia­les son una herra­mien­ta útil para apren­der cosas nue­vas, conec­tar con la gen­te y mucho más», pero tam­bién seña­lo que las redes socia­les tie­nen un lado oscu­ro seña­lan­do que, apro­xi­ma­da­men­te el 93 % de los ado­les­cen­tes de la ciu­dad de Nue­va York usa algu­na for­ma de redes socia­les, y quie­nes las usan repor­tan tasas de ansie­dad más altas que quie­nes no las usan.

Al mis­mo tiem­po, per­so­nas muy rele­van­tes como el ex ciru­jano gene­ral y direc­tor gene­ral de Salud Públi­ca Vivek Murthy de EE.UU., dio un paso al fren­te y seña­ló a las redes socia­les como una gran ame­na­za para los ado­les­cen­tes. Y decla­ró: «El uso de las redes socia­les por par­te de los jóve­nes es casi uni­ver­sal. Has­ta el 95 % de los jóve­nes de entre 13 y 17 años afir­man usar algu­na pla­ta­for­ma de redes socia­les. Casi dos ter­cios de los ado­les­cen­tes afir­man usar las redes socia­les a dia­rio y un ter­cio afir­ma usar­las «casi cons­tan­te­men­te», según las inves­ti­ga­cio­nes de Vogels et al. y Rideout et al. ». Y aña­dió: «Las redes socia­les pre­sen­tan un ries­go sig­ni­fi­ca­ti­vo de daño para los jóve­nes, a la vez que ofre­cen bene­fi­cios. Los tipos de uso y con­te­ni­do a los que están expues­tos los niños y ado­les­cen­tes [por las pla­ta­for­mas] plan­tean pro­ble­mas de salud men­tal. Y cuan­do pasan más de 3 horas al día en redes socia­les, se enfren­tan al doble de ries­go de sufrir pro­ble­mas emo­cio­na­les o de salud men­tal, y pre­sen­tan sín­to­mas de depre­sión y ansie­dad. Esto es preo­cu­pan­te, –seña­ló–, ya que nues­tra encues­ta mues­tra que los ado­les­cen­tes pasan un pro­me­dio de 3,5 horas al día en redes socia­les».

Cuan­do se le pre­gun­tó a Murthy sobre el impac­to de las redes socia­les en el esta­do aní­mi­co de los jóve­nes, decla­ró que «los datos seña­lan que el 46 % de los ado­les­cen­tes de entre 13 y 17 años afir­mó que las redes socia­les, –a pesar de nece­si­tar usar­las–, tam­bién les hacen sen­tir­se peor». Es decir que el uso de las redes socia­les tie­ne atra­pa­dos a los ado­les­cen­tes en un pro­ce­so repe­ti­ti­vo y adic­ti­vo. Ellos empie­zan ya a sos­pe­char que usar­las les hace daño, pero no pue­den dejar de usar­las, por­que «nece­si­tan de estar conec­ta­dos a sus ami­gos (todos las usan) y no sen­tir­se igno­ra­dos». Ade­más, ellos, para sen­tir­se bien, nece­si­tan seguir las modas digi­ta­les que siguen los de su edad, –en la que las modas se han vuel­to casi obli­ga­to­rias–, para no sen­tir­se mar­gi­na­dos.

Según los medios inter­na­cio­na­les, que por fin están pres­tan­do, abier­ta­men­te, gran aten­ción el tema, Euro­pa tam­bién empie­za a reac­cio­nar por fin con­tra la sal­va­je indus­tria digi­tal de la adic­ción. Lo seña­la masi­va­men­te la pren­sa inter­na­cio­nal más pres­ti­gio­sa. Este mis­mo mes, el 6 de febre­ro, The New York Times publi­có un articu­lo titu­la­do «Euro­pa acu­sa a Tik­Tok de dise­ño adic­ti­vo e impul­sa un cam­bio» cuya entra­di­lla dice: «Los regu­la­do­res de la Unión Euro­pea afir­ma­ron que el scroll infi­ni­to y el algo­rit­mo per­so­na­li­za­do de su App pro­vo­ca­ban un com­por­ta­mien­to «com­pul­si­vo», espe­cial­men­te entre los niños». El Finan­cial Times, ese mis­mo día, publi­ca­ba otro artícu­lo con un titu­lar pare­ci­do: «La UE afir­ma que Tik­Tok debe aban­do­nar su “dise­ño adic­ti­vo» en Euro­pa», y en su segun­do párra­fo seña­la­ba: «En las con­clu­sio­nes pre­li­mi­na­res de un infor­me publi­ca­do el vier­nes, la Comi­sión Euro­pea afir­mó que, en su opi­nión, la empre­sa no había eva­lua­do y miti­ga­do ade­cua­da­men­te los ries­gos que plan­tean las carac­te­rís­ti­cas de dise­ño adic­ti­vas que podrían per­ju­di­car el bien­es­tar físi­co y men­tal de los usua­rios, en par­ti­cu­lar de niños y otros gru­pos vul­ne­ra­bles».

La BBC, a su vez, publi­có tam­bién ese mis­mo día que «La UE ha orde­na­do a Tik­Tok que cam­bie su «dise­ño adic­ti­vo» o se enfren­te a fuer­tes mul­tas –de has­ta el 6% de su fac­tu­ra­ción a nivel mun­dial–, tras des­cu­brir que la pla­ta­for­ma de inter­cam­bio de vídeos incum­plió sus nor­mas de segu­ri­dad onli­ne. Lo reve­la una inves­ti­ga­ción ini­cia­da en febre­ro de 2024 sobre esta App de pro­pie­dad chi­na por la Comi­sión Euro­pea. En sus con­clu­sio­nes pre­li­mi­na­res, –tam­bién en el mis­mo sen­ti­do–, la infor­ma­ción seña­la­ba que Tik­Tok no eva­luó ade­cua­da­men­te que su repro­duc­ción auto­má­ti­ca podría per­ju­di­car el bien­es­tar de sus usua­rios, inclui­dos los niños, ni imple­men­tó medi­das para miti­gar los ries­gos». Por su par­te, la pres­ti­gio­sa agen­cia Reuters publi­có una infor­ma­ción equi­va­len­te que titu­la­ba: «Tik­Tok acu­sa­da de infrin­gir las nor­mas de la UE con las fun­cio­nes adic­ti­vas de la App». Así que sobre el uso de tru­cos para implan­tar prác­ti­cas adic­ti­vas en los usua­rios ya no hay duda. Pero de Tik Tok, y del scroll infi­ni­to habla­ré más ade­lan­te en deta­lle.

Mien­tras escri­bo este tex­to ha sal­ta­do la últi­ma noti­cia sobre las reac­cio­nes ins­ti­tu­cio­na­les con­tra la fábri­ca glo­bal de adic­tos que son las redes socia­les, y que es de gran enver­ga­du­ra. El gobierno de la demo­cra­cia más pobla­da del mun­do, India, con 1.000 millo­nes de habi­tan­tes de los cua­les, 1.000 millo­nes son usua­rios de las redes socia­les, ha deci­di­do dar un paso radi­cal con­tra las empre­sas due­ñas de las pla­ta­for­mas.

India aca­ba de endu­re­cer fuer­te­men­te las nor­mas que rigen en el país el con­te­ni­do y las pla­ta­for­mas de redes socia­les, en par­ti­cu­lar el mate­rial gene­ra­do y mani­pu­la­do arti­fi­cial­men­te, en un inten­to por fre­nar la rápi­da pro­pa­ga­ción de des­in­for­ma­ción y deep­fa­kes –los con­te­ni­dos mul­ti­me­dia (vídeo, audio o imá­ge­nes) hiper­rea­lis­tas gene­ra­dos median­te inte­li­gen­cia arti­fi­cial y téc­ni­cas de deep lear­ning para suplan­tar la iden­ti­dad de per­so­nas, hacien­do que parez­ca que dicen o hacen cosas que nun­ca ocu­rrie­ron–. Y, ade­más, en con­tra de muchos otros tipos de basu­ra infor­ma­ti­va gene­ra­da por IA.

Y esto es impor­tan­te. El gobierno indio obli­ga así a las empre­sas de redes socia­les a inver­tir en cen­tros de moni­to­ri­za­ción de con­te­ni­do, que fun­cio­nen las 24 horas, ya que la apli­ca­ción de esta ley se cen­tra en las pla­ta­for­mas en lugar de los usua­rios. Las nue­vas nor­mas tam­bién exi­gen a las empre­sas due­ñas de las pla­ta­for­mas de redes socia­les, usar herra­mien­tas auto­ma­ti­za­das para detec­tar y pre­ve­nir con­te­ni­do ile­gal de IA, según infor­ma la BBC Dichas empre­sas debe­rán afron­tar en la India la res­pon­sa­bi­li­dad de la iden­ti­fi­ca­ción, eli­mi­na­ción, y la apli­ca­ción de esta ley recae direc­ta­men­te en las empre­sas tec­no­ló­gi­cas, que podrían per­der la inmu­ni­dad legal  en la India si no actúan den­tro del pla­zo esta­ble­ci­do.

Las soli­ci­tu­des de eli­mi­na­ción que pidan las auto­ri­da­des indias se han de lle­var a cabo casi en tiem­po real, ya que el pla­zo que da la ley solo es de tres horas, y deben eti­que­tar de for­ma des­ta­ca­da el con­te­ni­do gene­ra­do por IA. Ade­más, las nue­vas nor­mas para las redes socia­les en India tam­bién exi­gen que las pla­ta­for­mas imple­men­ten medi­das para evi­tar que los usua­rios publi­quen mate­rial ile­gal…

Esta noti­cia tie­ne una impor­tan­cia y un sig­ni­fi­ca­do de gran alcan­ce por­que es un gran pre­ce­den­te que afec­ta a 1.000 millo­nes de usua­rios de redes socia­les. La nor­ma­ti­va que ha dic­ta­do el gobierno indio, corro­bo­ra el daño que pro­du­cen las redes socia­les a los más vul­ne­ra­bles, sobre todo a ado­les­cen­tes, pero tam­bién se anti­ci­pa a los efec­tos agra­va­dos de la com­bi­na­ción de las redes socia­les con la IA Gene­ra­ti­va, com­bi­na­ción que aún repre­sen­ta un peli­gro mayor y que está cre­cien­do rápi­da­men­te. Así que, India, con esta medi­da, tam­bién se ha suma­do a la cre­cien­te lis­ta de paí­ses que están prohi­bien­do el uso de redes socia­les a meno­res de 16 años. India se suma, con ello, a las prohi­bi­cio­nes de uso de redes socia­les para meno­res que ya han pues­to en mar­cha Aus­tra­lia, Fran­cia, Mala­sia, Dina­mar­ca, Norue­ga y Chi­le. Y están en pro­ce­so de hacer­lo, con varian­tes de la nor­ma, el Rei­no Uni­do, Por­tu­gal, Ale­ma­nia e Ita­lia y varios Esta­dos de EE.UU. y la lis­ta sigue aumen­tan­do.

No olvi­de­mos que el pasa­do mes de noviem­bre, el Par­la­men­to Euro­peo apro­bó por abru­ma­do­ra mayo­ría de 483 votos a favor y 92 en con­tra un infor­me en el que pide una mayor pro­tec­ción para los meno­res fren­te a la mani­pu­la­ción y la adic­ción que pue­den gene­rar las redes socia­les.

Aun­que hay crí­ti­cos sobre estas medi­das que las verán como inten­tos de cen­su­ra de la liber­tad expre­sión (es el prin­ci­pal argu­men­to en con­tra de las empre­sas impli­ca­das), hoy es ya inne­ga­ble, y las auto­ri­da­des de todos estos paí­ses lo saben, que las redes socia­les y la adic­ción que indu­cen, pro­du­cen daños en el apren­di­za­je y la edu­ca­ción; y tam­bién en la salud men­tal y emo­cio­nal de los ado­les­cen­tes y los vul­ne­ra­bles, que inclu­so, en casos lími­te pue­den lle­var, –y más con la ayu­da de los Chat­bots de IA, como el Chat GPT, etc.– , a algu­nos ado­les­cen­tes has­ta las auto­le­sio­nes y en casos extre­mos has­ta el sui­ci­dio. Por otra par­te, ya se han publi­ca­do datos obje­ti­vos y estu­dios cien­tí­fi­cos que corro­bo­ran los per­ni­cio­sos efec­tos, la adic­ción y la toxi­ci­dad que las redes socia­les pro­vo­can a usua­rios y meno­res vul­ne­ra­bles, que ante ello, están com­ple­ta­men­te inde­fen­sos. De eso ya no hay nin­gu­na duda y tam­po­co de que las auto­ri­da­des han de actuar fuer­te­men­te en ello.

Las impre­sio­nan­tes mag­ni­tu­des del Inter­net social y los ado­les­cen­tes

La encues­ta del pres­ti­gio­so Pew Research Cen­ter sobre el uso de redes socia­les en 2025 mues­tra mag­ni­tu­des que dan una idea de lo impor­tan­te que se ha vuel­to el estar conec­ta­do a Inter­net para la vida de los ado­les­cen­tes actual­men­te.

Según la encues­ta, «casi todos los ado­les­cen­tes esta­dou­ni­den­ses (el 97%) afir­man usar inter­net a dia­rio, inclu­yen­do que cua­tro de cada diez (el 40%) afir­man estar conec­ta­dos casi cons­tan­te­men­te». You­Tu­be es la pla­ta­for­ma que más ado­les­cen­tes usan de la fran­ja de edad entre 13 y 17 años (dicen usar­la un 92%). Y, apro­xi­ma­da­men­te, tres cuar­tas par­tes de esos ado­les­cen­tes (el 75%) afir­man usar­lo a dia­rio. Las siguien­tes redes socia­les más visi­ta­das por ellos son Tik­Tok (por el 68%) e Ins­ta­gram (la usan el 63%); a con­ti­nua­ción, en ese ran­king de cifras de uso están Snap­chat, –visi­ta­da a dia­rio por el 31%–; Whatsapp (24%), Red­dit (21%), mien­tras que un por­cen­ta­je mucho menor afir­ma lo mis­mo de Face­book (20%), y sobre X (twit­ter) que solo visi­tan un 16%.

Curio­sa­men­te, en cuan­to a géne­ro, las ado­les­cen­tes las usan más que los chi­cos. Según la encues­ta, un por­cen­ta­je lige­ra­men­te mayor de chi­cas ado­les­cen­tes que de chi­cos afir­man estar en Tik­Tok e Ins­ta­gram, «casi cons­tan­te­men­te». En cam­bio, los chi­cos ado­les­cen­tes varo­nes son más pro­pen­sos que las chi­cas a visi­tar You­Tu­be con más fre­cuen­cia (20 % fren­te a 13 %).

Es impor­tan­te con­si­de­rar que los tiem­pos que refle­jan estos por­cen­ta­jes se han de sumar (la aten­ción de usua­rio no pue­de estar en dos o más redes socia­les al mis­mo tiem­po y aun­que se pue­den tener en el móvil varias Apps abier­tas, la aten­ción del usua­rio ha de pasar de una a otra ya que su ven­ta­na se super­po­ne al cli­quear sobre ella en el móvil. Se pue­de com­pro­bar que suman­do el tiem­po de uso en cada red social de cada usua­rio apa­re­cen mag­ni­tu­des impre­sio­nan­tes. Los ado­les­cen­tes pasan en total muchas horas al día, de media, en las dis­tin­tas redes socia­les y, de ahí, que su impac­to sea tan alto, no solo por el gran núme­ro de usua­rios sino tam­bién por el tiem­po que per­ma­ne­cen en ellas inter­ac­tuan­do en una repre­sen­ta­ción vir­tual ilu­so­ria. En algu­nos ado­les­cen­tes esa per­ma­nen­cia conec­ta­dos a las redes pue­de lle­gar a más de ocho horas por día.

Quie­ro seña­lar tam­bién que muchí­si­mos usua­rios de las redes socia­les que han deja­do ya de infor­mar­se sobre lo que pasa en la actua­li­dad del mun­do real, median­te la pren­sa y los perio­dis­tas, y solo se infor­man en esas redes, igno­ran casi todo lo que está suce­dien­do, ya que están inmer­sos en una repre­sen­ta­ción vir­tual que mues­tran estas pla­ta­for­mas. Por ello per­ma­ne­cen atra­pa­dos por la ilu­sión de que estan­do conec­ta­dos a las redes socia­les «están infor­ma­dos de lo que pasa en el mun­do que les rodea». No es así. Esa ilu­sión se ha hecho masi­va entre los usua­rios de las pla­ta­for­mas. Las redes socia­les no conec­tan al usua­rio con la reali­dad del mun­do sino con una repre­sen­ta­ción frag­men­ta­da que des­cri­be en la pan­ta­lla aque­llo de lo que más se habla en la cáma­ra de eco, a la que esté conec­ta­do en la red social quien la esté usan­do.

Con­fun­dir el fun­cio­na­mien­to de una red social con el de un medio de comu­ni­ca­ción de masas (mass media), como les lla­ma­ba McLuhan, cuyo con­te­ni­do está cons­trui­do por perio­dis­tas pro­fe­sio­na­les, como un perió­di­co, la radio o una TV serios es un error con­cep­tual con­si­de­ra­ble y muy exten­di­do (por más que hoy haya todo tipo de cali­da­des y tra­ta­mien­tos en los perio­dis­tas y su tra­ba­jo, en los actua­les mass media que hoy en gran par­te están tam­bién entre­la­za­dos con el Inter­net social). Otras ilu­sio­nes que indu­cen las redes socia­les en el usua­rio es la de «estar acom­pa­ña­do».

Que estés conec­ta­do a una red social no hace que estés acom­pa­ña­do. Esa for­ma de com­pa­ñía es una ilu­sión. Por otra par­te, el per­ma­ne­cer conec­ta­do a las cita­das cáma­ras de eco de una red social hace que estás mucho más a mer­ced de los meca­nis­mos que ace­le­ran la adic­ción por­que la esta­dís­ti­ca pre­dic­ti­va de la pla­ta­for­ma posee los datos de tu con­duc­ta que per­mi­ten que sus algo­rit­mos ali­men­ten y diri­jan hacia ti dosis del tipo de con­te­ni­do que más te hizo reac­cio­nar ante­rior­men­te (según el regis­tro de esa esta­dís­ti­ca) como usua­rio, y eso, acti­va cons­tan­te­men­te tu cir­cui­to cere­bral de recom­pen­sa, que te envía en el cere­bro mini­do­sis de dopa­mi­na repe­ti­da­men­te, hacien­do sutil­men­te que tu men­te entre un círcu­lo vicio­so, en un bucle como de pilo­to auto­má­ti­co, que incre­men­ta la adic­ción por enci­ma de tu volun­tad sin que ape­nas lo per­ci­bas. Eso es lo que hace que la gen­te le son­ría al móvil por la calle. No es una son­ri­sa casual o natu­ral. Está pro­vo­ca­da.

Los daños per­so­na­les que se están dan­do a cono­cer pro­vo­ca­dos por estas pla­ta­for­mas glo­ba­les no son casua­les. Están pro­vo­ca­dos por sus pode­ro­sos meca­nis­mos tec­no­ló­gi­cos a gran esca­la. Y gene­ran daños socia­les de los que nos esta­mos ente­ran­do gra­cias al perio­dis­mo, por enci­ma de las des­co­mu­na­les cam­pa­ñas de mar­ke­ting de las pro­pias empre­sas impli­ca­das, cuya pro­pa­gan­da te pro­me­te un inter­net social idí­li­co y ale­gre. De esos daños no te ente­ra­ras den­tro de una red social. Las pla­ta­for­mas son tan gran­des y pode­ro­sas (lle­gan a miles de millo­nes de usua­rios), que para el perio­dis­mo y su voca­ción de infor­mar sobre lo que de ver­dad está pasan­do en el mun­do, es una situa­ción de una lucha de David con­tra Goliat. Lo que ha pasa­do hace pocos días con el pres­ti­gio­so Washing­ton Post, que aca­ba de des­pe­dir a 300 perio­dis­tas, es una mues­tra de ello y de lo dura que es esta lucha. Pero, me nie­go a acep­tar que es algo irre­me­dia­ble si es que que­re­mos ir hacia un mun­do mejor. Yo com­par­to con Tim O’Reilly su idea de para qué sir­ve la tec­no­lo­gía. «Sir­ve para hacer del mun­do un lugar mejor». Cla­ro que eso solo es posi­ble si tene­mos cla­ra la dife­ren­cia entre lo que es mejor y lo que es peor.

Vol­vien­do a las redes socia­les, recor­de­mos que el mode­lo de nego­cio de todas estas pla­ta­for­mas está basa­do en los mis­mo dos sen­ci­llos obje­ti­vos: a) maxi­mi­zar en núme­ro de cone­xio­nes por uni­dad de tiem­po (por hora, por día, etc.); y, b) maxi­mi­zar tam­bién la dura­ción de cada cone­xión con per­ma­nen­cia de la aten­ción fija­da en la pan­ta­lla miran­do la inter­faz de la de la red social de que se tra­te. Para las pla­ta­for­mas es esen­cial que sus usua­rios sean lo más pro­duc­ti­vos posi­ble para maxi­mi­zar su bene­fi­cio eco­nó­mi­co, por enci­ma de cual­quier otra cosa o con­se­cuen­cia. Y, hacia ello están orien­ta­dos todos sus meca­nis­mos tec­no­ló­gi­cos. El prin­ci­pal y más adic­ti­vo, sobre todo usa­do en el móvil, es el scroll infi­ni­to (para que el con­te­ni­do nun­ca se aca­be en la pan­ta­lla).

El scroll infi­ni­to, el padre de todas las adic­cio­nes digi­ta­les de redes socia­les

El scroll infi­ni­to mere­ce una expli­ca­ción deta­lla­da. El scroll infi­ni­to ver­ti­cal fue inven­ta­do en 2006 por Aza Ras­kin cuan­do era jefe crea­ti­vo de Face­book. –Aza tie­ne pedi­grí tec­no­ló­gi­co: es hijo de Jef Ras­kin, uno de los dise­ña­do­res del orde­na­dor Macin­tosh de Apple–.  Su inven­to con­sis­te en un sis­te­ma que sir­ve el con­te­ni­do en la pan­ta­lla tác­til del Smartpho­ne que res­pon­de des­li­zán­do­se ins­tan­tá­nea­men­te, a un leve ges­to del dedo pul­gar de for­ma reite­ra­da dan­do paso en la pan­ta­lla a un nue­vo con­te­ni­do. El resul­ta­do es que el con­te­ni­do pre­sen­ta­do nun­ca se aca­ba en la pan­ta­lla. Podrías estar toda tu vida con la aten­ción fija­da en tu móvil, repi­tien­do una y otra vez el leve ges­to de des­li­zar sua­ve­men­te tu pul­gar por la pan­ta­lla tác­til de tu Smartpho­ne. El con­te­ni­do que apa­re­ce es inaca­ba­ble. Se des­plie­ga infi­ni­ta­men­te, de ahí su nom­bre. El sis­te­ma inven­ta­do por Ras­kin tuvo un enor­me éxi­to y se exten­dió por todo inter­net. Actual­men­te todas las redes socia­les tie­nen algu­na ver­sión del scroll infi­ni­to, en la inter­faz de su App en el móvil.

El pro­pio Aza, en un pri­mer momen­to esta­ba muy con­ten­to con su inven­to que fue un éxi­to ins­tan­tá­neo, –y cla­ro, tam­bién entu­sias­mó a la empre­sa, que enton­ces se lla­ma­ba Face­book, y aho­ra Meta-. Todo el mun­do le feli­ci­ta­ba por su inven­to. Pero, pasa­do un tiem­po, comen­zó a ver que la gen­te, a medi­da que más lo usa­ba, más cam­bia­ba; que pare­cía inca­paz de adap­tar­se a los dis­po­si­ti­vos; los con­sul­ta­ban sin parar, cons­tan­te­men­te, gra­cias en par­te al pro­gra­ma que él había inven­ta­do. Él mis­mo se des­cu­bría con­sul­tan­do con­ti­nua­men­te lo que eran ton­te­rías y se empe­zó a preo­cu­par. Aca­bó hacien­do cálcu­los y se dio cuen­ta que el scroll infi­ni­to nos hace per­der un 50% más de tiem­po en sitios como X (antes twit­ter) o como Tik­Tok o Ins­ta­gram. Extra­po­ló para ave­ri­guar lo que sig­ni­fi­ca­ba que miles de millo­nes de per­so­nas pasa­ban un 50% más de tiem­po en redes socia­les. El final de sus cálcu­los le dejó pas­ma­do: direc­ta­men­te como con­se­cuen­cia de su inven­to, un total de 200.000 perio­dos equi­va­len­tes a toda una vida huma­na se mal­gas­tan dia­ria­men­te en una sola red social.

Hemos sabi­do des­pués que, en Sili­con Valley, don­de está la sede de Meta, esta­ban encan­ta­dos con el inven­to de Ras­kin, por­que lo que ellos bus­can es aumen­tar cons­tan­te­men­te el núme­ro de usua­rios y maxi­mi­zar su ‘engan­cha­mien­to’ (enga­ge­ment). Lo que impor­ta allí es la capa­ci­dad de cap­tar y man­te­ner la aten­ción, –en reali­dad de gene­rar adic­ción–. Así que Aza aca­bó pen­san­do que sus pro­pios hijos, y sus ami­gos y cono­ci­dos iban a ser víc­ti­mas de su inven­to. Esa idea le ter­mi­nó con­ven­cien­do que debía irse de la empre­sa. Y así lo hizo. Dimi­tió de su pues­to de jefe crea­ti­vo en Face­book y se mar­chó volun­ta­ria­men­te de la empre­sa, que enton­ces esta­ba en el mejor de sus éxi­tos.

En una entre­vis­ta rela­ti­va­men­te recien­te, de 2021, para la revis­ta GQ, la perio­dis­ta Danie­lle Cohen le pre­gun­tó a Aza Ras­kin qué pen­sa­ba, quin­ce años des­pués de crear­lo, sobre su inven­to del scroll infi­ni­to, que le había hecho super­fa­mo­so y cómo pro­ce­só per­so­nal­men­te el ver cómo su inven­to se había uni­ver­sa­li­za­do com­ple­ta­men­te. Aza hizo una fuer­te auto­crí­ti­ca y le con­tes­tó: «Es muy difí­cil, a nivel indi­vi­dual, ver estos efec­tos y decir: …Vaya, en reali­dad esto está cau­san­do un daño masi­vo a nivel social e indi­vi­dual. Tene­mos que hacer algo al res­pec­to… Pero ese es un dis­cur­so que lle­va exis­tien­do des­de antes de que yo tuvie­ra mi pro­pio des­per­tar per­so­nal. El scroll infi­ni­to era una de las muchas cosas en las que esta­ba tra­ba­jan­do enton­ces y por la que aho­ra todo el mun­do me cono­ce. Sería una mier­da lle­gar al final de mi vida y que en mi lápi­da pon­ga algo así como: «Hizo el scroll». La supo­si­ción de que hacer algo más fácil de usar es mejor para la huma­ni­dad fue des­mon­ta­da por ese inven­to. Las cosas que yo pon­go en el mun­do, no pue­do con­tro­lar nece­sa­ria­men­te cómo van a ser uti­li­za­das. Debe­ría haber dedi­ca­do más tiem­po a pen­sar en la filo­so­fía y la res­pon­sa­bi­li­dad que con­lle­va el inven­to».

La ver­dad es que ya es sabi­do que Ras­kin deci­dió com­pro­me­ter­se de ver­dad a par­tir de enton­ces a, –como él dijo–, «solo a encon­trar for­mas de uti­li­zar la tec­no­lo­gía para cosas bue­nas». Y en ello está toda­vía. Pero no debe ser nada fácil ale­jar­se del asal­to de sus pro­pios pen­sa­mien­tos y de pen­sar que su inven­to lo están usan­do, cada día, miles de millo­nes de per­so­nas en el mun­do y pro­vo­can­do, –está demos­tra­do–, en la mayo­ría de ellas una fuer­te adic­ción digi­tal a las pan­ta­llas, que es dra­má­ti­ca espe­cial­men­te en per­so­nas vul­ne­ra­bles como los ado­les­cen­tes que hoy pue­blan las pla­ta­for­mas y redes socia­les.

Siga­mos aho­ra con otros ins­tru­men­tos digi­ta­les para pro­vo­car adic­ción en las redes socia­les. Otros impor­tan­tes son los apa­ren­te­men­te ino­cuos likes (me gus­ta) y los sim­pá­ti­cos emo­ti­co­nos. Pero no son ino­cen­tes. Por ejem­plo, los emo­ti­co­nos, sir­ven para que en lugar de usar tiem­po para escri­bir una fra­se a la que dedi­ca­ría­mos medio minu­to, lo colo­que­mos en un solo clic que dura medio segun­do. Con ello usa­mos el tiem­po que emplea­ría­mos en escri­bir la fra­se a «tra­ba­jar y ser más pro­duc­ti­vos para la pla­ta­for­ma”. Eso hay en reali­dad tras los emo­ti­co­nos. Para eso se inven­ta­ron. No son un capri­cho gra­cio­so o esté­ti­co.

Ade­más, colo­can­do con un clic de medio segun­do el emo­ti­cono faci­li­ta­mos sin dar­nos cuen­ta que los algo­rit­mos de la pla­ta­for­ma nos hiper­seg­men­ten esta­dís­ti­ca y comer­cial­men­te como usua­rios, aso­cian­do esta­dís­ti­ca­men­te con noso­tros a quie­nes nos ponen «me gus­ta», o emo­ti­co­nos y vice­ver­sa; y la algo­rít­mi­ca apun­te y nos envía una y otra vez con­te­ni­dos simi­la­res a los que más nos intere­san, nos hacen gra­cia o nos hacen son­reir a la pan­ta­lla y que ser­vi­rán de orien­ta­ción a la algo­rít­mi­ca pre­dic­ti­va de la pla­ta­for­ma para que nos envíen, más y más con­te­ni­do del que nos hace gra­cia, o nos gus­ta más, y pro­vo­que noso­tros res­pon­da­mos, y lo re-envia­­mos, mul­ti­pli­can­do la inter­ac­ción de otros usua­rios que com­par­tan nues­tra cáma­ra de eco de la red social en que esta­mos. Eso aumen­ta­rá nues­tra adic­ción –tam­bién nos pola­ri­za­rá, a veces posi­ti­va­men­te y a veces nega­ti­va­men­te, –esto últi­mo es más nego­cio, de ahí que las pla­ta­for­mas pro­mue­van la pola­ri­za­ción–. Es la vía para maxi­mi­zar la inter­ac­ción de los que com­par­ten nues­tra cáma­ra de eco de la red social en que esta­mos. Cuan­do más inter­ac­tue­mos y más tecno-datos «mova­mos», y más minu­tos per­ma­nez­ca nues­tra aten­ción pre­sa de esa pan­ta­lla ‑más adic­tos sea­mos–, más dine­ro gana­rá la empre­sa due­ña de la pla­ta­for­ma.

Hay otros muchos más ins­tru­men­tos inte­gra­dos en la inter­faz de las redes socia­les para gene­rar adic­ción que son más recien­tes, como los vídeos cor­tos o hiper-cor­­tos (reels, shorts, etc.) que impul­san el scroll infi­ni­to. La empre­sa due­ña de Tik­Tok es chi­na, –aun­que tie­ne su sede en el paraí­so fis­cal de las Islas Cay­man– y se lla­ma Byte­Dan­ce no por casua­li­dad, (los famo­sos bai­le­ci­tos de las ado­les­cen­tes, ¿recuer­dan?), y que es due­ña, tam­bién, del Tik­Tok para den­tro de Chi­na que se lla­ma Dou­yin. Nota: Dou­yin, que tie­ne unas estric­tas medi­das de pro­tec­ción, –sabe que la red social pro­vo­ca daños–, para los meno­res de Chi­na, cosa que no tie­ne el Tik­Tok para el res­to del mun­do. Para el gobierno chino –un alto fun­cio­na­rio suyo se sien­ta en el con­se­jo de la empre­sa–, al pare­cer, los ado­les­cen­tes del res­to del mun­do nos son dig­nos de pro­tec­ción. Dou­yin las tie­ne por­que las auto­ri­da­des chi­nas saben que las redes socia­les cau­san daños y adic­ción a los ado­les­cen­tes. Pero, ¡ah! el gobierno chino sí desea obte­ner los datos de los usua­rios y, sobre todo, de los ado­les­cen­tes, que entran en Tik­Tok, y que, por eso son envia­dos habi­tual­men­te a Chi­na. Así fun­cio­na la cosa y por eso Trump quie­re que la empre­sa en EE.UU. sea com­pra­da y ges­tio­na­da por capi­tal nor­te­ame­ri­cano (por cues­tio­nes de segu­ri­dad nacio­nal, dice; pero no la cie­rra o prohí­be en EE.UU. por­que ahí hay 180 millo­nes de usua­rios nor­te­ame­ri­ca­nos y en ellos, podría tener muchos posi­bles votan­tes o par­ti­da­rios pro­ba­ble­men­te pola­ri­za­dos).

La com­bi­na­ción del scroll infi­ni­to y de la App de Tik­Tok para los móvi­les inte­li­gen­tes ha hecho de esta pla­ta­for­ma social el cam­peón de la adic­ción de todas las redes socia­les, sien­do la red social que mas rápi­do y de for­ma más inten­sa pue­de con­ver­tir a un usua­rio en un adic­to digi­tal, muy por delan­te de otras como, Ins­ta­gram, You­Tu­be, Snap­chat, Face­book, o X, etc.

Des­de el pun­to de vis­ta de la pla­ta­for­ma todos estos meca­nis­mos que he cita­do son en reali­dad herra­mien­tas de pro­duc­ti­vi­dad, para que los usua­rios sean lo más pro­duc­ti­vos posi­ble, y gene­rar el máxi­mo de tecno-datos y con­te­ni­dos. Mi ami­go Javier Eche­ve­rría les lla­ma­ría los sier­vos de la gle­ba digi­tal de la domi­na­ción que ejer­cen los Seño­res Tec­no­feu­da­les de las Nubes. Sier­vos de la gle­ba digi­tal que, en reali­dad, están tra­ba­jan­do gra­tis sin saber­lo y muchos de ellos inclu­so, fru­to de su adic­ción, pare­cen encan­ta­dos de hacer­lo. Pero la reali­dad es que cuan­tos más tecno-datos mova­mos, (crean­do, publi­can­do, dis­tri­bu­yen­do o re-envia­n­­do) en las pla­ta­for­mas, más esta­mos con­tri­bu­yen­do a su mone­ti­za­ción, ya que usan esas métri­cas para ven­der espa­cio y tiem­po de la pla­ta­for­ma a los anun­cian­tes. Y por ese méto­do estas empre­sas, ver­da­de­ros Seño­ríos Tec­no­feu­da­les glo­ba­les como les lla­ma Javier, han con­se­gui­do la mayor tasa de bene­fi­cios de toda la his­to­ria de la eco­no­mía y las empre­sas has­ta aho­ra.

Por ejem­plo, los usua­rios adic­tos de Goo­gle y su pla­ta­for­ma son tan pro­duc­ti­vos que han hecho que sus pla­ta­for­mas del inter­net social (You­Tu­be, Goo­gle shorts, Waze, etc.) se con­vier­tan en un con­jun­to mono­po­lís­ti­co de fac­to de la publi­ci­dad onli­ne, en la que aho­ra tie­ne una tasa de mer­ca­do del 91%. Solo Goo­gle fac­tu­ró en 2025 un récord de 402.836 millo­nes de dóla­res, un 15% más inter­anual. De ellos unos 60.000 millo­nes corres­pon­die­ron a los ingre­sos por publi­ci­dad y sus­crip­cio­nes de You­Tu­be. Alpha­bet, la matriz de Goo­gle y You­Tu­be, regis­tró un bene­fi­cio neto de 132.170 millo­nes de dóla­res en el ejer­ci­cio 2025, un 32% más res­pec­to al ante­rior. De eso esta­mos hablan­do. Y gran par­te de esos bene­fi­cios son gene­ra­dos median­te la adic­ción con­se­gui­da en usua­rios de todo el mun­do.

Por eso Goo­gle ha pasa­do ser una inno­va­do­ra empre­sa de las tec­no­lo­gías de bús­que­da y recu­pe­ra­ción de infor­ma­ción en Inter­net a ser una gran empre­sa de publi­ci­dad onli­ne, de hecho, la más gran­de del mun­do en fac­tu­ra­ción publi­ci­ta­ria, cosa que hoy le sir­ve para finan­ciar sus carí­si­mas apues­tas en la IA y sus LLM como Gemi­ni, etc.

El uso de las redes socia­les con el Smartpho­ne por par­te de los jóve­nes es hoy casi uni­ver­sal.

El casi infa­li­ble arte­fac­to tec­no­ló­gi­co de adic­ción a las redes socia­les

El éxi­to glo­bal de las pla­ta­for­mas de redes socia­les es evi­den­te, ya que las usan miles de millo­nes de per­so­nas en el mun­do. Des­de el pun­to de vis­ta de los meca­nis­mos tec­no­ló­gi­cos (hard­wa­re+soft­wa­re) usa­dos por las pla­ta­for­mas, dicho éxi­to se debe fun­da­men­tal­men­te a dos cosas; la pri­me­ra al ins­tru­men­to físi­co por exce­len­cia: el Smartpho­ne (telé­fono móvil inte­li­gen­te) y su cone­xión ubi­cua (que hace que el usua­rio per­ma­nez­ca conec­ta­do en todo momen­to y des­de cual­quier lugar), que com­bi­na­do con el soft­wa­re de machi­ne lear­ning (la esta­dís­ti­ca pre­dic­ti­va) ali­men­ta­da por los tecno-datos que el pro­pio usua­rio les rega­la que son regis­tra­dos median­te la Acti­gra­fía y Tap­pi­gra­fía: «Tu Smartpho­ne sabe cómo te sien­tes antes que tú»), y sus Apps se ha con­ver­ti­do en con­jun­to en una tram­pa cog­ni­ti­va casi infa­li­ble.

A eso se aña­de toda una serie de herra­mien­tas que sutil­men­te gene­ran adic­ción, prác­ti­ca­men­te, sin que el usua­rio de la App y de la pla­ta­for­ma se aper­ci­ba de ello. Herra­mien­tas con aspec­to y accio­nes suti­les (lle­gan­do has­ta el cere­bro y acti­van­do micro-des­­ca­r­­gas de dopa­mi­na ­guia­das por el regis­tro de los datos de con­duc­ta del usua­rio que la App, jun­to con las coo­kies, se encar­gan de regis­trar y reco­lec­tar cons­tan­te­men­te), y que re-ali­­me­n­­tan a la esta­dís­ti­ca pre­dic­ti­va de la pla­ta­for­ma. Todo ello man­tie­ne y mul­ti­pli­ca la adic­ción y ello suce­de en una atrac­ti­va inter­faz con deta­lles y aspec­tos inclu­so sim­pá­ti­cos. Todo tie­ne una esté­ti­ca agra­da­ble que con­si­gue que los usua­rios asu­man una sen­sa­ción de inevi­ta­bi­li­dad tec­no­ló­gi­ca, de que es impo­si­ble evi­tar usar­las.

La gen­te conec­ta­da no sue­le ser cons­cien­te de ello, pero como he dicho y lo reite­ro los emo­ti­co­nos, likes, el scroll infi­ni­to, los reel (vídeos cor­tos y ultra­cor­tos), son puras herra­mien­tas de pro­duc­ti­vi­dad, de for­ma que el usua­rio pro­duz­ca, cree y ‘mue­va’ más y más tecno-datos digi­ta­les. Eso cos­ta­ría dine­ro a cual­quie­ra que le encar­gue hacer­lo a alguien, por ejem­plo, a un dise­ña­dor o edi­tor. Prue­be a pedir un pre­su­pues­to. Todo para ali­men­tar las métri­cas de las pla­ta­for­mas. Métri­cas que esa empre­sa ven­de a los anun­cian­tes. Pero en el mun­do actual las redes socia­les no solo son empre­sas para ganar mucho dine­ro, –que tam­bién–, sino que, ade­más, se han con­ver­ti­do en palan­cas de poder, influen­cia polí­ti­ca y eco­nó­mi­ca, a nivel mun­dial para influir en los legis­la­do­res, y evi­tar las regu­la­cio­nes lega­les, –como las que inten­tan implan­tar los legis­la­do­res y paí­ses euro­peos, o por ejem­plo el gobierno de Aus­tra­lia con su prohi­bi­ción ya decre­ta­da del acce­so de los meno­res de 16 años a las redes socia­les.

Las big tech, due­ñas de las pla­ta­for­mas de redes socia­les, ade­más de haber­se con­ver­ti­do en con­jun­to de la mayor indus­tria glo­bal de la adic­ción, tam­bién inten­tan ejer­cer su domi­na­ción tec­no­feu­dal (Eche­ve­rría) por enci­ma de los Esta­dos y ejer­cer­la sin lími­tes ni regu­la­cio­nes en esce­na­rios polí­ti­cos y ámbi­tos mun­dia­les en los que inclu­yen no solo el pro­mo­ver la adic­ción, sino tam­bién usar téc­ni­cas como el astro­tur­fing, la des­in­for­ma­ción masi­va y toda una nue­va pano­plia de nue­vas estra­te­gias de mani­pu­la­ción en el mun­do digi­tal. Un ejem­plo canó­ni­co podría ser la red social “X” de Elon Musk, –antes lla­ma­da twit­ter–. Pare­ce que, para ellas, para­fra­sean­do a James Bond, ya ni siquie­ra el mun­do ente­ro es sufi­cien­te.

La últi­ma vuel­ta de tuer­ca en esta dispu­ta entre los tecno-pode­­res con­tem­po­rá­neos de los Seño­res de las Nubes enfren­ta­dos entre sí, en el inten­to de cada uno de ellos, por lograr con­ver­tir­se en el pri­mer mono­po­lio pla­ne­ta­rio de la IA Gene­ra­ti­va sin regu­la­ción o limi­ta­ción algu­na. Es una carí­si­ma con­tien­da, en capi­tal y ener­gía, que por aho­ra está finan­cia­da en par­te por la adic­ción masi­va con­se­gui­da en las redes socia­les en la que están impli­ca­das  miles de millo­nes de per­so­nas. Una con­tien­da que no ha hecho más que empe­zar y que aún no sabe­mos a dón­de lle­va­rá al mun­do, a la huma­ni­dad y al pla­ne­ta. Sobre esa nue­va incer­ti­dum­bre habrá que vol­ver más ade­lan­te. Quien diga que sabe con segu­ri­dad lo que pue­de pasar, y a dón­de pue­de con­du­cir al mun­do y al pla­ne­ta esta des­co­mu­nal dispu­ta, mien­te. En cual­quier caso, si segui­mos aquí, habla­re­mos sobre ello otro día de nue­vo.

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