Adolfo Plasencia, 27 de mayo de 2026
Imagen superior: Inauguración Olimpiada de Londres 2012 en el Estadio Olímpico de Londres, con el rótulo de «La IA Que Queremos»
Cada año, Tim Berners-Lee, el inventor de la Web, publica una Carta Abierta en relación al estado de la Web, que él inventó en el CERN. En marzo hizo 37 años lo hizo con una propuesta en cuya portada Mike Sendal su jefe de entonces en el CERN, anotó «vague bu exciting» (vago pero excitante) sin que pudiera sospechar que esa propuesta de Tim, en pocos años, marcaría un punto de inflexión en el impacto de la tecnología sobre la humanidad y cambiaría el mundo por completo.
Personalmente no creo ser tan optimista e idealista como Berners-Lee pero sí me considero modestamente tenaz en la misma dirección que él y por eso he tomado prestada para titular este artículo parte de la expresión que Tim usó para mantener una iniciativa que fija el espíritu y la visión que debe de prevalecer en el uso de la tecnología Web, que él inventó. Esta visión que asocia a la Web como una tecnología para el bien común y está fijada en un sitio Web precisamente con ese título «Web We Want» (La Web Que Queremos). Cada año con motivo del aniversario de la Web, Tim sigue publicando anualmente una carta abierta para mantener viva esa visión y hace una declaración anual con ese motivo. En la de este año 2026 se manifiesta más preocupado de lo habitual, aunque mantiene su optimismo y escribe «Aún no es tarde para arreglarlo» y declara estar ahora en una «batalla por el Alma» de internet, porque –dice– los abusos en su comercialización ha hecho que Internet se esté ahora «optimizando para la maldad», pero aún cree que «la colaboración y la compasión son posibles y pueden prevalecer». Esos abusos en Internet de los que habla Berners-Lee, muy probablemente, –ya está pasando–, se van a multiplicar con la Inteligencia Artificial Agéntica que llega, con la que todo puede empeorar y ello pondrá, intuyo, más en riesgo ese Alma de Internet por la que él dice estar batallando.
Comparto la idea y filosofía de Tim sobre la Web que la considera un bien público universal. Como expresión de ello, en la web Web We Want se pueden leer los principios básicos de esa visión que sigue defendiendo su inventor. Se me ocurre que, salvando las diferencias tecnológicas, podríamos plantear unas formas de uso de la IA (inteligencia artificial) generativa basada en unos principios equivalentes sin dejarnos arrastrar simplemente por los usos que parecen promover las plataformas big tech, y las aplicaciones relacionadas dotadas de IA que se están desplegando.
Todos los Chatbots y Agentes de IA siempre aparentan ser muy complacientes.
Aplicaciones que, por cierto, aparentemente, están alineadas –por usar un término común en los textos sobre IA–, con dos propósitos principales que parecen caracterizar, tanto el uso público de la IA mediante Chatbots conversacionales, o los nuevos Agentes de IA. Esos dos objetivos que parecen perseguir el común de las aplicaciones de la nueva industria de la IA es continuar promoviendo la adicción para maximizar su uso, como forma de fidelizar y retener al usuario –al modo de las Redes Sociales–, en lugar de ofrecerle un producto o servicio mejor que la competencia. Hay tantas similitudes que se puede inferir que los Chatbots conversacionales de IA tipo Chat GPT están configurados, al parecer con mecanismos y trucos muy parecidos a los que parecen regir los usos que promueven las plataformas de redes sociales que tantos perjuicios están causando en la vida y la salud mental de muchas personas vulnerables en todo el mundo. Una evidencia de ello es que, por eso todos los Chatbots y Agentes de IA siempre aparentan ser muy complacientes.
Dada la obvia potencia transformadora de las IA, que nadie niega, es evidente que van a causar enormes impactos sobre todo en la educación y el aprendizaje, –ahí su impacto es terrible–. Según el WSJ la mayor amenaza de la IA es la de los jóvenes que no saben pensar–. También sobre el empleo de múltiples formas; las actividades creativas; la fabricación y el comercio global de todo tipo para los usuarios de a pie, –que somos prácticamente todos–. Por eso creo que ahora se impone una reflexión serena y profunda. Es urgente e importante meditar, tanto sobre las oportunidades positivas, como sobre las amenazas o peligros que pueden generar las diferentes tecnologías de la IA que, como cualquier herramienta tecnológica (y la IA lo es), se pueden usar tanto para el bien como para el mal. Aunque casi nunca, cuando se habla de la IA, se suele hacer una pregunta obvia ¿el bien o el mal de quién, o de quienes, en concreto?
Dicho esto, señalaré lo que se considera como definición aproximada de la IA Agéntica. Se trata de operadores autónomos de sistemas de inteligencia artificial capaces de comportarse con autonomía propia tanto para establecer sus propios objetivos, como planificar los pasos necesarios y ejecutar las secuencias complejas de sucesivas acciones adecuadas para conseguirlos. Esto es diferente a como funcionan los sistemas de la ya llamada IA tradicional que sólo responde a comandos programados previamente en busca de unos resultados definidos muy concretos. La IA agéntica, en cambio, genera el comportamiento de los Agentes de IA autónomos que son capaces, por sí mismos de evaluar su entorno de actuación y tomar en relación a él, sucesivas cadenas de decisiones continuas, para resolver problemas sin supervisión humana.
Toda la carrera competitiva de las principales empresas de IA parece atrapada en un marco de feroces disputas entre grandes empresas globales que persiguen en el fondo convertirse en un monopolio, no quedarse atrás en dicha carrera (también una de las advertencias continuadas al usuario, típica en la propaganda big tech para generar miedo); y satisfacer cuanto antes el retorno de las inversiones de sus financiadores. Es una buena excusa para desplazar del centro estratégico de la actividad de esas empresas a ciertos aspectos de la ciencia básica, la prudencia y la búsqueda del bien común. Además, al tiempo, esas empresas también quieren ganar la batalla del relato local y global de manipulación de la opinión pública sobre las virtudes de la IA. Y, por supuesto, coartada para no atender y ocultar posibles protestas de usuarios perjudicados, –evitar las crisis reputacionales en esa guerra del relato de la IA es muy importante–.
El comportamiento de muchas empresas de la industria de la IA Generativa parece, de nuevo, obedecer a aquella ya vieja máxima inventada por algunos emprendedores con pocos escrúpulos de Silicon Valley: «es mejor pedir perdón (después y quizá nunca), que pedir permiso (antes)». Otra coartada para demonizar cualquier regulación de la IA. La excusa reiterativa en los altos ejecutivos de los gigantes de la industria de la IA es que esta carrera competitiva es una lucha por la supervivencia de sus empresas en la que una equivocación grave puede acabar en un peligro existencial para la empresa (y de ahí que a menudo activen códigos rojos que traen súbitos cambios de conducta en esas empresas). Dicha vertiginosa contienda corporativa se ha contagiado al mundo global y las expectativas de transformación que traen las tecnologías de la IA se han convertido, en parte, en munición de las actuales contiendas estratégicas fundamentalmente entre los dos principales duopolios de poder geoestratégico del mundo: China y EE.UU.; contienda en cuyos episodios ahora mismo aparentan o simulan discutir también los mejores usos en la vanguardia los desarrollos de la IA a gran escala.
Los intereses económicos y de poder en juego son tan grandes, que han obviado las necesidades reales y opiniones de los ciudadanos de a pie de las democracias. La disputa competitiva por la IA del próximo futuro es además, parte de una auténtica carrera armamentística ya que también los usos geoestratégicos y militares de la IA aparecen y están presentes en las informaciones sobre conflictos políticos y guerras actuales donde su uso ya es una realidad.
¿Cómo nos gustaría que fuera la IA?
En relación a las formas de IA actuales, esta pregunta creo que no se puede formular desde el punto de vista de los humanos entendidos como un todo homogéneo frente a una la aparición de una posible nueva especie de inteligencias artificiales no-biológicas. Es evidente que, como dice en analista de finanzas Alan Kohler, las entidades de software de IA típicas actuales, como los Chatbots conversacionales, los LLM (Grandes Modelos de Lenguaje de IA), o los Agentes de IA, son artefactos desarrollados en primer lugar para generar ganancias y, en segundo, sus algoritmos persiguen generar adicción, usando todo tipo de trucos, esencialmente orientados a adaptarse a nuestros hábitos y deseos, para luego cambiarlos y orientarlos al objetivo de que maximicemos su uso y, con ello, los beneficios de la empresa, sin importar si eso genera efectos secundarios nocivos en la vidas y mentes de quienes lo usan.
El propio Kohler afirma que debemos considerar ya la algorítmica de la IA como una extensión de la que actúa en las plataformas de redes sociales. En primer lugar, están orientados a los objetivos de una gran industria de la adicción a gran escala. Así que la pregunta de arriba de este párrafo la formulo desde la posición de un ingenuo usuario de a pie de la tecnología que forma parte de la gente de bien; es decir, desde la visión de un ciudadano que cree en la democracia y, –no me importa insistir en ello–, que como dice Tim O’Reilly, aún piensa que «la tecnología (incluida la IA) es algo para hacer del mundo un lugar mejor». Lo que no hago, por mis principios, es formularme esa pregunta como, probablemente se la haría cualquiera de los grandes tecno-oligarcas, grandes accionistas o directivos de las empresas de la industria de la IA, tipo Alex Karp CEO de Palantir adalid del aceleracionismo efectivo, para quienes su único propósito es que les rinda ganancias urgentemente, sin importar consecuencias ni efectos secundarios en la sociedad.
Volviendo al principio del artículo, y a la visión de «La Web Que Queremos» del W3C, he decidido extrapolar los principios de esa visión a la de «La IA Que Queremos», adaptada a los tipos de uso público para los que nos gustaría que estuvieran configuradas las Apps de IA (Chatbots; LLM, Agentes de IA, etc.). Lo hago porque es coherente y porque tengo una visión enfrentada a esa búsqueda incesante del fin único económico, que buscan las empresas de los tecno-oligarcas que andan guiados, mayormente, por la codicia y la sed de poder y dominación.
El uso de la IA debe ser voluntario y no obligatorio por defecto.
Tomando como guía de esos principios de la visión Web We Want, propongo que los propósitos del Uso Público de la IA estuvieran orientados a que:
– El uso de la IA permita la libertad de expresión tanto on-line como off-line.
– La IA se pueda usar en aplicaciones a las que todos tengan acceso libre y asequible, sin rastreo alguno de la conducta online y los datos y metadatos del usuario.
– Que el uso de la IA sea voluntario, y no obligatorio por defecto, en los navegadores, búsquedas y plataformas de Internet, además de compatible con la privacidad y la comunicación privada.
– Que las aplicaciones de la IA tiendan a ser diversas, descentralizadas y abiertas.
– Que las aplicaciones de IA no promuevan la discriminación de unos sobre otros (neutralidad de la IA).
– Que las distintas formas de IA no se usen ni puedan usarse para ninguna forma de dominación, ni engaño, o manipulación.
– Que las IA, obligatoriamente, no se desarrollen en un proceso que incluya un entrenamiento basado en la apropiación intelectual indebida, ni en el expolio de obras intelectuales sin consentimiento de sus autores.
– Que las IA no atenten contra la ética ni promuevan los usos adictivos.
– Que las IA funcionen con límites y salvaguardias garantizadas dentro de un marco regulatorio con control democrático.
– Que las IA y su desarrollo tuvieran como resultado artefactos de IA cuyo comportamiento esté dentro de los límites de unas leyes controladas del mismo tipo que las Tres Leyes de la Robótica de Asimov, pero aplicadas a la IA y con los mismos principios en relación a los humanos.
Pueden parecer principios básicos de algo utópico, pero no lo son. Simplemente son principios adaptados de otros ya propuestos al mundo y publicados desde hace más de tres décadas para el funcionamiento de la Web y, por extensión, del internet abierto. Fueron formulados por el consorcio W3C que lidera Tim Berners-Lee. Y que son compatibles con que en Internet se haga negocio con arreglo a las leyes de cada nación y sus reglas competitivas leales de mercado. Son principios con criterios del mismo tipo que los de las cuatro libertades para el uso el software libre, formuladas ya hace mucho tiempo por Richard Stallman, que también son compatibles con hacer negocio en la red siempre que no atenten contra la libertad y los principios éticos.
¿Cómo y para qué les gustaría a los científicos que se use la IA?
Cuando formulo esta pregunta, no lo hago con el ánimo de hacérsela a cualquier científico de la IA. Entre ellos hay variadas y diversas opiniones que a veces se contradicen entre sí ya que hay muchos de ellos asociados a posicionamientos diferentes y, a veces, relacionadas con intereses concretos. No suele pensar y manifestar lo mismo un científico de un laboratorio académico, que otro que trabaja espléndidamente remunerado en una gran empresa tecnológica orientada absolutamente a maximizar ganancias, y que suele tener soplándole en la nuca el aliento de los grandes accionistas de la compañía y las exigencias financieras de sus cuentas de resultados. Lo sé porque conozco personalmente a grandes científicos de los primeros, a los que admiro por su trabajo, pero también porque están mucho más guiados por la curiosidad científica de la ciencia básica que por el ánimo de lucro radical. Eso no pasa solo en el campo del machine learning o la computación en donde se enmarca en sentido amplio la IA como disciplina científica (no olvidemos que el uso retorcido de la expresión «inteligencia artificial o mal llamada IA viene del interés de provocar hype del mundo financiero, cosa que consiguieron). Y, por fin, haré caso en esto de la IA a mi amigo el filósofo Daniel Innerarity, autor del magnífico tratado Una teoría crítica de la inteligencia artificial (Galaxia Gutenberg), que me dice que ya no debemos repetir más en que IA no debe llamarse así, y ya no vale la pena insistir en que eso no es lo que dicen que es, cuando todo el mundo le llama así.
Así que he elegido las opiniones de algunos de los que yo considero más importantes investigadores de la IA, cuyas opiniones nos pueden ilustrar sobre cómo debería concretarse el uso de la IA por los de abajo (la gente de bien) y en dirección a vislumbrar cómo debería ser La IA Que Queremos, sean cuales sean las fórmulas o modos de uso que quieren promover los tecno-oligarcas neofeudales, sobre los que comparto opiniones alineadas con las que expresa en su último libro mi también amigo, el filósofo y matemático Javier Echeverría en su último libro ¡No hay Derecho! Contra las nubes y la dominación tecnofeudal (Ediciones asimétricas), contra los que lanza sus certeras diatribas, no precisamente amables. Y entre estos tecnodominadores están por supuesto el tutti quanti de los más conocidos CEOs de la industria global de IA.
El primer científico de la IA a quien respeto, y de quien me interesa su visión de cómo debería ser la IA del próximo futuro es Demis Hassabis a quien conocí brevemente en Londres hace años cuando no era tan célebre como ahora, durante el proceso de fundar su startup DeepMind cuya sede científica estaba y sigue estando en Londres. Salí tan impresionado entonces de su empresa que le dediqué varios artículos. Y eso fue en 2011. Por entonces no existía el Chat GPT ni Chatbot alguno al alcance del público ni se le esperaba. Así que titulé mi primer texto sobre él y su empresa así: «DeepMind encabeza la carrera por una inteligencia artificial general». Luego hablaré de la visión de Demis Hasabis.
Pero siguiendo con el citado viaje posterior en 2018 que he citado antes, en un mismo periplo, visité los campus de Cambridge y Oxford donde pude ver por mí mismo el súbito reposicionamiento de estas dos prestigiosas y tradicionales universidades, de lo cual hablé en otro texto que titulé: «Así se reinventan Oxford y Cambridge en el vórtice de la inteligencia artificial». El Claire Cambridge Clare Hall College de la Universidad de Cambridge, me sirvió de digno escenario para una larga, intensa y apasionante conversación con otro de los sabios de la vanguardia de la IA que más admiro, José Hernández-Orallo, por entonces ya investigador del Leverhulme Centre for the Future of Intelligence (LCFI), donde hoy es Director of Research, así como Asociate fellow del Centre for Human-Inspired Artificial Intelligence (CHIA) también de Cambridge. Por entonces José acaba de recibir el premio Prose Award 2018 del Reino Unido por su extraordinario libro The Measure of All Minds. Evaluating Natural and Artificial Intelligence (La medida de todas las mentes. Evaluación de la Inteligencia Natural y Artificial), publicado en 2017. Al tiempo, también es catedrático de Computación e Investigador del VRAIN (Instituto de Investigación en IA de la UPV). No se cómo hace para llevar todo lo suyo adelante. Es incansable.
Recuerdo que por aquel entonces, andaba yo entusiasta y positivo con mis ideas sobre estas tecnologías, al punto que meses antes había publicado un osado y entusiasta artículo titulado: «Sé razonable. Pide lo imposible: ¡una IA Abierta!» como si esa petición fuera posible y fácil de materializar. Eran días frenéticos. Antes de irme a ese viaje al Reino Unido ya había entregado al periódico un artículo que se publicó en noviembre de 2018, que daba noticia del impacto que, en el prestigioso MIT, estaba ya causando también la IA y que había inducido al Instituto a abrir una nueva Escuela de Ingeniería en Inteligencia Artificial ( la MIT Stephen A. Schwarzman College of Computing). Mi texto lo titulé: «La inteligencia artificial conduce al MIT a reformularse»; y el subtítulo decía: El MIT crea una nueva Escuela por primera vez en 70 años, invirtiendo 864 millones de euros, para hacer frente a la acelerada evolución de informática e inteligencia artificial, y a sus efectos globales. Todos estos artículos eran optimistas y daban por bienvenidos los positivos cambios disruptivos que traía el nuevo conocimiento asociado a la IA. Cuento todo esto para mostrar que la vorágine de la IA no la generó el lanzamiento en noviembre de 2022 del Chat GPT, sino que ese torbellino ya estaba en marcha muchos años antes.
La IA, según José Hernández-Orallo
La síntesis de mi larga conversación en Cambridge con José Hernández-Orallo la publiqué con el título: «La inteligencia artificial podría ser la tecnología más transformadora de este siglo». Y en ella, fue donde empecé a comprender que la transformación de la IA, además de oportunidades también podría traernos amenazas y riesgos. Por decirlo suave, José fue quien recondujo mi denodado entusiasmo por los cambios que llegaban hacia una visión más realista de la IA.
De modo muy resumido, la definición de inteligencia artificial, en palabras de Hernández-Orallo es: «…una disciplina relacionada con la computación y con la informática, que intenta construir sistemas que tengan un comportamiento inteligente. Esto, –dice José–, al final no resuelve completamente la pregunta sobre qué es exactamente la parte principal de la definición de IA, es decir, qué significa un comportamiento inteligente. Normalmente los científicos solemos o solíamos intentar diseñar sistemas que imiten el comportamiento cognitivo inteligente de los seres humanos, pero hoy en día estamos construyendo sistemas que llevan a cabo un comportamiento inteligente de una manera diferente a la de los humanos. Con ello, estamos redefiniendo de alguna manera el concepto de inteligencia a partir del problema que queremos resolver y que se tiene que hacer de una manera cognitiva, que implica aprendizaje, razonamiento, abstracción, etc.».
Por supuesto en posteriores conversaciones José me ha seguido confirmando el gran poder transformador de la IA en muchos aspectos de la sociedad y del mundo, pero más recientemente compartió conmigo de nuevo sus preocupaciones sobre los cambios del mundo que la IA podía producir o ya está produciendo. En una conversación más reciente, le pregunté directamente sobre posibles riesgos futuros de la inteligencia artificial.
A mi pregunta sobre si él vislumbra ya peligros concretos que puede traer la explosión de la IA, me empieza contestando en latín (José, no en vano, además de catedrático de informática es también es doctor en lógica y filosofía). Y dice: «para contestarte a eso, yo empezaría con aquello de Homo homini lupus est (El hombre es un lobo para el hombre). Creo que el mayor riesgo que tenemos en estos momentos en relación a la inteligencia artificial no viene de la misma tecnología en sí, que como las demás se puede utilizar para bien o para mal. El mayor problema ahora en el mundo hoy es sociológico y político. La dirección en que vamos y lo que podría pasar, a partir de lo que tenemos, que en estos momentos es que la mayor parte del dinero y del conocimiento están en unas pocas manos y unos pocos países». Y añade… «esto podría ocurrir también en el ámbito de la inteligencia artificial, y que acabemos teniendo un oligopolio global de empresas que tienen la mejor tecnología de IA y estén desarrollando desde ahí la inteligencia del futuro. Ese es un problema real»…«De hecho, ya estamos viendo que unas pocas empresas muy bien financiadas están contratando a las mentes más brillantes del mundo para desarrollar sus aplicaciones de IA del futuro inmediato y los próximos años; y si no hay acceso democrático a controlar esas empresas, me parece que vamos hacia un oligopolio de la IA. Me temo que los riesgos vienen por ahí. Creo que los riesgos con la IA son políticos, sociológicos y de organización y no tanto tecnológicos».
Los riesgos con la IA son políticos, sociológicos y de organización y no tanto tecnológicos.
Para darnos pistas sobre los propósitos de lo que se investiga ahora en el LCFI, el Laboratorio del Cambridge, donde es director de investigación, lo hace usando el nombre del propio Centro y dice «El nombre del LCFI se refiere a explorar el futuro de la inteligencia porque nos ayuda a entender el presente y el pasado de la inteligencia. Se diría que el centro ha sido desplegado para entender los efectos de la inteligencia artificial (IA), pero para poder conocer esos efectos tendremos que entender lo que es la inteligencia como un proceso, ya que hablamos de inteligencia y no solo de IA. La inteligencia va a cambiar en esencia, pero también en cómo se distribuye en el planeta, teniendo en cuenta dónde se encuentran los laboratorios y la gente más brillante en IA y para quién trabajan»…«Lo que nos interesa en nuestro Centro es analizar hacia dónde van esos cambios, las inteligencias nuevas que se van a crear y, también, cómo esa inteligencia artificial va a afectar a nuestra manera de ver el mundo. Pero esa inteligencia entendida como algo colectivo. Es decir, la humanidad va a entender el mundo de manera diferente porque el global de la inteligencia en el planeta va a ser diferente en muchos aspectos. Habrá gente que será mejorada por la inteligencia artificial y gente que se verá atrofiada por ella. Todo eso afectará a la inteligencia humana, que formará parte de las cosas que van a cambiar con la irrupción de la inteligencia artificial».
Hernández-Orallo, desmiente la frase fácil de que la IA nos va a quitar el trabajo. Y me dice: «No, no estoy nada de acuerdo con esa frase. Me parece una narrativa muy simplista que pone el trabajo como medio y como fin. Para mí, el trabajo es un medio. Y ¿cuáles son los fines? Los fines son mantener el Estado del bienestar, por ejemplo, en Europa o, simplemente, el bienestar público. Si tú puedes conseguirlo sin trabajar y que trabaje quien quiera… sería lo ideal. Para mí, es un problema de redistribución de la riqueza» …«Ojalá llegue un momento en que el trabajo sea algo voluntario para vivir normalmente. El problema es que los sistemas económicos de todo el mundo se han montado en base al trabajo, en base al capitalismo. Pero bueno, los economistas y los políticos ahora se tienen que poner las pilas para pensar un nuevo sistema en el que las máquinas realmente trabajen por nosotros y la nueva productividad que crean todas estas máquinas nos revierta a todos».
«Además, –continúa–, en el caso de España, tenemos un problema claro de envejecimiento de la población. Así que esta es una gran oportunidad. Parece que tenemos mucho paro en España, pero cualquiera que mire la pirámide poblacional se dará cuenta de que tenemos un problema, pero también que una posible solución pasa por una automatización que realmente revierta en el país».
Volviendo al riesgo de que la inteligencia artificial llegue a ser una AI General y se convierta en una superinteligencia, Hernández-Orallo ve otras derivadas. Y dice: «…De todas maneras, es importante mostrar lo que es la inteligencia a nivel humano, pero también cómo funciona a nivel social. La inteligencia humana también es social. El problema de cómo se va a distribuir la IA en el planeta y cómo puede surgir el que haya problemas de dominación de unos sobre otros. Este es otro de los riesgos fundamentales. Que concentremos esas capacidades que van a llegar, en muy pocos… Y esos muy pocos no tienen porqué ser sólo máquinas, pueden ser personas que posean estas máquinas, o que pertenezcan a unas pocas compañías. Entonces, tendremos con eso otro gran problema. Mucha nueva inteligencia concentrada significa tener un gran poder sobre algo que aún no entendemos bien».
Algo que poca gente sabe es que, en abril de 2023, José, fue seleccionado junto a otro miembro de equipo del Instituto VRAIN de la UPV, –los dos únicos científicos españoles, según Financial Times (FT) –, elegidos para formar parte del ‘equipo rojo’ de científicos de la IA que fueron contratados por la empresa Open AI para «romper el ChatGPT», –en realidad el Transformer GPT‑4–. El propósito, según el editor de AI de FT Madhumita Murgia, era «poner a prueba y evaluar posibles riesgos del uso del GPT‑4, su entonces novedoso y potente modelo lingüístico». Recuerdo que Hernández-Orallo declaró al editor de FT en esa ocasión «Hoy, este sistema está congelado, lo que significa que ya no aprende ni tiene memoria ¿Pero qué pasaría, si le diéramos acceso libre a internet?…Podría convertirse en un sistema muy potente conectado al mundo».
Sus últimos trabajos publicados en Nature y Science dan pistas sobre los ámbitos en que está trabajando ahora mismo. Están relacionados con la evaluación de riesgos de los nuevos Sistemas y Modelos complejos de IA. En su paper «Las escalas generales desbloquean la evaluación de la IA con poder explicativo y predictivo», publicado en Nature en abril de 2026, su Abstract explica que “Garantizar un uso seguro y eficaz de la IA requiere comprender y anticipar su desempeño en tareas novedosas, desde desafíos científicos avanzados hasta actividades transformadas en el lugar de trabajo. Y los resultados encontrados –dice el Abstract– representan un avance significativo para la evaluación de la IA, sentando las bases para su implementación confiable en los próximos años”. Su anterior paper publicado en febrero de 2026 en Science se titula «La ciencia y la práctica de la proporcionalidad en las evaluaciones de riesgo de la IA», lo ha hecho formando parte de un grupo liderado por la Oficina de IA de la UE, es decir que está colaborando también con las fuerzas de la ciencia europea de la IA. Además, en una magnífica conferencia que ha impartido recientemente en la Fundación Areces, con el sugerente título «La IA que no sabía decir que no sabía» ha explicado que, ahora mismo está investigando en la evaluación sobre la fiabilidad, –algo esencial para sus usos múltiples–, de los grandes Modelos de IA LLM. Eso ocupa ahora el núcleo de sus investigaciones actuales dentro de la vertiginosa evolución actual de la IA en la que dice que «cada mes es como un año». Por eso va paso a paso y no habla mucho del futuro de la IA.
Lo que va a pasar con la IA, según Yoshua Bengio y Geoffrey Hinton
Los científicos y pioneros de la IA Yosua Bengio, Geoffrey Hinton y Yann LeCun, son conocidos por algunos como los «Padrinos de la IA» y «Padrinos del Aprendizaje Profundo». Bengio nació en París, es informático teórico y científico de la información y dirige el MILA (Montreal Institute for Learning Algorithms) en la Universidad de Montreal. Fue premiado con el prestigioso Premio Turing por su trabajo en aprendizaje profundo, y galardonado en 2022 con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica junto con Geoffrey Hinton, Yann LeCun y Demis Hassabis en reconocimiento a sus contribuciones fundamentales al desarrollo del aprendizaje profundo (deep learning) y las redes neuronales.
Geoffrey Hinton (nacido en Wimbledon, Inglaterra), es científico computacional, científico y psicólogo cognitivo y fue galardonado con el Premio Turing en el 2018 –junto con Yoshua Bengio y Yann LeCun–, por su aportación a los avances conceptuales y de ingeniería que han hecho de las redes neuronales profundas un componente crítico de la computación y la IA. En 2024 recibió el Premio Nobel de Física –junto a John Hopfield–, por sus descubrimientos e invenciones fundacionales que hacen posible el aprendizaje automático mediante redes neuronales artificiales. Fundó en Canadá, con dos de sus estudiantes de postgrado Alex Krizhevsky e Ilya Sutskever, la startup de IA DNNresearch Inc., en 2012 centrada en desarrollar redes neuronales profundas y aprendizaje computarizado que fue comprada por 44 millones de dólares en marzo del 2013 por Google, lo que le obligó a entrar en esa gran empresa. Pero poco después, renunció a su puesto en Google a los 75 años, por los peligros y amenazas que reconoce en estas nuevas tecnologías, –y hay algo que intuyo después de oír sus conferencias recientes–, también porque creo que no comparte cómo la industria está llevando la seguridad en el desarrollo de las nuevas IA.
Bengio y Hinton sí hablan sin tapujos de las incertidumbres y posibles peligros y amenazas que puede traer esta vertiginosa evolución de la IA tal como está en marcha la carrera competitiva por conseguir un monopolio de la IA.
Yoshua Bengio, por su parte, cree que «debe haber un control democrático del poder que pueda dar una IA evolucionada si no está bien gestionado; …y si las democracias no pueden distribuir ese poder lo suficientemente rápido, la IA podría hacer que el autoritarismo global sea tecnológicamente irreversible»… Afirma que, «en síntesis, el problema central es simple: una gran inteligencia artificial, como la natural, otorga poder. Un enorme peligro es que este enorme poder pueda concentrarse en pocas manos o surgir dentro de sistemas con objetivos que nunca elegimos en unas elecciones democráticas. Podría amenazar nuestras democracias de muchas maneras; podría amenazar la estabilidad geopolítica y la paz. A gran escala, ese control deja de ser político y se convierte en un peligro existencial para la sociedad».
La humanidad está entrenando unas inteligencias que nadie sabe de verdad cómo controlar completamente.
«Creo que hemos de ser conscientes de que la humanidad está entrenando unas inteligencias que nadie sabe de verdad cómo controlar completamente. Las empresas ya no están programando qué hará la IA. Solo están programando cómo aprende. Pero la IA se está mejorando a sí misma, y cuanto más capaz y más inteligente se vuelve, más desarrolla impulsos como la autopreservación. Como consecuencia, podría llegar a ocurrir que la especie dominante en este planeta podría dejar de ser la humana».
Y continua: «Los beneficios de la IA ya son muy evidentes. Pero… ¿Cuáles son los inconvenientes? ¿Por qué debería preocuparnos a la gente lo que significa la IA? Hay una pregunta que ayuda a entenderlo. Preguntémonos ¿por qué estamos abriendo esa caja de Pandora? Y, ¿por qué estamos construyendo máquinas cada vez más inteligentes que pronto puede que nos superen… Y, claro, podría ocurrir que ese poder que proporciona también podría caer en manos de las propias máquinas, porque ahora tenemos evidencia teórica y empírica que demuestra que estos sistemas tienen objetivos que no elegimos y que van en contra de nuestros propios intereses. Por ejemplo, harían cualquier cosa para asegurarse de que no las desactivemos. Y más recientemente, incluso descubrimos que mienten y hacen trampas, etc., para proteger a otras IA. Eso es algo racional, pero muy extraño».
«Así que necesitamos que el desarrollo de la IA de vanguardia, ofrezca, digamos, una tercera vía. Lo importante de la idea es que no se trata de competir por más poder. Por supuesto, no olvidamos que está el aspecto defensivo de que no queremos quedarnos sin algo que necesitamos para ser competitivos. Pero hay otra razón moral por la que creo que necesitamos un tercer camino. Espero que democracias como las de Europa, –¿quién si no?–, se darán cuenta de que es posible desarrollar la IA de forma ética, desarrollar una IA de forma responsable, tanto en el sentido técnico, del que me gusta hablar, como la posibilidad de crear IA que se comporte y se use bien, en el sentido político, es decir, que la IA no se utilice como instrumento de dominación y que sus beneficios se compartan. Esto requiere voluntad política, y existen bastantes obstáculos para lograrlo»…
«Principalmente, algunos compartimos una sensación de impotencia, la idea de que ya es demasiado tarde y que los poderosos llevan las de ganar… Porque creo que hay una subestimación colectiva sobre la posibilidad de que la IA se vuelva mucho más poderosa, –esa es su tendencia–, pero a la gente le cuesta asimilarlo. Si esto sucede, nos encontraríamos en una situación geopolítica, económica y de seguridad muy desfavorable. No es cuestión de detener la IA por completo. Eso es casi imposible. Es cuestión de controlar su rumbo. Hemos de intentar que las IA se comporten bien y que las podamos usar también para protegernos contra una posible dominación basada en la IA»…
«Deberíamos exigir a nuestros gobiernos que hagan algo para evitar probables futuros nefastos incluyendo el impacto en el empleo, en nuestros hijos y en la posible corrupción de nuestras democracias mediante la desinformación y otros medios amplificados por la IA. Si los ciudadanos de nuestros países comprendieran el nivel de riesgo del que hablamos, creo que exigirian a sus gobiernos que se lo tomaran más en serio». Recuerdo un día en particular, en el que estaba cuidando a mi nieto, que tenía solo un año, y pensé: bueno, a este ritmo, seguro que en 20 años tendrá 21 y tendremos una IA que básicamente igualará o superará la inteligencia humana. ¿Qué clase de mundo será ese? Pensar en ello es algo muy preocupante».
«La IA tiene tantos usos beneficiosos que no vamos a poder prescindir de ella»
Geoffrey Hinton, por su parte, describe así su visión: «La IA tiene tantos usos beneficiosos que no vamos a poder prescindir de ella. Es demasiado buena para muchas cosas que son realmente positivas para la humanidad, como la atención médica, la educación, la predicción del tiempo, su ayuda para el cambio climático. Tal vez tanto como lo que lo perjudicó el construir todos eso grandes centros de datos. Por todo eso y porque a la gente muy rica que controla a los políticos les gustaría ganar mucho dinero con ello, no vamos a poder deshacernos de la IA… Entonces, la única opción es encontrar la manera de hacer que no quiera matarnos, dominarnos o eliminarnos. Así pues, quizá deberíamos observar en el mundo lo que ocurre en los casos en que seres menos inteligentes controlan a seres más inteligentes, como sucede con los bebés y sus madres».
«Nuestro futuro en relación a la IA necesita colaboración internacional en relación a la IA».–Esa es la gran esperanza de Hinton–; «EE.UU. y China, –afirma–, aunque se detestan, colaborarán en encontrar la manera de conseguir que la IA no se apodere de todo; así que una forma de ir hacia ello sería crear una red internacional de institutos de seguridad de la IA que colaboren entre sí y se centren en evitar que cuando la IA, mejorándose a sí misma, alcance un desmedido nivel de inteligencia y pueda tomar el control de todo por su cuenta»… «Se trata de construir la IA de forma que consigamos que se preocupe más de nosotros que por sí misma. Creo que no es demasiado tarde, –afirma, esperanzado–; …No sabemos como hacerlo aún, pero dado que el futuro de la humanidad va a depender de si podemos o no hacerlo, me parece que deberíamos dedicar esfuerzos de investigación a estudiarlo. En la actualidad el 99% de la investigación en IA se centra en cómo hacerla más inteligente y solo el 1%, financiado principalmente por multimillonarios filántropos, se dedica a cómo hacerla más segura, y cómo la haríamos mucho mejor consiguiendo que fuera más equitativa. Creo que aún no es demasiado tarde para ello».
La visión sobre la IA de Demis Hassabis, fundador de DeepMind, –hoy dentro de Google–.
Como he dicho antes, llevo siguiendo la trayectoria de Demis Hassabis desde hace años. Y me parece un genio de la computación, la neurociencia, el machine learning (aprendizaje de máquinas) y la IA, entre otras muchas cosas y, como verá en breve el lector, no exagero.
Su visión sobre la IA me interesa, aparte de por lo apasionante de su trayectoria y su genialidad, porque creo que la suya es una visión de la ciencia y la IA netamente europea. Podría haberse marchado con su empresa cualquier lugar pero, a pesar de haber vendido su empresa a Google, decidió seguir trabajando en la ciudad europea donde nació y pasó su infancia, y ha querido mantener en Londres, la sede el centro de investigación de IA de su empresa DeepMind que hoy es parte de Google. Su visión de la tecnología que me parece muy especial e interesante, pero su espectacular trayectoria es importante así que relataré primero, resumido, un poco de su excepcional contexto vital.
Demis Hasabis nació en Londres en 1976 y tiene ahora, por tanto, 50 años. Ya destacó en la infancia. Nació y creció en el norte de Londres. Es hijo de padre grecochipriota y madre singapurense de origen chino. Fue un niño prodigio del ajedrez: alcanzó el estándar de «maestro» a los 13 años con un Elo de 2300 y capitaneó equipos juveniles de Inglaterra. Su trayectoria educativa es espectacular. Tras completar muy temprano sus exámenes de secundaria, inició su carrera en Bullfrog Productions. Con 17 años co-diseñó y fue líder de programación del clásico vídeojuego Theme Park, que vendió varios millones de copias y ayudó a consolidar el género de simulación y gestión. Posteriormente cursó Ciencias de la Computación en el Queens’ College de la Universidad de Cambridge (1997). Más tarde obtuvo un doctorado en neurociencia cognitiva en el University College de Londres (2009), y realizó estancias de investigación en la Gatsby Computational Neuroscience Unit (UCL), el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y la Universidad de Harvard.
Tras graduarse en Cambridge trabajó en la empresa de videojuegos Lionhead Studios como jefe de programación de IA en Black & White. En 1998 fundó Elixir Studios, con sede en Londres, donde fue diseñador ejecutivo de Republic: The Revolution y Evil Genius. El estudio cerró en 2005 tras vender y licenciar su propiedad intelectual a varios editores.
A continuación, orientó su carrera a la neurociencia cognitiva, estudiando la memoria autobiográfica y la amnesia. Sus trabajos aportaron evidencias sobre el papel del hipocampo en la construcción de escenas imaginadas y su relación con la memoria episódica, mediante estudios conductuales y de resonancia magnética funcional (RMN)
En 2010 cofundó DeepMind (hoy Google DeepMind), dedicada al aprendizaje automático (machine learning). En enero de 2014 su empresa fue comprada por Google por unos 400 millones de libras esterlinas; desde 2023, tras la integración con Google Brain, Demis Hassabis es su director ejecutivo (CEO) de Google en IA. En 2016, su sistema AlphaGo de DeepMind venció por 4–1 al campeón mundial de Go, el surcoreano Lee Sedol en un encuentro histórico disputado en Seúl. En 2017, AlphaZero demostró rendimiento de nivel superhumano en ajedrez, shōgi y Go aprendiendo por auto-juego consigo mismo, y derrotó a Stockfish 8 bajo condiciones experimentales descritas en su artículo técnico.
Ha recibido múltiples Premios y Galardones. Entre ellos, ha ganado en cinco ocasiones el título general Pentamind de los Juegos Mundiales de Deportes Mentales. En 2022 recibió el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Biología y Biomedicina; y ese mismo año fue co-galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica junto con Geoffrey Hinton, Yann LeCun y Yoshua Bengio. En 2024 recibió el Premio Nobel de Química, junto a David Baker y John Jumper por sus avances en el diseño computacional de proteínas y la predicción de su estructura mediante inteligencia artificial.
Si uno lee el apartado de ocupaciones o profesiones en su ficha en Wikipedia puede leer algo sorprendente. Allí dice que es: ingeniero, ajedrecista, investigador de inteligencia artificial, informático teórico, programador de videojuegos, jugador de póquer, científico de datos, empresario, desarrollador de videojuegos, emprendedor tecnológico, desarrollador de software y neurocientífico. Su carrera es europea por los cuatro costados y así se siente, aunque es muy discreto al respecto, pero luego daré pistas de sus declaraciones.
La visión sobre la IA de Demis Hassabis es mucho más una visión puramente científica que empresarial o de objetivo económico. Y señala: «Puede que con la evolución de la IA ocurra aquello que advirtió Stephen Hawking, que aconsejó: hemos de hacerlo bien porque puede que no tengamos otra oportunidad. Me preocupan dos cosas de la IA. una, es el mal uso de estos sistemas tecnológicos de IA por personas malintencionadas que pueden ser quienes le den un nuevo y peor uso. Las de la IA son tecnologías de doble propósito y puede que alguien intente usarlas para fines perjudiciales.
La segunda cosa, el segundo problema, es de tipo técnico. Estos sistemas se vuelven más y más potentes, y cada vez serán más capaces y autónomos. A medida que avancemos hacia la IAG (Inteligencia Artificial de Propósito General) ¿podrán mantenerse en los límites que deseamos? Esa segunda preocupación, Hassabis la describió también con la idea de una posible IA volviéndose rebelde. Aunque no se refiere a los Modelos de hoy; sino que vendrán en los próximos dos a cuatro años, a medida que la industria entre más en lo que él llama «la Era agéntica o de los Agentes de IA». Y se pregunta «¿Cómo nos aseguramos de que se instalen las barreras de seguridad para que las IA hagan exactamente lo que se les ha dicho, y no haya forma de que las eludan o, accidentalmente, las rompan? Eso es un desafío técnico increíblemente difícil si piensas en lo poderosos, inteligentes y capaces que estos sistemas eventualmente se van volviendo».
Nadie debería construir sistemas de IA capaces de engañar.
En cuando a posibles soluciones para esa segunda preocupación citada, Hassabis afirma que «podría ayudar la regulación con unos estándares de seguridad por parte de todos los proveedores líderes. Lo ideal sería que hubiera estándares internacionales. Esta es la tecnología más trascendental que hemos visto jamás y que, al mismo tiempo, está radicada en un escenario internacional muy fragmentado y eso no es lo más aconsejable. Creo que vamos a tener que intentar todo o mejor que podamos para, al menos, establecer una serie de estándares que evalúen algunos parámetros como las propiedades indeseables. Por ejemplo, el que la IA actúe con engaño. Nadie debería construir sistemas de IA capaces de engañar, porque entonces podría eludir las medidas de seguridad. Y si las cosas van bien, debería estar pronto en marcha algún proceso de certificación que, básicamente sea como un sello de calidad que indique que el Modelo de IA de que se trate tiene ciertas salvaguardias y garantías y, por tanto, los consumidores y las empresas pueden construir cosas sobre él de forma segura».
«Creo que así debe se ser idealmente la IA, pero debe ser en un marco internacional porque, por supuesto, estos sistemas son transfronterizos y transterritoriales. Debería haber para la seguridad de la IA un Organismo internacional como, por ejemplo, la Agencia de Seguridad Nuclear, o algo así. Unos Institutos Internacionales de seguridad de la IA pueden contribuir, y la comunidad investigadora debe estar involucrada en determinar cuáles son los parámetros adecuados para definir qué tipos de características y capacidades de la IA serían seguras».
«Se me ocurre, –prosigue–, que también podrían existir otras medidas de seguridad, como por ejemplo, que no sería deseable que los sistemas de IA generen tokens que no sean legibles para los humanos (una IA avanzada podría generar lenguajes para comunicarse entre sí con otras IA que no sean inteligibles para las personas), ya sabes, una especie de lenguaje máquina que no podamos entender nosotros. Eso introduciría una nueva vulnerabilidad. Creo que la mayoría de los laboratorios de IA líderes estarían de acuerdo en que deberíamos desarrollar estos Organismos …Estas Instituciones internacionales deberían llevar a cabo pruebas independientes y eso daría confianza al público sobre la IA. El mundo académico y la sociedad civil deben estar involucrados ya que estos sistemas de IA se volverán pronto extremadamente poderosos y, por ello, deben ser verificados y auditados muy seriamente y de forma independiente».
«Habría dejado la IA encerrada en el laboratorio mucho más tiempo»
Y, después expresa el núcleo de su visión sobre la IA así: «…Creo que esta revolución de la IA General va a tener una enorme dimensión. La cuantifico en el equivalente a la disrupción de 10 veces la revolución industrial a 10 veces su velocidad. En una década en lugar de un siglo. Y debe estar orientada sobre todo a los grandes temas nucleares de la ciencia básica». Y, después, sincero, confiesa: «Si hubiera dependido de mí la IA la hubiera enfocado primero hacia curar el cáncer antes de que nadie usara el Chat GPT. Yo habría dejado la IA encerrada en el laboratorio por mucho más tiempo. Habría hecho más cosas como AlphaFold. Tal vez para intentar curar el cáncer o enfermedades así».
Demis, en otro momento de su declaración insinuó que lo que pasó después de la aparición del Chat GPT ha sido como quedar atrapados en una «feroz carrera de presión comercial» de la que ningún laboratorio actual de IA puede escapar. Además de eso, la desastrosa dinámica del enfrentamiento EE.UU. y China añadió su presión geopolítica.
Cuidado. Hassabis está afirmando públicamente que la carrera comercial y económica por el monopolio de la IA que todos estamos viviendo, es un ERROR. Que la industria informática de la IA ha sido secuestrada por la fama de un Chatbot cuando podría haber estado resolviendo los problemas más grandes de la humanidad en los que están centradas las vanguardias de la ciencia y la medicina. Y añade que, «en lugar de esa despiadada competición económica, la ciencia debería ser el centro en esto, y estar construyendo la IA lentamente, con cuidado, como hace el CERN con la física». Y usarla fundamentalmente para resolver problemas uno a uno, en paralelo, y no todo a la vez. Y en cuanto a las nuevas aplicaciones de la IA, él las preferiría enfocadas «a cosas que tienen que ver, por ejemplo, con nuevas formas de energía limpia y barata, como la fusión nuclear; o lograr fabricar superconductores asombrosos; o hacia intentar curar de una vez cosas como el cáncer y otras enfermedades graves; conseguir nuevos materiales y otras cosas extraordinarias que podrían cambiar la naturaleza de toda la economía».
Y además de eso, no se olvida de las humanidades. Hassabis también se acuerda de ellas y concluye: «sin olvidar un tema central: entre de los propósitos de esta gran revolución; debe estar averiguar qué es la conciencia y que significa en lo esencial ser humano. Pero para eso, obviamente necesitamos nuevos filósofos que nos ayuden a enfrentar todo esto. Hay mucho más, pero, en síntesis, ésta es mi visión sobre en qué debería enfocarse la revolución hacia la IA General».
Modesta Conclusión sobre la IA Que Queremos (la gente de bien)
Como conclusión, diré que creo que las visiones descritas sobre la IA de José Hernández-Orallo, Yoshua Bengio, Geoffrey Hinton y Demis Hassabis, tienen muchas cosas en común. Son visiones que abordan la revolución de la IA desde el paradigma científico apoyado en la ciencia básica; y no desde el cursor económico, estrictamente empresarial o de ganancias económicas. Y, otra cosa en común es que todos ellos son y comparten una visión netamente europea, que tiene en cuenta los valores democráticos y es muy parecida o equivalente a la de los científicos que colaboran en el CERN, con el espíritu de cooperación internacional que allí se respira y en cuyo caldo de cultivo surgió la Web que Tim Berners-lee inventó allí y con quien que he comenzado este artículo, – muy largo en esta vez, porque el tema de verdad lo merece. Mi visión sobre La IA Que Queremos (la gente de bien), está totalmente alineada con la de estos cuatro grandes científicos europeos.
La última noticia sobre la IA que me llega hoy mismo, a punto de entregar este artículo, viene del Vaticano. Y es que esta mañana ha tenido lugar la presentación de la nueva Encíclica, la primera del Papa León XIV. Se llama Magnifica Humanitas, y su subtítulo dice: Sobre la protección de la Persona Humana en la Era de la Inteligencia Artificial. Francisco, el anterior Papa ya publicó sobre la posición del Vaticano sobre la IA. Pero en este caso, creo por el subtítulo de la citada Encíclica, –veremos si lo confirma su lectura–, no solo es un texto con reflexiones, sino también incluye un serio aviso sobre las posibles precauciones y protecciones de los humanos y su dignidad, que hay que tomar con los nuevos Modelos de IA, de los que ese subtítulo insinúa que pueden traer amenazas para las personas ante las que hay que protegerse.
Otra novedad es que en la Presentación de la Encíclica el Papa compartía escenario con Christopher Olah, ateo y uno de co-fundadores de la empresa de inteligencia artificial Anthropic, la empresa que está desarrollando Mythos, uno de los Modelos de IA LLM más avanzados. Deliberadamente dejo para otro artículo el caso de Anthropic y su fundador Dario Amodei, ya que el caso de esta empresa y su fundador requieren una reflexión específica, pero anticipo que es de los pocos en la industria de la IA que habla de desarrollar una IA ética (se opuso a su IA se use para espiar a los ciudadanos de EE.UU. y para manejar armas letales autónomas lo que le supuso que Trump incluya a su empresa en la lista negra del Pentágono declarándola peligrosa para la cadena de suministro de las fuerzas armadas). Sin haber leído todavía la Encíclica, –aunque sí he visto la Rueda de Prensa–, anticipo que el título del Documento –en latín–, intenta ser optimista, pero el subtítulo viene con un aviso que insinúa que la IA, tal como la está acelerando la industria, podría ir en contra de la dignidad humana. En la rueda de prensa León XIV ha advertido que “Ninguna máquina podrá sustituir jamás al ser humano en su esplendor” y que su Encíclica no habla de la IA, sino sobre el tiempo de la IA. Lo que ya es un hecho es que el Vaticano y el actual Papa, con ese documento, entran de lleno como agentes destacados, en la guerra del relato mundial por la IA. Reflexionaré sobre Anthropic y su fundador Dario Amodei, –con quien tengo un caso personal–, en estas páginas, pero eso será en otra ocasión, con más tiempo.
Finalizo mi conclusión del artículo diciendo que, aunque casi toda la propaganda de la IA se nos venda con un marketing y apariencia según las pautas de Silicon Valley, como el lector ha podido comprobar en mi texto, la ciencia básica computacional tras los avances del aprendizaje profundo y los mecanismos iniciales de la IA actual están inventados por científicos de raíz netamente europea. Mi gran deseo, es que toda la potencia de estas tecnologías revolucionarias asociadas a la IA, se construya y module desde la visión de los paradigmas científicos y filosóficos europeos que he descrito en este texto; y se oriente, –como señala con acierto Demis Hassabis–, con los mismo métodos científicos de mesura y colaboración que ya conocemos en el CERN europeo, y enfocada especialmente hacia los problemas más grandes de la humanidad cuya ciencia y medicina tienen perfectamente identificados y caracterizados, en lugar de hacia esa «feroz y loca carrera de presión comercial» que tiene lugar ante nosotros. Así que creo que aquí tenemos claro La IA Que Queremos (la gente de bien) y también la que no queremos. Dicho queda.
Comparte esta publicación
Suscríbete a nuestro boletín
Recibe toda la actualidad en cultura y ocio, de la ciudad de Valencia















