La tram­pa de veri­fi­ca­ción de la edad no solo va solo del acce­so a las redes, sino que tie­ne que ver con el capi­ta­lis­mo de vigi­lan­cia (Zuboff), el ras­treo con­ti­nuo y la pér­di­da de inti­mi­dad y pri­va­ci­dad.

 

Adol­fo Pla­sen­cia, 9 de mar­zo de 2025

Debi­do al paso ade­lan­te del Gobierno de Aus­tra­lia, pri­mer país en prohi­bir des­de diciem­bre de 2025 el acce­so a las redes socia­les a meno­res de 16 años, muchos otros como Nue­va Zelan­da, Mala­sia, o Indo­ne­sia ya han deci­di­do seguir ese mis­mo cri­te­rio. Y tam­bién en Euro­pa, don­de, con varian­tes, des­de el Rei­no Uni­do, Fran­cia, Gre­cia, Aus­tria, Dina­mar­ca, Ita­lia a Espa­ña, han anun­cia­do medi­das de prohi­bi­ción del acce­so a las redes socia­les, que son un lugar de inter­net que está cau­san­do un gran daño social en la salud men­tal y alte­ra­cio­nes con­duc­tua­les auto-lesi­­vas que han lle­va­do inclu­so al sui­ci­dio de meno­res. Dichas alte­ra­cio­nes de con­duc­ta, que ya suce­den como una epi­de­mia lle­vó al ante­rior alcal­de de Nue­va York a decla­rar en enero de 2024, a las redes socia­les como una toxi­na medioam­bien­tal sobre todo para los ado­les­cen­tes, aun­que no solo para ellos, ya que los lle­va hacia adic­cio­nes y a la depen­den­cia a gran esca­la. Nue­va York fue la pri­me­ra gran ciu­dad esta­dou­ni­den­se en tomar esta deci­sión de decla­rar la gue­rra a la con­duc­ta de las empre­sas de redes socia­les.

Aque­lla decla­ra­ción pio­ne­ra, refren­da­da por medios cien­tí­fi­cos, cri­ti­có a pla­ta­for­mas como Tik­Tok, Face­book y You­Tu­be por fomen­tar una cri­sis de salud men­tal juve­nil a gran esca­la. El alcal­de Adams ade­más entró enton­ces en el deta­lle a par­tir del daño que las redes socia­les esta­ban cau­san­do a los habi­tan­tes de Nue­va York. Enfa­ti­zó que las gran­des empre­sas tec­no­ló­gi­cas han dise­ña­do inten­cio­nal­men­te sus pla­ta­for­mas con carac­te­rís­ti­cas adic­ti­vas que ponen en peli­gro la salud men­tal de niños y ado­les­cen­tes; hizo una cru­da com­pa­ra­ción con otros cono­ci­dos ries­gos para la salud públi­ca, esta­ble­cien­do para­le­lis­mos con ame­na­zas his­tó­ri­cas demos­tra­das para la salud públi­ca, como el taba­co y las armas de fue­go.

Su obje­ti­vo era el de inten­tar obli­gar a las empre­sas de las pla­ta­for­mas tec­no­ló­gi­cas a asu­mir la res­pon­sa­bi­li­dad de su dañino impac­to, des­ta­can­do la preo­cu­pa­ción por su tec­no­lo­gía con meca­nis­mos algo­rít­mi­cos. Lo más gra­ve es que están ya demos­tra­dos con datos cien­tí­fi­cos que estos meca­nis­mos, gene­ran usos com­pul­si­vos y tras­tor­nos de con­duc­ta adic­ti­vas, simi­la­res a las de los jue­gos de azar, pero ya dise­ña­das y comer­cia­li­za­das espe­cí­fi­ca­men­te y, a sabien­das de los per­jui­cios, para la con­ver­sión en adic­tos usua­rios muy jóve­nes, inclu­so niños y obte­ner el máxi­mo dine­ro con ello.

Pero sin salir­nos del con­tex­to neo­yor­kino, este apa­ren­te inten­to de pro­te­ger a los más jóve­nes de la evi­den­te­men­te peli­gro­sa, dañi­na y adic­ti­va algo­rít­mi­ca pre­dic­ti­va de las redes socia­les emer­gen las con­tra­dic­cio­nes. Adams fue el ante­rior alcal­de demó­cra­ta de Nue­va York. ¿Está siguien­te el nue­vo alcal­de, el pro­gre­sis­ta Mam­da­ni, man­te­nien­do esta cru­za­da de su ante­ce­sor con­tra las redes socia­les? Pues sor­pren­den­te­men­te no apa­re­cen refe­ren­cias, en sus decla­ra­cio­nes ni en sus pro­pues­tas. Tal vez ten­ga que ver el que esas mis­mas redes socia­les impul­sa­ron su ascen­so y elec­ción como alcal­de de Nue­va York. Hay quien dicen que inclu­so les debe su elec­ción como alcal­de. Enton­ces, si es así, ¿como va a cri­ti­car­las al nivel que hizo Adams a pesar de que siguen sien­do, –está demos­tra­do con datos–, una “toxi­na ambien­tal” para los ciu­da­da­nos, y que va en aumen­to?

Así que solu­cio­nar este pro­ble­ma, no es solo cosa de bue­nos deseos e inten­cio­nes por par­te de los diri­gen­tes polí­ti­cos, sino es cosa de ver como lle­gar a una pro­tec­ción efec­ti­va en el uso de Inter­net en gene­ral y en las redes socia­les en par­ti­cu­lar. O sea, que hay que pasar del qué al cómo y a un cómo que fun­cio­ne y sea efec­ti­vo de for­ma garan­ti­za­da. Y, en ese paso, aún vamos a ver emer­ger muchas más con­tra­dic­cio­nes, que en algu­nos casos podrían ser irre­so­lu­bles. Vea­mos. Recuer­do que hace muchos años en una con­ver­sa­ción para mi libro que iba a publi­car el MIT, le hice una pre­gun­ta apa­ren­te­men­te sen­ci­lla al sabio de la infor­má­ti­ca Rica­r­­do-Bae­­za YatesLa pre­gun­ta era “¿por­qué has­ta aho­ra nin­gún poder polí­ti­co ha podi­do adue­ñar­se de Inter­net? Su sor­pre­si­va res­pues­ta fue: “Por su diver­si­dad”.

Los inten­tos de una solu­ción en la que los pode­res públi­cos se han cen­tra­do, empe­zan­do por la pio­ne­ra Aus­tra­lia y con­ti­nuan­do por el res­to de paí­ses, para con­se­guir pro­te­ger a los niños a los/las ado­les­cen­tes de los peli­gros, ha sido poner el foco en legis­lar un lími­te de edad de acce­so. Y eso pasa nece­sa­ria­men­te tam­bién por veri­fi­car la iden­ti­dad de usua­rio liga­da a la edad real. Por ejem­plo, debe demos­trar­se que se tie­nen los 16 años, –en el caso de Aus­tra­lia– para poder acce­der allí a redes socia­les. Así que el tema de la pro­tec­ción se está aso­cian­do con la veri­fi­ca­ción de iden­ti­dad. El asun­to es de tal esca­la que el lími­te de la edad es ya un tema de deba­te polí­ti­co cada vez más de actua­li­dad en nume­ro­sos paí­ses. Pare­ce sen­ci­llo, pero téc­ni­ca­men­te no lo es si se quie­ren evi­tar efec­tos inde­sea­dos. Por­que la prohi­bi­ción obli­ga a que todos los usua­rios que acce­dan lo harán una vez hayan demos­tra­do que no son niños o meno­res. Y eso es tan­to como abor­dar el tema de la iden­ti­dad de los usua­rios en Inter­net, y en las redes socia­les, que es un tema pro­tei­co don­de los haya. Y ade­más cho­ca fron­tal­men­te con el tema de la diver­si­dad a la que se refe­ría Ricar­do Bae­­za-Yates. Si hay algo múl­ti­ple y diver­so en inter­net y en las redes socia­les es la iden­ti­dad del/de las/de los usua­rios. Un tema por su esca­la, es muy muy difí­cil de abor­dar –o, tal vez, lo sien­to– qui­zá irre­so­lu­ble. Pro­ba­ble­men­te, por los múl­ti­ples ángu­los de la diver­si­dad del pro­ble­ma, con los que tal vez pue­da cho­car cual­quier inten­to de solu­ción per­fec­ta, como aho­ra des­pués inten­ta­ré expli­car.

Pero, ade­más, eso cho­ca con la urgen­cia. La urgen­cia con que nece­si­tan obte­ner solu­cio­nes los diri­gen­tes polí­­ti­­cos- Cuan­to mayor es la mag­ni­tud y gra­ve­dad del pro­ble­ma, más urgen­te es para ellos encon­trar una solu­ción. Y por eso se están cen­tran­do en inten­tar que alguien les pro­por­cio­ne una solu­ción para veri­fi­car la edad liga­da a la iden­ti­dad, duran­te el acce­so a las redes socia­les, con solu­cio­nes, que vis­to lo vis­to a lo que esta­mos asis­tien­do en este tema, pro­ba­ble­men­te ten­dría que venir de algún tec­no­so­lu­cio­nis­mo de “resul­ta­dos rápi­dos”.

Tec­no­per­so­nas, iden­ti­dad, ano­ni­ma­to e inter­net

«En Inter­net, nadie sabe que eres un perro» (ori­gi­nal­men­te, en inglés: «On the Inter­net, nobody knows you’­re a dog”) decía el perro pro­ta­go­nis­ta de una famo­sa viñe­ta crea­da por Peter Stei­ner, publi­ca­da por pri­me­ra vez en The New Yor­ker el 5 de julio de 1993 y hoy con­ver­ti­do ya en un dicho popu­lar. Eran tiem­pos pio­ne­ros de inter­net, y por eso para expli­car el extra­or­di­na­rio éxi­to de la viñe­ta es bue­na la fra­se Bob Man­koff, enton­ces edi­tor de cari­ca­tu­ras de The New Yor­ker, que afir­mó «La cari­ca­tu­ra reso­nó con nues­tra des­con­fian­za ante la facha­da sim­plis­ta que podía adop­tar cual­quie­ra con cono­ci­mien­tos bási­cos de HTML». Michel Can­va, afir­mó el 31 de julio de 2013 en un artícu­lo en el Washing­ton Post «‘Nadie sabe que eres un perro’»,  publi­ca­do en el XX ani­ver­sa­rio de la icó­ni­ca cari­ca­tu­ra de inter­net, su crea­dor, Peter Stei­ner, sabe que «el chis­te sigue sien­do tan rele­van­te como siem­pre». Pues bien, yo afir­mo que en mar­zo de 2026 cuan­do publi­có este artícu­lo que la afir­ma­ción de Stei­ner no sólo sigue vigen­te, sino que el pro­ble­ma o, mejor dicho, la tram­pa de la veri­fi­ca­ción de la edad en Inter­net y, por lo tan­to, la iden­ti­dad, man­tie­ne esa afir­ma­ción vigen­te, entre otras cosas, por la evo­lu­ción del inter­net hacia las redes socia­les, pero tam­bién por nue­vas razo­nes con­cep­tua­les. Vea­mos.

Una de ellas es que debe­ría­mos para abor­dar este pro­ble­ma y com­pren­der los deta­lles debe­mos entrar en la visión sobre los mun­dos digi­ta­li­za­dos y tec­no­en­tor­nos que des­cri­ben, con gran deta­lle, el filó­so­fo Javier Eche­ve­rría y su cole­ga Lola S. Almen­dros en su libro «Tec­no­per­so­nas. Cómo las tec­no­lo­gías nos trans­for­man», un estu­pen­do libro que con­si­de­ro de obli­ga­da lec­tu­ra, si se quie­re enten­der ver­da­de­ra­men­te, en sus aspec­tos con­cep­tua­les y su ver­da­de­ra dimen­sión, tam­bién el pro­ble­ma de veri­fi­ca­ción de la edad (y de la iden­ti­dad) en las redes socia­les y por exten­sión en Inter­net. Aun­que no solo eso. En el libro hay toda una nue­va plé­ya­de de apa­sio­nan­tes ideas inno­va­do­ras sobre los cita­dos mun­dos y entor­nos que des­cri­ben los auto­res.

Por­que en reali­dad, el meca­nis­mo que están inten­tan­do resol­ver los gober­nan­tes y paí­ses no es solo un tema téc­ni­co o infor­má­ti­co, que tam­bién, sino un nue­vo asun­to con­cep­tual, pues­to que la veri­fi­ca­ción de la edad y la iden­ti­dad en las redes tie­ne que ver, no con esos aspec­tos huma­nos de los usua­rios de las redes, sino con sus corres­pon­dien­tes tec­no­per­so­nas, que defi­nen Eche­ve­rría y Almen­dros en su libro cita­do, es decir, las tec­no­per­so­nas super­pues­tas a sus iden­ti­da­des en el mun­do físi­co (no olvi­de­mos como se dice en el libro que y, gene­ra­das median­te simu­la­cio­nes digi­ta­les fic­ti­cias de su iden­ti­dad que asi­mi­la­mos auto­má­ti­ca­men­te a esas per­so­nas.

No olvi­de­mos que –como se dice en el libro–, que «el tér­mino per­so­na pro­ce­de del etrus­co pher­su y del nom­bre de la dio­sa Per­sé­fo­ne. En el 550 a. C. pher­su sig­ni­fi­ca­ba enmas­ca­ra­do, o la más­ca­ra mis­ma. Y el nom­bre de Per­sé­fo­ne sig­ni­fi­ca­ba más­ca­ra por­que en las fies­ta de la dio­sa se uti­li­za­ban más­ca­ras». Así que tras­la­da­do esto a lo que hoy seña­lan los cita­dos filó­so­fos en su libro, no es de extra­ñar que se tra­te de tec­no­per­so­nas fic­ti­cias, gene­ra­das por algo­rit­mos espe­cí­fi­cos a par­tir de múl­ti­ples datos gene­ra­dos en la con­duc­ta onli­ne de usua­rios de la vida real, sean apor­ta­dos, roba­dos o gene­ra­dos arti­fi­cial­men­te. Bien enten­di­do que la cita­da media­ción tec­no­ló­gi­ca que aca­bo de citar es la que dis­tin­gue a las per­so­nas de las tec­no­per­so­nas. Enti­da­des que están radi­ca­das final­men­te en La Nube, es decir en for­ma de ceros y unos, en ser­vi­do­res de alguno o varios de los data cen­ters han crea­do y ges­tio­nan las gran­des tec­no­ló­gi­cas; luga­res en el argot hace tiem­po lla­má­ba­mos un poco iró­ni­ca­men­te gran­jas de ser­vi­do­res.

Antes de pasar a cen­trar des­pués los aspec­tos téc­ni­cos del pro­ble­ma que da nom­bre a este artícu­lo, cita­ré por cues­tio­nes con­cep­tua­les, un extrac­to sin­te­ti­za­do de la defi­ni­ción de tec­no­per­so­na del cita­do libro: «tec­no­per­so­na es aque­lla per­so­na cuya iden­ti­dad, rela­cio­nes, fun­cio­nes o inter­ac­cio­nes están con­for­ma­das tec­no­ló­gi­ca­men­te en par­ti­cu­lar por sis­te­mas tec­no­ló­gi­cos infor­ma­ti­za­dos». Hay muchos más tipos de tec­no­per­so­nas defi­ni­das en el libro, pero me cen­tro en esta defi­ni­ción y acep­ción para seguir cen­tra­do en el tema de que tra­ta este articu­lo. Me refie­ro a esas tec­no­per­so­nas, que per­ci­bi­mos median­te simu­la­cio­nes visual­men­te bi-dime­n­­sio­­na­­les en las inter­fa­ces infor­má­ti­cas sobre las pan­ta­llas digi­ta­les.

Dado que, como seña­lan Eche­ve­rría y Almen­dros, a las per­so­nas se le super­po­nen sus tec­no­per­so­nas, para que pue­dan ser per­ci­bi­das a tra­vés de las pan­ta­llas, me atre­ve­ría a decir que des­de el pun­to de vis­ta tec­no­ló­gi­co y con­cep­tual, cuan­do hable­mos a par­tir de aho­ra de veri­fi­ca­ción de la edad (y de la iden­ti­dad) de meno­res en Inter­net, en reali­dad esta­re­mos hablan­do de veri­fi­car­la a tra­vés de sus corres­pon­dien­tes tec­no­per­so­nas que es en la for­ma que otros les per­ci­ben o son per­ci­bi­dos siem­pre en las pan­ta­llas median­te las dife­ren­tes fór­mu­las digi­ta­les: todo vídeo, ima­gen, men­sa­je o tex­to son ras­tros digi­ta­les de sus tec­no­per­so­nas media­das por la tec­no­lo­gía. Pero para per­ci­bir «al otro» hay una nece­si­dad esen­cial: el sopor­te de un com­ple­to sis­te­ma tec­no­ló­gi­co que es la ver­da­de­ra fábri­ca de tec­no­per­so­nas con las que noso­tros (nues­tra pro­pia tec­no­per­so­na) podre­mos inter­ac­tuar sí, y solo sí, ese sis­te­ma tec­­no­­ló­­gi­­co-info­r­­má­­ti­­co está fun­cio­nan ali­men­ta­do por elec­tri­ci­dad y lle­ga has­ta nues­tra pan­ta­lla. Sin pan­ta­llas audio­vi­sua­les, dis­po­si­ti­vo digi­tal y elec­tri­ci­dad, cual­quier tec­no­per­so­na pro­duc­to o con­se­cuen­cia de alguien, no podrá ser per­ci­bi­da por otros.

Sin esta expli­ca­ción el afir­mar que en reali­dad cuan­do se inten­ta veri­fi­car la edad de un menor y su iden­ti­dad se pue­de hacer, por media­ción tec­no­ló­gi­ca, a tra­vés de su tec­no­per­so­na. Pero a eso se suman otros fac­to­res con­cu­rren­tes. Uno de ellos es que no toda per­so­na desea hacer un iso­mor­fis­mo entre su aspec­to real y el de su o sus tec­no­per­so­na/s en la pan­ta­lla. Hay usua­rios que desean acce­der a inter­net o a una red social man­te­nien­do el ano­ni­ma­to, por­que a eso se refe­ría el cita­do pio­ne­ro chis­te de Peter Stei­ner, de 1993. Enton­ces ya se sabía (aun­que no exis­tie­ran las redes socia­les que algu­nos usua­rios pre­fie­ren inter­ac­tuar en Inter­net sin reve­lar su iden­ti­dad real, per­mi­tien­do a las per­so­nas adop­tar per­so­na­li­da­des fal­sas –o tec­no­per­so­nas fal­sas–, o man­te­ner­se en el ano­ni­ma­to median­te algu­na de ellas sin iso­mor­fis­mo alguno con su pre­sen­cia del mun­do físi­co, inclu­so.

Cada per­so­na usua­ria del mun­do físi­co, pero conec­ta­da, pue­de crear múl­ti­ples tec­no­per­so­nas dis­tin­tas, toda una varie­dad que serán con­fi­gu­ra­das median­te simu­la­cio­nes de iden­ti­da­des digi­ta­les fic­ti­cias, como quién se cubre con suce­si­vas más­ca­ras. Resul­ta curio­so que la diver­si­dad poten­cial de múl­ti­ples tec­no­per­so­nas podría tener con­co­mi­tan­cias con otras diver­si­da­des de inter­net que lue­go men­cio­na­ré. No quie­ro dejar de men­cio­nar que hoy en día tam­bién pue­den crear múl­ti­ples tec­no­per­so­nas fic­ti­cias, que no tie­nen equi­va­len­te en las per­so­nas del mun­do físi­co por los nue­vos agen­tes de IA dota­dos de agen­cia pro­pia para hacer­lo con tal de cum­plir en inter­net algún obje­ti­vo que se les haya pro­gra­ma­do o soli­ci­ta­do en un prompt (ins­truc­ción o pre­gun­ta que se le hace a una IA). Aun­que lo parez­ca, esto no es nue­vo y de algo pare­ci­do ya hablé en 2020 en un artícu­lo, aun­que si lo escri­bie­se hoy cam­bia­ría lige­ra­men­te su títu­lo, adop­tan­do ya la ter­mi­no­lo­gía de Eche­ve­rría y Almen­dros. Hoy lo hubie­ra titu­la­do: «Esta tecno­per­so­na es mate­má­ti­ca­men­te úni­ca pero no exis­te». Vol­vien­do a los agen­tes de IA, alguno de ellos han crea­do miles de cuen­tas fic­ti­cias (que se deno­mi­nan Enjam­bres de IA, que aun­que no tie­ne equi­va­len­te humano, inter­ac­túan simu­lan­do que lo son sin que los usua­rios huma­nos las dis­tin­gan de sus igua­les. Son de algu­na mane­ra, sal­van­do las dis­tan­cias, como aque­llos robots bizan­ti­nos capa­ces de men­tir­se entre sí, de los que hablé hace tiem­po. Qui­zá a ese tipo de tec­no­per­so­nas se le pue­da lla­mar tec­no­per­so­nas de ori­gen tam­bién fic­ti­cio pero algo­rít­mi­co.

El uso de tec­no­per­so­nas o más­ca­ras digi­ta­les no siem­pre tie­ne inten­cio­nes de carác­ter puni­ti­vo, aun­que a veces ocu­rre que tie­ne inten­ción posi­ti­va. Hay per­so­nas que sí desean usar­las para nave­gar o inter­ac­tuar por inter­net man­te­nien­do en ano­ni­ma­to con el fin de pre­ser­var su inti­mi­dad.

Así que a todo lo ante­rior hay que sumar que el ano­ni­ma­to en Inter­net es con­si­de­ra­do un dere­cho fun­da­men­tal que pro­te­ge la pri­va­ci­dad, la liber­tad de expre­sión y la segu­ri­dad de los usua­rios, per­mi­tien­do la nave­ga­ción y comu­ni­ca­ción sin reve­lar la iden­ti­dad real. La Car­ta de Dere­chos Digi­ta­les (Espa­ña) reco­no­ce el pseu­­do-ano­­ni­­ma­­to, per­mi­tien­do el uso de alias, pero faci­li­tan­do que un juez pue­da «levan­tar el ano­ni­ma­to» en casos de deli­tos, equi­li­bran­do segu­ri­dad y pri­va­ci­dad. Es esen­cial para evi­tar la cen­su­ra, el ras­treo intru­si­vo y repre­sa­lias, faci­li­tan­do el acce­so a infor­ma­ción sen­si­ble o la denun­cia de abu­sos.

El ano­ni­ma­to, según esa visión, se con­si­de­ra un dere­cho liga­do a la pro­tec­ción de datos y a la liber­tad de expre­sión, a menu­do pro­te­gi­do median­te juris­pru­den­cia o el uso de seu­dó­ni­mos (tam­bién en for­ma de tec­no­per­so­nas). La for­ma de ejer­cer­lo en la prác­ti­ca es, por ejem­plo, hacer­lo median­te el uso de redes pri­va­das vir­tua­les (VPN) que crean un túnel cifra­do y segu­ro entre tu dis­po­si­ti­vo (orde­na­dor, móvil) e inter­net, ocul­tan­do tu direc­ción IP y pro­te­gien­do datos per­so­na­les fren­te a ter­ce­ros, ras­trea­do­res o redes Wi-Fi públi­cas inse­gu­ras. Los VPN son fun­da­men­ta­les para dis­po­ner de pri­va­ci­dad onli­ne, para cier­tos tipos de tele­tra­ba­jo y para sal­tar res­tric­cio­nes geo­grá­fi­cas, –como ya están hacien­do muchos ado­les­cen­tes ave­za­dos en Aus­tra­lia para sal­tar­se la prohi­bi­ción de su gobierno–. Tam­bién se pue­de usar el nave­ga­dor Tor que es una herra­mien­ta gra­tui­ta de soft­wa­re libre dise­ña­da para nave­gar por la red garan­ti­zan­do­te la máxi­ma pri­va­ci­dad y ano­ni­ma­to onli­ne que fun­cio­na redi­ri­gien­do el trá­fi­co a tra­vés de una red volun­ta­ria de miles de nodos (enru­ta­mien­to de cebo­lla), de nue­vo, ocul­tan­do la direc­ción IP (iden­ti­dad digi­tal real de tu dis­po­si­ti­vo liga­da a tu cone­xión y ubi­ca­ción local), evi­tan­do el ras­treo y segui­mien­to y per­mi­tien­do el acce­so a sitios web blo­quea­dos, pro­xies (ser­vi­dor inter­me­dia­rio entre tu dis­po­si­ti­vo (ordenador/móvil) e Inter­net), correos cifra­dos y nave­ga­ción en modo incóg­ni­to.

El modo de nave­ga­ción anó­ni­ma sir­ve usual­men­te, por ejem­plo, para pro­te­ger a perio­dis­tas, acti­vis­tas y ciu­da­da­nos ante cier­tos abu­sos de poder; pero tam­bién pue­de ser mal uti­li­za­do para delin­quir; para aco­so, o en diver­sas acti­vi­da­des ilí­ci­tas.

Veri­fi­ca­ción cier­ta y segu­ra de edad e iden­ti­dad en las RRSS y sus con­se­cuen­cias: la cua­dra­tu­ra del círcu­lo.

Aho­ra mis­mo, lo que ha pues­to en el foco de la actua­li­dad a nivel mun­dial, del pro­ble­ma que no es la prohi­bi­ción de acce­so a las redes socia­les de meno­res de 16 años en la que, como he dicho se ade­lan­tó Aus­tra­lia. Pero quien pien­se que se tra­ta solo de meno­res y los daños ya demos­tra­dos en ellos que las pro­pias pla­ta­for­mas cau­san por­que indu­cen adic­ción, a sabien­das, y por su pro­pia cons­truc­ción, obje­ti­vos y mode­los de nego­cio, se equi­vo­ca. El pro­ble­ma no solo afec­ta a los meno­res sino a todos y, ade­más, súme­le el lec­tor todo lo leí­do en este articu­lo en párra­fos ante­rio­res y se harán idea de que la dimen­sión y tam­bién de del reto de la diver­si­dad de los pro­ble­mas, que es enor­me y afec­ta, lo reite­ro, no solo a meno­res sino a todo aquel que entre en inter­net y/o en las redes socia­les. Lo sien­to por los legis­la­do­res y los gober­nan­tes con bue­nas inten­cio­nes, pero resol­ver el pro­ble­ma de los meno­res sin cau­sar otros daños tam­bién gran­de­men­te pro­ble­má­ti­cos, creo que es impo­si­ble con cual­quier tec­no­so­lu­ción de «resul­ta­dos rápi­dos». Resol­ver todos los pro­ble­mas de la veri­fi­ca­ción de iden­ti­dad y edad de los usua­rios de inter­net y/o las redes socia­les sin ade­más cau­sar otros pro­ble­mas de lar­go alcan­ce (a cien­tos o miles de millo­nes de usua­rios) y tenien­do en cuen­ta todo lo que he des­cri­to antes en este artícu­lo, sería como con­se­guir la cua­dra­tu­ra del circu­lo. Eso, tenien­do en cuen­ta que hay mucha gen­te joven, y no tan joven, digi­tal­men­te ile­tra­da que actúa como si cre­ye­ra que el úni­co inter­net que exis­te es el de las redes socia­les.

Tras tra­tar los aspec­tos con­cep­tua­les, pon­dré aho­ra algún ejem­plo para inten­tar ilus­trar al lec­tor sobre aspec­tos téc­ni­cos del pro­ble­ma que nos ocu­pa y que no son algo menor.

Way­dell D. Car­valho, un des­ta­ca­do inves­ti­ga­dor inde­pen­dien­te espe­cia­li­za­do en sis­te­mas en gober­nan­za de IA, dise­ño regu­la­to­rio y ries­go socio­téc­ni­co, aca­ba de publi­car en el IEEE Spec­trum, órgano ofi­cial del Ins­ti­tu­to de Inge­nie­ros Eléc­tri­cos y Elec­tró­ni­cos (IEEE) la famo­sa aso­cia­ción mun­dial de inge­nie­ros, un artícu­lo en cuyo sub­tí­tu­lo ye es toda una decla­ra­ción anti­ci­pa­to­ria: «Veri­fi­car la edad de los usua­rios (en Inter­net) soca­va la pro­tec­ción de datos de todos».

Afir­ma Car­valho lite­ral­men­te «Las redes socia­les están siguien­do el mis­mo camino que el alcohol, los jue­gos de azar y otros peca­dos socia­les; las socie­da­des están dán­do­se cuen­ta que ya no son sólo cosa de niños. Los legis­la­do­res seña­lan el uso com­pul­si­vo, la expo­si­ción a con­te­ni­dos noci­vos y las cre­cien­tes preo­cu­pa­cio­nes sobre la salud men­tal de los ado­les­cen­tes». Por eso, muchos pro­po­nen fijar una edad míni­ma, nor­mal­men­te 13, o 16 años. Y, des­pués, pone el dedo en la lla­ga sobre los inten­tos de solu­ción. En los casos en que los regu­la­do­res exi­jan una apli­ca­ción real en lugar de reglas sim­bó­li­cas, las empre­sas de las pla­ta­for­mas se topan con un pro­ble­ma téc­ni­co bási­co. La úni­ca for­ma de demos­trar que alguien tie­ne la edad sufi­cien­te para uti­li­zar un sitio es reco­pi­lar datos per­so­na­les sobre quién es con lo que eso con­lle­va. Y, cla­ro, «la úni­ca for­ma de demos­trar que lo veri­fi­ca­ron es con­ser­var los datos inde­fi­ni­da­men­te. Las leyes de res­tric­ción de edad empu­jan a las pla­ta­for­mas hacia sis­te­mas de veri­fi­ca­ción intru­si­vos que a menu­do entran en con­flic­to direc­to con las leyes moder­nas de pri­va­ci­dad de datos».

Como bien expli­ca Car­valho, La mayo­ría de las leyes de res­tric­ción de edad en Inter­net, téc­ni­ca­men­te siguen un patrón fami­liar. Esta­ble­cen una edad míni­ma y exi­gen que las pla­ta­for­mas que ges­tio­nan la rela­ción entre los usua­rios (en reali­dad la inter­ac­ción entre sus tec­no­per­so­nas res­pec­ti­vas), que tomen «medi­das razo­na­bles o «medi­das efec­ti­vas» para evi­tar el acce­so de meno­res. Lo que estas leyes rara vez expli­can es cómo se supo­ne que las pla­ta­for­mas deben saber quién está real­men­te sobre­pa­sa­do el lími­te. A nivel téc­ni­co, para dar con una solu­ción, las empre­sas sólo cuen­tan con dos herra­mien­tas.

La pri­me­ra es la veri­fi­ca­ción basa­da en la iden­ti­dad. Y ¿como fun­cio­na en la prác­ti­ca ese meca­nis­mo? Pues las empre­sas, por ejem­plo de las pla­ta­for­mas de redes socia­les, piden a los usua­rios que car­guen en su espa­cio per­so­nal en la pla­ta­for­ma de la que se es usua­rio algu­na iden­ti­fi­ca­ción guber­na­men­tal; o vin­cu­len una iden­ti­dad digi­tal; o pro­por­cio­nen a la empre­sa docu­men­tos ofi­cia­les que demues­tren su edad. Eso gene­ra múl­ti­ples nue­vos pro­ble­mas. Ima­gi­ne­mos un o una ado­les­cen­te en esa cir­cuns­tan­cia que quie­re pasar tiem­po en Tik Tok; Ins­ta­gram, Whatsapp, Snap­chat, etc. Eso sig­ni­fi­ca­ría entre­gar esos datos crí­ti­cos, sobre él o ella, a cada una de las pla­ta­for­mas. Apar­te de que se da el caso de que, en muchas juris­dic­cio­nes, los jóve­nes de 16 años no tie­nen docu­men­tos de iden­ti­dad. En otros, las iden­ti­fi­ca­cio­nes exis­ten, pero no son digi­ta­les, no están amplia­men­te difun­di­das, o no son con­fia­bles.  Las difi­cul­ta­des se suman.

El alma­ce­na­mien­to de miles de millo­nes de copias de docu­men­tos jus­ti­fi­ca­ti­vos de la edad y la iden­ti­dad, obvia­men­te, gene­ran inmen­sos ries­gos de segu­ri­dad y de uso inde­bi­do. Y pre­ci­sa­men­te el mode­lo de nego­cio de las pla­ta­for­mas y sus demos­tra­dos pro­ble­mas con la jus­ti­cia, lo que hace que no sean nada con­fia­bles. Hay muchos de los pro­ble­mas gene­ra­dos que están en fase de liti­gio como, ya expli­qué en ante­rio­res artícu­los, pero con­ta­ré uno nue­vo. Meta, la empre­sa matriz due­ña de las redes socia­les Face­book, Ins­ta­gram, WhatsApp, Mes­sen­ger y Threads, ha teni­do que des­cri­bir por­me­no­ri­za­da­men­te ante un juez, esta mis­ma sema­na, en el con­tex­to de un jui­cio en Nue­vo Méxi­co. En la vis­ta se han reve­la­do que la com­pa­ñía sabía que su algo­rit­mo suge­ría cua­tro veces más que a los jóve­nes, las cone­xio­nes a cuen­tas de meno­res de edad sobre todo a adul­tos depre­da­do­res, poten­cial­men­te peli­gro­sos, pro­cli­ves a hacer­les groo­ming – o enga­ño pede­ras­ta, aco­so y abu­so sexual onli­ne de adul­tos–, y sex­tor­sión –una for­ma de chan­ta­je, en el que habi­tual­men­te se ame­na­za a la víc­ti­ma con divul­gar imá­ge­nes ínti­mas que se han obte­ni­do de ella, si no se acce­de a lo que el delin­cuen­te deman­da–. Estas exi­gen­cias, pue­den ser de muy diver­sos tipos (sexual, eco­nó­mi­co). Hace muy poco, en Espa­ña, hemos cono­ci­do un caso sex­tor­sión en el que unos meno­res, que lo han hecho usan­do la IA. Y algu­nos jóve­nes han sido dete­ni­dos aquí en Espa­ña por hacer­lo inclu­so con com­pa­ñe­ras de aula.

La segun­da herra­mien­ta es la veri­fi­ca­ción basa­da en la infe­ren­cia. En este caso, pla­ta­for­mas inten­tan adi­vi­nar la edad usan­do inge­nie­ría social para veri­fi­car basán­do­se en el com­por­ta­mien­to, las seña­les de los dis­po­si­ti­vos o el aná­li­sis bio­mé­tri­co, más común­men­te la esti­ma­ción de la edad facial a par­tir de sel­fies o vídeos con tec­no­lo­gías de reco­no­ci­mien­to facial com­bi­na­das con IA. Este méto­do evi­ta la reco­lec­ción for­mal de iden­ti­fi­ca­cio­nes ofi­cia­les, pero reem­pla­za la cer­te­za por pro­ba­bi­li­dad y error con lo cual la fia­bi­li­dad deja mucho que desear. Y las empre­sas de las pla­ta­for­mas, si la herra­mien­ta falla, podría arries­gar­se a ser deman­da­das judi­cial­men­te.

Apar­te de eso hay un tema que tie­ne que ver con el paso del tiem­po. Una vez cum­pli­da los 16 años, la prohi­bi­ción de los paí­ses que­da sin efec­to, pero los datos crí­ti­cos de la iden­ti­dad ya van a alma­ce­nar­los y poseer­los las empre­sas (es casi irri­so­rio pedir­les que los borren) y podrán ser ven­di­dos a bro­kers de datos (a nue­va pro­fe­sión de éxi­to), o a empre­sas de con­su­mo, o al mejor pos­tor. Otro ejem­plo de actua­li­dad. El pasa­do uno de febre­ro el CEO de Meta, Mark Zuc­ker­berg se ha teni­do que defen­der por pri­me­ra vez en un jui­cio con jura­do sobre las prác­ti­cas de veri­fi­ca­ción de edad de Ins­ta­gram. Su tes­ti­mo­nio ha for­ma­do par­te de un jui­cio his­tó­ri­co sobre adic­ción a las redes socia­les en una cor­te de Los Ánge­les. Natu­ral­men­te, como es pro­pio en él, ha echa­do la cul­pa a los jóve­nes usua­rios dicien­do que usan mal su tec­no­lo­gía y que «algu­nos mien­ten sobre su edad».

En el jui­cio tam­bién se juz­ga­ba a Goo­­gle-Alpha­­bet, pro­pie­ta­ria de You­Tu­be, de dise­ñar pro­duc­tos que deli­be­ra­da­men­te crean adic­cio­nes, como las del taba­co, y cau­san daño a los usua­rios. La que­re­llan­te del jui­cio ha sido una mujer, de 20 años, iden­ti­fi­ca­da como K.G.M., quien afir­ma que el uso tem­prano de las redes socia­les —antes de los diez años— la vol­vió adic­ta a la tec­no­lo­gía y agra­vó su depre­sión y sus pen­sa­mien­tos sui­ci­das.

La agen­cia EFE ha infor­ma­do sobre el jui­cio apor­tan­do demo­le­do­res datos sobre el impac­to en la salud men­tal de los meno­res de edad. Según la agen­cia, los abo­ga­dos de la joven deman­dan­te pusie­ron con­tra la pared a un impa­si­ble Zuc­ker­berg al mos­trar­le un docu­men­to que suge­ría que, en 2018, unos 4 millo­nes de usua­rios regis­tra­dos en Ins­ta­gram eran meno­res de 13 años. Eso es una can­ti­dad enor­me; apro­xi­ma­da­men­te el 30 % de todos los niños que tenían entre 10 y 12 años en el EE.UU. de ese momen­to. Este jui­cio es his­tó­ri­co por­que es la pri­me­ra vez que el CEO era juz­ga­do por un jura­do y con la pre­sen­cia de dece­nas de padres que lo acu­san en par­te de pro­vo­car la muer­te de sus hijos. Los Ange­les Times titu­ló su infor­ma­ción sobre el jui­cio «Mark Zuc­ker­berg tes­ti­fi­ca en un jui­cio en Los Ánge­les sobre las acu­sa­cio­nes de que las redes socia­les gene­ran adic­ción en los niños». Así que aun­que el titu­lar de TVE habla de que se tra­ta­ba de un jui­cio un jui­cio sobre las prác­ti­cas de veri­fi­ca­ción de edad de Ins­ta­gram, está cla­ro que el tema va mucho más allá de juz­gar los meca­nis­mos de la tram­pa de la veri­fi­ca­ción de la edad en Inter­net, cues­tión que está muy lejos de cerrar­se.

Por­que la ola de paí­ses con la pro­tec­ción de los meno­res en las redes socia­les se extien­de, por­que la mayo­ría de ellos tie­ne el mis­mo pro­ble­ma.

India, un país con 1.400 millo­nes de habi­tan­tes, el más pobla­do del mun­do aho­ra, no va solo por el camino de la veri­fi­ca­ción, supues­ta­men­te por­que son cons­cien­tes de la difi­cul­tad. Pero, mien­tras tan­to, ya han ele­gi­do otras vías de pro­tec­ción, y su gobierno ha apro­ba­do en febre­ro nue­vas nor­mas para redes socia­les en India foca­li­za­das en las empre­sas de las pla­ta­for­mas mucho más que en el usua­rio y cen­trán­do­se, ya mis­mo, en el con­te­ni­do ile­gal gene­ra­do por IA. Según la BBC las empre­sas de redes socia­les, a par­tir de aho­ra, deben con­se­guir eli­mi­nar del acce­so públi­co el con­te­ni­do ile­gal en solo tres horas y, ade­más, esta­ble­cer una efi­caz detec­ción auto­má­ti­ca de con­te­ni­do ile­gal gene­ra­do por IA. En para­le­lo, el gobierno indio exi­ge a las pla­ta­for­mas que imple­men­ten medi­das para evi­tar que los usua­rios publi­quen mate­rial ile­gal con ame­na­zas de san­cio­nes enor­mes. Y no solo eso, la ley apro­ba­da obli­ga a inver­tir a las empre­sas pro­pie­ta­rias de las pla­ta­for­mas en cen­tros de moni­to­reo para usua­rios de la India, dis­po­ni­bles las 24 horas.

Los ado­les­cen­tes de India meno­res de 16 años, no aca­ban de enten­der la medi­da del gobierno de su país de prohi­bir­les el acce­so a las redes socia­les. Ima­gen: Ashish Vaishnav/SOPA /ZUMA/p.a.

En rela­ción a ello, el pasa­do día 12 de febre­ro, India anun­ció, según Mura­li Krish­nan la corres­pon­sal en Nue­va Delhi de la cade­na ale­ma­na DW, que está a pun­to de unir­se a la cre­cien­te lis­ta de paí­ses que con­si­de­ran prohi­bir las redes socia­les a meno­res de 16 años. Según DW, los ado­les­cen­tes indios se mues­tran incré­du­los ante la posi­bi­li­dad de que el gobierno les prohí­ba a ellos las redes socia­les. En su artícu­lo, cuen­ta lo que le dice en Bho­pal, Pri­ya Khu­llar, de 14 años, que no se ima­gi­na la vida sin redes socia­les. “Me infor­mo mucho aquí y me man­ten­go al día con las ten­den­cias de moda y músi­ca. Es difí­cil ima­gi­nar una ley que me prohí­ba pla­ta­for­mas como Ins­ta­gram y You­Tu­be Shorts para meno­res de 16 años». En cam­bio, como suce­de con tan­tos, el padre del ado­les­cen­te Khu­llar no está segu­ro de cuál es la estra­te­gia correc­ta. «¿Cómo se imple­men­ta, –dice–, una prohi­bi­ción total? No sé qué ries­go es peor: dejar que los niños per­ma­nez­can conec­ta­dos o for­zar­los a un ais­la­mien­to digi­tal».

India no es un país cual­quie­ra para las pla­ta­for­mas glo­ba­les. El mer­ca­do de India es enor­me. Se jue­gan mucho dine­ro. En ese país hay mil millo­nes de usua­rios conec­ta­dos a las redes socia­les. Y su gobierno es muy aser­ti­vo con la lega­li­dad. Las pla­ta­for­mas tie­nen mucho que per­der allí.

Mien­tras tan­to, ¿Ade­más de asis­tir a jui­cios como denun­cia­dos y acu­sa­dos los CEOS, sus empre­sas están inten­tan­do solu­cio­nar la veri­fi­ca­ción? Vea­mos, en un rápi­do reco­rri­do, ¿Cómo están las prin­ci­pa­les pla­ta­for­mas inten­tan­do la cua­dra­tu­ra del círcu­lo de la veri­fi­ca­ción en este momen­to?

Tik­Tok, la red social más adic­ti­va, –la mis­ma de ori­gen chino que dijo Trump que iba prohi­bir en EE.UU., cosa que no hizo, en cuan­to un ase­sor le advir­tió que varios millo­nes de sus segui­do­res más entu­sias­tas la usa­ban–, ha ele­gi­do la infe­ren­cia. Según Wired, la empre­sa ha con­fir­ma­do que esca­nea vídeos públi­cos para infe­rir las eda­des de los usua­rios. Goo­gle y You­Tu­be, por su par­te, tam­bién usan la infe­ren­cia. Las dos, depen­den en gran medi­da de seña­les del com­por­ta­mien­to onli­ne vin­cu­la­das al his­to­rial de visua­li­za­ción y la acti­vi­dad de la cuen­ta para infe­rir la edad y lue­go soli­ci­tan una iden­ti­fi­ca­ción guber­na­men­tal, o una tar­je­ta de cré­di­to, –eso impli­ca casi siem­pre a un adul­to–, cuan­do con­si­de­ran que el sis­te­ma no está segu­ro. Una tar­je­ta de cré­di­to fun­cio­na como indi­ca­dor de la edad adul­ta, aun­que no dice nada sobre quién está usan­do real­men­te la cuen­ta.

Por su par­te, el sitio de jue­gos Roblox, masi­va­men­te usa­do por niños, recien­te­men­te, lan­zó un nue­vo sis­te­ma de esti­ma­ción de edad. Y según Wired ya se sabe que muchos de ellos están pasan­do en la pla­ta­for­ma por algo horri­ble. Hay usua­rios infa­mes que ven­den cuen­tas para niños a depre­da­do­res adul­tos que bus­can acce­der a las áreas res­trin­gi­das por edad de la pla­ta­for­ma.

Meta, que tie­ne a su CEO de tri­bu­nal en tri­bu­nal en Cali­for­nia inten­tan­do defen­der­se de gra­ves acu­sa­cio­nes sobre daños a meno­res, ha imple­men­ta­do la esti­ma­ción de la edad facial en su pla­ta­for­ma Ins­ta­gram en múl­ti­ples mer­ca­dos, uti­li­zan­do com­pro­ba­cio­nes de vídeo-sel­­fies a tra­vés de socios exter­nos. Cuan­do el sis­te­ma seña­la a los usua­rios como posi­ble­men­te meno­res de edad, les soli­ci­ta que gra­ben un bre­ve vídeo-sel­­fie, lo cual tie­ne muchos peros, ya que lo deja en manos de la volun­tad del menor ana­li­za­do. Des­pués, un sis­te­ma de inte­li­gen­cia arti­fi­cial esti­ma su edad y, si deci­de que están por deba­jo del umbral, res­trin­ge o blo­quea la cuen­ta. Esos reque­ri­mien­tos, cuan­do no fun­cio­nan satis­fac­to­ria­men­te, a menu­do, des­en­ca­de­nan con­tro­les adi­cio­na­les y cla­si­fi­ca­cio­nes erró­neas (fal­sos nega­ti­vos, etc.) son fre­cuen­tes.

En sín­te­sis, y como resu­men, para un usua­rio típi­co, con estas tec­no­lo­gías, la edad ya no es una decla­ra­ción úni­ca, sino que se con­vier­te en una prue­ba recu­rren­te. Y no hay cer­te­za en el resul­ta­do. Hay mil cir­cuns­tan­cias dis­tin­tas que impe­di­rán inten­tar la cita­da cua­dra­tu­ra del círcu­lo: un telé­fono nue­vo; uno com­par­ti­do, un cam­bio de com­por­ta­mien­to o una señal fal­sa pue­den des­en­ca­de­nar como con­se­cuen­cia otra veri­fi­ca­ción. Pasar una vez no fina­li­za el pro­ce­so. Y hay mas dudas ¿con que fre­cuen­cia deben las pla­ta­for­mas apli­car la veri­fi­ca­ción de edad para demos­trar que están cum­plen la lega­li­dad de la prohi­bi­ción a meno­res. ¿Y a quién? ¿A todos los usua­rios ‘sos­pe­cho­sos’ de ser meno­res de 16? ¿A algu­nos ele­gi­dos alea­to­ria­men­te? Y cuan­do: ¿siem­pre?; ¿perió­di­ca­men­te? ¿En perio­dos alea­to­rios? La can­ti­dad de dudas es enor­me. Y ¿quién va a vigi­lar a las pla­ta­for­mas con cien­tos de millo­nes de usua­rios regis­tra­dos si cum­plen la ley?

En la prác­ti­ca, los fal­sos posi­ti­vos son fre­cuen­tes. Recuer­den que los que están inter­ac­tuan­do son las tecno­per­so­nas de los ado­les­cen­tes, es decir: sus alter ego digi­ta­les que aho­ra pue­den ser ver­da­de­ras simu­la­cio­nes fic­ti­cias, que tie­ne un aspec­to varia­ble y modi­fi­can en tiem­po real su apa­rien­cia con tec­no­lo­gías de fil­tros para modi­fi­car diná­mi­ca­men­te sus aspec­tos, aho­ra con mucha faci­li­dad con apli­ca­cio­nes de inte­li­gen­cia arti­fi­cial gene­ra­do­ras de imá­ge­nes en tiem­po real. Hay prue­bas que hay casos en que, en las pla­ta­for­mas, se iden­ti­fi­can como adul­tos a meno­res de edad con ros­tros juve­ni­les, que com­par­ten dis­po­si­ti­vos fami­lia­res o que tie­nen un uso irre­gu­lar. Pre­ven­ti­va­men­te, se pue­den blo­quear cuen­tas, a veces duran­te días, a quien no lo mere­ce. Tam­bién per­sis­ten los fal­sos nega­ti­vos. Ade­más, los ado­les­cen­tes tie­nen muchas capa­ci­da­des para apren­der rápi­da­men­te cómo eva­dir con­tro­les pidien­do pres­ta­dos docu­men­tos de iden­ti­dad, cam­bian­do cuen­tas o uti­li­zan­do los cita­dos VPN.

Vol­vien­do al infor­me de IEEE Spec­trum. Según el cita­do Car­valho, la veri­fi­ca­ción es una tram­pa para la pri­va­ci­dad, por más razo­nes. Las pla­ta­for­mas deben alma­ce­nar datos bio­mé­tri­cos inmo­di­fi­ca­bles, imá­ge­nes de iden­ti­fi­ca­ción y regis­tros de veri­fi­ca­ción el tiem­po sufi­cien­te para defen­der sus deci­sio­nes ante los regu­la­do­res y la ley. Ima­gi­ne el lec­tor, si un adul­to que está can­sa­do de enviar sel­fies para veri­fi­car su edad demos­tran­do una y otra vez, que no es un menor, y, final­men­te har­to, car­ga una iden­ti­fi­ca­ción legal, con lo que el sis­te­ma aho­ra debe pro­te­ger tam­bién esa iden­ti­fi­ca­ción alma­ce­na­da. Y, para la empre­sa de la pla­ta­for­ma, cada regis­tro rete­ni­do se con­vier­te en un posi­ble obje­ti­vo de infrac­ción. Ima­gi­ne el lec­tor men­tal­men­te esa expe­rien­cia amplia­da a millo­nes de usua­rios, y el ries­go con­tra la pri­va­ci­dad se incor­po­ra­rá defi­ni­ti­va­men­te al fun­cio­na­mien­to de las pla­ta­for­mas, per­ju­di­can­do a quien le impor­te defen­der su pri­va­ci­dad.

Car­valho tam­bién se pre­gun­ta ¿Es la veri­fi­ca­ción de edad com­pa­ti­ble con la ley de pri­va­ci­dad? Y él mis­mo seña­la que es aquí es don­de la polí­ti­ca emer­gen­te de res­tric­ción de edad y su veri­fi­ca­ción cho­ca fron­tal­men­te con las leyes de pri­va­ci­dad exis­ten­tes.

Todos los regí­me­nes moder­nos de pro­tec­ción de datos se basan en ideas simi­la­res: reco­pi­lar sólo lo que nece­si­ta, uti­li­zar­lo sólo para un pro­pó­si­to defi­ni­do y con­ser­var­lo sólo el tiem­po nece­sa­rio. Aquí la apli­ca­ción de la edad soca­va los tres. Para demos­trar que siguen las reglas de veri­fi­ca­ción de edad, las pla­ta­for­mas deben regis­trar los inten­tos de veri­fi­ca­ción, rete­ner evi­den­cia y moni­to­rear a los usua­rios a lo lar­go del tiem­po. Cuan­do los regu­la­do­res o los tri­bu­na­les pre­gun­tan si una pla­ta­for­ma tomó medi­das razo­na­bles, decir «reco­pi­la­mos menos datos” rara vez es con­vin­cen­te. Para las empre­sas, defen­der­se de las acu­sa­cio­nes de no veri­fi­car ade­cua­da­men­te la edad, reem­pla­za a defen­der­se de las acu­sa­cio­nes de reco­pi­la­ción inade­cua­da de datos. No es una elec­ción explí­ci­ta de los votan­tes o de los res­pon­sa­bles polí­ti­cos, sino más bien una reac­ción a la pre­sión de apli­ca­ción de la ley, y a cómo las empre­sas per­ci­ben su ries­go eco­nó­mi­co por un liti­gio.

Crí­ti­cas y alter­na­ti­vas de la Elec­tric Fron­tier Foun­da­tion. La solu­ción via­ble está más en la fami­lia que en las big tech

Para com­ple­tar los pun­tos de vis­ta en rela­ción a la veri­fi­ca­ción de la edad en Inter­net y las pla­ta­for­mas, me refe­ri­ré fina­men­te, a alguno de los más crí­ti­cos, que pien­sa que la veri­fi­ca­ción de edad e iden­ti­dad en las RRSS tie­ne con­se­cuen­cias muy nega­ti­vas y no vale ni inten­tar la cua­dra­tu­ra del círcu­lo a la que me he refe­ri­do antes.

Se tra­ta de la pres­ti­gio­sa Fun­da­ción de la Fron­te­ra Elec­tró­ni­ca, que crea­ron los pio­ne­ros Mitch Kapor, John Gil­mo­re y John Perry Bar­low, quie­nes la fun­da­ron con el obje­ti­vo decla­ra­do de dedi­car sus esfuer­zos a con­ser­var dere­chos de liber­tad de expre­sión, como los pro­te­gi­dos por la Pri­me­ra Enmien­da de la Cons­ti­tu­ción de Esta­dos Uni­dos, en el con­tex­to de la era digi­tal actual. Su obje­ti­vo prin­ci­pal decla­ra­do es edu­car a la pren­sa, a los legis­la­do­res y al públi­co sobre cues­tio­nes como las liber­ta­des civi­les que están rela­cio­na­das con la tec­no­lo­gía, y actuar en ese con­tex­to en defen­sa de esas liber­ta­des.

Pues bien, uno de sus actua­les miem­bros des­ta­ca­dos Joe Mullin, ana­lis­ta de polí­ti­cas en EFF, don­de tra­ba­ja en paten­tes, cifra­do, res­pon­sa­bi­li­dad de pla­ta­for­mas y liber­tad de expre­sión onli­ne ha publi­ca­do un tex­to diri­gi­do a quien él con­si­de­ra más rele­van­tes en rela­ción a los pro­ble­mas que conec­tan a ado­les­cen­tes y redes socia­les que son, sobre todo, padres, madres y fami­lias. El títu­lo no deja lugar a dudas: «El Con­gre­so quie­re dejar la crian­za de tus hijos en manos de las gran­des tec­no­ló­gi­cas». Su visión, ali­nea­da con la de la EFF, seña­la que el epi­cen­tro de la solu­ción de los acu­cian­tes pro­ble­mas que mues­tran los ado­les­cen­tes por sus usos de las redes socia­les, va a depen­der más de la fami­lia que de las empre­sas, o inclu­so de los legis­la­do­res.

Sobre los inten­tos de los legis­la­do­res de solu­cio­nar estos pro­ble­mas los des­cri­be así: «Los legis­la­do­res en Washing­ton vuel­ven a cen­trar­se en los niños, las pan­ta­llas y la salud men­tal. Pero, según el Con­gre­so, las gran­des tec­no­ló­gi­cas son, de algu­na mane­ra, tan­to el pro­ble­ma como la solu­ción. El Comi­té de Comer­cio del Sena­do de EE.UU. cele­bró hoy una audien­cia para «exa­mi­nar el efec­to de la tec­no­lo­gía en la juven­tud esta­dou­ni­den­se». Algu­nos tes­ti­gos advir­tie­ron sobre el con­te­ni­do en línea «adic­ti­vo», la salud men­tal y el exce­so de tiem­po que los niños pasan fren­te a las pan­ta­llas. En el cen­tro del deba­te se encuen­tra un pro­yec­to de ley de los sena­do­res Ted Cruz (repu­bli­cano por Texas) y Brian Schatz (demó­cra­ta por Hawái), lla­ma­do Ley para Niños Fue­ra de las Redes Socia­les (KOSMA), que, según afir­man, pro­te­ge­rá a los niños y dará mayor poder a los padres».

Pero Mullin des­mien­te las anun­cia­das vir­tu­des se esa ley sobre las solu­cio­nes que pre­ten­de con­se­guir. Uno de los pro­ble­mas es la men­ta­li­dad de los legis­la­do­res, pero tam­bién seña­la cier­tas accio­nes de los padres y las fami­lias. Según Mullin, «los legis­la­do­res ima­gi­nan el uso de las redes socia­les por par­te de meno­res de 13 años como un gru­po de niños que mien­ten sobre su edad y se suben a apli­ca­cio­nes a escon­di­das de sus padres, pero se equi­vo­can».

Tie­ne razón. Estu­dios muy serios que han ana­li­za­do este tema con­clu­yen lo con­tra­rio: la mayor par­te del uso por par­te de los meno­res de 13 años es abier­to, con el cono­ci­mien­to de los padres y, a menu­do, con su ayu­da direc­ta. Por ejem­plo, el amplio estu­dio nacio­nal publi­ca­do el año pasa­do por la Aca­de­mic Pedia­trics. Dicho estu­dio mos­tró cifras con­tun­den­tes sobre la reali­dad actual; el 63,8 % de los meno­res de 13 años tie­ne una cuen­ta en redes socia­les, pero solo el 5,4 % afir­mó ocul­tar­le una a sus padres. Esto sig­ni­fi­ca que apro­xi­ma­da­men­te el 90 % de los meno­res de 13 años que uti­li­zan redes socia­les no lo ocul­tan en abso­lu­to. Sus padres lo saben. (En el caso de los niños de tre­ce años o más, la cifra de «cuen­tas secre­tas» es casi igual de baja: un 6,9 %).

Sobre la par­ti­ci­pa­ción de los padres en rela­ción al uso de los meno­res de las fami­lias, hay más datos con­ver­gen­tes. Otro amplio estu­dio  sobre el uso de Face­book por par­te de jóve­nes de 10 a 14 años, los inves­ti­ga­do­res des­cu­brie­ron que alre­de­dor del 70 % de los padres afir­ma­ron haber ayu­da­do a crear la cuen­ta de sus hijos, y entre el 82 % y el 95 % sabían de su exis­ten­cia. De nue­vo, no se tra­ta­ba de niños que se esca­bu­llían. Se tra­ta­ba de fami­lias que toma­ban una deci­sión con­jun­ta con ellos. Y para com­ple­tar la con­ver­gen­cia de datos hay otro estu­dio de 2022 rea­li­za­do por Ofcom, el orga­nis­mo regu­la­dor de medios del Rei­no Uni­do, que apun­ta en la mis­ma direc­ción. Mues­tra que has­ta dos ter­cios (el 66%) de los usua­rios de redes socia­les meno­res de tre­ce años reci­bie­ron ayu­da direc­ta de un padre o tutor para acce­der a la pla­ta­for­ma. 

Así que vis­to los datos, Mullin seña­la que «el usua­rio típi­co de redes socia­les menor de 13 años no es un niño astu­to. Es una fami­lia que toma una deci­sión en con­jun­to.” Aun­que la ley KOSMA tie­ne un títu­lo muy alec­cio­na­dor, según Mullin, en reali­dad, las empre­sas no pue­den ser, al tiem­po, como seña­la la ley KOSMA, el pro­ble­ma y la solu­ción. Uno de los  ejem­plos que indi­ca es el de Sec­ción 103(b) de ese pro­yec­to de ley que es con­tun­den­te: si una pla­ta­for­ma sabe que un usua­rio es menor de 13 años, «debe­rá can­ce­lar cual­quier cuen­ta o per­fil exis­ten­te» que per­te­nez­ca a ese usua­rio. Y «sabe» no solo sig­ni­fi­ca que alguien admi­te su edad. La reali­dad de cómo las pla­ta­for­mas cum­pli­rían con la KOSMA es cla­ra: en lugar de arries­gar­se a la res­pon­sa­bi­li­dad por cómo debe­rían haber sabi­do que un usua­rio era menor de 13 años, exi­gi­rán a todos los usua­rios que sean ellos quie­nes demues­tren su edad para ase­gu­rar­se de blo­quear a cual­quier per­so­na menor de 13 años. Como con­clu­sión, la ley KOSMA que no inclu­ye excep­cio­nes para el con­sen­ti­mien­to paren­tal, cuen­tas fami­lia­res, ni el uso edu­ca­ti­vo o super­vi­sa­do indu­ci­rá que una gran mayo­ría de las per­so­nas vigi­la­das por esta ley no serán niños que disi­mu­lan y andan a escon­di­das, sino meno­res que siguen las ins­truc­cio­nes de sus padres, y a los pro­pios padres.

Esa ley no es una solu­ción, por­que bajo ella pla­ta­for­mas con algo­rít­mi­cas radi­cal­men­te adic­ti­vas como Goo­gle (You­Tu­be), Meta (Face­book e Ins­ta­gram), Tik­Tok, Spo­tify, X y Dis­cord, etc. serán estas empre­sas las que ten­drán el poder para ser quie­nes deci­dan qué cuen­ta sobre­vi­ve, qué cuen­ta se blo­quea, quién debe publi­car su iden­ti­fi­ca­ción y qué fami­lia pier­de el acce­so por com­ple­to. No lo harán por­que quie­ran, sino por­que las leyes las ame­na­zan con res­pon­sa­bi­li­da­des lega­les y san­cio­nes eco­nó­mi­cas si no lo hacen. Y tie­nen mil for­mas de vadear esas res­pon­sa­bi­li­da­des. Y esa es casi la situa­ción actual.  Es decir, esa visión polí­ti­ca apli­ca­da en el pro­yec­to de ley cede el con­trol de la vida onli­ne de los niños a las gran­des tec­no­ló­gi­cas.

Final­men­te, la EFF seña­la que no bas­ta con que el Gobierno aprue­be leyes que pro­te­jan a los con­su­mi­do­res de las empre­sas que reco­pi­lan y mone­ti­zan sus datos per­so­na­les. Tam­bién es nece­sa­rio garan­ti­zar que las empre­sas no igno­ren estas leyes y las cum­plan. La mejor mane­ra de hacer­lo es refor­zar a los con­su­mi­do­res para que pue­dan inter­po­ner sus pro­pias deman­das con­tra las empre­sas que vio­len sus dere­chos de pri­va­ci­dad.

En con­clu­sión, según la EFF tal como seña­la su Paper «Pri­vacy First», la solu­ción pasa por unas leyes de pri­va­ci­dad sóli­das tam­bién ayu­da­ría a solu­cio­nar cosas como los daños onli­ne, el pro­te­ger a niños y ado­les­cen­tes, apo­yar el perio­dis­mo, pro­te­ger el acce­so a la aten­ción médi­ca, fomen­tar la jus­ti­cia digi­tal, limi­tar la reco­pi­la­ción de datos pri­va­dos para entre­nar la IA gene­ra­ti­va, evi­tar la vigi­lan­cia de gobier­nos extran­je­ros y for­ta­le­cer la com­pe­ten­cia y la inno­va­ción. Nada menos.

Supe­rar nues­tra diso­nan­cia cog­ni­ti­va gene­ra­li­za­da

Juz­gue el lec­tor, vis­tos todos estos pun­tos de vis­ta si es posi­ti­va la direc­ción que lle­van las cosas del tecno-mun­­do en que vivi­mos. Ya sabe­mos que –y  es un lugar común– el que las pla­ta­for­mas glo­ba­les indu­cen con­duc­tas adic­ti­vas a gran esca­la como vec­tor prin­ci­pal de sus mode­los de nego­cios que han con­ver­ti­do a las pla­ta­for­mas en ver­da­de­ro impe­rios vir­tua­les glo­ba­les ade­más de empre­sas con un enor­me capi­tal, como expli­qué en una indus­tria glo­bal de la adic­ción digi­tal que cau­sa múl­ti­ples daños a los meno­res y no solo a ellos. Es como un curio­so meta­pro­ce­so: las gran­des empre­sas de esa indus­tria adic­ti­va, ganan tan­to dine­ro con su acti­vi­dad que estas empre­sas y sus gran­des accio­nis­tas son depen­dien­tes y adic­tas a esas enor­mes ganan­cias. por eso se nie­gan a cam­biar un ápi­ce su mode­lo de nego­cio. Mark Zurc­ke­berg, el CEO de Meta, es un vivo ejem­plo de ello.

La solu­ción gran­de sería otra cua­dra­tu­ra del círcu­lo mucho mayor que solu­cio­nar el tema de la veri­fi­ca­ción de la edad, que es un aspec­to solo par­cial. Y eso pasa­ría por solu­cio­nar el pro­ble­ma gene­ral de las casi infa­li­bles tram­pas cog­ni­ti­vas en las que miles de millo­nes de per­so­nas en el mun­do onli­ne han que­da­do atra­pa­dos en la como­di­dad nihi­lis­ta y el con­for­mis­mo tec­no­ló­gi­co. Y tam­bién supe­rar la para­do­ja que repre­sen­ta el cam­biar una la situa­ción actual de una socie­dad glo­bal com­ple­ta­men­te adic­ti­vi­za­da, en mayor o menor gra­do, en una inmen­sa dimen­sión con la con­cien­cia alte­ra­da y pre­sa de las micro des­car­gas de dopa­mi­na que les indu­cen indi­vi­dual­men­te en sus cere­bros físi­cos a tra­vés de las inter­ac­cio­nes de sus tec­no­per­so­nas. Si hay solu­ción, en cual­quier caso, esta pasa­rá por supe­rar la diso­nan­cia cog­ni­ti­va que nos ate­na­za resul­ta­do de nues­tras pro­pias con­tra­dic­cio­nes como socie­dad y como tecno-indi­­vi­­duos. La solu­ción pasa­rá por supe­rar la de las leyes que pro­mul­guen unos legis­la­do­res, que saben el daño que pro­vo­can las redes socia­les a nivel social y per­so­nal pero que, al tiem­po, cada uno de ellos las usan para pro­mo­ver sus can­di­da­tu­ras.

Qui­zá la posi­ble solu­ción si es que la hay, está más cer­ca de lo que seña­la la EFF, es decir, una solu­ción de aba­jo arri­ba más que al revés, ya que los pro­pios legis­la­do­res y polí­ti­cos que tie­nen una enor­me depen­den­cia de las redes socia­les que usan com­pul­si­va­men­te para apun­ta­lar su vida públi­ca y polí­ti­ca. Por­que pen­sar que esta es una ecua­ción sin solu­ción no es com­pa­ti­ble con que ten­ga­mos una visión posi­ti­va sobre nues­tro futu­ro. En mi caso, me reite­ro, sigo cre­yen­do en el prin­ci­pio de Tim O’Reilly, que afir­ma que la tec­no­lo­gía es algo para hacer del mun­do un lugar mejor, y no al con­tra­rio.

 

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