TONI GASPAR. Presidente de la Diputación de Valencia

«La economía debe servir a las personas, no es un fin en sí mismo».

El presidente de la Diputación de Valencia, Toni Gaspar.

El Covid-19 y sus consecuencias han llegado a todos los rincones de nuestra geografía. No obstante, la situación y los efectos en cada una de las localidades y comarcas no ha sido la misma ni tampoco va a ser igual la desescalada. Toni Gaspar, como Presidente de la Diputación de Valencia y como alcalde de una pequeña localidad como Faura, conoce bien las peculiaridades de nuestro territorio. Él le pide a la ciudadanía responsabilidad individual y a las instituciones altura de miras porque “no se puede vivir siempre en la trinchera”. Incide en que la política y la economía han de estar al servicio de las personas y confía en que los recortes no vuelvan a plantearse como la solución como ya pasó en la crisis de 2007 porque “dieron al traste con muchas cosas, ocasionaron el aumento de los populismos y dejaron en la cuneta a mucha gente”.

El lunes 11 de mayo empezó la “fase 1” del desconfinamiento en algunos territorios, pero en la provincia de Valencia solo unos pocos departamentos de salud han entrado en ella. ¿Desde la Diputación esperaban que hubiera pasado toda la provincia? ¿Entienden que exista ahora una gran decepción y más temores en diferentes sectores como la hostelería y el turismo?

Nosotros no tenemos competencias sanitarias, pero sí las tenemos en conocer el sentir de la gente. ¿A quién no le hubiera gustado entrar? Pero no ha sido así y ahora hay que trabajar para pasar el próximo lunes. Es una decisión compleja y complicada de tomar, pero seguro que hay razones para ello. Ni yo tengo la información suficiente ni represento a la institución que la toma, pero hay que trabajar para pasarla. Desde la Diputación debemos apelar a la responsabilidad de todos y a seguir con la responsabilidad individual. Tan importante como avanzar en la desescalada es que no haya un retroceso de fases. Debemos actuar todos con responsabilidad para no retroceder. A veces se quiere poner en la palestra la dualidad entre salud y economía. Pero de lo que se trata es de salud y economía, hay que hacerlas compatibles.

“Tan importante como avanzar en la desescalada es que no haya un retroceso de fases… De lo que se trata es de salud y economía, hay que hacer compatibles”.

Desde el inicio del Estado de Alarma la Diputación se adaptó al teletrabajo. Pero, ¿en qué medida complica esta situación la labor de la corporación provincial y las relaciones entre los territorios valencianos?

Nuestra columna vertebral está bien. Desde el minuto uno trabajamos para fomentar el teletrabajo y establecimos un sistema que ha funcionado muy bien. Los gobiernos de trabajo que están en la “fase 1” ya tienen más libertad de movimientos, pero los de “fase 0” no. Son cuestiones técnicas y estratégicas, pero nos vamos adaptando. Ya desde antes de Estado de Alarma nos adaptamos con un protocolo interno, sin manual de instrucciones y con la esperanza de pasar esto lo antes posible, tratando siempre de crear las mínimas molestias posibles a los ciudadanos, al entramado social y económico. Las medidas que hemos ido tomando han ido encaminadas a ello.

Como alcalde de una población de menos de 5.000 habitantes como Faura, ¿cree acertada la medida de permitir que en ellas no haya limitación de horarios?

Creo que es una medida que ha estado muy bien. Ha habido reuniones continuas, con alcaldes y de otro nivel porque nuestra preocupación era que no podía ser todo homogéneo. No es mismo lo que pasa alrededor de Valencia que en el Rincón de Ademuz. Los 266 municipios de nuestra provincia son distintos, fue una demanda que resultó bien acogida. Hay que tener claro que las normas tienen detrás personas. Las normas pueden parecer hechas de una manera muy mecánica, pero detrás hay personas y con ellas hay que interpretar a otras personas. En cada zona se vive de manera distinta.

La Diputación no aplica criterios homogéneos para todos los territorios porque no es lo mismo una comarca que otra. Tenemos que dar mucho margen de maniobra a ayuntamientos y los planes que se tomen deben tenerlo en cuenta. Hay muchos matices que se deben tener en cuenta, con conocimiento y con mucha responsabilidad personal. No todo puede estar en manos de la administración, hay una parte que forma parte de las decisiones individuales.

Los entornos rurales podrían impulsarse a raíz de la crisis del Covid-19.

¿Cómo está siendo la reacción en pequeños pueblos como Faura desde el inicio de la pandemia y en otras localidades similares?

Es lo que comentaba. El confinarse a nadie le gusta, el tener que parar el mundo a nadie le gusta, pero se lleva con otros resortes. No es lo mismo estar en una ciudad que en un municipio pequeño, No es lo mismo poder ver el campo que no hacerlo. Es diferente, pero el espíritu en un mundo interconectado es el mismo. Todos tenemos la sensación de que ha venido algo a lo que no le vemos la cara, algo que ha puesto en jaque todo lo que conocíamos y nos ha hecho creer de una forma fehaciente que no éramos lo todopoderosos que nos creíamos.

Dicen que esta crisis nos hará mirar más hacia lo rural. ¿Cree que será algo temporal, basado en las vacaciones, o la gente se planteará irse a vivir a entornos más rurales? ¿Puede ser una buena oportunidad para dar una nueva vida a nuestros pueblos en todos los sentidos?

Todavía es muy pronto para predecirlo. Las tendencias no se desarrollan en dos meses. Al igual que no podemos saber si todo el mundo que se ha puesto a cocinar lo seguirá haciendo, no podemos augurar otras tendencias todavía. Esto se vive a corto, a medio y largo plazo. Hay que esperar. Es verdad que hay un ánimo diferente, pero tienen que pasar muchas cosas para ver consolidar tendencias que no estarían mal. Repensar el mundo no estaría mal, pues nos hemos alejado de muchas circunstancias más naturales para nuestra condición humana. Pero, insisto, es muy pronto para vaticinarlo.

“Repensar el mundo no estaría mal, pues nos hemos alejado de muchas circunstancias más naturales para nuestra condición humana”.

Algunas voces proponen una reconstrucción para los pueblos de interior de menos de 1.000 habitantes, pues hay más de 7.000 con menos de 1.000 habitantes en nuestro país. ¿Cree que es un buen momento para ello y en qué debería basarse?

Es buen momento para muchas cosas, pero para hacerlo todo con “trellat”, sino puede resultar contraproducente. Puede ser momento para poner en acción muchas cosas que estaban en la palestra, como el impulso de lo rural, pero hay que hacerlo todo con “trellat”. Es decir, con conocimiento, sentido común, sin salirse del tiesto, hay que hacerlo así porque cualquier decisión precipitada puede ser contraproducente.

Los productos y comercios de proximidad están siendo fundamentales y Gaspar pide que se potencien más.

Un sector rural fundamental es el agrícola. Antes de esta crisis, se manifestaba por exigir condiciones dignas y precios justos, como así nos lo recordaba el secretario general de Agricultura, Francisco Rodríguez Mulero. ¿Cree que ahora valoraremos de verdad su importancia para nuestra alimentación y su derecho a recibir precios y salarios dignos?

Eso sí que se ha puesto en valor, la proximidad. Espero que se quede, pero dos meses es poco para augurarlo. Me gustaría que se quedara. Es el comercio más próximo el que ha dado la batalla y nos ha devuelto a los orígenes. Podemos vivir con muchas cosas, pero no sin alimentos y no hace falta miles de kilómetros para producirlos. Los productos de proximidad estaban ahí pero con el fragor de la globalización y la comodidad no le importaban lo suficiente a muchísima gente. Espero que esto sirva para poner sobre la mesa la importancia de productos como estos y que se queden. Insisto, es pronto, pero me gustaría que se consolidaran. Las instituciones debemos trabajar para que se queden porque se han de quedar, es bueno que se queden.

“Los productos de proximidad estaban ahí pero con el fragor de la globalización y la comodidad no le importaban lo suficiente a muchísima gente”.

Aunque es difícil dar predicciones, a veces en los deseos, sobre todo de los políticos, puede haber mucho de predicción también…

Puede ser, pero debemos ser realistas, echar la vista adelante. Es buen momento para cambiar las cosas, pero hay que saber de dónde partimos. Tenemos ahí la condición humana, si repasas la historia ves lo que ves. Por tanto, uno tiene que ser consciente de cómo mover eso, no lanzar las campanas al vuelo, hay que ser realista. Mi sentir es muy positivo, hay que levantarse y luchar las cosas, pero es verdad que la única manera para conseguirlo es ser realista: no están reñidos ambos conceptos.

Otro sector estratégico y esencial en nuestra Comunidad es el turismo. Parece que también se potenciará el de interior, pero ya se han perdido las Fallas, la Semana Santa… y el verano se avecina con muchas dudas. ¿Es un año perdido o aún hay visos de esperanza?

No lo doy por perdido. Estamos en mayo, han pasado dos meses, no son suficientes para ciertos cambios, pero tampoco lo son para ciertas catástrofes. Tenemos margen para reaccionar. Con la previsión de las fases, si no hay retrocesos, tenemos margen. Más del 50% de nuestro turismo es interno y ese turismo, con las fases como están anunciadas, no tendrá las restricciones del internacional. Es momento de poner en valor ciertas cosas, con otros hábitos, pero así como hay ciertos aspectos que sí que veo que tardaremos en recuperarlos, hay otros que no. Contamos con ventajas como el clima, nuestro entorno que nos hace fácil salir a la calle y cumplir las medidas de seguridad… podemos tener esperanza.

Tenemos a una sociedad como la valenciana con ese espíritu valenciano de resurgir de las cenizas. Si el primer día después de anunciarse la cancelación de las Fallas el monumento municipal de Valencia apareció con una mascarilla en su rostro, con ese mismo grado de reposición ante los malos momentos seremos los primeros en lograrlo. En nuestro ADN está el rehacerse. Estoy convencido de que demostraremos ser los primeros en ello porque, volviendo a las Fallas, forma parte de nuestra cultura, de resurgir de nuestras cenizas.

“Estoy convencido de que demostraremos ser los primeros en rehacernos porque resurgir de las cenizas forma parte del ADN valenciano y de nuestra cultura”.

El secretario autonómico de Turismo, Francesc Colomer, nos comentaba hace unos días que es el momento de fomentar el turismo de proximidad y de redescubrir nuestros propios rincones. ¿Cree que, en efecto, lo haremos y también valoraremos toda nuestra riqueza patrimonial, natural y cultural?

Estoy convencido de que así lo haremos. Nuestros recursos turísticos no están por descubrir, están ahí, pero evidentemente el foco está puesto en el mundo actual en ciertos puntos. Las redes de comunicación, las redes sociales se ponen sobre ciertos puntos. Son recursos y atractivos que están ahí, pero ahora habrá una diversificación, pues con ella se puede cumplir también más con las medidas de protección. Será una oportunidad, un concepto diferente, ahora habrá un concepto de dispersión, frente al anterior de concentración, para ver muchas cosas y para protegernos.

Será una oportunidad para muchas cosas que querremos ir a ver. Descubiertas están, se ha hecho un trabajo por parte de muchos profesionales para ponerlas en valor. En ello ha colaborado mucho Turismo de la Diputación. Se crea una demanda y se intenta que la gente quiera ir a verlas, pero el mercado es el mercado y muchas veces las políticas de masas no llevan a eso.

La provincia de Valencia cuenta con formidables atractivos turísticos de costa como Cullera y Toni Gaspar considera que la temporada todavía no está perdida. Foto: Culleraturismo.com

La Diputación juega un papel esencial en apoyar y promocionar todo tipo de fiestas y tradiciones valencianas. La gran mayoría de ellas se han suspendido o se van a suspender. ¿Qué medidas piensan aprobar para apoyarlas?

El apoyo que hacemos es a través de los ayuntamientos. Somos la entidad del colze a colze amb els ajuntaments, y la práctica totalidad de las fiestas se hacen con ayudas nuestras pero a través de los ayuntamientos. Seguimos apoyándolas, hemos aprobado ayudas y ellos las articularán para seguir manteniendo que esa llama siga viva, aunque de forma diferente. Habrá que mantener cierto tejido, aunque será imposible continuar de la misma manera en este 2020 o en 2021.

La mayor parte de nuestra ayuda se canaliza a través de ellos, ellos la reparten como mayores de edad que son. Es el sistema local el que mantiene vivas todas estas fiestas y tradiciones en nuestro territorio. De modo independiente, puede haber también medidas concretas para ciertos sectores como el de la indumentaria o la artesanía. El pasado lunes 11 de mayo, por ejemplo, hubo una reunión con el presidente de la Cámara de Comercio para echarles una mano dentro de nuestras posibilidades.

A finales de abril aprobaron, por unanimidad en el pleno, la inyección de 180 millones de euros a los ayuntamientos. Unos 140 de ellos son del Plan de Inversiones 2020-21 y otros 40 de aportación extraordinaria, que se suman a los 20,6 millones ingresados a través del Fondo de Cooperación. ¿A qué se destinarán o deberían destinarse esas cantidades extraordinarias?

Al final de este año habremos inyectado 60 millones de corriente y 140 de inversiones. Son 200 millones. Una parte son inversiones, destinadas a reavivar la economía de los municipios. Luego están los otros 60 millones extra que cada consistorio destinará a aquello que considere más conveniente. Ellos decidirán si es para gastos del Covid-19, para planes de empleo… porque en cada municipio existe una casuística diferente y a cada uno todo esto le ha afectado de un modo particular.

En vez de diseñar planes completos y cerrados, creemos que es mejor inyectarles el dinero y que ellos decidan. Hay que tener en cuenta que la primera parte de ese dinero ya está ingresado. La burocracia, por tanto, es prácticamente igual a cero, pues esta es la mejor forma de ayudar al ayuntamiento. El ciudadano, en el tejido poroso local, al primero al que pide ayuda es a su alcalde, a su municipio, y está bien que el dinero esté ahí.

«En vez de diseñar planes completos y cerrados, creemos que es mejor inyectar el dinero a los ayuntamientos y que ellos decidan la inversión más conveniente para su municipio».

Hace unos días, en la Comisión de Diputaciones, Cabildos y Consejos Insulares reclamó que los ayuntamientos puedan destinar sus superávits y remanentes para poder hacer frente a las consecuencias de la crisis provocada por la pandemia de la Covid-19. ¿Qué supondría esta medida?

Se trata de utilizar algo que suele crear bastantes titulares y controversias. Todo el dinero ahorrado por los ayuntamientos que normalmente no se nos deja usar o se permite pero con muchas limitaciones, es el momento que se deje utilizar para lo que crean conveniente y para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Pero esta medida va asociada a modificaciones legislativas, a la ley de estabilidad presupuestaria, la regla de gasto, algunas partes de la ley de contratación pública… Si todo eso no se modifica o se relaja, no podremos servir a la ciudadanía. Por culpa de estos corsés no se podrán usar recursos públicos esenciales ni llegar a la gente. Es una gran preocupación del mundo local y pedimos que se revise.

Lo que hay detrás de los números son personas y dramas personales. Servimos a las personas, no a planes o números. Siempre hay que actuar dentro del orden legislativo, protegiendo el dinero público, pero hay restricciones que lo único que hacen es dilatar las soluciones.

El presidente de la Diputación de Valencia y alcalde de Faura, Toni Gaspar, apuesta por que los ayuntamientos distribuyan las ayudas recibidas. Foto: Dival

A esto es a lo que se refería cuando reclamó, en la misma reunión, flexibilizar los mecanismos administrativos para hacer más ágiles y eficaces a las entidades locales, en especial en la «necesaria adaptación de la Ley de Contratos o la Ley de estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera”?

En efecto. Pasar de servir a las personas y hacerlo con los papeles, no es la mejor manera de servir. Hay que hacer compatibles las dos cosas, pero la prioridad es servir a las personas porque lo otro puede ser un obstáculo.

¿Qué otras medidas va a impulsar la Diputación para hacer frente a esta crisis?

Agilizar la central de compras para municipios, no sacar pliegos de condiciones, prestarles asistencia jurídica porque se van a crear todo tipo de problemas; hemos suministrado material… La lista es muy larga, pues la casuística de los 266 municipios da para mucho. Pero la clave es estar al lado de cada ayuntamiento y un milímetro detrás porque nadie sabe mejor que el alcalde o alcaldesa lo que necesita su ayuntamiento.

Eso me recuerda a la política actual en cooperación internacional de fomentar proyectos que sean demandados por las propias poblaciones beneficiarias y no al revés…

Esa ha sido mi máxima desde que empecé a ser presidente de la Diputación. Nadie sabe mejor que los alcaldes lo que necesitan. Me niego a hacer planes sentados en una mesa desde aquí. Ellos deben dirigir los recursos. No es igual una comarca interior que otra de playa, tienes que reconducir los recursos para que le sirvan a ellos. Hacer cosas sin saber su opinión podría ser contraproducente, la Diputación no está por encima, está al lado de ellos. Esa es la diferencia entre la Diputación del siglo XX y la del siglo XXI.

«No hay que imponer recortes, sino alimentar la economía para que esta genere más economía, sin dejar a nadie atrás».

Usted es licenciado en Ciencias Económicas. Este está siendo ya un nuevo golpe para nuestras economías tanto públicas como domésticas. ¿Cuál debería ser el camino para tratar de salir de esta nueva crisis?

De la otra crisis estábamos saliendo, pero nos tiramos diez años en ello porque se dijo que solo se salía con recortes. Creo que ese camino no podemos volver a cruzarlo. Hay que afrontarlo y creo que los primeros pasos ya se están dando en este sentido. No hay que imponer recortes, sino alimentar la economía para que esta genere más economía, sin dejar a nadie atrás y sin repetir errores del pasado que, con la austeridad, dieron al traste con muchas cosas, ocasionaron el aumento de los populismos y dejaron en la cuneta a mucha gente. De todo eso todavía estamos arrepintiéndonos y espero que sea la oportunidad para no volver a lo mismo.

La economía está al servicio de las personas siempre, no al revés. Esto no significa ni ser extremista, ni bolivariano ni nada parecido. Significa ser una persona, un responsable público que sabe bien que es cierto que las cosas no salen por generación espontánea, pero las personas siempre estarán por encima, la economía debe servirlas, no es un fin en sí mismo.

¿Qué deberemos aprender, por tanto, en lo económico y en lo social?

Economía humanista. Esa deberían ser las palabras clave.

«Aunque pocos medios de comunicación se ocupen de las unanimidades y los consensos políticos, de las trincheras nadie sale con nada bueno. Me niego a estar en las trincheras.»

Y las instituciones públicas, ¿qué deben aprender de todo esto?

Lo primero es a que en las trincheras poco se adelanta. Si siempre estás ahí poca faena se hace. Hay que aprender que aunque no salga en Twitter o en otras redes sociales, aunque pocos medios de comunicación se ocupen de las unanimidades y los consensos políticos, de las trincheras nadie sale con nada bueno. Me niego a estar en las trincheras. Para haber consensos tiene que haber renuncias. Los espectáculos dados estos dos meses desde algunas dignas instituciones espero que alguien aprenda que no podemos seguir así. Los partidos políticos en la Diputación hemos consensuado y actuado con cierta gran unidad. Se puede, aunque nadie se haga eco de eso, aunque no venda en este mundo donde prima la trinchera mediocre.

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